martes, 31 de agosto de 2010

El segundo pedido

Fray Martín, sacristán de un convento franciscano, de Italia, cumplía con sus funciones a la perfección. Se esmeraba por dejar blanquísimos y bien almidonados los manteles del altar. No se veía nunca restos de cera o polvo en el presbiterio, y los cálices y copones siempre estaban relucientes.

“La limpieza es el lujo del pobre”, se decía a sí mismo, mientras trabajaba con redoblado empeño, al tratarse del culto al Señor. En la vida de voluntaria pobreza, abrazada por amor a Él, quería servirle de la manera más excelente posible, pues además del sentido del deber brillaba en el alma de fray Martín una profunda devoción a Jesús Eucaristía.

Cuando este sacristán terminaba sus quehaceres, se dirigía invariablemente ante el sagrario y allí permanecía rezando, en íntimos coloquios con el Señor. Como todos los jueves había en el convento adoración solemne al Santísimo Sacramento, siempre conseguía organizar el servicio con el fin de pasar un largo rato arrodillado a los pies de la Custodia.

Se acercaba por aquellos días la fiesta del patrón del convento. Fray Martín era el encargado de decorar la iglesia y de preparar los vasos sagrados y demás elementos litúrgicos para la Misa solemne. Siempre activo y dedicado, había conseguido flores para adornar el altar, cosa nada fácil para aquella época del año.

La noche anterior lo había dejado todo listo para la celebración. Quería tener en ese día el menor número posible de ocupaciones, pues así podría asistir a la Santa Misa con más recogimiento y recibir con más fervor a Jesús en su alma. Pero cuál no fue su sorpresa cuando el padre prior le asignó la función de limosnero aquella misma jornada festiva. Había que conseguir sin tardanza un refuerzo de víveres, pues la casa estaba repleta: además de los frailes llegados de otros conventos, estaba un grupo de peregrinos pobres. Y la despensa estaba casi vacía… Corrían el riesgo de servirles a los visitantes un frugal almuerzo y despedirles sin cenar.

Como buen religioso, fray Martín obedeció con prontitud y alegría. Tan sólo le pedía a Jesús Sacramentado la gracia de regresar temprano para poder asistir a la Misa vespertina y recibirlo en su corazón.

Iba acompañado por fray Salomón. Llamaron de puerta en puerta durante varias horas, pero parecía que las almas caritativas habían desaparecido de la región. Únicamente consiguieron algunos panes duros, ni siquiera las legumbres necesarias para hacer una humilde sopa…

La tarde estaba cayendo y entraron en una capillita cerca de donde estaban. Le pidieron con mucha confianza a la Virgen María que les ayudase a obtener no sólo los alimentos indispensables para la comunidad, sino también poder volver a tiempo para oír Misa y recibir el Cuerpo de Cristo.

Poco después de haber retomado su tarea, se encontraron con un campesino que conducía un pequeño carromato. Tras saludarles respetuosamente y pedirles la bendición les preguntó:

— Mis buenos frailes, parecen preocupados… ¿Necesitan ayuda?

Fray Martín le explicó la dificultad por la que estaban pasando. Enseguida el campesino les dio la solución:

— Fíjense lo buena que es la Santísima Virgen al hacerme pasar por este desvío, precisamente ahora.

Aquí tienen un saco de patatas, zanahorias, rábanos y tomates. Y en este otro hay un par de jamones bien grandes. Ahora entiendo por qué no conseguí venderlo todo en el mercado… Nuestra Señora ha decidido reservar todo esto para el convento. Pues nada; se lo pueden llevar todo, que lo doy con mucho gusto.


Fray Martín le explicó la dificultad por la que estaban pasando y el campesino les dio la solución.


Los dos religiosos le agradecieron al campesino de todo corazón su generosidad y le prometieron oraciones por él y su familia; y emprendieron contentos el camino de vuelta. Con todo, la distancia hasta el convento era larga y llegaron casi al final de la tarde. Entregaron las provisiones al hermano cocinero, se limpiaron el polvo y apresuradamente se fueron hacia la iglesia, donde aún resonaban las melodías eucarísticas.

Sin embargo, la Misa había terminado…

No tuvieron ni siquiera el consuelo de recibir la Comunión. Si la Virgen María había atendido tan generosamente el primer pedido, ¿por qué no quiso hacer lo mismo con el segundo?

Consternados, se pusieron de rodillas ante el sagrario y le hicieron a Jesús un amoroso lamento:

— Señor, ¿por qué nos has abandonado? ¡Cómo queríamos haber participado en esta Misa! No obstante, por amor a la obediencia, hemos sido privados de recibirte en la Eucaristía.

Poco a poco, la iglesia se iba vaciando, pero los dos religiosos allí permanecían aún en oración. De pronto, vieron que surgía en el presbiterio un varón alto, lleno de nobleza y con una fisonomía reluciente.

— La Reina del Cielo ha oído complacida vuestras súplicas, les dijo, y me ha enviado para atenderlas.

Arrodillaos en el comulgatorio y preparad vuestros corazones para recibir dignamente a su divino Hijo.

El Ángel de luz abrió el tabernáculo, cogió el copón y les administró la Sagrada Comunión. Después hizo un breve acto de Adoración al Santísimo Sacramento, lo repuso en su lugar y desapareció.

Lágrimas de consolación corrían por las mejillas de los frailes Martín y Salomón. Después de una larga acción de gracias, la más bendecida de sus vidas, fueron a contarle al padre prior lo ocurrido. Éste mandó que tocaran la campana para reunir a los demás religiosos y dirigirse todos a la capilla del Santísimo, para dar gracias a Dios por tan insigne gracia. Y allí vieron —¡Oh maravilla!— que el Ángel había dejado una marca de su paso: en bellísimas letras doradas, las iniciales de Jesús y de María.

lunes, 30 de agosto de 2010

"¿No sabéis que sois espectáculo para los ángeles y para los hombres?" (Cf. 1 Cor 4, 9)

Publicado 2010/08/23
Autor: Gaudium Press
Sección: Espiritualidad


Redacción (Lunes, 23-08-2010, Gaudium Press) El sonido de la campana resuena por los valles de la sierra anunciando el comienzo del desfile. En el Seminario Santo Tomás de Aquino, de la sociedad clerical Virgo Flos Carmeli, los jóvenes del Instituto Teológico Santo Tomás de Aquino (ITTA) y del Instituto Filosófico Aristotélico Tomista (IFAT), junto con los alumnos de enseñanza media que frecuentan las aulas del Colegio Heraldos del Evangelio-Thabor, en las afueras de San Pablo, Brasil, entonan el Credo renovando su plena adhesión a la Iglesia y pidiendo a Dios sabiduría, en este nuevo día de estudios que se inicia.

Después de la bendición del Superior General, cuando presente, las trompetas tocan anunciando el inicio del cortejo para las aulas. El estandarte de María Santísima va al frente abriendo camino para sus hijos, quienes desfilan al sonido y cadencia de la banda. Con la mirada en el horizonte y paso enérgico, avanzan todos unidos por el mismo ideal, reflexionando, con voluntad firme, sobre los desafíos del aprendizaje y de la vida.

Entretanto, una pregunta podría surgir en un espíritu dicho ‘moderno':

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"Solamente Dios es la Verdad que debe guiar las elecciones del hombre en la época del relativismo", dice el Papa


Publicado 2010/08/25
Autor: Gaudium Press
Sección: Europa


Castel Gandolfo (Miércoles, 25-08-2010, Gaudium Press) El Papa Benedicto XVI dedicó la catequesis de su audiencia general, realizada hoy en la mañana en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, a San Agustín, cuya fiesta se conmemora el próximo 28 de agosto.

"En nuestra época, en la cual el relativismo surge paradójicamente como una verdad para guiar opciones y comportamientos", San Agustín debe ser un ejemplo de búsqueda de la Verdad en la propia vida, que es Dios, afirmó el Papa.

Aunque abordó específicamente la vida y obra del santo obispo de Hipona y Doctor de la Iglesia, en su discurso el Papa recomendó a los 3.500 fieles, presentes en el patio interno del Palacio Apostólico y en la plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, que cada uno debería tener algún santo que le sea más familiar, para sentirlo cerca con la oración e intercesión, pero también para imitarlo.

"Quería invitar a cada uno de vosotros a conocer mejor a los santos (a comenzar por aquel que corresponde al propio nombre), intentando conocer la respectiva vida y sus escritos. Tenéis la seguridad de que tal constituirá una válida ayuda para vuestro crecimiento humano y espiritual. Como sabéis, también yo estoy ligado a algunas figuras de santos, nombradamente San José y San Benito, y también San Agustín, al que tuve la oportunidad de conocer más de cerca de través del estudio y la oración y que se tornó de cierto modo compañero de viaje en mi vida y ministerio".

Reflexionando aún sobre la figura del Santo, que se convirtió después de un largo período de búsqueda, el Papa observó que él, en la experiencia humana y cristiana, era un hombre que nunca vivió de modo superficial ni se contentó con aquello que le daba algún brillo - como una prestigiosa carrera, el poseer, las voces que le prometían la felicidad inmediata.

"En su inquieta búsqueda - continuó Benedicto XVI - San Agustín comprendió que no era él a encontrar la Verdad, sino que era la propia Verdad en persona -Dios- a buscarlo y encontrarlo". Es en el silencio que se encuentra Dios. "También en nuestro tiempo: a veces existe una especie de miedo del silencio, del recogimiento, un recelo de pensar en las propias acciones, en el sentido profundo de la vida", afirmó el Pontífice.

Audiencias retornan al Vaticano

Con el final del mes de agosto, esta fue la última audiencia general realizada en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo este año. El Pontífice estará de vacaciones allí todo el mes de setiembre, pero las audiencias retornarán al Vaticano la próxima semana.

Santo del día

Santa Rosa de Lima

Publicado 2010/08/30
Autor : Catholic.net

La primera mujer declarada santa de todo el continente americano, 30 de agosto

Etimológicamente significa” rosa, jardín florido”. Viene de la lengua latina.

La primera mujer declarada santa de todo el continente americano

El Papa Inocencio IX dijo de esta santa un elogio admirable: "Probablemente no ha habido en América un misionero que con sus predicaciones haya logrado más conversiones que las que Rosa de Lima obtuvo con su oración y sus mortificaciones". Lo cual es mucho decir.

Isabel Flores de Oliva, hija de Gaspar de Flores y María de Oliva, que por su belleza recibió popularmente el nombre de "Rosa" al que ella añadió "de Santa María" En el bautizo le pusieron el nombre de Isabel, pero luego la mamá al ver que al paso de los años su rostro se volvía sonrosado y hermoso como una rosa, empezó a llamarla con el nombre de Rosa. Y el Sr. Arzobispo al darle la confirmación le puso definitivamente ese nombre, con el cual es conocida ahora en todo el mundo.

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Evangelio del día

2010-08-30 - Evangelio según San Lucas 4, 16-30

Publicado 2010/08/30
Autor : Sagrada Biblia

En aquel tiempo fue Jesús a Nazaret, donde se había criado; entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.

Primera Carta de San Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.

Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Salmo 118

¡Cuánto amo tu voluntad!: todo el día estoy meditando. Tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, siempre me acompaña. Soy más docto que todos mis maestros, porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos, porque cumplo tus leyes. Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido.

Evangelio según San Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo fue Jesús a Nazaret, donde se había criado; entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desarrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor". Y, enrollando el libro, lo devolvió al que lo ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír". Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?" Y les dijo: "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí, en tu tierra, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm". Y añadió: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio". Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Frase del día

Dios Padre reunió en un depósito todas las aguas, y las llamó mar, y reunió en otro depósito todas las gracias y todas las bendiciones y las llamó María.

De cómo una mujer china convierte tibetanos al catolicismo

Publicado 2010/08/25
Autor: Gaudium Press
Sección: Mundo


Bogotá (Miércoles, 25-VIII-2010, Gaudium Press) Una nota publicada ayer en Union Catholic Asian News (www.ucanews.com) da palpable muestra de los singulares caminos por los cuales el Espíritu Santo conduce a los hombres.
La nota reporta el no pequeño logro de una mujer católica china, quien consiguió la hazaña de animar a budistas de la provincia sino-tibetana de Qinghai, a convertirse al catolicismo. Es lo que relata el P. Joseph Li Dongsheng, sacerdote de la Iglesia de Xining, quien elogia el logro de la mujer, en una región que cuenta con solo 4000 católicos de una población de un millón de habitantes.

"Nunca pensé en la conversión de tibetanos étnicos, visto cuán profundamente se hayan enraizado en el budismo. Es casi imposible" afirmó el sacerdote.

La mujer se casó hace dos años con un miembro de la familia de los conversos, les habló del catolicismo y les regaló la Biblia y otros libros religiosos, pero ellos en un principio no aceptaron las enseñanzas allí contenidas. Entretanto, "después de leer los libros, tuvieron una mejor idea de nuestra fe y comenzaron a sentir cuán grande es Dios. Ahora, en el Año Nuevo Lunar, incluso cuelgan los iconos de Jesús y la Santísima Virgen en su casa", narra el P. Li.

Los cinco miembros conversos de la familia fueron bautizados con otros cinco el 15 de agosto pasado en la fiesta de la Asunción, en una ceremonia asistida por 700 personas. Ahora, según explica el P. Li, sigue con ellos un trabajo de sustentación de su nueva fe en un entorno budista por veces discriminatorio.

Gaudium Press / S. C.

domingo, 29 de agosto de 2010

Una promesa no cumplida...

Don Fernando subió al dormitorio con la esperanza de encontrar aún con vida a su herederoEn aquellas tierras no había nadie que no conociera a la señora Luisa. Era la esposa del gran capitán del ejército del rey —el célebre caballero don Fernando de Linares— y era tenida por una dama muy caritativa y de una gran bondad para con todos los del pueblo. Su residencia era frecuentada por muchos necesitados, a quienes atendía con afectuosa solicitud.

Sin embargo, su corazón cargaba con una enorme tristeza: a pesar de lo maternal que era para con todos, no tenía hijos…

Tras muchos años de súplicas a la Virgen de Nazaret, a la que le dedicó la capilla de su señorial mansión, recibió la gracia de dar a luz a un heredero, a quien le puso el nombre de David. El niño era encantador. Fue bautizado poco después de haber nacido y día tras día daba muestras de ser realmente un hijo bendecido; crecía saludable e inteligente.

Una tarde, tras haber estado varios meses fuera en una importante misión, llegaba de vuelta a casa don Fernando de Linares. Orgullosos de su noble y famoso compatriota, la población entera salió a recibirlo en el Camino Real.

Doña Luisa también quería ir a encontrarse con su marido, a quien tanto tiempo hacía que no veía. Mientras, el pequeño David dormía tranquilamente en su cuna; ya estaba crecidito y lo podía dejar al cuidado de su nodriza.

A los gritos de “¡Viva!” y de bienvenida, entraba en el poblado el gran Fernando de Linares montado en su hermoso caballo blanco. Doña Luisa cabalgaba a su lado, contenta de tener un marido tan buen servidor del rey. Todos querían saludarle, le preguntaban por el monarca y por la corte, cantaban en honra del valiente militar, le aplaudían y había alegría.

Al llegar el capitán a su mansión, en donde esperaba tener un merecido descanso y disfrutar de la compañía de su esposa y de su hijito —que aún era un bebé cuando salió de misión—, se encontró con un revuelo y mucho alboroto. Los criados corrían de un lado para otro, algunos gritaban y no sabían qué hacer.

La niñera de David se había dormido con una vela encendida y ésta había provocado un incendio en la habitación del pequeño y ardía en llamas.

Nadie se atrevía a entrar, pues el fuego se había propagado por todas partes.

Don Fernando subió al dormitorio sin pensárselo dos veces con la esperanza de encontrar aún con vida a su heredero, aunque doña Luisa no se atrevió a hacerlo… Se dirigió a la capilla para pedir el auxilio de la Virgen de Nazaret:

— ¡Oh Señora, Tú que me has dado un hijo cuando te lo pedí, protégelo! ¡Es tuyo! Os prometo mantener siempre encendido un cirio en tu honor en esta capilla, mientras yo viva… Protege también a Fernando para que pueda salvarlo.

Cuando el valiente capitán, pasando entre las llamaradas, consiguió acercarse a la cunita, se encontró que el niño dormía plácidamente. Un discreto aroma de rosas rodeaba su camita, protegiéndolo del humo y del fuerte olor a quemado. Lo cogió y salió rápidamente del lugar sin que las llamas les hicieran el menor daño.
Doña Luisa pudo comprobar cómo la Virgen Santísima nunca abandona a los que la abandonan
Al salir de la capilla, Luisa halló a David en los brazos de su padre, ¡los dos sanos y salvos! Los empleados consiguieron apagar el fuego y la alegría volvió a aquella casa, gracias a la intervención de María Santísima.

A partir de entonces un cirio ardía permanentemente en la capilla de la mansión. La festividad de Nuestra Señora de Nazaret era conmemorada con una solemne Misa y una bonita procesión recorría las calles del pueblo, en la que participaban todos sus habitantes; David iba delante, vestidito de pequeño capitán y llevando el cirio de la promesa, en honor de Aquella que no sólo había sido el origen de su nacimiento, sino también la que le había salvado la vida.

No obstante, don Fernando iba creciendo año tras año en fama por los grandes servicios que prestaba al rey. Y doña Luisa empezó a acompañarle a las grandes fiestas de la corte. Tenía cada vez menos tiempo para rezar y se fue olvidando paulatinamente de la piadosa promesa que había hecho… La capilla, antes tan frecuentada por ella, se quedaba muchas veces vacía y a oscuras.

El pequeño David, ya en la adolescencia, estaba siendo preparado para ser el heredero de su padre en el ejército del rey.

De pronto, todo empezó a ir mal en la vida de doña Luisa. El señor de Linares había muerto en una batalla y al quedar viuda ya no era invitada a ninguna fiesta. Perdió dos años seguidos la cosecha de sus tierras, debido a una gran plaga. Tuvo que despedir a varios empleados y hacer ahorros. La angustia dominaba su corazón. Había perdido la costumbre de rezar y no encontraba consuelo para sus tristezas.

Su hijo era su única alegría. Pero el joven, que estaba en el frente, pilló una fiebre muy alta y fue enviado a su casa. A pesar de los desvelos de la maternal mujer, el muchacho sólo empeoraba. Los médicos ya no tenían nada que hacer por él y lo desahuciaron.

Entonces, doña Luisa recordó su promesa no cumplida… ¡Qué ingrata con tan buena Madre, que le había dado un heredero y le salvó la vida!

Encendió de nuevo el hermoso cirio de la capilla y se puso de rodillas ante la Virgen de Nazaret. Le pidió perdón por su falta y, una vez más, le suplicó que sanase a su hijo. El joven empezó a mejorar día a día hasta que se recuperó totalmente, con gran asombro para los médicos. Se convirtió en digno sucesor de su padre, como valiente y leal capitán del rey, siempre piadoso y devoto de María.

La noble mujer retomó su vida de oración y comprendió lo importante que es cumplir las promesas que hacemos, pues en muchas ocasiones sólo nos acordamos de nuestros intercesores celestiales en los momentos de necesidad y los dejamos en el olvido cuando las dificultades pasan…

Doña Luisa pudo comprobar cómo la Virgen Santísima nunca abandona a los que la abandonan. Al contrario, está siempre dispuesta a recibirnos y ayudarnos. Y nos atrae de nuevo hacia sí, cada vez que le abrimos nuestro corazón.

sábado, 28 de agosto de 2010

Fiesta de la Familia Arquidiocesana: recomenzar desde Emaús

El próximo 3 de octubre las comunidades de la Arquidiócesis de Montevideo se congregarán en el tercer evento diocesano de este año organizado en el marco de la Misión en Montevideo. El encuentro tendrá lugar en el Colegio Maturana (Bvar. Artigas 4365), desde las 15 a las 18:30 hs y culminará con la celebración de la Eucaristía que presidirá el Arzobispo, Mons. Nicolás Cotugno.

Carta de invitación del Obispo Auxiliar de Montevideo, Mons. Milton Tróccoli:

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Como es sabido, el pasado 3 de mayo, nuestro Arzobispo realizó el lanzamiento de la segunda etapa del Proyecto Pastoral Arquidiocesano: La Misión en Montevideo.

Durante este tiempo tenemos algunos signos comunes, y también eventos de convocatoria diocesana, que están consignados en el presente Plan Pastoral, y nos permiten experimentar que estamos unidos en este camino.

Los signos comunes son el Tríptico de Aparecida (copia del que regaló el Papa Benedicto XVI a la V Conferencia del Episcopado), la Oración de la Misión, y el Himno Misionero. De los eventos diocesanos ya se han realizado: el del tres de mayo, Solemnidad de S. Felipe y Santiago,y la procesión de Corpus Christi.

El motivo de la presente es la convocatoria para el próximo evento fijado, a realizarse el 3 de octubre del presente año. Este año hemos concentrado las convocatorias de jóvenes, familia, responsables laicos, etc. En una sola convocatoria, de carácter festivo, a fin de encontrarnos todos para celebrar nuestro ser discípulos misioneros en Montevideo. Realizaremos este encuentro en el Colegio Maturana (Bvar. Artigas 4365), desde las 15 a las 18:30 culminando con la
celebración de la Eucaristía presidida por nuestro Arzobispo. Pido a todos los Párrocos, Administradores Parroquiales, Directores de Colegios Católicos, Responsables de Movimientos y Asociaciones Laicales, que motiven a sus fieles para participar en este evento, que es tan importante en el contexto de la Misión en Montevideo.

Se dispondrá también de un espacio, a modo de stand, a fin de que las Parroquias, Vicarías, Colegios, Vida Consagrada, Movimientos, Asociaciones Laicales,que lo deseen puedan presentar alguna experiencia significativa que quieran dar a conocer al resto de las comunidades de la Arquidiócesis. Para esto ruego se comuniquen vía
mail con la Sra. Margot Maldonado: manases157@hotmail.com.

Deseándoles de corazón la alegría del Espíritu que nos sostiene y anima, me despido saludándoles fraternalmente en Cristo, Buen Pastor.


+ Milton Tróccoli

Obispo Auxiliar de Montevideo

Vicario Pastoral

2da Romería Nacional del Apostolado del Oratorio a la Basílica de Nuestra Señora Aparecida, Patrona de Brasil.


















Más de 4.500 participantes del Apostolado del Oratorio, venidos de más 85 ciudades de los estados de Sao Paulo, Río de Janeiro,Paraná, Minas Gerais y Espíritu Santo se encontraron en la Basílica Nacional para agradecer juntos los favores recibidos y pedir que Nuestra Señora bendiga las familias de Brasil y del mundo entero.

El punto principal de la romería fue la solemne Eucaristía celebrada en el altar mayor de la Basílica, por el Arzobispo de Aparecida y Presidente del CELAM, Mons. Raymundo Damasceno de Asis y concelebrada por Mons. Benedito Beni dos Santos, Obispo de Lorena (Sao Paulo) y 14 sacerdotes.

jueves, 26 de agosto de 2010

El pobre riquísimo

Cuando el viejo rico Naabot leyó la carta que le había llegado aquella tarde, dio un largo suspiro...

—¡Ah, la familia!

Quien escribía era un primo suyo, avisándole de su próxima visita. Zabulón, hijo de Dibón... Su memoria le inspiraba al mismo tiempo pena y cierta aversión. Los dos, de familias acomodadas en Israel, habían sido muy cercanos de jóvenes. Pasados los años, Naabot, emprendedor e incansable comerciante, se convirtió en uno de los hombres más ricos de Jerusalén. Zabulón, por el contrario, vio sus negocios rodar en una trágica serie de desgracias, y por lo que se sabía, estaba ahora al borde de la ruina más completa.


Sin embargo, después de años de separación, sentía curiosidad por verle de nuevo, por lo que marcó una reunión en su casa de campo, a poco más de seis millas al sur de Jerusalén.

El sol se puso detrás de las colinas arenosas, en aquella tarde de diciembre, cuando se reunieron los primos.

El contraste entre los dos era casi chocante. Naabot era la figura encarnada de la buena fortuna. Alegre, gordo y exhalando delicados perfumes, vestía una túnica de seda persa, y vistosos anillos brillaban en casi todos sus dedos. Por el contrario, el encanecido Zabulón personificaba el fracaso y la pobreza. Su rostro estaba marcado por una continua y silenciosa resignación. Su cuerpo escuálido estaba cubierto por una túnica tan gastada, que no podía adivinarse el color original. Quien lo viese, no podría creer que un día fuera hombre con muchas posesiones. Compadecido, Naabot le invitó a cenar, invitación humildemente aceptada por el otro.

Durante la cena, que el pobre comprensiblemente devoraba con avidez, hablaron sobre el pasado, recordando la infancia y la juventud de ambos. En un cierto punto, Naabot declaró al primo su modo de ver las cosas:

— Mira, Zabulón, yo respeto profundamente al Dios de Abraham, pero dejemos al Todopoderoso en su templo, que es bastante grande.

Aquí, sobre todo en el comercio, debemos utilizar toda la astucia y todos los medios que están a nuestro alcance, para obtener el éxito y la riqueza.

Y decía eso crispando las manos, como agarrando un puñado de imaginarias monedas delante de él.

El pobre primo, hombre piadoso, no estuvo de acuerdo con ese punto de vista materialista de Naabot, y también discutieron al respecto un buen tiempo durante la noche. Aunque se respetaban, entre los dos había una profunda divergencia en la forma de ver la vida.

Por último, viendo que no llegarían a ninguna conclusión, Naabot interrumpió la conversación y dijo:

— Bueno, vamos a ser sinceros. No habrá sido para discutir filosofía, ni para recordar el pasado, para lo que mi buen primo decidió visitarme.

Así que dime, Zabulón, ¿hay algo en que te pueda ayudar?

— Sí, dijo el infeliz, curvando la cabeza. Necesito tu ayuda. Pero no vengo a pedir dinero, sólo a proponerte un trato.

— ¿Qué negocio? — Preguntó curioso el comerciante.

— Como debes saber, he perdido todo lo que tenía. Todo, salvo un pequeño pedazo de tierra, resto de una granja que en otros tiempos era grande, no muy lejos de aquí. ¿Crees que puedes comprarme este terreno?

Naabot dio una carcajada.

— ¿Si puedo comprarlo? Mi querido Zabulón, me atrevo a decir sin exagerar ni con arrogancia, que tengo dinero para comprar cualquier cosa en Jerusalén, excepto el Templo y el palacio del gobernador, porque evidentemente no están a la venta.

Escucha: si por casualidad el sitio valiese más de lo que estoy pensando en ofrecerte, te entrego todos mis anillos. Y balanceaba ligeramente la mano, haciendo brillar los diamantes y zafiros. ¿Me dices que no está lejos? Entonces cojamos dos caballos y unos hombres, y vamos a ver esa tierra.

Así, esta noche te pago para que no digan los fariseos que no ayudé a un familiar necesitado.


Y así fue. Era una noche maravillosamente estrellada, hermosa y clara. Y como Zabulón había dicho, el lugar estaba cerca. Pero al llegar allí, vieron a una cierta distancia, al lado de una colina, algunas siluetas de hombres, camellos y caballos.

— Oh, una caravana. Tu terreno está ocupado por los beduinos, Zabulón.

Me va a costar dinero echarlos de allí. Vamos a ver más de cerca cuántos son.

Sin embargo, al acercarse más, Naabot observó preciosos adornos en los camellos, y sorprendido murmuró:

— Por Elías, no son beduinos, son hombres ricos, tal vez hasta sean nobles ¿Qué hacen aquí? Llenos de curiosidad, los dos judíos y sus guardias se acercaron cada vez más sin prestar atención a los integrantes de la caravana, ni éstos en ellos.

A las tantas, aparecieron los tres jefes de ese grupo desconocido. Los israelitas estaban atónitos. No eran simplemente nobles, por las coronas que portaban, ¡eran reyes! Tan ricos y suntuosos, que Naabot sintió como su presunta fortuna se reducía hasta el punto de parecer insignificante.

No lo habían percibido, pero a los pies de la elevación había una pequeña y pobre gruta, hacia donde los enigmáticos reyes se dirigieron. Mirando al cielo, Zabulón se dio cuenta que la noche era clara, no tanto por las estrellas en si, sino por una en particular, que superaba a todas en brillo. Ésta parecía asentarse suavemente en la colina.

En el interior de la gruta se encontraban, entre un buey y una mula, un hombre con su joven esposa, que tenía en sus brazos a un bebé recién nacido que sonreía. Era algo fantástico, porque de este Niño parecía irradiar una luz misteriosa, mas tenue, que envolvía la gruta y a todos los presentes.

Entonces los reyes, uno por uno, se inclinaron en adoración delante del Niño, tocaron el suelo con su frente, y le ofrecieron magníficos regalos. Más tarde, comenzaron a llegar pastores de la región, y todos de rodillas, se quedaron en respetuoso y admirado silencio ante el extraordinario Niño.

Tras permanecer un largo tiempo en aquella serena y hermosa atmósfera, Naabot y su grupo se dieron cuenta que era momento de partir.

Haciendo una última reverencia, salieron sin hacer ruido y caminaron en silencio. Naabot rompió el silencio, y despojándose uno por uno de sus preciosos anillos, se los entregó a su primo mientras decía:

— Cumplo lo que dije. Toma, Zabulón. Eres el pobre más rico que existe. Estos anillos son sólo una migaja. Tu terreno con su gruta no tienen precio. No hay oro en todo el Imperio Romano que pueda pagar lo que vale.

Uno de los guardias, osando dirigirle la palabra, preguntó a su amo:

— Mi señor Naabot, ¿nos ha llegado un nuevo profeta?

Los dos primos se miraron y Zabulón respondió:

— No, hijo mío. Ante nosotros se cumplieron siglos y siglos de profecías ... Esta noche, el Mesías nació en Israel.

Libro-entrevista con el Papa Benedicto XVI fue lanzado en el Vaticano

Publicado 2010/11/24
Autor: Gaudium Press
Sección: Europa

Ciudad del Vaticano (Miércoles, 24-11-2010, Gaudium Press) "Un acto de coraje comunicativo y de voluntad de dialogar con el mundo, con un lenguaje simple y accesible a todos". Así fue calificada la extensa entrevista concedida por el Santo Padre al periodista Peter Seewald, publicada como el libro "Luz del mundo. El Papa, la Iglesia, y las señales de los tiempos", que fue presentado ayer en rueda de prensa en el Vaticano.

Al frente de la presentación en la Sala de Prensa estaban el Padre Federico Lombardi, portavoz vaticano; Mons. Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización; y Luigi Accattoli, vaticanista italiano, además del propio autor, Peter Seewald. El Santo Padre fue representado por su secretario personal, Mons. Georg Gaenswein.

A partir de ayer el libro "Luz del mundo. El Papa, la Iglesia, y las señales de los tiempos" está disponible en la edición principal en alemán y en las traducciones italiana, inglesa y española. En estos días se pondrán a disposición, también, traducciones en portugués, francés, sueco y polaco. Igualmente, está prevista la traducción en otras 12 lenguas. La edición italiana fue producida con un tiraje de 50 mil copias.

Es la primera vez que un Papa responde de forma directa a preguntas. Juan Pablo II, para el libro con la entrevista concedida al periodista Vittorio Messori, "Cruzando el umbral de la esperanza", respondió por escrito.

"Podemos ser gratos al Papa por un acto de verdadero coraje comunicativo, intentar hablar con un lenguaje que las personas entiendan, con un lenguaje accesible a todos", comentó el Padre Lombardi. Benedicto XVI abordó "temas también con el riesgo de suscitar discusiones y de no siempre ser entendido perfectamente". Peter Seewald ya había entrevistado dos veces al entonces Cardenal Ratzinger, ocasiones que resultaron en dos libros, con los títulos: "Joseph Ratzinger: La Sal de la tierra: cristianismo e Iglesia Católica en el siglo XXI", y "Dios y el mundo: el ser cristiano en el nuevo milenio".

Las preguntas propuestas por Seewald no fueron autorizadas antes del coloquio, ni durante el mismo. Nada del texto escrito fue cambiado, solamente el Papa hizo algunas aclaraciones. Peter Seewald se encontró con el Santo Padre seis veces, en una hora de conversación. "Cuando comenzamos la conversación quedé fascinado en ver la persona, el hombre Joseph Ratzinger y también el Papa. No cambió nada en su esencia, permaneció con su humildad, su amabilidad", relata el periodista alemán.

Él relata que quedó nuevamente impresionado por la simplicidad, la acogida, la enorme fuerza intelectual y espiritual, la naturaleza dialogante, la apertura, hasta en los temas difíciles. "No tiene problemas de enfrentar cuestiones críticas; es más, este Papa no es una persona que tiene miedo de las preguntas". El autor espera que este libro "sea de gran ayuda para muchas personas, y permita entender mejor el pontificado" de Benedicto XVI, que en las 253 páginas deja un mensaje para la humanidad.

Con este libro, como dice el portavoz vaticano, el Papa "hizo un esfuerzo para venir al encuentro de todo el mundo de la comunicación con un lenguaje simple, concreto, accesible, sin retroceder ni esconderse". Como con su obra "Jesús de Nazaret", también en esta forma periodística, no teológica, él se coloca en debate abierto con la opinión pública, considera el Padre Lombardi.

El título "Luz del mundo" se refiere a una visión de la Iglesia como "señal de unidad de todo el género humano", observó Mons. Rino Fisichella. Según el presidente del más nuevo dicasterio romano, Benedicto XVI, en este libro, se muestra un Papa "optimista sobre la vida de la Iglesia", que no se substrae a ninguna pregunta, y también se muestra una persona muy humilde.

De acuerdo con el prelado, el libro nos ayuda a entender la vida del actual Papa y su pontificado. La entrevista es "una provocación a realizar un serio examen de consciencia", concluyó Mons. Fisichella.

martes, 24 de agosto de 2010

El regalo del campesino

En una bella mañana de verano, pasadas las fuertes lluvias de la primavera, el señor Francisco comenzaba otro día de su rutinaria vida de labrador, en el reino del Valle de las Aguas Claras.

Con su traje rústico, caminaba apresuradamente en dirección a su labor, para dar inicio a la cosecha de aquel año. Dentro de pocos días comenzaría la gran feria, donde él pretendía llevar sus mejores frutos.

El modesto campesino, a pesar de su avanzada edad, todavía se mantenía bien dispuesto y recorría alegre y decidido todos los caminos y arboledas de su inmenso “campo expresivo” — así acostumbraba a llamar a su plantación, debido a la multiplicidad de colores -, cogiendo los frutos de los árboles, algunos de ellos ya añejos, y de los cuales él cuidaba con especial esmero.

En aquel día, decidió examinar algunos manzanos que estaban en un lugar de difícil acceso. Al llegar, tuvo una agradable sorpresa: aquellos árboles habían producido manzanas de un color y belleza incomparables.

En verdad, pensó él, en tantos años de trabajo nunca había visto nada igual. Maduras y relucientes, eran de un colorido casi escarlata y exhalaban un delicado aroma.

Al verlas pensó:

— ¡Son dignas de un rey!

Entonces se acordó de su soberano, que hacía tiempo le había dado aquel campo. Y decidió entregarle aquellas manzanas como regalo.

Con sus manos callosas cogió las mejores, y usó una modesta franela para limpiarlas. Después, las colocó en un saquito, las acomodó sobre un poco de hierba que servía de forro a la cesta.

De vuelta a su casa, almacenó el resto de los frutos que había recolectado esperando la próxima feria y, después de arreglarse como pudo, se puso en camino al Palacio Real, llevando en su hombro, un gran saco con las manzanas para el rey.

Al llegar a las puertas de la fortaleza, reparó en dos altos y espigados soldados que guardaban el gran por tón principal. Volviéndose hacia uno de ellos, le dijo:

— Con su permiso, ¡querría hablar con el rey!

Viendo el lastimoso estado de aquel pobre campesino, el guardia le respondió con desdén:

— ¿Qué deseas del rey? Pide audiencia.

Y… ¡ven vestido de forma más digna!

— ¿Podría, entonces, hablar con el ministro?

— ¿Quién piensas que eres?

¿¡Qué es lo que quieres!?

— Yo quiero entregar un regalo al rey

— ¡Ah! ¿Es eso? – dice con desprecio el otro guardia — déjalo ahí en la puerta… después el cochero lo recogerá.

El campesino dudó y se apartó desconcertado.

Súbitamente, apareció sobre las almenas, un tercer guardia, y dio un bonito toque de clarín. Lentamente, fue bajado el puente levadizo, mientras un elegante carruaje se aproximaba.

¡Era la reina que llegaba!

Cuando estaba ya próxima al portón del palacio, el viejo campesino tuvo una idea. Aprovechó la distracción de los guardias, se lanzó frente al coche e hizo un gesto medio tosco para saludar a la soberana. Ella dio orden de parar y preguntó delicadamente al pobre hombre:

— Hijo mío ¿deseas algo?

Maravillado por el afecto de la reina, el señor Francisco no sabía ni cómo dirigirle la palabra. Al ver la indumentaria de la soberana, quedó extasiado con tan bellos y coloridos adornos. ¡Cerca de ellos, el color de sus manzanas era opaco! Sin embargo, animado por la bondad de la reina, levantó su pobre bolsa, y dijo:

— Yo querría… dar estas manzanas para el rey. ¡Son las mejores de mi cosecha!

— Claro que sí, quede en paz. Yo misma se las entregaré.

Entonces, el campesino sacudió un poco su saco, para quitar el polvo del camino, y lo entregó a la reina, que preguntó:

— Dime, ¿cuál es vuestro nombre?

— Ah, si, soy Francisco y vivo en Campo Nuevo, cerca al palacio.

La reina hizo un ademán discreto para que una de las damas tomase nota, y le dijo:

— Entregaré sus manzanas con mucho gusto. Y sabed que quedo muy agradecida por su generosidad.

El carruaje entró y el campesino se retiró, volviendo a su trabajo. Estaba contento, pues había conseguido encaminar sus manzanas de la mejor manera posible. Hecho esto, comenzó a ocuparse de la feria, que en breve tendría lugar.

Ya en el palacio, la reina tocó la campanilla y dijo a una dama de la corte:

— Me acaban de traer estas manzanas y voy a entregarlas al rey. Debes presentarlas de una forma ideal.

Es bueno lavarlas y pulirlas, para que queden bien brillantes. Después, coge una bandeja de plata, las pones en el centro, alrededor, adornálas con unas cerezas. Así las entregaré al rey.

Poco después, volvió la dama con las manzanas ya listas y se las entregó a la reina. Después de coger la bandeja, la llevó al rey, que se encontraba en el comedor, terminando la comida y aguardando el postre.

El rey, al verla entrar, dijo:

— Señora, ¿qué hacéis con esa bandeja en las manos?

— Es el regalo de un campesino, cuya propiedad está cercana al palacio.

— ¡Qué bellas manzanas! ¡Qué maravilla!

El rey las comió con verdadero placer, mientras la reina lo observaba complacida. Y mandó que se le entregara al campesino una buena cantidad de cerezas del palacio, dispuestas también en una bella bandeja.

Algunos días más tarde, en medio de las faenas del trabajo, el señor Francisco vio a lo lejos un carruaje.

Se inclinó sobre su pala, observó bien y… ¡se dio cuenta de que venía en su dirección! ¿Quién sería? Sacudió la tierra de su ropa y esperó. El carruaje paró y descendió un lacayo que, dirigiéndose al campesino, le dijo:

El rey le envía estas cerezas en agradecimiento por las manzanas que usted le ofreció.

El humilde labrador quedó sorprendido y, boquiabierto, tardó un poco en responder.

— ¡Madre mía! ¡Qué frutos tan bellos! ¡Espere que las recojo y le devuelvo la bandeja!

— Ah… No. La bandeja de plata también es un regalo real… ¡Buen trabajo!

El carruaje se alejó y el campesino comenzó a llorar de emoción. ¡Jamás en su vida esperaba obtener un regalo así de su rey!

* * *

Para nosotros, la reina de la historia es Nuestra Señora, que lleva todas nuestras ofrendas, por más simples que sean, a Jesús, el Rey de los reyes. Por una modesta “manzana” ¡Ella nos consigue maravillas! Es lo que dice el gran santo mariano S. Luis María Grignion de Monfort:

“Coloquemos en las manos de María nuestras buenas acciones, que a pesar de parecer buenas en el fondo están manchadas y son indignas de Dios, y ella, habiendo recibido nuestro pobre regalo, lo purificará, santificará y embellecerá de tal manera, que sea digno de Dios” .

Hagamos todo por medio de esa Madre tan generosa y llena de compasión con nosotros. En ella encontraremos el medio más rápido, fácil y eficaz de llegar hasta Dios.

Adviento: significado y origen

Publicado 2009/01/01
Autor : Mauro Sérgio da Silva Izabel

Los grandes eventos exigen preparación. Por eso, la Iglesia instituyó en su liturgia un período que precede a la Navidad: el Adviento. A lo largo de la historia de la Iglesia ha tomado distintas formas.

Adviento: significado y origen

Recibir una visita es un arte que toda dueña de casa practica con frecuencia. Y cuando el visitante es ilustre los preparativos son más exigentes. Imagínese el lector que su párroco anunciara en la misa de domingo la visita pastoral del obispo diocesano, pero con una peculiaridad: que uno de los feligreses, tomado al azar, recibirá al prelado en su casa para almorzar con él después de la misa.

Ciertamente, todo en el hogar de la familia elegida se volcaría durante algunos días a preparar tan honrosa visita. El menú del almuerzo, las mejoras en la decoración, la ropa a usar en la ocasión. En la víspera se impondría un aseo general de la casa, de manera que todo quedara perfectamente ordenado a espera del gran día.

Esos preparativos, que normalmente se realizan en la vida social para recibir una visita importante, también convienen en la esfera sobrenatural. El ciclo litúrgico los contempla con relación a las grandes fiestas, como por ejemplo la Navidad. La Santa Iglesia, con sabiduría de siglos, estableció un período preparatorio con la finalidad de que todas las almas cristianas perciban la importancia del acontecimiento y cuenten con medios de purificarse para celebrar dignamente la solemnidad.

Ese período se llama Adviento.

Significado del término

Adviento –en latín adventus– significa venida, llegada. Es una palabra de origen profano que designaba el paso anual de la divinidad pagana por el templo para visitar a sus adoradores. Se creía que el dios, cuyo culto recibía la estatua, permanecía con ellos durante la solemnidad. En lenguaje corriente se denominaba también así a la primera visita oficial de un personaje importante cuando asumía un alto cargo. Así, unas monedas de Corinto perpetúan el recuerdo del adventus augustii, y un cronista llama adventus divi al día en que llegó el emperador Constantino. En las obras cristianas de los primeros tiempos de la Iglesia, especialmente en la Vulgata, adventus se transformó en el término clásico para designar la venida de Cristo a la tierra, es decir, la Encarnación, inaugurando la era mesiánica y, después, su gloriosa venida al final de los tiempos.

Surge el Adviento cristiano

La primera noticia acerca de un período de preparación para la Navidad data del siglo V, cuando san Perpetuo, obispo de Tours, estableció un ayuno de tres días antes del nacimiento del Señor. A fines del mismo siglo aparece la “Cuaresma de san Martín”, que consistía en un ayuno de 40 días, comenzando el día siguiente a la fiesta de san Martín.

San Gregorio Magno (590-604) fue el primer Papa en redactar un oficio de Adviento, y el Sacramentario Gregoriano es el más antiguo en proveer misas propias para los domingos de este tiempo litúrgico.

En el siglo IX la duración del Adviento se redujo a cuatro semanas, como se lee en una carta del Papa san Nicolás I (858-867) a los búlgaros. Y en el siglo XII el ayuno se sustituyó con una simple abstinencia.

Pese al carácter penitencial del ayuno o la abstinencia, la intención de los Papas en la Alta Edad Media era crear en los fieles una gran expectación ante la venida del Salvador, orientándolos hacia su glorioso retorno al final de los tiempos. Por eso tantos mosaicos muestran vacío el trono del Cristo Pantocrátor. El viejo vocablo pagano adventus se entiende también en el sentido bíblico y escatológico de “Parusía”.

El Adviento en las Iglesias de Oriente

En los diversos ritos orientales el ciclo de preparación para el gran día del nacimiento de Cristo se plasmó con una característica acentuadamente ascética, sin abarcar toda la amplitud de espera mesiánica que caracteriza al Adviento en la liturgia romana.

En la liturgia bizantina, el domingo anterior a la Navidad se destaca con la conmemoración de todos los patriarcas, desde Adán hasta José, esposo de la Virgen María. En el rito siríaco, las semanas previas a Navidad son llamadas “semanas de las anunciaciones”; se evoca en ellas el anuncio hecho a Zacarías, la Anunciación del ángel a María, seguida por la Visitación, el nacimiento de Juan Bautista y el anuncio a José.

El Adviento en la Iglesia latina

En la liturgia romana es donde el Adviento cobra su sentido más amplio.

El primer domingo –y a diferencia del niño pobre e indefenso de la gruta de Belén– Cristo se nos presenta lleno de gloria y esplendor, de poder y majestuosidad, en compañía de sus ángeles, para juzgar a los vivos y los muertos y proclamar su Reino eterno después de los acontecimientos que precederán ese triunfo: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas” (Lc 21, 25).

“Velad, pues, orando en todo tiempo, para que podáis escapar de todo lo que va a suceder, y podáis estar firmes ante el Hijo del hombre” (Lc 21, 36). Es el consejo del Salvador.

¿Cómo estar firmes frente al Hijo del hombre? Cumple que nos sonrojemos de vergüenza, como dice la Escritura. La Iglesia nos invita, así, a la penitencia y a la conversión, y el segundo domingo nos pone delante la grandiosa figura de san Juan Bautista, cuyo mensaje contribuye a realzar el carácter penitencial del Adviento.

Con la alegría de quien se siente perdonado, el tercer domingo empieza con la siguiente proclamación: “Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca”. Es la dominica “Gaudete”. Al aproximarse la llegada del Hombre-Dios, la Iglesia pide que todos los hombres conozcan la bondad del Señor. Los paramentos son color rosa.

El cuarto domingo, María, estrella de la mañana, anuncia la llegada del verdadero Sol de Justicia que iluminará a todos los hombres. ¿Quién mejor que ella podría encaminarnos a Jesús? La Santísima Virgen, nuestra dulce abogada, reconcilia a los pecadores con Dios, mitiga nuestros dolores y santifica nuestras alegrías. María es la más sublime preparación para Navidad.

* * *
Con este tiempo de preparación la Iglesia quiere enseñarnos que la vida en este valle de lágrimas es un inmenso adviento, y que si la vivimos bien, es decir, conforme a la Ley de Dios, Jesucristo será nuestra recompensa y nos reservará en el Cielo un hermoso lugar, como está escrito: “Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, eso Dios preparó para los que le aman” (1 Cor 2, 9)

lunes, 23 de agosto de 2010

EL ROSARIO: POR QUÉ Y PARA QUÉ?


La Virgen ha bajado muchas veces del cielo para pedirnos que recemos el Rosario (Lourdes, Fátima, Medjugorje,... )

Nuestra devoción a María Santísima incluye nuestro entusiasmo, nuestro trato cotidiano con ELLA en el trabajo, en las alegrías, en las dificultades, en todo. "La Misericordia de Dios se extiende de generación en generación". Si, y el cauce de esta misericordia, MARÍA, Madre de Dios y de la Iglesia, Medianera de todas las gracias, estrella y camino para ir a Jesús, de quien todo lo recibe y a quien todo lo conduce.

Es realmente importante acogernos filialmente a la protección de María. Todos los Santos la han tenido siempre como señal de predestinación. Y, al contrario, rechazar a María es señal de estar fuera de la Iglesia, y es común denominador de herejes. "NO HAY CRISTIANO AUTÉNTICO SIN MARÍA". En nuestro camino hacia la santidad tiene una eficacia asombrosa el que vayamos de su mano, acudiendo a Ella para expresarle nuestra admiración, nuestro cariño, nuestras necesidades; y tomándola como ejemplo y guía, e ir por María hacia el corazón de su hijo.

"Marialis Cultus" 54, nos dice que, después de la Misa y la Liturgia de las Horas, el Santo Rosario es la oración más recomendada. "Compendio de todo el Evangelio". Si, porque a través de los 20 misterios recorremos la vida de nuestro Salvador, ya que contiene los Dogmas de nuestra Fe. Oración predilecta de tantas personas buenas. Pero al mismo tiempo, esta devoción, que con sencillez va anunciando los misterios e hilvanando el Padrenuestro y las 10 Avemarías, oraciones ambas del Evangelio, no es acogida por todos. Hay quienes se pavonean de ser "cristianos de avanzada", y les parece monótono ir repitiendo las oraciones y dicen ser devoción de mujeres y niños. Y es que, lamentablemente, no puede "saborear esta maravillosa intimidad porque tiene atrofiado el paladar por esa arrogante autosuficiencia y esa manía de criticarlo todo".

Aún cuando no se contemplara el misterio, con sólo meditar lo que vamos repitiendo, ya tenemos bastante.

Pero la cuestión práctica para nosotros, es que debemos procurar rezarlo. Rezarlo aunque no nos entusiasme mucho; hacerlo: porque los obsequios hacen al gusto de quien lo recibo, ya nos ha manifestado María en Lourdes y Fátima, que quiere y nos pide que recemos el Rosario.

Hay quienes aducen que prefieren no hacerlo porque se distraen; pero recordemos: ¿A quién pidió María en primicia que lo hicieran?. Fue a unos chiquillos a los niños, a ellos que son esencialmente distraídos.

Nosotros nos distraeremos también; pero Ella atenderá... ¿No lo rezaréis?.

¡Que no tiene tiempo!. Es una excusa fútil decir eso. Se tiene exactamente 24 horas cada día. El asunto está en la importancia que concedemos a cada cosa. Si para ti la oración es lo primero, que te falte tiempo para comer o dormir, pero no para tus ejercicios espirituales. Personalmente yo, aducía muchos motivos por los que no podía rezar el Rosario, pero me hizo reflexionar el ejemplo de muchas personas importantes que, sin embargo, cada día no rezan no cinco sino los quince misterios del Santo Rosario. Entre ellos, su Santidad Juan Pablo II.

¿Cómo rezar el Rosario? Escuchemos las palabras de Pablo VI en "Marialis Cultus" 46: "La repetición del Avemaría constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplación de los misterios". Y remarca: "SIN CONTEMPLACIÓN, EL ROSARIO ES UN CUERPO SIN ALMA". Por eso, nuestra lengua pronuncia las oraciones, la mente y el corazón ha de vivir las escenas del misterio anunciado, contemplar a los protagonistas, captar los sentimientos. De este modo, las oraciones serán como un canto o, mejor, la música de fondo que acompaña a nuestra MEDITACIÓN. Desde luego que, viviendo así esta intimidad, asimilaremos enseñanzas para nuestra vida y brotará un compromiso más profundo con Jesús. Además de esto, ¿PARA QUÉ EL ROSARIO? María de Fátima dijo: "Continuad rezando el Rosario par conseguir el fin de la guerra; Yo soy la Virgen del Rosario; rezadlo todos los días". Mensaje para todos, sobre todo para los que deseamos agradarle. Ella tiene fe en esta pequeña arma, incluso contra la guerra. La guerra existió y existe en el mundo, ya sea en el estado caliente, de lucha declarada. Y María dice que, para estas catástrofes, tenemos el Rosario, Ella cree. ¿Creemos nosotros? Si quieres mantenerte en pie en este ambiente de guerra moral, debes armarte de este instrumento de victoria; consérvalo siempre contigo; toma tu rosario en el momento de tentación; aléjala y aprende a prevenirla con el rezo entusiasta del Rosario. Es verdad que esas cuentas hilvanadas son valores. Tu que dices amar y conservar los recuerdos, los regalos recibidos ¿Conservas tu Rosario? Dónde lo tienes ahora? ¿Qué no tienes uno?. Solicítanos ahora mismo sin costo; será tal vez con el que rece tu esposa o el que tomen tus niños aprendiendo de ti a orar, el que convierta en el Rosario de la familia. Desgrana sus cuentas por entre tus dedos, siéntete audaz, desafía el tiempo y la eternidad.

Los tesoros del Cielo

Francisco Abdalá era un próspero comerciante de telas del sur de España.

Era de una antigua estirpe musulmana convertida al cristianismo y se destacaba por ser un hombre piadoso y caritativo.

Como no tenía hijos había adoptado a sus tres sobrinitas huérfanas, de las que cuidaba con cariño y esmero.

Las niñas se adaptaron sin dificultades a su nuevo hogar. Recibían una educación primorosa, estudiaban en un buen colegio y sobre todo se las instruía en la fe. Tan pronto como les fue permitido hicieron la Primera Comunión.

Con el paso de los años la diferencia de carácter entre ellas se fue acentuando.

María, la mayor, afable y cariñosa, se preocupaba siempre por los demás; a Laura, la mediana, le gustaba arreglarse y llamar la atención; Catalina, la menor, mostraba una preocupante propensión al egoísmo.

Un día, Francisco llamó a las tres y les dijo con tono paternal y solemne:

Mis queridas, sabéis cuánto os amo y cómo os tengo por verdaderas hijas mías— Mis queridas, sabéis cuánto os amo y cómo os tengo por verdaderas hijas mías. He de salir a hacer un largo viaje y no sé cuando regresaré. Pero, gracias a Dios, ya estáis bien crecidas y sabréis dar buen rumbo a vuestras vidas, por si no nos volviéramos a ver. No dejéis nunca de frecuentar los sacramentos, tened compasión por los más necesitados, rezad siempre y confiad en la misericordia de la Virgen, que es nuestra Madre y nunca nos desampara.

A las muchachas se les caían las lágrimas y Francisco sentía que su voz estaba embargada de la emoción. Enseguida se recompuso y continuó:

— He trabajado mucho y os voy a dejar una considerable suma para que podáis vivir sin preocupación alguna durante mi ausencia. Allí, sobre aquella cómoda, tenéis tres bolsas con monedas de oro. Haced buen uso de ellas y ¡que la Virgen de la Esperanza Macarena nos ayude a todos!

Después de la salida de su tío, las tres jóvenes mantuvieron una larga conversación sobre cómo organizar sus vidas durante aquella ausencia.

Laura y Catalina decidieron mudarse y vivir cada una en su propia casa.

María intentaba disuadirlas:

— ¡No hagáis eso! Viviendo juntas, ¡podemos apoyarnos fácilmente unas en las otras…!

En vano, sus argumentos fueron inútiles: ambas permanecieron obstinadas en su mala decisión.

Laura en seguida se compró una mansión, contrató empleadas, mandó hacerse vistosos vestidos y pasaba el tiempo viajando, pues su única preocupación era gozar de la vida.

Catalina, avarienta y egoísta, se compró una casita, donde vivía tan sólo con un gatito y usaba ropas no muy limpias. Enterró en el huerto sus monedas, y a veces ocurría que se iba a dormir con hambre porque había comprado poco pan…, para gastar lo menos posible su precioso dinero.

María continuó viviendo en casa del anciano tío y empleaba sus monedas en beneficio de los niños huérfanos y de los más necesitados. Junto con el auxilio material les llevaba palabras de afecto y compartía con ellos algunos momentos de oración. Ayudaba mucho en la parroquia y era un modelo de piedad para las otras muchachas.

Pasaba el tiempo y el tío Francisco no daba señales de vida. Raramente las tres hermanas se encontraban.

Sólo María procuraba ir a visitar a las otras. Les daba buenos consejos, intentaba hacerles volver en razón. Sus palabras servían de poco, pero no se desanimaba. Pedía a la Virgen de la Esperanza que intercediese por ellas.

Laura no tardó mucho en gastarse todas sus monedas de oro... Empezó a vender las obras de arte con las que había adornado su mansión y cuando ya no tenía más, fue despidiendo a las empleadas una a una. Al final tuvo que vender la casa para pagar las deudas. Se quedó sola y sin recursos...

Arrepentida, buscó a María para pedirle ayuda. Ésta la recibió con los brazos abiertos. Movida por la bondad y por el ejemplo de su hermana, Laura quiso hacer una buena confesión, para reconciliarse con Dios por la vida disoluta que había llevado, y comenzó a trabajar a favor de los menos favorecidos.

Catalina cuando supo el cambio de vida de su hermana pensaba:

— ¡Lo que le ha pasado a Laura lo tiene bien merecido! Y María sigue por el mismo camino. De la manera que está ahora, gastando en “sus” huérfanos, pronto se quedará sin dinero y vendrá a pedírmelo a mí… Quizás sepa donde escondí mis monedas y… Creo que es mejor que vaya a esconderlo todo en un lugar más seguro.
Las monedas habían desaparecido y Catalina empezó a gritar: “Lo sabía, María me ha robado!”

De noche, cuando nadie la veía, cavaba deprisa un agujero en su huerto, al pie del naranjo, donde había enterrado las monedas de oro. Pero… ¡Qué sorpresa! ¡Habían desaparecido!

¡La bolsa estaba llena de guijarros! Y comenzó a gritar indignada:

— Lo sabía, María me ha robado ¡para dárselo a “sus” pobres!

En ese instante oyó una voz detrás de ella. Se volvió y… ¡No vio a nadie!

Pero reconoció claramente que era la voz de su tío Francisco que la censuraba con bondad y tristeza:

— Catalina, Catalina… ¿Por qué acusas a una inocente? La avaricia de tu corazón ha sido la que ha hecho que las monedas de oro se transformen en piedras. María no necesita tu dinero. Deja de murmurar contra tu hermana, olvídate del oro que enterraste y procura acumular para ti “tesoros en el cielo, donde no hay orín ni polilla que los consuma; ni tampoco ladrones que los desentierren y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón” (Mt 6, 20-21).

Asustada, la muchacha comenzó a llorar de arrepentimiento. Corrió hacia la casa de su hermana y le contó lo que le había pasado. María también lloraba, pero de alegría. Juntas fueron a la iglesia y Catalina se confesó. Desde entonces pasó a llevar una vida ejemplar.

Poco tiempo después, Laura encontró un buen marido, formó un hogar y educó a sus hijos en la religión y en el buen camino.

Catalina y María continuaron juntas. Emplearon su fortuna para aliviar a los pobres, es verdad, y prestaban buenos servicios al párroco, pero…, las palabras de su tío Francisco sonaban cada vez con más fuerza en sus corazones: “Procura acumular para ti tesoros en el Cielo” . De manera que un día entregaron todos sus bienes a una institución de caridad y entraron en el monasterio de la Inmaculada Concepción.

Allí, lejos de las preocupaciones terrenales, se dedicaron a socorrer con sus oraciones y sacrificios a los necesitados de ayuda espiritual. No pasó mucho tiempo y Jesús vino a invitarlas a tomar posesión de los tesoros que habían ido acumulando en el Cielo.

Ceremonia de los Heraldos del Evangelio en honra de la Asunción de María.


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Comienzan homenajes por el centenario de nacimiento de Teresa de Calcuta

Publicado 2010/08/20
Autor : Gaudium Press


Si estuviera viva, la beata cumpliría 100 años el próximo 26 de agosto. Para homenajear a la religiosa, mundialmente conocida por su obra de caridad, una serie de eventos está siendo y serán realizados en el mundo entero

Ciudad del Vaticano (Viernes, 20-08-2010, Gaudium Press) Si estuviera viva, la Madre Teresa de Calcuta cumpliría 100 años el próximo 26 de agosto. Aún así, el centenario de nacimiento de esta importante religiosa, fallecida en 1997, no pasará sin ser festejado. Para homenajear a la madre, mundialmente reconocida por su obra de caridad, una serie de misas, vigilias, novenas y conferencias están siendo y serán realizadas en diferentes partes del mundo, según informa Ansa.

Las primeras conmemoraciones, en homenaje a la beata, comenzaron el pasado martes 17, en India, país en el cual la Madre Teresa pasó la mayor parte de su vida. Para la ocasión, se realizaron jornadas de oración en las parroquias de la diócesis de Calcuta, sede de las Misioneras de la Caridad, congregación fundada por la religiosa.

Por su parte, los festejos en India continuarán el próximo lunes 23, y seguirán hasta el 31 de agosto, en Nueva Delhi. En esta semana, tendrá lugar un simposio y espectáculos de teatro y danza, que son organizados por la Conferencia Episcopal India. El 26, una conmemoración pública, con la presencia de la presidente india Pratbha Patil, también está prevista. La gobernante presentará ese día una moneda dedicada a la beata.

Asimismo, Macedonia, país natal de Madre Teresa, recordará a su ilustre hija. En el día que marca su centenario, el país promoverá la inauguración de una muestra dedicada a la religiosa y hará una misa solemne en la Catedral del Sagrado Corazón, la cual estará presidida por el Arzobispo de Belgrado, Stanislav Hoevar. En la ocasión, el parlamento local también realizará una sesión especial en honor a la religiosa, seguida de la presentación del Premio Madre Teresa.

En Roma, la beata será homenajeada en una misa presidida por el arcipreste de la Basílica de San Pedro y vicario general para la Ciudad del Vaticano, el Cardenal Angelo Comastri. Participarán de esta ceremonia las congregaciones y comunidades religiosas fundadas por Madre Teresa. Otras ciudades de Italia, como Nápoles, Turín, Génova y Florencia, también recordarán a la religiosa con liturgias y novenas.

Santo del día

San Felipe Benizi (o Benicio)


Publicado 2010/08/23
Autor : Catholic.net

Servita, Agosto 23

Martirologio Romano: En Todi, de la Umbría, san Felipe Benizi, presbítero de Florencia, varón de gran humildad y propagador de la Orden de los Siervos de María, que consideraba a Cristo crucificado su único libro (1285).

El hijo más ilustre y el más ardiente propagador de la congregación de los servitas en Italia nació en el seno de una noble familia de Florencia el 15 de agosto de 1233. A los 13 años fue a vivir a París a estudiar medicina. De París pasó a Padua donde a los 19 años obtuvo el grado de doctor en medicina y filosofía, regresando a su ciudad natal y ejerciendo por un año su profesión. Durante ese tiempo, estudió las Sagradas Escrituras y, frecuentaba las iglesias de su ciudad natal, especialmente La Anunciata, que estaba a cargo de la Orden de los Servitas (siervos de María), así llamados por la gran devoción que tenían a nuestra Señora, que allí era particularmente reverenciada.

Una epístola de la semana de pascua refiere que uno de los discípulos y diácono de la primitiva comunidad de Jerusalén, llamado FeIipe, recibió de Dios el encargo de acercarse al carruaje del mayordomo de la reina de Etiopía e intentar convertirla a la fe católica. Dijo el Espíritu Santo: "Acércate y sube a este carro".

Pues bien, estando Felipe Benicio, el l6 de abril de 1254, jueves de pascua, oyendo la misa conventual en la cercana ciudad de Fiésole, al proclamarse aquellas palabras: "Felipe, acércate y sube a este carro", tomadas de los Hechos de los apóstoles, interpretó que iban dirigidas a él. Y después en su casa, orando, tuvo una visión en medio de un éxtasis: vio venir a su encuentro a la Virgen, Madre de Dios, quien mostrándole el hábito negro de los servitas, le sonrió diciéndole: "Felipe, acércate y sube a este carro". Comprendió entonces que la reina del cielo lo invitaba a ponerse bajo su protección.

Ocultando su condición de noble y su profesión, Felipe pidió la admisión en Monte Senario y recibió de manos de San Bonfilio el hábito de los hermanos lego. Los superiores le ordenaron trabajar en el huerto, pedir limosna y algunas faenas duras y difíciles del campo. El santo se entregó por completo a dichas labores, orando incansablemente durante todas ellas. En 1258 fue enviado al convento de Siena, y durante el camino intervino en una polémica discusión sobre los dogmas de la fe, en la cual Felipe supo intervenir brillantemente aclarando y dando el verdadero sentido sobre lo dicho. Dos miembros de su congregación, que viajaban con él, dieron cuenta al prior general, quien al constatar la sabiduría del santo, lo ordenó sacerdote, y en 1262, fue nombrado maestro de novicios del convento de Siena, y Vicario asistente del prior general. En 1267, por voto unánime, el santo fue elegido prior general de la orden religiosa. Como primera labor, visitó todos los conventos de la orden que estaban en el norte de Italia invitando a las gentes a convertirse y someterse a la protección de la Virgen Madre. Luego, y al finalizar un intenso y largo retiro espiritual, San Felipe decidió visitar los conventos de Alemania y Francia.

En el Concilio de Lyon, San Felipe impresionó a todos por su sabiduría y don de las lenguas, don que fue utilizado por el santo para la conversión de los pecadores y reconciliación de los cismáticos de muchos lugares del mundo a donde iba a predicar el Evangelio; sin embargo, toda su fama no era suficiente para obtener la aprobación pontificia para la Orden de los Siervos de María.

En 1284, San Alejo puso bajo la dirección de San Felipe a su sobrina Santa Juliana, la cual fundó la tercera orden de las Siervas de María. El santo se encargó también de enviar a los primeros misioneros servitas al oriente, algunos de ellos, derramaron su sangre por mantenerse firmes en su fe a Cristo.

Cuando comprendió que se acercaba la hora de su muerte, en el año 1285, San Felipe decidió retirarse descansar al convento más sencillo y humilde de la orden religiosa, donde pasó sus últimos días, orando y postrado ante la imagen de la Virgen María. Falleció durante el angelus vespertino, y en 1761 fue canonizado. Su fiesta fue extendida a toda la Iglesia occidental en 1694.

Evangelio del día

2010-08-23 - Evangelio según San Mateo 23, 13-22

Publicado 2010/08/23
Autor : Sagrada Biblia


Es deber nuestro dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos; y es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente, y vuestro amor, de cada uno por todos y de todos por cada uno, sigue aumentando.

Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5. 11b-12

Pablo, Silvano y Timoteo a los tesalonicenses que forman la Iglesia de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Os deseamos la gracia y la paz de Dios Padre y del Señor Jesucristo.

Es deber nuestro dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos; y es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente, y vuestro amor, de cada uno por todos y de todos por cada uno, sigue aumentando.

Esto hace que nos mostremos orgullosos de vosotros ante las Iglesias de Dios, viendo que vuestra fe permanece constante en medio de todas las persecuciones y luchas que sostenéis.

Así se pone a la vista la justa sentencia de Dios, que pretende concederos su reino, por el cual bien que padecéis.
Nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo.

Salmo 95

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo.

Evangelio según San Mateo 23, 13-22

En aquel tiempo habló Jesús diciendo: "¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los cielos! Ni entráis vosotros, no dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa. ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga"! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: "Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga". ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él".

Frase del día

Confía en la misericordia de la Madre. Invoca a la Señora y serás fiel.

viernes, 20 de agosto de 2010

ORAR: una experiencia inolvidable ¡DISFRUTALA!

Por Edelmira Rojas, legionaria de María, Trujillo.

¿Crees que Jesucristo está vivo?
¿Has experimentado esta realidad?
¿Crees en su Palabra: Jn. 14, 23?

Si son afirmativas tus respuestas sigue por favor estas indicaciones:

- Toma una posición orante (puede ser sentado con el tronco recto, manos sobre las rodillas con las palmas hacia arriba, ojos suavemente cerrados)
- Procura vaciarte de ti mismo (con sinceridad reconoce tu NADA)
- Pídele al Espíritu que te INUNDE, procura hacerlo sin pronunciar palabras, con el corazón, unas tres veces: Inúndame Señor con tu Espíritu. Que tu corazón anhele esta posesión.
- Haz silencio en todo tu ser, pon calma:
* Respira con sosiego: llena tus pulmones de aire (por la nariz) y expúlsalo lentamente por la boca, dirás: paz, paz, paz.
* Relaja cada parte de tu cuerpo ordenando a tus músculos que se "suelten" (empieza por la cabeza, cuello, brazos... ) con firmeza pero sin ansiedad, ellos se acostumbrarán a obedecerte.
* Silencia tu mente, acalla recuerdos, preocupaciones, afectos. Procura concentrarte en tu nariz, percibe las "sensaciones" del aire que ingresa y sale, quédate quieto unos tres minutos.

Ahora que has "preparado" la sala silenciosa y quieta estás en condiciones de ACOGER a Jesús resucitado.

- Prenderás las lucesitas de la fe, di con mucho deseo y seguridad: "Yo creo Jesús resucitado que estás conmigo", "Inunda todo mi ser con tu Presencia" (varias veces hasta experimentar que Jesús invade todo tu ser).
Quédate quieto todo el tiempo que quieras (5, 10, 15,... minutos)
- Agradece a Jesús este maravilloso momento, pídele una bendición especial para algún ser querido y si tu corazón es generoso ofrécele cambiar en una sola cosa.
- Mueve suavemente tus manos, tu cabeza, respira profundamente, abre los ojos.

Es importante recordar que la ORACIÓN ES GRACIA, es un don divino, está sostenida por la fe, alimentada por la Esperanza y su fruto es el Amor.

Con la ORACIÓN tu corazón irá aprendiendo a Amar como Jesús sin distinción: al que te quiere y al que no.

La oración interpela la vida y te irá transformando lentamente en una transparencia de Jesús.

Es importante la constancia y la paciencia.

Recuerda lo que dice Jesús en: Mt. 11, 6 "Bienaventurado el que al encontrarme, no se aleja desilusionado".

Evangelio del día

2010-08-20 - Evangelio según San Mateo 22, 34-40

Publicado 2010/08/20
Autor : Sagrada Biblia

Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemigo, los que reunió de todos los países: norte y sur, oriente y occidente.

Libro del profeta Ezequiel 37, 1-14

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos. Me preguntó: Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?" Yo respondí: Señor, tú lo sabes."

Él me dijo: Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: "¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor.""

Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.

Entonces me dijo: Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: "Así dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan."" Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.

Y me dijo: Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: "Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados." Por eso, profetiza y diles: "Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago."" Oráculo del Señor.

Salmo 106

Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemigo, los que reunió de todos los países: norte y sur, oriente y occidente. Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida. Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los guió por un camino derecho, para que llegaran a ciudad habitada. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos, y a los hambrientos los colmó de bienes.

Evangelio según San Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús, y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?" El le dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser". Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.

Santo del día

San Bernardo

Publicado 2010/08/20
Autor : Catholic.net


Biografía, 20 de agosto de 1153

Etimológicamente significa “corazón de oro”. Viene de la lengua alemana.

En orden cronológico, o sea en cuanto al tiempo, San Bernardo es el último de los llamados Padres de la Iglesia. Pero en importancia es uno de los que más han influido en el pensamiento católico en todo el mundo.

Nace en Borgoña, Francia (cerca de Suiza) en el año 1090. Sus padres tuvieron siete hijos y a todos los formaron estrictamente haciéndoles aprender el latín, la literatura y, muy bien aprendida, la religión.

La familia que se fue con Cristo

Esta familia ha sido un caso único en la historia. Cuando Bernardo se fue de religioso, se llevó consigo a sus 4 hermanos varones, y un tío, dejando a su hermana a que cuidará al papá (la mamá ya había muerto) y el hermanito menor para que administrara las posesiones que tenían. Dicen que cuando llamaron al menor para anuanciarle que ellos se iban de religiosos, el muchacho les respondió: "¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí unicamente en la tierra? Esto no lo puedo aceptar". Y un tiempo después, también él se fue de religioso. Y más tarde llegaron además al convento el papá y el esposo de la hermana (y ella también se fué de monja). Casos como este son más únicos que raros.

La personalidad de Bernardo

Pocos individuos han tenido una personalidad tan impactante y atrayente, como San Bernardo. El poseía todas las ventajas y cualidades que pueden hacer amable y simpático a un joven. Inteligencia viva y brillante. Temperamento bondadoso y alegre, se ganaba la simpatía de cuantos trataban con él. Esto y su físico lleno de vigor y lozanía era ocasión de graves peligros para su castidad y santidad. Por eso durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano y lo sensual. Pero todo esto lo llenaba de desilusiones. Las amistades mundanas por más atractivas y brillantes que fueran lo dejaban vacío y lleno de hastío. Después de cada fiesta se sentía más y más desilusionado del mundo y de sus placeres.

A mal grave, remedio terrible

Como sus pasiones sexuales lo atacaban violentamente, una noche se revolcó entre el hielo hasta quedar casi congelado. Y el tremendo remedio le trajo mucha paz.

Una visión cambia su rumbo: una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía al Niñito Santo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás. Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado.

Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra

Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban, lo aceptó con gran alegría pues, en aquel convento, hacía 15 años que no llegaban religiosos nuevos.

Bernardo volvió a su familia a contar la noticia y todos se opusieron. Los amigos le decían que esto era desperdiciar una gran personalidad para irse a sepultarse vivo en un convento. La familia no aceptaba de ninguna manera.

Pero aquí sí que apareció el poder tan sorprendente que este hombre tenía para convencer a los demás e influir en ellos y ganarse su voluntad. Empezó a hablar tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y casi a todos los jóvenes de los alrededores, y junto con 31 compañeros llegó al convento de los Cistercienses a pedir ser admitidos de religiosos. Pero antes en su finca los había preparado a todos por varias semanas, entrenándolos acerca del modo como debían comportarse para ser unos fervorosos religiosos. En el año 1112, a la edad de 22 años, se fue de religioso al convento.

El papá, el hermano Nirvardo, el cuñado y la hermana, ya irán llegando uno por uno a pedir ser recibidos como religiosos.

Formidable poder de atracción. En toda la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para llevar gentes a las comunidades religiosas, como el que recibió Bernardo. Las muchachas tenían terror de que su novio hablara con el santo, porque lo mas probable era que se iría de religioso. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que él los instruyera y los formara como religiosos. Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban "el cazador de almas y vocaciones". Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.

Fundador de Claraval. En el convento del Císter demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años (con sólo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento. Escogió un sitio sumamente árido y lleno de bosques donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa valle muy claro, ya que allí el sol ilumina fuerte todo el día.

Supo infundir del tal manera fervor y entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con sólo 20 compañeros a los pocos años tenía 130 religiosos; de este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos.

La oratoria de santo. Después de San Juan Crisóstomo y de San Agustín, es difícil encontrar otro orador católico que haya obtenido tantos éxitos en su predicación como San Bernardo. Lo llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor melífluo) porque sus palabras en la predicación eran una verdadera golosina llena de sabrosura, para los que la escuchaban. Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Santísima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas y horas cada sermón que iba a pronunciar, y luego como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes. Escuchar a San Bernardo era ya sentir un impulso fortísimo a volverse mejor.

Su amor a la Virgen Santísima.

Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, necesariamente tienen que leer los escritos de San Bernardo, porque entre todos los predicadores católicos quizás ninguno ha hablado con más cariño y emoción acerca de la Virgen Santísima que este gran santo. Él fue quien compuso aquellas últimas palabras de la Salve: "Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María". Y repetía la bella oración que dice: "Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a Ti haya acudido, sin tu auxilio recibir".

El pueblo vibraba de emoción cuando le oía clamar desde el púlpito con su voz sonora e impresionante. "Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María. Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María. Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial". Sus bellísimos sermones son leídos hoy, después de varios siglos, con verdadera satisfacción y gran provecho.

Viajero incansable. El más profundo deseo de San Bernardo era permanecer en su convento dedicado a la oración y a la meditación. Pero el Sumo Pontífice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente que fuera a ayudarles, y él estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser útil. Con una salud sumamente débil (porque los primeros años de religioso, por imprudente, se dedicó a hacer demasiadas penitencias y se le daño la digestión) recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo fuertemente las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica. Era el árbitro aceptado por todos.

Exclamaba: A veces no me dejan tiempo durante el día ni siquiera para dedicarme a meditar. Pero estas gentes están tan necesitadas y sienten tanta paz cuando se les habla, que es necesario atenderlas (ya en las noches pararía luego sus horas dedicado a la oración y a la meditación).

De carbonero a Pontífice. Un hombre muy bien preparado le pidió que lo recibiera en su monasterio de Claraval. Para probar su virtud lo dedicó las primeras semanas a transportar carbón, y el otro lo hizo de muy buena voluntad. Después llegó a ser un excelente monje, y más tarde fue nombrado Sumo Pontífice: Eugenio III. El santo le escribió un famoso libro llamado "De consideratione", en el cual propone una serie de consejos importantísimos para que los que están en puestos elevados no vayan a cometer el gravísimo error de dedicarse solamente a actividades exteriores descuidando la oración y la meditación. Y llegó a decirle: "Malditas serán dichas ocupaciones, si no dejan dedicar el debido tiempo a la oración y a la meditación".

Despedida gozosa. Después de haber llegado a ser el hombre más famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros (como por ej. Hacer hablar a un mudo, el cual confesó muchos pecados que tenía sin perdonar) y después de haber llenado varios países de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petición de sus discípulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros años más, exclamaba: "Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca". Y a Dios le pareció que ya había sufrido y trabajado bastante y que se merecía el descanso eterno y el premio preparado para los discípulos fieles, y se lo llevó a sus eternidad feliz el 20 de agosto del año 1153. Solamente tenía 63 años pero había trabajado como si tuviera más de cien. El sumo pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia.

Frase del día

Mi oración se dirige a ti, Dios mío. El día de tu favor, que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude.

La fecundidad de la esperanza

Publicado 2010/08/19
Autor: Gaudium Press
Sección: Espiritualidad


Redacción (Jueves, 19-08-2010, Gaudium Press) La Esperanza puede ser comprendida en el orden natural y el orden sobrenatural. Ella designa una pasión, como un movimiento de la sensibilidad que tiende a un bien sensible ausente, pero que puede ser alcanzado, aunque con dificultad, y un sentimiento entre los más nobles del corazón humano, que se dirige a un bien honesto ausente. Es un sentimiento de gran importancia, pues sustenta al hombre en sus emprendimientos difíciles.

De manera sobrenatural, la Esperanza sustenta al católico en medio de las dificultades relativas a su santificación y salvación; tiene por objeto las verdades reveladas que se refieren a la vida eterna y los medios de adquirirla, y se funda en la omnipotencia y bondad divinas.

Nos detendremos en este trabajo en el análisis de la esperanza sobrenatural y, dentro de esta, su papel en nuestra santificación.

La Esperanza contribuye para nuestra santificación de tres maneras principales: primero, nos une a Dios; segundo, da eficacia a nuestras oraciones; tercero, se torna principio de actividad fecunda.

Nos une a Dios desapegándonos de los bienes terrenales. A todo momento somos solicitados por los placeres sensibles, por el orgullo, la sensualidad... en fin, por las alegrías, legítimas e ilegítimas, de la esfera natural. Entretanto, la esperanza cuando se apoya en una fe viva y ardiente, nos muestra que a todas las felicidades terrenales faltan dos elementos esenciales: la duración y la perfección. Ningún bien terrenal es suficiente de sí para satisfacer al ser humano, una vez que éste fue creado por Dios con sed del infinito.

Después del deleite, siempre hay enfado y saciedad. Nuestra inteligencia jamás se da por satisfecha sin el conocimiento de la causa perfecta, y nuestro corazón no se contenta a no ser en Dios. Solo Él es la plenitud del Bonum, Verum y Pulchrum. Y bastando a Sí mismo, evidentemente, nos basta a nosotros.

La esperanza, unida a la virtud de la humildad, da eficacia a nuestras oraciones, y nos obtiene de los cielos los favores que necesitamos. Nos enseña el Eclesiástico: « scitote quia nullus speravit in Domino et confusus est. Quis enim permansit in mandatis ejus, et derelictus est, aut quis invocavit eum, et despexit illum? Quoniam pius et misericors est Deus, et remittet in die tribulationis peccata (Ecle. 2, 11-12). » En sus milagros, Cristo nuestro Señor, jamás despreció a quien a Él recurrió con confianza. ¿No atendió Él al centurión, al paralítico descendido por el tejado, los ciegos de Jericó, a la Cananea, la pecadora sorprendida en adulterio y al leproso? Además, no prometió Él que "¿Amen, amen, dico vobis, si quis petieritis Patrem in nomime meo, dabit vobis" (Jn 16, 23)? Al final, nada honra tanto a Dios como la confianza en Él que no se deja vencer en generosidad, concediendo superabundantes gracias.

Por último, la esperanza es un principio de actividad fecunda. Primero, por que produce santos deseos, en particular el anhelo del Cielo y de Dios. Este anhelo da al alma el impulso y el ardor necesarios para alcanzar el bien suspirado y ampara los esfuerzos empleados para la obtención del fin deseado. Segundo, nos aumenta las energías por medio de la expectativa de una recompensa que superará en mucho nuestros emprendimientos.

¡Si en el mundo se trabaja con tanto afán para adquirir bienes perecibles, que las polillas corroen y los ladrones roban, con cuánto más razón no debemos nosotros esperar, cuando buscamos una corona incorruptible! Nos da, también aquel coraje, seguridad y constancia que la convicción del triunfo produce.

Entonces, es esto que nos da la esperanza, pues a pesar de débiles por nosotros mismos, somos fuertes por la propia fuerza de Dios.

Por Rafael Juneo Pereira Fonseca