lunes, 24 de abril de 2017

Tras mis huellas y a mi lado

Tras mis huellas, a mi lado, Dios me sigue. Con respeto a mi libertad, con misericordia y ayuda.

Por: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

Estoy en camino. Con mis decisiones escojo la meta y el modo de alcanzarla. El futuro avanza entre seguridades y misterios. La vida continúa sin descanso.

Cada paso marca el camino. Parece que mucho depende de mí, aunque también mucho está en las manos de otros.

Tras mis huellas, a mi lado, Dios me sigue. Con respeto a mi libertad. Con deseos de mi cariño. Con ofrecimientos de misericordia y de ayuda.

¿Por qué insiste en Su Amor? ¿Por qué no deja al hombre decidir su presente y su futuro? Porque un Padre lo es siempre: no puede abandonar a cada uno de sus hijos.

Me sorprende este Dios tan humilde y tan potente. Podría obligarme a amar, pero prefiere mis opciones libres. Así arriesga mucho, pero consigue mucho más: amor.

Porque sólo una creatura llega a amar si vive libremente. Y Dios no quiere esclavos, sino hijos que aman y se dejan abrazar por Su cariño.

Tengo ante mí un nuevo día. Pienso en tantas cosas que debo hacer o que me gustaría llevar a cabo. El tiempo no es elástico. Hay que ponerse a trabajar.

Entre mis pensamientos, Dios se asoma con respeto. Llama a la puerta. Desea que le mire, que descubra su pasión de enamorado.

Si le abro, entrará, y habrá cena y fiesta (cf. Ap 3,20). Entonces mi jornada tendrá una luz maravillosa, brillará ya ahora con una belleza y una frescura que salta hasta la vida eterna (cf. Jn 4,14).

sábado, 22 de abril de 2017

Minas: millares acuden al cerro Verdún para venerar a la Virgen

El día 19 de abril, y enfrentando las inclemencias del tiempo,  católicos de todo el Uruguay, e incluso del exterior acudieron al cerro del Verdún (Minas) a rendir homenaje  a la Santísima Virgen. en su advocación de la Inmaculada Concepción.

Este lugar de devoción mariana, al haberse transformado en un creciente y sostenido punto de afluencia, a partir de 1901, ha sido declarado Santuario Nacional de Nuestra Señora del Verdún.
La celebración principal de esta jornada fue la  santa Misa presidida por el obispo de la diócesis de Minas,  Monseñor Jaime Fuentes quien durante la homilía destacó, entre otros,  que: “dentro de un mes en el mundo entero recordaremos con agradecimiento a la Madre de Jesús, que hace cien años se apareció a tres niños, en Portugal, para darles un encargo: ‘que los hombres dejen de ofender a Dios, a mi Hijo, que ya está demasiado ofendido’.  Les pidió que rezaran el Rosario todos los días para obtener el fin de la guerra, la primera guerra mundial. Y les mostró un instante el infierno, al que van quienes mueren en el pecado. Y les advirtió que, si los hombres no dejaban de ofender a Dios, vendría otra guerra peor que esa. Todo se cumplió, tremendamente”.

Más adelante el obispo de Minas recordó: “En Fátima, la Virgen nos advirtió que rezáramos el Rosario,  también nos pidió que sepamos hacer de las pequeñas contrariedades de cada día un ofrecimiento a Jesucristo, en desagravio por los pecados, y hoy renovamos este propósito”.

Y para finalizar estas reflexiones Monseñor Fuentes afirmó: “Tenemos que llenarnos de esperanza porque María Santísima nos dejó también estas palabras: Al final mi  Corazón Inmaculado triunfará. [...] El Inmaculado Corazón de María es refugio nuestro y, al mismo tiempo, es una conquista que cada uno tiene que hacer en su propia vida: para aprender a querer más y mejor; para hacer realidad el dicho ‘obras son amores y no buenas razones’; para saber ofrecer un corazón limpio a Dios y a los demás. Todo esto lo encomendamos esta tarde a nuestra Madre Santísima, depositando en Ella nuestra esperanza y llamándola, Esperanza Nuestra. María nos sonríe desde su imagen del Verdún”.

En entrevista para la prensa el obispo de Minas comentó que “me emociona el hecho de que vengan muchas familias. Y quinceañeras, y gente que viene a cumplir promesas. Aquí la gente no sabe nada de laicidad o laicismo, esto es el pueblo uruguayo”, declaró, en atención al debate que se está dando en la sociedad. “Aquí vivimos con naturalidad lo sobrenatural”, agregó.

Durante la jornada acompañaron a los peregrinos las hermanas de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y de María, que hace unos meses llegaron al país para centrar su labor en el cerro del Verdún. La hermana Emma, de Nicaragua, confesó que no esperaba tanta concurrencia. “La gente se deja llevar por lo que siente en el alma. Tal vez no tienen formación pero se mueven por el amor innato a la Madre. Capaz que no saben las oraciones básicas, pero tienen amor a María”, contó emocionada.

viernes, 21 de abril de 2017

Hostias consagradas quedan intactas tras choque de auto con tren en Argentina

Mendoza (Jueves, 20-04-2017, Gaudium Press) Un sacerdote argentino, el P. Alejandro Béjar, vivió lo que él califica como un suceso milagroso cuando sobrevivió a un aparatoso choque de un tren contra su vehículo. Si bien el presbítero pudo ponerse a salvo en el momento de la colisión, abandonó las Hostias consagradas que llevaba dentro del vehículo y luego constató que de forma inexplicable éstas quedaron intactas tras el choque.

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El vehículo del sacerdote fue arrollado por el tren en Mendoza, Argentina. Foto: Minsiterio de Seguridad.
El accidente fue producto de la escasa señalización y baja visibilidad en un cruce ferroviario de la localidad de San Roque en Mendoza, Argentina. El sacerdote se dirigía a celebrar tres Eucaristías y visitar varios enfermos el pasado Jueves Santo, razón por la cual llevaba varias Hostias consagradas. Sin que hubiese barreras para cerrar la vía en el momento del paso del tren, el P. Béjar se encontró atascado en las vías justo cuando la locomotora se aproximada. El impulso del sacerdote fue salir inmediatamente del vehículo, que fue arrastrado 25 metros por el tren en marcha.


Al regresar al automóvil, el sacerdote constató un hecho inexplicable: el bolso que contenía la Eucaristía continuaba intacto en el asiento del pasajero. "El bolso no se movió del asiento. Quedó en el mismo lugar donde lo había puesto", afirmó a la agencia ACI. "Y eso que el asiento del acompañante quedó aplastado porque recibió todo el golpe. El bolso no se movió". En la parte trasera el padre llevaba una bolsa de harina, la cual en contraste se rompió y derramó su contenido, mientras que la Eucaristía fue preservada.

Reflexionando sobre el hecho, el P. Béjar indicó que se sentía avergonzado por no proteger instintivamente la Eucaristía, pero reconoció que el hecho resulta providencial y que fue Dios mismo quien permitió que continuara con vida. "Doy gracias a Dios porque estuve calmo y no me desesperé", declaró. "Fue una señal de Dios que estaba presente en ese momento y me ayudó a tener esos reflejos".

Con información de ACI.

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jueves, 20 de abril de 2017

La Resurrección: artículo de Fe

Redacción (Miércoles, 19-04-2017, Gaudium Press) Muy raras son las personas que no hayan pasado por la dolorosa experiencia de perder un ser querido. Los ceremoniales fúnebres, marcados por el color púrpura o negro, aunque dirigidos al respeto y a la memoria de aquel que se fue, inevitablemente tornan aún más pungentes los momentos de la suprema despedida.

El drama de un fallecimiento y la incerteza que el mismo trae, hacen surgir la inquietante pregunta: "¿Qué hay después de la muerte?"

En efecto, todos los pueblos, desde los inicios de la Humanidad, alimentaron la creencia de que habría algo más allá de la tumba. Las dolorosas separaciones serían momentáneas, y en un futuro misterioso, en cierto lugar desconocido, los hombres habrían de reencontrarse.

Soluciones falsas o equivocadas de los antiguos y paganos

A lo largo de la Historia, las más diversas civilizaciones y culturas buscaron solución para este enigma. Los antiguos egipcios creyeron que el alma quedaría peregrinando por un tiempo indefinido, después del cual retornaría al cuerpo, y éste, por tanto, debería ser conservado. Con este fin, ellos perfeccionaron la técnica del embalsamamiento, y hasta hoy sus momias, en perfecto estado de conservación, pueden ser vistas en museos.

La rica imaginación griega creó el orfismo. Según éste, como punición de un crimen primordial, el alma era encerrada en el cuerpo tal cual en una prisión, y la muerte podía ser el comienzo de una verdadera vida. Después del fallecimiento, las almas se dirigían al Hades, donde bebían de las aguas del río Lete, a fin de olvidar sus existencias terrenales. El alma que no quitase sus culpas regresaba al mundo para reencarnarse. El orfismo llegó, aún con mucha vitalidad, hasta los primeros siglos de la Era Cristiana. Luego, se fue apagando lentamente.

Además de estas, surgieron muchas otras explicaciones, como el panteísmo y el espiritismo. Por último, el materialismo, negando pura y simplemente la vida sobrenatural, deja un vacío de respuesta a una de las más antiguas cuestiones humanas.

La respuesta cristiana nos es bien conocida, con los destinos eternos del alma bien definidos, ya sea en el Cielo, contemplando al Creador, ya sea en el infierno, sufriendo los castigos inherentes a la condición de enemigo de Dios.

Pero con relación al cuerpo, compañero del alma en su jornada terrestre, ¿que será hecho de él?

La resurrección y la doctrina cristiana

San Agustín defiende que "no hay doctrina de la fe cristiana combatida con tanta vehemencia como la de la resurrección de la carne". Entretanto, pocas verdades de nuestra fe son tan claramente afirmadas tanto en las Sagradas Escrituras como por los autores de los primeros siglos. La enseñanza sobre la resurrección de los cuerpos tiene la condición de dogma, o sea, artículo de fe respecto al cual no puede caber ninguna duda.

Con todo, no faltó quien se haya atrevido a negarla. Las gentes la rechazaban como una fábula nueva e increíble.

La contestaron también los saduceos y, entre los primeros cristianos, Himeneo y Fileto, los cuales San Pablo refuta en su primera Epístola a Timoteo (cap. II). A estos pueden sumarse los gnósticos, maniqueos y priscilianistas, que tuvieron por secuaces, en la Edad Media, a los albigenses y valdenses. En nuestros días los protestantes liberales y los racionalistas se empeñan en negar este dogma católico, por considerarlo incompatible con ciertas razones filosóficas.

Contra toda esta corriente de herejías, la Iglesia presenta el depósito precioso de la Revelación y la segura voz de sus concilios.
Podemos apoyarnos en declaraciones históricas, como por ejemplo, el Credo de los Apóstoles, también llamado de Nicea; el Credo del XI Concilio de Toledo; el Credo de León IX, todavía usado en las consagraciones de los obispos; la profesión de fe del II Concilio de Lyon; el Decreto del IV Concilio de Letrán, contra los albigenses. Además, este artículo de fe toma por base la creencia ya existente en el Antiguo Testamento y las enseñanzas del Nuevo Testamento, más allá de la Tradición Cristiana.

La resurrección en las Escrituras

Las Sagradas Escrituras traen abundantes y claras referencias a la resurrección final de los cuerpos. El profeta Daniel afirma: "Muchos de aquellos que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para una vida eterna, otros para la ignominia, la infamia eterna" (Dn 12, 2). La palabra "muchos", aquí, no significa que algunos no resucitarán. Ella debe ser entendida a la luz de su sentido en otros pasajes (como en Is 53, 11-12; Mt 26, 28; Rm 5, 18-19).

La visión de Ezequiel sobre la planicie cubierta de huesos secos que fueron reordenados y revivificados (Ez 37) se refiere directamente a la restauración de Israel, pero muestra como tal figura solo podría ser inteligible para oyentes familiarizados con la creencia en la resurrección. El profeta Isaías triunfante proclama: "¡Qué vuestros muertos revivan! ¡Qué sus cadáveres resuciten! Que despierten y canten aquellos que yacen sepultados, porque vuestro rocío es un rocío de luz y la tierra restituirá el día a las sombras" (Is 26, 19).
Finalmente, Job, reducido a la extrema desolación, se siente fortalecido por su fe en la resurrección: "Yo lo sé: mi vengador está vivo, y aparecerá, finalmente, sobre la tierra. Por detrás de mi piel, que envolverá esto, en mi propia carne, veré a Dios. Yo mismo lo contemplaré, mis ojos lo verán, y no los ojos de otro" (Job 19, 25-27).

Ya en el Nuevo Testamento, después de la muerte de Lázaro, Marta manifiesta su creencia: "Sé que [él] ha de resurgir en la resurrección en el último día" (Job 11, 24). Contundente, San Pablo no duda en poner la resurrección final al mismo nivel de certeza de la resurrección de Cristo: "Ahora, si se predica que Jesús resucitó de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de los muertos, ni Cristo resucitó. Si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación, y también es vana vuestra fe" (1Cor 15, 12-14).

Y por último, supremo testimonio, el propio Cristo Nuestro Señor no solo supone la resurrección de la carne como cosa bien sabida, sino también la defiende contra los ataques de los saduceos: "En la resurrección de los muertos, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres, maridos, sino serán como los ángeles de Dios en el Cielo. Pero, en cuanto a la resurrección de los muertos, no leísteis en el libro de Moisés cómo Dios le habló de la zarza, diciendo: ‘¿Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?' Él no es Dios de muertos, sino de vivos" (Mc 12, 25-27; Mt 22, 30-32). El Mesías también declararía esta verdad en otros pasajes (Jn 5, 28-29; 6,39-40; 11, 25; Lc 14,14).

La doctrina de la resurrección en la Tradición cristiana

Los Padres, Doctores e insignes teólogos siguieron con firmeza el recto camino trazado por el Divino Maestro. En el siglo II, San Policarpo dio el apodo de primogénito de Satanás, al que niegue la resurrección y el juicio. Arístides afirma que los cristianos guardan los mandamientos porque esperan la resurrección de los muertos. Atenágoras escribió un tratado entero sobre la resurrección de los muertos, en el cual demuestra primero la posibilidad de la resurrección, su conveniencia y necesidad; después prueba que el hombre es inmortal, ya que es racional; y como, por otra parte, está compuesto de alma y cuerpo, él no puede conseguir con perfección su fin y su bienaventuranza si el cuerpo no vuelve a unirse con el alma.

San Irineo enseña que nuestros cuerpos, nutridos con el manjar eucarístico, reciben la semilla de la resurrección. En el siglo III quien con más brillo defendió la resurrección futura fue Tertuliano. Esta carne que Dios formó con sus manos y según su propia imagen, que animó con su soplo a semejanza de su vida (...) ¿esta carne no resucitará? ¿Esta carne que es de Dios a tantos títulos?

Un testimonio de San Agustín: Resucitará esta carne, la misma que es sepultada, la misma que muere, esta misma que vemos, que palpamos, que tiene necesidad de comer y de beber para conservar la vida; esta carne que sufre enfermedades y dolores, esta misma tiene que resucitar, los malos para siempre penar, y los buenos para que sean transformados.

Si bien respaldada por tantos y tan serios testimonios, no deja de ser una maravilla imaginar que, en un día conocido solo por el Altísimo, al toque de las trompetas angélicas, millones de cuerpos emergerán de las profundidades de los océanos, surgirán de las entrañas de la tierra, y juntos, elevarán los ojos hacia el Creador, que entonces separará los suyos (cf. Mt 25, 31-33).

Por Emílio Portugal Coutinho

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Las hostias que se conservan milagrosamente desde hace siglos

Siena (Miércoles, 19-04-2017, Gaudium Press) Entre los cientos de milagros Eucarísticos que han ocurrido a lo largo de la historia hay uno que llama la atención: el ocurrido en Siena en el año 1730, luego de que unos ladrones robaran 351 formas consagradas.

El hecho ocurrió el 14 de agosto de ese año en la Basílica de San Francisco de la ciudad italiana. De acuerdo con las memorias un tal Macchi, quien es citado por el sitio web miracolieucaristici.org, del Siervo de Dios Carlo Acutis, luego de tres días, es decir, el 17 de agosto, todas las 351 hostias fueron halladas intactas, y de manera milagrosa, al interior de una caja de limosnas en el Santuario de Santa María en Provegnano.

Fue tan significativo el hallazgo que todo el pueblo se congregó para celebrar el milagro que Dios había permitido. Las formas fueron de inmediato portadas de nuevo a la Basílica de San Francisco en una solemne procesión en la que se dio fe de la gracia otorgada desde el cielo.

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Las Hostias permanecen en un ostensorio especial. Pese al paso de los años, las formas no han sufrido alteración alguna / Foto: Gaudium Press.

Pero el verdadero acontecimiento llegó con el paso de los años, pues se observó que las hostias no habían sufrido ninguna alteración, como suele ocurrir naturalmente con el tiempo.

Así lo corroboró Fray Carlo Vipera, Superior General de la Orden Franciscana, el 14 de abril de 1780, quien decidió consumir una de las hostias y vio como ella permanecía fresca e incorrupta. Fue él quien ordenó que las 230 que quedaban -ya que las otras ya habían sido distribuidas para la comunión-, se guardasen en un nuevo sagrario, como testimonio del milagro.

Tratando de darle una explicación al fenómeno, en 1789 el entonces Arzobispo de Siena, Mons. Tiberio Borghese, pidió guardar por diez años algunas formas no consagradas en una caja de lata, que fue sellada. Al pasar la década, la comisión científica encargada de abrirla encontró gusanos y fragmentos podridos de las mismas.

Años después las hostias consagradas fueron examinadas de manera minuciosa y con instrumentos variados. Investigaciones que dieron siempre las mismas conclusiones: "Las sagradas Partículas se encuentran aún frescas, intactas, físicamente incorruptas, químicamente puras y no presentan ningún principio de corrupción", tal como se destaca en miracolieucaristici.org.

Entre los numerosos estudios practicados, llamó la atención el que realizó en 1914 Siro Grimaldi, profesor de la Universidad de Siena y director del Laboratorio Químico Municipal, con la autorización del Papa San Pío X. El investigador constató con gran asombro que la conservación singular de las hostias "constituyen un fenómeno singular, palpitante de actualidad que invierte las leyes naturales de la conservación de la materia orgánica (...) Es extraño, sorprendente, es anormal: las leyes de la naturaleza se han invertido, el vidrio se ha convertido en la sede de hongos, el pan ázimo, en cambio, ha sido más refractario que el cristal (...) Es un hecho único consagrado en los anales de la ciencia", según quedó escrito en el informe de la indagación.

San Juan Pablo II, en su visita pastoral a Siena el 14 de septiembre de 1980, fue testigo ocular del fenómeno. Al estar en devota oración frente a las hostias exclamó: "¡Es la Presencia!".

Varias son las festividades que se viven en Siena en torno a las sagradas hostias, entre ellas, la solemnidad de Corpus Christi, el septiembre Eucarístico, la adoración Eucarística los 17 de cada mes, la ofrenda de los niños que hacen la Primera Comunión, y el recuerdo de la recuperación de las formas cada 17 de agosto.

En verano las sagradas hostias son veneradas en la capilla Piccolomini, y en invierno en la capilla Martinozzi.

Con información de miracolieucaristici.org y Aleteia.

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miércoles, 19 de abril de 2017

Tradicional Vía Crucis recorre centro de San José de Mayo


Al igual que los católicos de todo el mundo y también del Uruguay, los fieles de San José de Mayo realizaron el tradicional Vía Crucis. El pasado Viernes Santo, presididos por el obispo diocesano Monseñor Arturo Fajardo, recorrieron las calles céntricas para culminar en la Basílica Catedral.

Llegando al templo -cuyo interior fue iluminado de manera acorde a la ocasión- los fieles participaron de una oración frente a la cruz que se ubicó en el altar. Este momento –según la liturgia- es designada como la Adoración de la Santa Cruz. Posteriormente, Monseñor Arturo Fajardo, se dirigió a los asistentes y tras una breve reflexión les agradeció su participación. Por su parte la Hermana Liliane Habamenshi –perteneciente a la comunidad Familia Myriam- señaló que “es una forma de recordar el Viernes Santo, el día que Jesús murió, es hacer un sacrificio y unirse al sacrificio de Jesús por nosotros”.

Con información de Diario San José Ahora. Fotos de José Gutiérrez.

En Artigas, Vía Crucis viviente por tercer año consecutivo

En Artigas, por tercer año consecutivo se realizó el Vía Crucis viviente a lo largo de Avenida Lecueder, desde Plaza Artigas a Plaza Batlle. A la recreación de este Vía Crucis asistieron miles de artiguenses que acompañaron el trayecto hasta plaza Batlle donde se hizo la dramatización de la crucifixión, muerte y resurrección. Esta actividad es coordinada por la Intendencia Departamental de Artigas y, en esta ocasión contó con la presencia del obispo de Salto, Monseñor Pablo Galimbertti, quien dirigió unas palabras de reflexión a los asistentes.

Fuente Facebook:  intendenciadepartamentalde.ar tigas  y  www.artigasnoticias.com.uy
También video en:  https://youtu.be/VlF3ZC_OUpQ

martes, 18 de abril de 2017

El Salvador: consagración a la Santísima Virgen según el método de San Luis María Grignon de Montfort

El pasado sábado 25 de marzo, fiesta de la Anunciación de la Virgen María,  se vivieron momentos de mucha emoción y gracia sobrenatural en los Heraldos del Evangelio de República de El Salvador, donde  un numeroso grupo de personas, incluidos jóvenes,  en una solemne Eucaristía, presidida por el P. Gonzalo Raymundo Esteban EP, se consagraron a Nuestro Señor Jesucristo como Esclavos de Amor por las manos de María, según el método de San Luis Maria Grignon de Monfort.

Después de un profundo y serio estudio del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis, y de haber cumplido con las prescripciones de las oraciones y meditaciones durante los 33 días de preparación, realizaron la tan esperada consagración y con esto servir a Dios de una manera más perfecta, es decir, haciéndose todo dependientes de Aquella que es la Medianera de todas las Gracias, la Virgen Inmaculada.

Más información sobre el método de la Consagración  a la Santísima Virgen según el método de San Luis María Grignon de Montfort: http://es.arautos.org/view/ show/46257-algunos-elementos- de-la-consagracion-a-la- virgen-propuesta-por-san-luis- maria-grignion-de-montfort

La ermita de la Virgen de los Treinta y Tres, en la localidad de Ismael Cortinas

A 8 kilómetros de la localidad de Ismael Cortinas, más precisamente en la zona de Carolina Vieja (Departamento de Flores)  se ubica una ermita de la Virgen de los Treinta y Tres.

Esta ermita en honra a la Patrona de Uruguay, fue erigida gracias a la iniciativa del entonces párroco de la región el Padre Jorge Scalzotto, los gauchos de La Casilla y vecinos, y bendecida en 2008 por Monseñor Arturo Fajardo  obispo de San José.

La presencia de este oratorio en honra a la Madre de Dios, bajo la advocación de Virgen de los Treinta y Tres, es un eficaz instrumento para difundir la devoción mariana entre los lugareños  y fieles de otros lugares.

Además se desarrollan anualmente, peregrinaciones organizadas por la diócesis de San José de Mayo.

Esta ermita, como tantas otras esparcidas por todo el país –ya sea en honor a la Virgen o a diversos santos- es ejemplo, entre otros, de la piedad popular arraigada en los uruguayos.

A su vez, se puede verificar un discreto pero constante florecimiento de estos puntos de devoción, como también de una mayor afluencia a los mismos.

En este sentido, el papa San Juan Pablo II fue un gran impulsor de los santuarios y puntos de devoción popular, como potentes centros misioneros y de evangelización.

Con información y fotos de P. Federico Bragonzi, Delia Díaz y Yeffrei Rodríguez.

sábado, 8 de abril de 2017

"El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre"

Meditaciones para toda la Cuaresma

Sábado quinta semana de Cuaresma. Dios promete, pero Dios también pide. Y pide que por nuestra parte le seamos fieles en todo momento.

Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

La cercanía a la Semana Santa va haciendo que la Iglesia nos vaya presentando a Jesucristo en contraposición con sus enemigos. En el Evangelio de hoy se nos presenta la auténtica razón, la razón profunda que lleva a los enemigos de Cristo a buscar su muerte. Esta razón es que Cristo se presenta ante los judíos como el Enviado, el Hijo de Dios. Este conflicto permanente entre los dirigentes judíos y nuestro Señor, se convierte también para nosotros en una interrogación, para ver si somos o no capaces de corresponder a la llamada que Cristo hace a nuestra vida.

Cristo llega a nosotros, y llega exigiendo su verdad; queriendo mostrarnos la verdad y exigiéndonos que nos comportemos con Él como corresponde a la verdad. La verdad de Cristo es su dignidad, y nosotros tenemos que reflexionar si estamos aceptando o no esta dignidad de nuestro Señor. Tenemos que llegar a reflexionar si en nuestra vida estamos realizando, acogiendo, teniendo o no, esta verdad de nuestro Señor.

Cristo es el que nos muestra, por encima de todo, el camino de la verdad. Cristo es el que, por encima de todo, exige de los cristianos, de los que queremos seguirle, de los que hemos sido redimidos por su sangre, el camino de la verdad.

Nuestro comportamiento hacia Cristo tiene que respetar esa exigencia del Señor; no podemos tergiversar a Cristo. No podemos modificar a Cristo según nuestros criterios, según nuestros juicios. Tenemos necesariamente que aceptar a Cristo.

Pero, a la alternativa de aceptar a Cristo, se presenta otra alternativa -la que tomaron los judíos-: recoger piedras para arrojárselas. O aceptamos a Cristo, o ejecutamos a Cristo. O aceptamos a Cristo en nuestra vida tal y como Él es en la verdad, o estamos ejecutando a Cristo.

Esto podría ser para nosotros una especie de reticencia, de miedo de no abrirnos totalmente a nuestro Señor Jesucristo, porque sabemos que Él nos va a reclamar la verdad completa. Jesucristo no va a reclamar verdades a medias, ni entregas a medias, ni donaciones a medias, porque Jesucristo no nos va a reclamar amores a medias. Jesucristo nos va a reclamar el amor completo, que no es otra cosa sino el aceptar el camino concreto que el Señor ha trazado en nuestra vida. Cada uno tiene el suyo, pero cada uno no puede ser infiel al suyo.

Solamente el que es fiel a Cristo tiene en su posesión, tiene en su alma la garantía de la vida verdadera, porque tiene la garantía de la Verdad."El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre".

Nosotros constantemente deberíamos entrar en nuestro interior para revisar qué aspectos de mentira, o qué aspectos de muerte estamos dejando entrar en nuestro corazón a través de nuestro egoísmo, de nuestras reticencias, de nuestro cálculo; a través de nuestra entrega a medias a la vocación a la cual el Señor nos ha llamado.
Porque solamente cuando somos capaces de reconocer esto, estamos en la Verdad.

Debemos comenzar a caminar en un camino que nos saque de la mentira y de la falsedad en la que podemos estar viviendo. Una falsedad que puede ser incluso, a veces, el ropaje que nos reviste constantemente y, por lo tanto, nos hemos convencido de que esa falsedad es la verdad. Porque sólo cuando permitimos que Cristo toque el corazón, que Cristo llegue a nuestra alma y nos diga por dónde tenemos que ir, es cuando todas nuestras reticencias de tipo psicológico, todos nuestros miedos de tipo sentimental, todas nuestras debilidades y cálculos desaparecen.

Cuando dejamos que la Verdad, que es Cristo, toque el corazón, todas las debilidades exteriores —debilidades en las personas, debilidades en las situaciones, debilidades en las instituciones—, y que nosotros tomamos como excusas para no entregar nuestro corazón a Dios, caen por tierra.

Nos podemos acomodar muchas cosas, muchas situaciones, muchas personas; pero a Cristo no nos lo podemos acomodar. Cristo se nos da auténtico, o simplemente no se nos da. "Se ocultó y salió de entre ellos". En el momento que los judíos se dieron cuenta de que no podían acomodarse a Cristo, que tenían que ser ellos los que tenían que acomodarse al Señor, toman la decisión de matarlo.

A veces en el alma puede suceder algo semejante: tomamos la decisión de eliminar a Cristo, porque no nos convence el modo con el que Él nos está guiando. Y la pregunta que nace en nuestra alma es la misma que le hacen los judíos: "¿Quién pretendes ser?". Y Cristo siempre responde: "Yo soy el Hijo de Dios".

Sin embargo, Cristo podría regresarnos esa pregunta: ¿Y tú quién pretendes ser? ¿Quién pretendes ser, que no aceptas plenamente mi amor en tu corazón? ¿Quién pretendes ser, que calculas una y otra vez la entrega de tu corazón a tu vocación cristiana en tu familia, en la sociedad? ¿Por qué no terminar de entregarnos? ¿Por qué estar siempre con la piedra en la mano para que cuando el Señor no me convenza pueda tirársela?

Cristo, ante nuestro reclamo, siempre nos va a responder igual: con su entrega total, con su promesa total, con su fidelidad total.

Las ceremonias que la Iglesia nos va a ofrecer esta Semana Santa no pueden ser simplemente momentos de ir a Misa, momentos de rezar un poco más o momentos de dedicar un tiempo más grande a la oración. La Semana Santa es un encuentro con el misterio de un Cristo que se ofrece por nosotros para decirnos quien es. El encuentro, la presencia de Cristo que se me da totalmente en la cruz y que se muestra victorioso en la resurrección, tenemos que realizarla en nuestro interior. Tenemos que enfrentarnos cara a cara con Él.

Es muy serio y muy exigente el camino del Señor, pero no podemos ser reticentes ante este camino, no podemos ir con mediocridad en este camino. Siempre podremos escondernos, pero en nuestro corazón, si somos sinceros, si somos auténticos, siempre quedará la certeza de que ante Cristo, nos escondimos. Que no fuiste fiel ante la verdad de Cristo, que no fuiste fiel a tu compromiso de oración, que no fuiste fiel en tu compromiso de entrega en el apostolado, que no fuiste fiel, sobre todo, en ese corazón que se abre plenamente al Señor y que no deja nada sin darle a Él.

Cristo en la Eucaristía se nos vuelve a dar totalmente. Cada Eucaristía es el signo de la fidelidad de la promesa de Dios: "Yo estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo". Dios no se olvida de sus promesas. Y cuando vemos a un Dios que se entrega de esta manera, no nos queda otro camino sino que buscarlo sin descanso.

Buscarlo sin descanso a través de la oración y, sobre todo, a través de la voluntad, que una vez que ha optado por Dios nuestro Señor, así se le mueva la tierra, no se altera, no varía; así no entienda qué es lo que está pasando ni sepa por dónde le está llevando el Señor, no cambia.

Dios promete, pero Dios también pide. Y pide que por nuestra parte le seamos fieles en todo momento, nos mantengamos fieles a la palabra dada pase lo que pase. Romper esto es romper la verdad y la fidelidad de nuestra entrega a Cristo.

Que la Eucaristía abra en nuestro corazón una opción decidida por nuestro Señor. Una opción decidida por vivir el camino que Él nos pone delante, con una gran fidelidad, con un gran amor, con una gran gratitud ante un Dios que por mí se hace hombre; ante un Dios que tolera el que yo muchas veces haya podido tener una piedra en la mano y me haya permitido, incluso, intentar arrojársela. Y sobre todo, una gratitud profunda porque permitió que mi vida, una vez más, lo vuelva a encontrar, lo vuelva a amar, consciente de que el Señor nunca olvida sus promesas.

Preguntas o comentarios al autor P. Cipriano Sánchez LC

miércoles, 5 de abril de 2017

La importancia del afecto en el adorador

Redacción (Lunes, 04-03-2017, Gaudium Press) Enseñando a sus discípulos, Nuestro Señor utilizaba a veces términos sorprendentes y hasta duros, difíciles de entender. Es lo que vemos, por ejemplo, en el capítulo VI del Evangelio de San Juan, que nos relata la prédica que realizó en la sinagoga de Cafarnaúm. Después de haber multiplicado los panes y ante la euforia de sus seguidores por satisfacer el apetito corporal, les dijo un tanto inesperadamente: "En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes" (vers. 53)

Esta afirmación provocó una verdadera consternación entre oyentes que se decían: "¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?" (vers. 60). Más adelante, en el vers. 66 se lee: "A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle". Lo abandonan en el momento en que Jesús les revela la maravilla de la Eucaristía que instituiría para beneficio de ellos.

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Imaginemos la escena de tensión y de espanto en la sinagoga ante semejante piedra de tropiezo puesta en el camino, ¿comer la carne del Maestro y beber su sangre? ¡Esto es una locura!

"Jesús preguntó a los Doce "¿Quieren marcharse también ustedes?" Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios." (vers. 67-69).

Este episodio deja patente la importancia de la adhesión afectiva que se debe rendir al Señor.

Sabemos que San Pedro era una persona sensible, entusiasta, lleno de afecto por su Maestro. Lo manifestaba de muchas maneras, a veces al precio de parecer exaltado e irracional. Fue precisamente el afecto que le llevó a declarar "¿a quién iríamos?". 

Probablemente él tampoco entendió eso de comer la carne y beber la sangre, pero como amaba al Maestro y le demostraba su amor, no se marchó.

¿Y Qué es el afecto? Es la predisposición hacia alguien o algo con amor, con cariño. 

Cordialidad, a su vez, es otro término afín. Significa sincera inclinación del corazón.

Evidentemente, creer y amar son cosas bien diferentes, a tal punto que se puede acreditar en algo sin amarlo. Por ejemplo, admitimos que Saturno tiene cuatro anillos, pero estamos lejos de sentir un especial atractivo o ternura por eso... Ahora, cuando hay razones para tributar una adhesión completa a una persona o a una cosa, no adherir con la mente y el corazón -o adherir mezquinamente- es una falta que puede llegar a ser grave. Tratándose del Nuestro Señor, lo será con seguridad.

La respuesta que da San Pedro denota ese aprecio por la persona de Jesús, un gusto de estar junto a Él, que va más allá del crédito que se da a las enseñanzas que propone. Los que se volvieron atrás y dejaron de seguirle, precisamente carecían de afecto; eran parte del "montón", interesados o simples curiosos.

En otro párrafo del Evangelio de San Juan se pone de manifiesto la atracción que ejercía Jesús y que algunos de sus discípulos supieron honrar: "Maestro ¿dónde vives? Les respondió: «Venid y lo veréis» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día". (Jn. 1, 38-39). De eso se trata: de ir, de ver y de quedarse con Él. Esta forma de adhesión es muy distinta a la de estar de acuerdo o a la de no poner objeciones para estar en su compañía...

En el Calvario, en cambio, el afecto de los amigos del Señor se cohibió. Lo abandonaron porque la pasión del miedo anestesió los lazos de amistad entrañable que antes habían cultivado y experimentado, lazos que volverán a profesar después, al soplo de la gracia.
Pues bien, estas reflexiones relativas a la relación de los discípulos con Jesús durante su vida mortal, son aplicables al vínculo que un adorador establece con la Eucaristía, presencia real y misteriosa del mismo Jesús, ya glorificado.

No seremos buenos adoradores tan solo por el empeño en llenar un turno cumpliendo un compromiso asumido, o por tomar posturas corporales adecuadas como el estar de rodillas.

O, inclusive, haciendo un acto de fe racional en Su presencia real. Es necesario rendirse ante la Eucaristía con un amor ferviente y agradecido, con afecto filial, hasta diríamos con sentimientos de ternura, ante un Dios que se da sin medida y se hace mi confidente sin mérito alguno de mi parte. ¿Cómo ser insensible a un tal don? ¿No es que "amor con amor se paga"?

Ahora, resulta que el amor no se fabrica ni es fruto de un esfuerzo; tampoco se impone. Es una gracia que se recibe, se acoge y se cultiva... amando. Dios toma la iniciativa de amarnos y nos infunde el amor, haciéndonos capaces de amar apasionadamente, de ser afectuosos. No solo de serlo, también de parecerlo, porque el amor se demuestra, no se comporta con rudeza, es bondadoso.

El Santísimo Sacramento no es un principio abstracto o un mero símbolo. Es Dios que se humilla y se oculta tras la apariencia de pan para hacerse alimento y darnos Vida eterna ¡que beneficio infinito!

Con un tal benefactor, no basta ser educado, hay que ser agradecido y dar muestras de afecto que, por cierto, anidan en entrañas de carne, no de piedra.

¿Cómo adorar al Santísimo sin desear y procurar una comunión íntima con el Amado? Pues esa disposición, que va más allá de un mero sentimiento ¡parte de una entrañable convicción!, nace del corazón y no de los sesos...
Por el P. Rafael Ibarguren, EP

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Orfanato que acogió a Jacinta Marto, en Lisboa, se tornó monasterio

Lisboa - Portugal (Lunes, 03-04-2017, Gaudium Press) Las hermanas Clarisas Franciscanas del Monasterio del Inmaculado Corazón de María, en Lisboa, están muy contentas.

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Con mucha "alegría", ellas recibieron el anuncio de la futura canonización de Jacinta Marto, la vidente de Fátima que pasó allí sus últimos días de vida en 1920, cuando el lugar todavía era denominado "Orfanato de la Señora de los Milagros".

Noticia esperada hace bastante tiempo

La Hermana Rita, religiosa del monasterio, habló con la Agencia Ecclesia y enfatizó que en una casa que busca mantener vivo aún hoy el "testimonio" de esta niña portuguesa que la Iglesia Católica aclamará como santa, juntamente con su hermano Francisco, la noticia de la canonización ya era "esperada hace bastante tiempo".

La religiosa recordó que Jacinta pasó por aquí, y que, "tanto ella como Francisco son dos modelos para nosotros, de contemplación y de compasión" y destacó que son dos vidas marcadas por el contacto con "la luz que es Dios" y que pasarán a servir de ejemplo para todos los cristianos.

Ilustres huéspedes

La Iglesia reconoce que Jacinta, su hermano Francisco y su prima Lucía testimoniaron las apariciones de Nuestra Señora, en Fátima, en 1917.

Jacinta y su hermano murieron pocos años después de las apariciones. Ellos fueron víctimas de una fuerte gripe neumónica que asoló y causó muchas muertes en Portugal a partir de 1918. También esas muertes tan precoces confirmaban palabras de la Virgen que dijo que los llevaría pronto para el cielo.

Con la enfermedad avanzando y la salud en franca decadencia, la pequeña Jacinta Marto fue llevada a Lisboa al inicio de 1920, para ser internada en el Hospital Dona Estefanía. En ese hospital ella falleció el 20 de febrero.

En su ida a Lisboa, cuando pasó cerca de un mes en la capital, la pequeña vidente estuvo 12 días en el "Orfanato de la Señora de los Milagros", en la calle de la Estrella, nº 17, y que hoy fue transformado en una casa de religiosas de clausura: Monasterio del Inmaculado Corazón de María, de las Hermanas Clarisas.

Todo como Jacinta dejó

El cuarto usado por Jacinta conserva la configuración original y allá aún son conservados varios objetos personales de la vidente: un vestido, un rosario, una bolsa y algunas cartas recibidas por ella.

Allí se encuentran, en el mismo lugar, la cama en que dormía y la silla donde, según la pastorcita de Fátima, se sentaba Nuestra Señora cuando venía a conversar con ella.

"La comunidad religiosa siempre buscó que el espacio se mantuviese lo más simple y pobre posible, para que fuese un espacio que invitase a la oración y no apenas a una visita cultural", explicó la Hermana Rita.

Jesús escondido

Hoy en día, el Monasterio del Inmaculado Corazón de María es bastante buscado por personas y grupos "que piden para conocer, visitar y para rezar en los espacios" habitados por la Beata Jacinta, que, en varias ocasiones, se sentaba junto a un pórtico próximo del cuarto, que daba para la capilla anexa al orfanato, para rezar al "Jesús escondido".

A pesar de la presencia de Jacinta Marto en Lisboa ser todavía poco conocida, la Hermana Rita subraya que la búsqueda por visitas ha aumentado, sobre todo con base en el testimonio personal de cada uno que allí fue y rezó.

Crecimiento de visitas

Ha habido un visible aumento del número de personas que buscan el Monasterio para visitar los lugares donde Jacinta vivió sus últimos días. Y este crecimiento ha aumentado: "O porque las gracias fueron obtenidas, o porque aquí encontraron un tesoro y quieren con otros... Este acaba por ser el puente", destaca hermana Rita.

Con la aproximación de las celebraciones del Centenario de las Apariciones de Nuestra Señora en la Cova de la Iria, que tendrá lugar en los días 12 y 13 de mayo y con la canonización de Jacinta y Francisco Marto, será dado un gran impulso a un mensaje de Fátima que "continúa actual" en la sociedad.

El hecho del Papa participar de las conmemoraciones en Portugal, sin duda, va a "traer grandes frutos de renovación espiritual para la Iglesia Católica y para la sociedad". (JSG)

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