| Templo de San Pedro de Andahuaylillas |
martes, 4 de diciembre de 2012
La "Capilla Sixtina de América", en Perú, concluye su restauración
sábado, 1 de diciembre de 2012
Leah Libresco: De la visión atea de la religión al bautismo y la defensa de la fe
Washington (Lunes, 26-11-2012, Gaudium Press) Siguiendo el camino de otros célebres conversos, Leah Libresco recorrió el camino hacia la fe a través del diálogo honesto y el progresivo conocimiento de la Doctrina de la Iglesia. Su motivo, su noviazgo con un joven católico con quien intercambiaba libros sobre la fe y el ateísmo. El desenlace fue objeto de un anuncio en su cuenta de twitter, el pasado 18 de noviembre: "Y mi largo camino llegó a un comienzo... fui recibida en la Iglesia Católica hoy. ¡Aleluya!".
| Comienzo del camino: Leah Libresco recibe el bautismo. |
| Leah Libresco. Foto: Patheos.com |
Libresco transcribió en su anuncio de bautismo la célebre oración "Tarde te amé" del santo Obispo y se encomendó a su protección. "San Agustín de Hipona, ruega por mí", concluyó.
Con información de ACI y Catholic Lane.
En el hielo de Antártida, la imagen de la Virgen más austral del mundo cumple ocho años de entronización
El valor de la vocación para la vida contemplativa y monástica
Ciudad del Vaticano (Viernes, 23-11-2012, Gaudium Press) Recientemente la Iglesia celebró la Jornada Pro-Orantibus, un día dedicado a oraciones por aquellos que viven en clausura, una forma de vida consagrada cultivada por la Iglesia y donde la contemplación y la oración llenan enteramente la vida del consagrado. Una vocación poco conocida y poco comprendida.
La celebración de la "Jornada Pro-Orantibus" es realizada para incentivarnos a rezar por los religiosos y religiosas de vida contemplativa como expresión de reconocimiento, estima y gratitud por lo que representan; en agradecimiento por el rico patrimonio espiritual que sus institutos, congregaciones y órdenes son dentro de la Iglesia. Existe también la finalidad de promover el conocimiento de la vocación contemplativa y favorecer iniciativas pastorales para valorizar la dimensión contemplativa de la vida a través de la lectura orante de la Palabra y la activa participación litúrgica.
La Radio Vaticana entrevistó a la Abadesa del Monasterio de Santa María. Transcribimos aquí trechos de la monja benedictina Madre Escolástica, que explica en pocas palabras el significado de esta vocación:
"En el fondo, la vocación monástica es la vocación de todo ser humano, que es la vocación de buscar a Dios, teniendo como característica principal el oficio divino, que es la alabanza de Dios... el canto gregoriano, en nuestro caso".
"La clausura es constitucional: nosotros vivimos dentro del monasterio, pero salimos para las necesidades fundamentales".
"San Benito dice Ora Et Labora. Nosotros salimos para comprar lo que necesitamos, para ir al médico o al dentista, y vivimos, sí una vida de clausura".
"Es necesaria una vida monástica, no existe vida de oración sin el mínimo de recogimiento. Nos levantamos a las 4:30 horas de la mañana y durante todo el día tenemos 7 oficios divinos cuando cantamos. Nuestra oración es el canto de los salmos, la lectura de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia".
- Viviendo en clausura, ¿las monjas pueden recibir visitas?
"Nuestra clausura no significa una separación del mundo, sino al contrario: tenemos una comunión con las personas que están en el mundo; rezamos por el mundo. A veces damos orientación espiritual, las personas viene a aconsejarse con nosotros. No hay ruptura, sino alejamiento, para tal vez una mejor comunión. No es que el mundo está de un lado y las monjas del otro... no es eso".
- ¿Las monjas benedictinas realizan algún tipo de obra social?
"Tenemos catequesis. Los niños vienen al monasterio para la catequesis de la Primera Eucaristía. Tenemos el grupo de los Oblatos, laicos que viven la espiritualidad de San Benito en el mundo. Una vez por mes, ellos vienen al monasterio y tienen la formación de nuestra espiritualidad".
"Nosotros somos hermanas apostólicas, no tenemos obras de inserción en periferias y hospitales. Nuestro oficio es la oración. Nuestra contribución en la Iglesia es nuestra oración y nuestra orientación espiritual a quien nos busca aquí, pero no tenemos salidas para trabajar insertas en el medio social".
- ¿Cómo las monjas están viviendo la Jornada Pro Orantibus?
"Nosotras mismas vamos acoger más de 50 jóvenes. Lógico, en este Año de la Fe, tenemos consciencia de que nuestra fe es viva, actúa. Nosotros acompañamos a través de nuestra oración y también contribuimos como podemos, o sea, acogiendo estas jóvenes que se hospedarán aquí con nosotros". (JS)
Joven catequista de Roma: "Sacerdotes, os pido el coraje de ser vosotros mismos"
"Mi reflexión quiere ser simplemente una ayuda para entender qué espera un joven de la nueva evangelización.
Vosotros sacerdotes habéis hablado sobre el papel de los laicos, yo que soy laico, quiero hablar a ustedes del papel de los sacerdotes.
Nosotros los jóvenes tenemos necesidad de guías fuertes, sólidos en su vocación y en su identidad. Es de vosotros, sacerdotes, de quien nosotros aprendemos a ser cristianos, y ahora que las familias están más desunidas, vuestro papel es todavía más importante para nosotros.
Mi experiencia testimonia que allí donde hay un sacerdote apasionado la comunidad, en poco tiempo florece. La fe no ha perdido atractivo, pero es necesario que existan personas que la muestren como una elección seria, sensata y creíble.
Os pido el coraje de ser vosotros mismos. No temáis, porque allí donde seáis auténticamente sacerdotes, allí donde propongáis sin miedo la verdad de la fe, allí donde no tengáis miedo de enseñarnos a rezar... nosotros los jóvenes os seguiremos. Hacemos nuestras las palabras de Pedro: "Señor, ¿a quién iremos? Solo Tú tienes palabras de vida eterna". Nosotros tenemos hambre de lo eterno, de lo verdadero.
Por tanto, propongo:
1) Aumentar la formación, no sólo espiritual, sino también cultural, de los sacerdotes. Con demasiada frecuencia vemos a sacerdotes que han perdido el papel de maestros de cultura que les hacía importantes para toda la sociedad. Hoy, si queremos ser creíbles y útiles, debemos volver a tener buenas herramientas culturales.
2) Redescubrir el Catecismo de la Iglesia Católica en su carácter conciliar: en concreto la primera parte de cada sección, donde los documentos del Concilio iluminan los temas tradicionales. De hecho, el Catecismo pone con sabiduría como premisa a la explicación del Credo una parte inspirada en la Dei Verbum, en la que se explica la visión personalista de la revelación; a los sacramentos, la Sacrosantum Concilium, y a los mandamientos, la Lumen Gentium, que muestra al hombre creado a imagen de Dios. La primera parte de cada sección del Catecismo es fundamental para que el hombre de hoy sienta la fe como algo que le afecta de cerca y sea capaz de dar respuestas a sus preguntas más profundas.
3) Por último, la liturgia se olvida y se desacraliza con demasiada frecuencia: hay que volver a ponerla con dignidad en el centro de la comunidad parroquial.
Concluyo con las palabras que dieron inicio al nacimiento de la Europa Medieval: "Nosotros os queremos, dad prueba de vuestra santidad, del lenguaje correcto y de vuestra instrucción; de tal modo que cualquiera que vaya a vosotros se edifique con vuestro testimonio de vida y vuestra sabiduría (...) y regrese alegre dando gracias al Señor omnipotente." (De la carta Letteris Colendis de Carlo Magno al monasterio de Fulda, año 780).
Gracias."
jueves, 22 de noviembre de 2012
En Brasil, es lanzada la última obra del Fundador de los Heraldos del Evangelio
20 de Noviembre de 2012
Entre la provechosa actividad intelectual y pastoral que Mons. João Scognamiglio ejerce incansablemente desde los primeros momentos de su vocación para la vida consagrada, se destaca su faceta de predicador. Todos los días, el fundador de los Heraldos del Evangelio comenta las lecturas de la Liturgia de la Palabra en la Santa Misa, lo que se constituye en un espléndido medio de formación exegética, doctrinaria y moral.
Es en estos comentarios litúrgicos donde tienen su origen los artículos mensuales que sobre el Evangelio dominical se publican en la revista ‘Heraldos del Evangelio'. Desde su creación en el 2002, la revista ha publicado casi dos centenas de estos artículos.
En la obra lanzada el día de ayer, fueron editados en dos volúmenes los comentarios a los evangelios de los domingos correspondientes al Año C del ciclo litúrgico, buena parte de ellos no publicados hasta ahora. El 'Año C' será recorrido por la Iglesia a partir del próximo periodo de Adviento, que da inicio en diciembre y que continuará a lo largo de todo el año 2013. El volumen V contiene los comentarios correspondientes a los domingos de los tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, y un apéndice con los comentarios a los Evangelios de las Solemnidades del Señor en el Tiempo Ordinario, mientras que el volumen VI recorre los 33 domingos del Tiempo Ordinario.
Sucesivas presentaciones de la obra se realizarán en los diferentes países donde ella será divulgada. Se destaca la presentación de las ediciones española e italiana el próximo día 28 de noviembre en el Auditorio San Pío X de la Ciudad Eterna, con la presencia de S.E.R. el Card. Franc. Rodé, S.E.R. Mons. Jean-Louis Bruguès, OP, Archivista y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, y Mons. Giuseppe Scotti, Presidente de la Libreria Editrice Vaticana y de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Libro del Presidente de los Heraldos del Evangelio será lanzado en Roma
sábado, 17 de noviembre de 2012
Cardenal O'Malley celebra derrota electoral del suicidio asistido en E.E.U.U.
Baltimore (Jueves, 15-11-2012, Gaudium Press) Uno de los resultados de las pasadas elecciones que no ha sido difundido ampliamente es la desaprobación popular de una iniciativa que pretendía legalizar el suicidio asistido en el estado de Massachusetts. La Iglesia Católica local, bajo la autoridad del Cardenal Sean O'Malley, Arzobispo de Boston, se opuso firmemente y lideró la campaña de votación en contra. La lucha había sido calificada por el propio prelado como "cuesta arriba" por la superioridad de recursos económicos en la contraparte (ver noticia anterior) y la Iglesia consiguió un resultado a la vez sorpresivo y esperanzador.
| Cardenal Sean O'Malley |
"Igual que en nuestra lucha en contra del aborto", explicó el Cardenal, "no es suficiente con condenar". Así como la Iglesia trabaja para apoyar a las madres que se sienten presionadas a abortar, "de la misma manera, tenemos que llegar a quienes enfrentan dificultades al final de su vida", exhortó. La solución nunca será procurar la muerte, explicó, sino, como afirmó la declaración de los Obispos norteamericanos sobre el tema citada por el prelado: "La verdadera compasión alivia el sufrimiento mientras mantiene la solidaridad con aquellos que sufren".
El deber de los Obispos de guiar a los fieles hacia el verdadero bien se expresa en su participación en el debate público. "La Iglesia presta un importante servicio al sopesar los asuntos éticos y morales", describió el Arzobispo. Entre los males que traería la aprobación del suicidio asistido, el prelado destacó la muerte espiritual (causada por el pecado), la depreciación de la vida humana y la corrupción de la profesión médica.
Finalmente, el Card. O'Malley refirió el ideal por el cual lucha la Iglesia y que fue respaldado por los electores de Massachusetts: "Estamos llamados a trabajar por una sociedad más justa donde los débiles y vulnerables son cuidados y protegidos". Este ideal está inspirado en los valores espirituales y la doctrina cristiana. "Seremos juzgados por cómo tratamos a aquellos que están enfermos", concluyó el prelado. "Ellos necesitan nuestro ciudad y protección, no fármacos letales. Trabajemos juntos para construir una civilización de amor - un amor que es más fuerte que la muerte".
Con información de Zenit.
"La sociedad no debe permitir o alentar la eliminación de vidas": dicen Obispos Uruguayos
| La ley aprobada en Uruguay el pasado 17 de octubre permite el aborto durante las primeras 12 semanas de gestación |
Isabel de Hungría: Reina, Madre, Viuda, Pobre y Santa
Redacción (Jueves, 15-11-2012, Gaudium Press) En santa Isabel pareciera que la santidad venía desde la cuna. Nació en 1207 en Hungría.A los 4 años entraba en la iglesia del castillo, abría el gran libro de los salmos, y sin saber leer todavía, lo miraba detenidamente mientras pasaba muchas horas recogida en oración.Al jugar con otras niñas, buscaba alguna manera de encaminarlas hacia la capilla.Cuando la encontraba cerrada, besaba la puerta, la cerradura y las paredes, puesto que, como decía, "Dios está reposando adentro".
Antes de cumplir diez años perdió a su madre, la reina Gertrudis. En la misma época falleció también su protector, el duque Hermann, su futuro suegro, que la quería como a una hija precisamente por su piedad llena de candor e inocencia.
Con 13 años de edad se celebró su matrimonio con el poderoso y no menos piadoso duque Luis de Turingia, al que había sido prometida desde la más tierna infancia. En su corta existencia -murió a los 24 años- conquistó el más glorioso de los títulos: el de santa.
Caridad en grado heroico
Santa Isabel hacía buen uso de la inmensa riqueza de su esposo, dando generosas limosnas a los pobres, y causando con ello una profunda irritación a muchos miembros de la corte, en especial sus dos cuñados, Enrique y Conrado, que no perdían ocasión para intentar hacerle mal acusándola de "dilapidar el patrimonio familiar".
Pero a ella no le bastaba con simplemente dar monedas o alimentos. Su amor a Dios la impelía a acciones mucho más generosas. Cierta vez un leproso pedía limosna en la puerta del castillo.
Guiada por una inspiración divina, la joven y hermosa duquesa bajó en busca del lazaroso, lo llevó de la mano hasta su cuarto y lo hizo tenderse en el lecho matrimonial. Luego de curar sus llagas lo dejó reposando, cubierto con una sábana.
"¡Qué escándalo!" - bramaron los intrigantes, que se apuraron en llamar al duque. Cuando éste llegó, encontró a Isabel radiante de felicidad. Confiada en que su digno esposo aprobaría tan heroico acto de caridad, le contó el hecho y añadió: -Id al cuarto a ver.
| En santa Isabel reluce la solicitud hacia los necesitados, pero fue eximia en la práctica de todas las virtudes |
Socorro de los infelices
El año 1226, mientras su marido estaba en Italia con el Emperador Federico II, una hambruna terrible asoló a Alemania, sobre todo a Turingia. Por campos y bosques, multitudes errantes de desventurados buscaban raíces y frutas para alimentarse. Los bueyes, caballos y otros animales que morían eran devorados enseguida por los hambrientos. En corto tiempo la muerte comenzó su tarea, y los cadáveres se apilaban en campos y caminos.
En ese espantoso trance, la única preocupación de Isabel, día y noche, era socorrer a los infelices. Transformó su castillo en la "morada de la caridad sin límites" -al decir de un biógrafo- y repartió a los indigentes todo el tesoro ducal. Venciendo la oposición de algunos administradores egoístas, mandó abrir los graneros del castillo, cuya distribución dirigió personalmente y sin guardar nada para sus mismos familiares. Con equilibrio y criterio, daba una ración diaria a cada necesitado. Los que no podían subir hasta el castillo, sea por debilidad o enfermedad, eran objeto de una deferencia especial de la santa, que bajaba al pie de la montaña para atenderlos.
Fundó tres hospitales, uno para mujeres pobres, otro solamente para niños y un tercero para todos en general.
Donde hubiera un agonizante, ahí estaba ella para ayudarlo a bien morir. Después pasaba un largo tiempo en oración por las almas de los fallecidos, muchos de los cuales enterró con sus manos, cubiertos con sábanas que ella misma había tejido.
Pasado ese terrible período de desolación, congregó a los hombres y mujeres aptos para el trabajo, les proporcionó zapatos, ropas y herramientas si acaso no tenían, y les ordenó cultivar el campo. En breve tiempo retornó la bonanza y pudo ver con alegría que el trigo llenaba los graneros y la sonrisa volvía a los labios de su gente.
Comienzan las grandes pruebas
Para gloria de su Iglesia y edificación de los fieles, Dios hace brillar en el alma de cada santo una virtud especial. Por ejemplo, en san Francisco de Asís fue la pobreza; en santa Bernardita, la humildad; en san Luis Gonzaga, la castidad, y así en cada cual.
Pero eso no significa que dicha virtud exista de forma aislada, como una torre en medio de una inmensa planicie. No. Todas las virtudes son hermanas; es imposible progresar o decaer en una sin avanzar o retroceder en las demás.
En santa Isabel reluce la solicitud hacia los necesitados, pero fue eximia en la práctica de todas las virtudes. Pocas personas llevaron tan lejos el desapego a los bienes de esta tierra y la amorosa conformidad con la voluntad de Dios. Unida en matrimonio a un marido ejemplar, le prodigaba todo el afecto natural y legítimo de su noble corazón, siendo retribuida en la misma proporción. Pero mucho más que eso, los unía el amor a Dios, el deseo de perfección.
| Unida en matrimonio a un marido ejemplar, le prodigaba todo el afecto natural y legítimo de su noble corazón, siendo retribuida en la misma proporción |
Del castillo a un refugio de puercos
Pero este era nada más que el inicio de una cascada de amarguras. Ahora ya no contaba con la protección de su virtuoso cónyuge, lo que aprovecharon sus dos cuñados para dar rienda suelta al odio que sentían. El mismo día la expulsaron del castillo con sus cuatro hijos pequeños, bajo un frío riguroso, sin dejarle llevar dinero, abrigo ni alimento. En un colmo de crueldad, prohibieron con severas penas que cualquier habitante de la ciudad les diera cobijo.
Tras haber golpeado innumerables puertas, un tabernero -apiadado, si bien temeroso a las represalias- la recibió, pero ofreciéndole de albergue una especie de caballeriza que también servía como chiquero. Así fue como la duquesa e hija de reyes se encontró pasando la noche junto a sus hijos en compañía de puercos, abrigándose con los implementos de cacería para no sucumbir al frío.
Al día siguiente, personas con caridad y carácter le llevaron alimentos. Una noche y un día los pasó en esta "posada para cerdos", donde fue altamente recompensada con una aparición de Nuestro Señor Jesucristo.
Un viejo sacerdote de las inmediaciones le ofreció alojamiento, aunque no disponía más que de una misérrima casucha. Cierto día la santa duquesa visitó el convento de los Frailes Menores para hacer un pedido. ¿De socorro, tal vez? No; les pidió que cantaran el Te Deum, con la intención de agradecer al Señor por la gracia de compartir sus sufrimientos.
Por orden de sus cuñados, algunos verdugos la arrancaron de ese miserable hospedaje, para mantenerla prisionera en pésimas condiciones en las dependencias de un viejo castillo.
Rehúsa el más ventajoso casamiento de su época
Luego de meses de crueles padecimientos, su tía Matilde, abadesa de Kitzing, supo lo sucedido y despachó mensajeros con dos vehículos para llevarla junto a sus hijos a su convento.
Poco tiempo había pasado cuando su tío Egbert, Príncipe-Obispo de Bamberg, le comunicó una propuesta de matrimonio con el Emperador Federico II, el más poderoso soberano de aquella época. ¡Pero Isabel tenía ambiciones mucho más grandes! Su corazón aspiraba a lo Infinito, sin que nada pudiera satisfacerlo en esta tierra.
En los mismos días, regresaban a Turingia los caballeros que habían acompañado al duque Luis en la fatídica Cruzada. Presentándose ante Conrado y Enrique, les reprocharon valientemente la dureza y crueldad con que habían tratado a la viuda y a los hijos de su propio hermano. Los dos culpables no soportaron la altiva franqueza de sus vasallos y, llorando, pidieron el perdón de Isabel, restituyéndole todos los bienes de los que la habían despojado.
Al servicio de los enfermos
La santa mandó construir al lado del convento de los Frailes Menores una casa modestísima -apodada "palacio de abyección" por los parientes de su fallecido esposo- en la que se instaungría ló con los hijos y criados que le habían permanecido fieles.
Santa Isabel hizo un buen uso de la inmensa riqueza de su esposo, distribuyendo a los pobres generosas limosnas
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Curas milagrosas
Un día encontró a un niño lisiado y deforme tirado en la solera de la puerta de un hospital. Además de sordomudo, no sabía andar más que a cuatro patas, como si de un animal se tratara. Había sido abandonado ahí por su madre con la esperanza de que la duquesa se apiadara y lo recogiera. Tan pronto lo vio, Isabel acudió para acariciar sus cabellos sucios y revueltos. Y le preguntó:
- ¿Dónde están tus padres? ¿Quién te dejó aquí? Al no recibir respuesta, repitió las preguntas; pero la pobre criatura sólo la miraba con ojos desencajados. Recelando alguna posesión diabólica, dijo con alta y clara voz:
- ¡En nombre de Jesucristo, te ordeno a ti o a quien se encuentre en ti que me diga de dónde vienes!
En el mismo instante el niño se incorporó y, sin que antes le hubieran enseñado a hablar, le explicó con desembarazo su triste vida. Después cayó de rodillas y mientras lloraba de alegría, glorificaba a Dios todopoderoso.
- Yo no conocía a Dios ni sabía de su existencia. Todo mi ser estaba muerto. No sabía nada. Bendita seas, señora, porque hiciste que Dios no me permitiera morir tal como he vivido hasta el presente. A estas palabras, Isabel se puso de rodillas para agradecer al Señor junto al niño, y por fin le recomendó:
- Ahora regresa donde tus padres y no les digas nada de lo que te ocurrió. Di solamente que Dios te auxilió. Guárdate siempre del pecado, no sea que vuelvas a ser lo que eras.
La noticia de este milagro corrió como un reguero de pólvora, propagando por Turingia entera la fama de santidad de Isabel. En consecuencia, aumentó el número de los que acudían a verla; y por intercesión suya, Dios se dignaba atenderlos a todos.
Dejó caer la cabeza como si durmiera
El 16 de noviembre de 1231 la santa enfermó. Cuando hubo recibido la unción de los enfermos y el viático, Nuestro Señor se le apareció para revelarle que en tres días vendría a llevarla al Cielo. Su rostro quedó tan brillante después de esta visión, que era casi imposible mirarla fijamente.
| Pocas personas tomaron tan seriamente el desapego a los bienes de esta tierra y se conformaron con la amorosa voluntad de Dios |
Enseguida musitó: "Silencio... silencio..." Y dejó caer la cabeza como si durmiera. Su alma acababa de entrar a la gloria sin fin.
Para satisfacer la devoción del pueblo que afluía de todas partes, su bendito cuerpo permaneció expuesto en la iglesia por cuatro días. Muchísimos milagros certificaron su santidad. Fue solemnemente canonizada en 1235 por el Papa Gregorio IX.
Familia de alta nobleza y grandes Santos
Hungría dio a la Iglesia numerosos santos, oriundos de todos los estratos sociales. Es el único país que tiene la gloria de venerar en los altares a tres de sus reyes: San Esteban, San Américo y San Ladislao. Pero sin lugar a dudas, Santa Isabel es la más venerada por el pueblo húngaro.
La santa duquesa de Turingia no fue una figura aislada en su tiempo, en plena Edad Media, dulce primavera de la Fe. Era sobrina de Santa Eduvigis, duquesa de Polonia, y tía de la suave Santa Isabel, reina de Portugal. Con las gracias celestiales que ganó y el ejemplo de su vida, logró la conversión de sus dos cuñados, Enrique y Conrado.
La de esté último fue más radical: junto a sus compañeros de armas se dirigió a Roma, todos descalzos, para rogar al Papa el perdón por sus desmanes. Luego de cumplir la penitencia que el Pontífice le impuso, ingresó a la Orden de Santa María de los Caballeros Teutónicos.
En 1243, Conrado enfermó de muerte. Era tan grande la pureza de su alma, que la cercanía de cualquier persona en pecado mortal le provocaba agudos dolores. Murió poco después, embriagado en la gloria celestial.
Por Antonio Queiroz


