Pidamos a María la gracia de alcanzar la constante perseverancia en la virtud y un creciente amor a Su Divino Hijo.
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lunes, 7 de febrero de 2011
Minuto con María - Fuente de nuestro coraje
Etiquetas: heraldos del evangelio
Evangelio del día
2011-02-07 - Evangelio según San Marcos 6,53-56
Publicado 2011/02/07
Autor : Sagrada Biblia
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
Libro de Génesis 1,1-19
Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas. Entonces Dios dijo: "Que exista la luz". Y la luz existió.
Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.
Dios dijo: "Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas". Y así sucedió.
Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.
Dios dijo: "Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme". Y así sucedió.
Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno.
Entonces dijo: "Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro". Y así sucedió.
La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.
Dios dijo: "Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra". Y así sucedió.
Dios hizo los dos grandes astros - el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche - y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno.
Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.
Salmo 103
Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Estás vestido de esplendor y majestad y te envuelves con un manto de luz. Tú extendiste el cielo como un toldo Afirmaste la tierra sobre sus cimientos: ¡no se moverá jamás!
El océano la cubría como un manto, las aguas tapaban las montañas; Haces brotar fuentes en los valles, y corren sus aguas por las quebradas.
Las aves del cielo habitan junto a ellas y hacen oír su canto entre las ramas.
¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡Todo lo hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas!
Que los pecadores desaparezcan de la tierra y los malvados ya no existan más. ¡Bendice al Señor, alma mía! ¡Aleluya!
Evangelio según San Marcos 6,53-56
Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.
Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba.
En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.
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La Hermana Marie Simon Pierre revela detalles inéditos de su curación
Publicado 2011/02/04
Autor : Gaudium Press
La religiosa francesa, cuya curación sirvió para llevar adelante la beatificación de Juan Pablo II, habló con la RAI y la televisión católica francesa KTO sobre los sorprendentes detalles de su milagrosa recuperación
París (Viernes, 04-02-2011, Gaudium Press) El 14 de febrero pasado, en una entrevista coproducida por la RAI y la televisión católica francesa KTO, la hermana Marie Simon Pierre dio a conocer detalles inéditos de su curación milagrosa, que tras el examen científico y la aprobación de Benedicto XVI, posibilitó la pronta beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II, el 1ro. de mayo, día de la Divina Misericordia.
La religiosa francesa, que pertenece a las Hermanitas de las Maternidades Católicas, nació en 1962 y tuvo diagnóstico de mal de Parkinson (el mismo que al final de su vida sufrió Juan Pablo II) en junio de 2001. En su caso la enfermedad avanzó rápidamente, afectando toda la parte derecha del cuerpo.
Padeciendo el mismo mal que el Papa polaco, sentía por ello -además del vínculo que la ligaba al vicario de Cristo como tal- la unión que da el compartir el mismo dolor. Por eso, cuando Juan Pablo II falleció el 2 de abril del 2005, "se me vino el mundo encima. Había perdido al amigo que me entendía y que me daba la fuerza de seguir adelante", declara la hermana Marie con emoción.
Entretanto, a los pocos días de su muerte, el Pontífice difunto ya le traía dignos consuelos. El 13 de mayo de 2005, y estableciendo una excepción a las normas canónicas vigentes, el actual Papa Benedicto XVI anunciaba el inicio del proceso de beatificación de Juan Pablo II. Desde el día siguiente las casas francesas y africanas de la congregación de la hermana Marie no dejaron de pedir la intercesión del Papa Wojtila por el restablecimiento total de su salud.
Entretanto - y aunque fortalecida por las oraciones de sus hermanas en religión- ella seguía empeorando, velozmente.
En la Hermana Marie brillan las bellas cualidades que Dios quiso dar a la nación francesa. Discreción en el porte, lógica, concisión y claridad en la exposición, elegancia en la expresión, candidez en la narración. Además se suman los dones propios de la observancia religiosa: modestia en su actitud, espíritu de fe y piedad, y un dominio sobre las emociones que entretanto cede en un momento su imperio, ante la dramaticidad de los hechos que narra a KTO- RAI, y que tuvo la felicidad que vivir.
La cura
El 2 de junio de 2005 "por la mañana yo estaba completamente impedida y ya no podía más".
"Pensé en buscar a Sor Marie [superiora de su comunidad] para pedirle mi dimisión, dejar de brindar mi servicio en la maternidad donde trabajaba con muchas personas a mi cargo. Me sentía muy pesada y me dije: es necesario que pare, que deje el servicio. Yo no puedo hacer que esto deje de avanzar, no es posible", narra la religiosa. Entretanto la superiora denegó la petición con dulzura, y le pidió seguir confiando en la intercesión de Juan Pablo II.
Cuando esto ocurrió, "sentimos por un buen momento un gran cambio en su oficina, diría que una gran paz, una paz muy grande y una gran serenidad, me sentía muy apacible, ella también".
La superiora le pidió que escribiera el nombre de Juan Pablo II. Sus manos ya no respondían como otrora. Entretanto ante la insistencia de Sor Marie ella garabateó unos trazos ilegibles, para pensar después que podría ocurrir "un milagro si es que creo".
"Me fui y seguí con mi servicio. Esa noche seguí la jornada como de costumbre con la comida comunitaria, luego un poco más de servicio y después la oración nocturna en la capilla".
Al retornar a su cuarto quiso Marie Simon-Pierre obligarse a escribir y tuvo una gran sorpresa al comprobar que pudo hacerlo con relativa facilidad.
De forma diversa a los días anteriores pudo dormir bien, sin el insomnio habitual que la aquejaba agudamente. El 3 de junio se despertó a las 4:30, una hora antes de lo establecido, y tuvo mucho tiempo para prepararse para la jornada que iniciaba. Entretanto, ese tiempo fue empleado mejor para hacer una feliz introspección: "Ya no era la misma. Había una alegría interior y una gran paz; y luego me sorprendí mucho por los gestos de mi cuerpo".
Sintió la hermana Marie un "gran deseo de rezar. A esa hora no tenía autorización para rezar, pero recé". Se dirigió al oratorio de la comunidad, directo al tabernáculo, "siempre con una alegría muy profunda". Se acompañaba de un pequeño folleto con "el rosario de Juan Pablo", y meditó los misterios luminosos.
"A las 6:00 de la mañana teníamos una oración antes de la Eucaristía comunitaria, así que fui a la capilla con mis hermanas. Al ir hacia la capilla me di cuenta de que mi brazo izquierdo ya no se quedaba inmóvil al caminar sino que se balanceaba normalmente. En la Eucaristía tuve la certeza de que estaba curada", concluye la religiosa, con una dulce sonrisa en el rostro, que evidencia el gozo no solo de gozar de buena salud, sino también de estar siendo instrumento para la glorificación del Papa polaco.
Gaudium Press / S. C.
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viernes, 4 de febrero de 2011
El mundo de hoy precisa de un renovado dinamismo apostólico, afirma el Papa
Publicado 2011/02/03
Autor: Gaudium Press
Sección: Europa
Ciudad del Vaticano (Jueves, 03-02-2011, Gaudium Press) "En un mundo frecuentemente desorientado y en la búsqueda de nuevas razones de vida la luz de Cristo debe ser llevada a todos" dijo hoy el Santo Padre a los miembros de la Comunidad del Emamnuel recibidos en audiencia privada esta mañana en el Vaticano, por ocasión del 20º aniversario de la muerte de uno de sus fundadores, Pierre Goursat.
Según el Pontífice, el mundo de hoy precisa de un renovado dinamismo apostólico radicado en una vida alimentada por la Eucaristía. El Papa alentó a los miembros de la comunidad a guardar "la sed de anunciar la Palabra de Dios" y a tornarse "ardientes misioneros del Evangelio". Esto principalmente debe realizarse a través de las familias, los jóvenes y los ambientes intelectuales.
El Papa les pidió también "renovar desde dentro de la comunidad el dinamismo apostólico de las parroquias, desarrollando sus orientaciones espirituales y misioneras" y ayudando a las personas que vuelven a la Iglesia a "radicar la propia fe en una vida auténticamente teologal, sacramental y eclesial". Para los países más necesitados esto puede tornarse "una fuerza para la construcción de un mundo más justo y más fraterno", evaluó Benedicto XVI.
Al final del discurso, el Papa habló sobre la vida comunitaria, diciendo que la misma "no es una simple solidaridad entre los miembros de una misma familia espiritual", sino una vivencia que se fundamenta en la "relación con Cristo y en el empeño común para servirlo" y para la sociedad es "un testimonio vivo del amor fraterno que debe animar todas las relaciones humanas".
La Comunidad del Emmanuel fue fundada en febrero de 1972 por dos laicos, Pierre Goursat y Martine Laffitte. Fue reconocida por la Santa Sede en diciembre de 1992 como una "asociación universal de fieles". En 1998, los estatutos de la Comunidad fueron aprobados oficialmente por el Pontificio Consejo para los Laicos.
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Vicariato de Roma pone al aire site sobre la beatificación de Juan Pablo II
Publicado 2011/02/03
Autor : Gaudium Press
La ceremonia de beatificación del Papa Wojtyla será, como en todas las demás, sin ingresos y gratuita. En la página en internet, es posible encontrar información sobre el fallecido pontífice, detalles de su proceso de beatificación, noticias, entre otros
Ciudad del Vaticano (Jueves, 03-02-2011, Gaudium Press) www.karol-wojtyla.org es el site oficial con la información sobre la causa de beatificación de Juan Pablo II que el Vicariato de Roma acaba de poner al aire. El servicio está disponible en 6 lenguas: inglés, francés, español, italiano, polaco y rumano.
La idea es reunir información sobre el Pontífice y, principalmente, sobre su proceso de beatificación, como sus etapas, postuladores y testigos. En el site, el visitante encontrará también datos sobre la biografía del Papa Wojtyla, escritos, documentos y reflexiones, además de avisos de grupos de oración y otras iniciativas.
El site trae también todas las noticias sobre la beatificación de Juan Pablo II y sobre otras ceremonias relacionadas. Hasta ahora, la única ceremonia confirmada por ocasión de la beatificación es la vigilia de oración en el Circo Máximo el 30 de abril, en la noche que antecede la ceremonia en el Vaticano.
Ingreso gratuito a la beatificación
Tanto el Vicariato de Roma, que es responsable por la organización de la beatificación, como el Departamento de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, recuerdan a los peregrinos que quieran asistir a la ceremonia que el ingreso será realizado gratuitamente y que la Iglesia nunca cobrará por la entrada en ninguna otra ceremonia similar. Este anuncio se hace con el fin de alertar contra impostores, puesto que ya circulan sites que venden entradas falsas para la beatificación.
El Vaticano resalta que la ceremonia se realizará sin entradas de ingreso o reservas gratuitas, como en otras ocasiones, puesto que por cuestiones de organización, se hizo necesario.
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Evangelio del día
2011-02-04 - Evangelio según San Marcos 6,14-29
Publicado 2011/02/04
Autor : Sagrada Biblia
Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.
Carta de San Pablo a los Hebreos 13,1-8
Perseveren en el amor fraternal. No se olviden de practicar la hospitalidad, ya que gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes lo estuvieran con ellos, y de los que son maltratados, como si ustedes estuvieran en su mismo cuerpo.
Respeten el matrimonio y no deshonren el lecho conyugal, porque Dios condenará a los lujuriosos y a los adúlteros.
No se dejen llevar de la avaricia, y conténtense con lo que tienen, porque el mismo Dios ha dicho: No te dejaré ni te abandonaré. De manera que podemos decir con plena confianza: El Señor es mi protector: no temeré. ¿Qué podrán hacerme los hombres?
Acuérdense de quienes los dirigían, porque ellos les anunciaron la Palabra de Dios: consideren cómo terminó su vida e imiten su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre.
Salmo 27
De David. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré?
Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no temerá; aunque estalle una guerra contra mí, no perderé la confianza.
Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña en el momento del peligro; me ocultará al amparo de su Carpa y me afirmará sobre una roca. Mi corazón sabe que dijiste: "Busquen mi rostro". Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú, que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador.
Evangelio según San Marcos 6,14-29
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos: Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos".
Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado". Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado.
Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano". Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.
Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré".
Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino". Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre. Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
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El Monje y el ruiseñor
Érase una vez un joven monje, de nombre Urbanus, piadoso y diligente, que habiendo sido nombrado bibliotecario del monasterio, se entregó a su función en cuerpo y alma. Cuidaba los libros, estudiaba mucho, y le gustaba leer especialmente las Sagradas Escrituras.
Un día, se impactó con un versículo del Salmo 89 que demasiado le intrigó: “Porque mil años delante de Vos, son como el día de ayer, que ya pasó, como una sola vigilia de la noche”.
“Esto me parece imposible” – pensó. Y esa duda se fijó en su mente, pasando a incomodarlo desde aquel momento. Sucedió que una tarde, después de terminar su trabajo, bajó de la sombría biblioteca dirigiéndose hacia el bello y luminoso claustro.
Al mirar hacia el jardín, vio un lindo ruiseñor posado en la rama de un arbusto, que cantaba del modo más bello que se pueda imaginar. El monje se aproximó al pajarito, pero en el momento de cogerlo, voló para una rama próxima, al tiempo que cantaba más fuerte y más claro. En cierto momento el ruiseñor sobrevoló el pequeño muro del monasterio, y el monje lo siguió, saliendo por la puerta del jardín. El joven se adentró en el bosque próximo, pero después de caminar un poco, dejó de oír al ruiseñor y lo perdió de vista. Resolvió, entonces, volver apresuradamente, ya que no había pedido autorización para salir, y las campanas del monasterio tocaban el Angelus de la tarde. Al regreso, vio por el camino árboles enormes, los cuales no recordaba. Con certeza tanto lo había atraído el canto del ruiseñor que ni los percibió. Con todo, al avistar el monasterio, quedó espantado. “¿Me habré equivocado de camino? ¡Pero si anduve tan poco!”. El hecho es que el muro era más alto, y la puerta del jardín había desaparecido. En fin, no era el momento de pensar en esas cosas; había que correr hasta el portón principal, entrar rápido y explicar al abad lo que había ocurrido.
Al llamar, fue atendido por un portero que no conocía, y que no quería dejarlo pasar. Urbanus forzó la entrada, siguió rápido en dirección al jardín y... ¡Oh sorpresa! ¡Éste había cambiado completamente! Recorrió con sus ojos el claustro y no lo reconoció: puertas nuevas, mosaicos que nunca había visto... Al menos la sólida iglesia monacal continuaba allí al lado. Entretanto, era flanqueada por varias construcciones enormes que – y de esto tenía certeza – nunca habían estado en ese lugar. Temiendo que estuviese soñando, Urbanus se dirigió a un monje que cuidaba las plantas y casi le gritó: “Hermano, ¿Qué sucedió? ¿Cómo cambió todo de repente?” El otro, intrigado y entre risas, respondió: “Hace veinte años que estoy aquí, y todo sigue igual. Pero, anciano hermano, permítame preguntarle, ¿de dónde viene Ud.?”, a lo que él replicó:
“¿Por qué me llama anciano? ¡Tengo cuando mucho la mitad de su edad!” “¿La mitad de mi edad?
– preguntó el otro. “¿Con ese cabello tan blanco?” Urbanus se sintió desfallecer; bajó la cabeza, y sólo ahí notó la larga barba, blanca como la nieve, que le caía hasta la cintura. Sin comprender nada, deambuló por los corredores, extrañando que todos se apartaban de él como si estuviesen viendo un fantasma. En cierto momento, vio caminar en su dirección a un grupo de monjes encabezados por el abad, quien, llevando en alto un crucifijo, dijo solemnemente: “Oh alma del otro mundo, en nombre de Jesucristo, parad y decid, ¿Qué deseáis aquí, en nuestra abadía?”
“¡Yo vivo aquí!” – replicó Urbanus afligido. “Uds. son los extraños...¿Dónde está el Abad Félix, y dónde están mis hermanos de hábito?” La sorpresa era general. En esto, un joven se adelantó y dijo al abad: “Esto me recuerda algo que leí en un diario del monasterio.
Pido autorización para traerlo”. En dos minutos estaba de vuelta con el grueso volumen, harto envejecido. Lo abrió y leyó en voz alta:
“En este año del Señor de 1067 – hace trescientos años – Urbanus, el joven bibliotecario del monasterio desapareció sin dejar rastro. Nunca se supo si huyó de la vida monacal o si se volvió loco.” Urbanus suspiró y, con los ojos en lágrimas y voz trémula, dijo:
“Ah, ruiseñor, ¿ese era entonces tu mensaje? ¡Yo te seguí durante tres minutos, escuchando tu cantar, y tres siglos transcurrieron! ¡Era una canción del cielo la que yo oía! ¡Cómo el tiempo de nuestras vidas no es nada en comparación con la eternidad! Ahora comprendo y alabo a Dios.”
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miércoles, 2 de febrero de 2011
El método preventivo de Don Bosco – II Parte
Publicado 2011/01/31
Autor: Gaudium Press
Sección: Opinión
Redacción (Lunes, 31-01-2011, Gaudium Press) San Juan Bosco jamás daba castigos corporales, en la convicción de que eso solo incitaría los corazones a la revuelta y cerraría el alma del joven a los consejos saludables. La manera por la cual él reprehendía era a través de una palabra fría, una mirada triste, una mano retraída, o cualquier otra señal discreta de desagrado con alguna falta. Pero los resultados demostraban que esta forma de corrección era extremamente eficaz.
Cierta noche, después de las oraciones, Don Bosco quería dirigir a los niños algunas palabras benéficas, antes de ir dormir, pero tal era el ruido, que no consiguió obtener silencio. Después de algunos minutos de espera, les comunicó: "¡No estoy contento con ustedes! Vayan a dormir. Esta noche no les digo nada". A partir de ese día nunca más fue necesario usar una campana para que los jóvenes hiciesen silencio. Podría, sin embargo, surgir una duda respecto a tal método. ¿Esta vigilancia para evitar el pecado no acabaría por quitar la libertad al joven? La naturaleza humana está hecha para el equilibrio: no sofocar la libertad ni, mucho menos, permitir una indisciplina desenfrenada.
Esta conjunción, San Juan Bosco supo tenerla admirablemente. A pesar de toda la vivacidad y afecto en el trato con los jóvenes, estos siempre mantenían una actitud de respeto y admiración hacia su maestro. Alegría, condimento indispensable. El ambiente en la cafetería del Oratorio era una comprobación de este relacionamiento armónico, cuando Don Bosco demoraba algún tiempo más para terminar su refección, a la cual había llegado atrasado. Cuando los otros superiores salían, una multitud de jóvenes entraban corriendo y ocupaba todo el recinto, no dejando espacio vacío. Algunos se acercaban tanto que casi recostaban sus cabezas en sus hombros, otros se apoyaban en el respaldo de su silla y los más pequeñitos se metían debajo de la mesa. Cuál no era la sorpresa conmovida del Santo al ver aquellas pequeñas cabecitas de allí salir, con el único fin de estar más cerca de su padre. La libertad con que aquellos jovencitos a él se aproximaban, y la veneración que le devotaban, constituían realmente un cuadro conmovedor. Una ocasión como esa era una excelente oportunidad de hacer el bien.
El celoso sacerdote aprovechaba entonces para contar una historia, dar un buen consejo, hacer preguntas, hasta que la campana indicase la hora de la oración de la noche, o sea, el final de esa convivencia enternecida. Como se ve, la alegría ocupaba un gran papel en el método educativo de Don Bosco. Con ella, pretendía el Santo tornar la vida leve y crear disposiciones para los niños, abrir el alma a su influencia y a lo sobrenatural. Uno de los medios que utilizaba eran los juegos y diversiones, de los cuales el propio educador participaba.
En una de estas diversiones, él alineaba a todos los niños en una única fila y les recomendaba: "¡Atención! Hagan todo como yo hago. Quien no haga como yo, sale del juego". Dicho esto, comenzaba su recorrido, ya sea corriendo con los brazos en el aire, ya sea haciendo gestos espectaculares, aplaudía, saltaba con una sola pierna, amenazaba parar en un árbol, después salía corriendo de nuevo. De este modo, entretenía y creaba un ambiente de alegría para aquellos jóvenes. Con tales recursos y, sobre todo, con la gracia divina, San Juan Bosco conseguía llevarlos a amar a Dios con alegría. Para este efecto, la música era un instrumento valioso, al punto de decir que una casa sin música es como un cuerpo sin alma.
La perseverancia solo es posible por la frecuencia a los sacramentos y una ardiente devoción a Nuestra Señora
En la confesión, Don Bosco pacificaba las consciencias, infundía confianza en las almas, conducía sus juveniles penitentes a Dios. Bella descripción de esas confesiones nos hace Huysmans, escritor católico del s. XIX: "Nuestro Santo, trayendo en el semblante la cordialidad de un viejo vicario del interior, traía cerca suyo al niño que había terminado el examen de consciencia y, tomándolo del cuello, lo envolvía con el brazo izquierdo y hacía al pequeño penitente apoyar la cabeza en su corazón. No era más el juez. Era el padre que ayudaba a los hijos, en la confesión tantas veces penosa de las faltas más pequeñitas."
Por medio de la comunión frecuente quería San Juan Bosco fortificar el alma de los jóvenes contra las investidas infernales. Para él, la Primera Comunión debería ser hecha lo más rápido posible: "Cuando un niño sabe distinguir entre el pan común y el Pan Eucarístico, cuando se encuentra suficientemente instruido, no es necesario mirar la edad. Venga ya el Rey del Cielo a reinar en esa alma".
Siguiendo los sabios consejos maternos, Don Bosco hizo de la devoción a María Santísima, bajo la bella invocación de María Auxiliadora, una columna de la espiritualidad de los salesianos. "Si llegares a ser padre -le repetía afectuosamente ‘mamma Margherita'- propaga sin cesar la devoción a Nuestra Señora".
Método preventivo y gracia divina
En realidad, el método preventivo de Don Bosco es una forma adaptada a las nuevas generaciones -y plenamente actual- de predisponer a los jóvenes para ser flexibles a la acción de la gracia divina. Es ella la verdadera causa del éxito sorprendente de este gran educador que marcó su época, hasta nuestros días, con su innovador método transmitido a sus seguidores, los sacerdotes salesianos y las hijas de María Auxiliadora.
Por Thiago de Oliveira Geraldo
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La Gloria de Don Nadie - cuentos para niños
Hace pocos días, me hallaba rezando el rosario en una iglesia de cuando, sin darme cuenta, interrumpí la oración para analizar un personaje que acababa de entrar.
Pobremente vestido, su andar y su rostro delataban a un hombre maltratado por los años y por duros sufrimientos.
Todo señalaba en él lo que en el mundo de hoy se llama un “fracasado en la vida”, o, en otros términos, un “Don Nadie”: sin dinero, sin salud, sin prestigio, tal vez sin amigos.
Llenándome de compasión por el pobre hombre, noté con alegría que, al pasar frente al Tabernáculo, dobló una rodilla e hizo pausadamente la señal de la cruz. Pensé conmigo mismo: “Al menos es un bautizado, tiene fe, es miembro de la Santa Iglesia.”
Mal terminaba esa cavilación, cuando me di cuenta de la paradoja contenida en ella: “¡¡¡Por lo menos… es un bautizado!!!”.
Cuando cierto día un sacerdote derramó agua sobre la cabeza de este pobre “Don Nadie” y dijo: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, ocurrió en su alma algo muy especial. Las tres divinas personas de la Santísima Trinidad llegaron para habitarla. Se le hizo posible creer en las verdades de la Santa Iglesia, esperar la recompensa demasiadamente grande del Cielo y amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Se vio transformado en hijo adoptivo del Rey del Universo y heredero de su maravilloso Reino. Quedó limpio de la terrible culpa de nuestros primeros padres, el pecado original, y se le abrieron las puertas del Cielo.
Así es; por efecto del Bautismo, todo “Don Nadie” es elevado hasta un nivel que ni siquiera el gobernante más poderoso, el genio más brillante o el filósofo más erudito podrían alcanzar por su propia naturaleza y méritos.
¿Y en qué situación se encuentra la persona no bautizada?
Imaginémonos a un lindo pajarito que, sin embargo, nació lisiado y —¡pobrecito!— nunca alzó el vuelo.
Caminó a través de los campos, y quizás hasta trazó un camino recto… Pero si no vuela, ¿qué será en comparación a las demás aves?
El infortunio de ese pájaro imaginario se asemeja al del hombre no bautizado.
Tal como el ave incapaz de volar, su finalidad está tronchada, incluso llevando una vida recta, pues no posee las alas de la Fe, de la Esperanza y de la Caridad para cumplir la finalidad de todo ser humano, a saber, “conocer, amar y servir a Dios y mediante esto salvar su alma”, como nos enseña san Ignacio.
Pero podríamos pensar, ¿qué hizo este “Don Nadie” para merecer tanta gloria? ¿No habría otros que la merecieran más? Dicha pregunta se basa exclusivamente en los criterios humanos.
Nadie recibe la gracia del Bautismo por merecimientos propios, sino por los méritos infinitos de Jesús que nació de María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato y fue crucificado para redimirnos.
Cuando en la cruz Él, “inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (Jn 19, 30), conquistó esa gracia inconmensurable para “Don Nadie” y para la humanidad entera.
Después de estas reflexiones sobre la grandeza de todo “pobre” Don Nadie, tabernáculo de la Santísima Trinidad, ofrecí el resto de mi rosario para agradecer el don inmenso del Bautismo, no sólo a Nuestro Señor Jesucristo, sino también a María, su Madre Santísima, puesto que Ella dio su consentimiento para que su Hijo Divino muriera por nosotros, y contribuyó con sus lágrimas para rescatar a todos los “Don Nadie” que pasan desapercibidos ante los “grandes” del mundo.
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Evangelio del día
2011-02-02 - Evangelio según San Lucas 2,22-40
Publicado 2011/02/02
Autor : Sagrada Biblia
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
Libro de Malaquías 3,1-4
Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Angel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos.
¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos.
El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia.
La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.
Salmo 24
¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso los combates.
¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!
¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.
Carta de San Pablo a los Hebreos 2,14-18
Y ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.
Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo.
Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.
Evangelio según San Lucas 2,22-40
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel".
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos".
Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.
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Frase
El sol resplandeciente contempla todas las cosas, y la obra del Señor está llena de su gloria.
