Publicado 2012/02/11
Autor : Catholic.net
Fiesta, Febrero 11
Martirologio Romano: Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes. Cuatro años después de la proclamación de su Inmaculada Concepción, la Santísima Virgen se apareció en repetidas ocasiones a la humilde joven santa María Bernarda Soubirous en los montes Pirineos, junto al río Gave, en la gruta de Massabielle, de la población de Lourdes, y desde entonces aquel lugar es frecuentado por muchos cristianos, que acuden devotamente a rezar.
Bernardita de Soubirous fue la elegida por Dios para ser testigo y mensajera de tan extraordinaria iniciativa del Creador. La Madre de Jesús, nuestra Madre también, supo como siempre enamorar a las multitudes y convocar a los pueblos de las naciones alrededor de la majestuosa imagen que de Ella se difundió.
Lourdes ha sido fuente de sanación física para mucha gente, y quizás ha sido este el milagro más visible que Dios ha realizado para confirmar y sostener la fe en la obra. Pero sin dudas que la sanación espiritual, la conversión de las almas, ha sido el fruto más extraordinario que las generaciones han manifestado como evidencia de la potencia de los actos de Dios en esta tierra.
Bernardita fue también instrumento de confirmación del Dogma de la Inmaculada Concepción, para alegría de los que amamos la pureza de María, reconocida de este modo en las propias palabras de la Reina del Cielo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Hoy, después de 150 años, las palabras de María resuenan en nuestros oídos con la misma fuerza, como un cristal puro que resuena y sacude con su timbre los tímpanos del mundo.
Gloria a Dios por Su Amor manifestado en regalo tan extraordinario. Nuestra Señora de Lourdes renueve nuestros corazones y nuestras mentes, para que emerja sonriente y esplendorosa nuestra propia conversión.
sábado, 11 de febrero de 2012
Nuestra Señora de Lourdes
miércoles, 2 de junio de 2010
"La Iglesia, por su naturaleza misionera, es llamada a anunciar el Evangelio en todas partes", declaró el Papa
Publicado 2010/06/01
Autor: Gaudium Press
Sección: Europa
Ciudad del Vaticano (Martes, 01-06-2010,Gaudium Press) En la noche de ayer, el Papa Benedicto XVI se reunió con fieles y peregrinos alrededor de la Gruta de Lourdes, en los jardines del Vaticano, para celebrar el cierre del mes de mayo, dedicado a la Virgen María. En la ocasión, el Pontífice exaltó la inclinación misionera de la Iglesia Católica, que es llamada a anunciar el Evangelio en todas partes, y a transmitir siempre la fe a cada hombre y mujer, en cualquier cultura.
El Santo Padre destacó la función misionera de la Iglesia a través del pasaje bíblico extraído del Evangelio de Lucas en el que María, Madre de Dios, visita a su prima Isabel, embarazada. María, conciente que Isabel, de más edad que ella, puede necesitar de cuidados, permanece con su prima hasta la hora del parto. Según Benedicto XVI, María fue hasta Isabel, justamente, para ofrecerle afectuosa proximidad, ayuda concreta, para hacer los servicios cotidianos que la prima necesitaba en aquel momento.
En este sentido, destacó el Papa, Isabel es el ejemplo fundamental, el símbolo de las personas ancianas y enfermas, de todos aquellos que necesitan de ayuda y el amor. Y María, a su vez, es participante de un auténtico viaje misionero. De esta forma, según Benedicto XVI, podemos reconocer en esta visita, "el ejemplo más límpido, y el significado más verdadero de nuestro camino como fieles y del camino de la propia Iglesia", exclamó.
Con todo, continuó el Santo Padre, la actividad misionera de María no se agota en la caridad práctica. María va más allá al presentar a Jesús a la prima, la cual siente a su hijo moverse en el vientre cuando entabla contacto con María. Para Benedicto XVI, tal escena representa el sostén y el ápice de la misión evangelizadora. "Es el significado más verdadero y el objetivo más genuino de todo recorrido misionero: donar a los hombres el Evangelio vivo y personal, que es el propio Señor Jesús", dijo. 
Sobre Jesús, el Pontífice declaró también que es el verdadero y único tesoro que tenemos y debemos dar a la humanidad. "Es de Él que los hombres y mujeres de nuestro tiempo sienten necesidad, aún cuando parecen ignorarlo o rechazarlo. Es de Él que la sociedad en que vivimos precisa", expresó.
Finalizando su discurso, el Papa resaltó a los fieles que la responsabilidad de predicar el Evangelio de Cristo debe ser vivido con alegría y empeño, a fin de que en nuestra civilización reine la verdad, la libertad y el amor, "pilares fundamentales e insubstituibles de una verdadera convivencia ordenada y pacífica".
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viernes, 16 de abril de 2010
Santo del día
A pesar de haber sido dócil instrumento para extener la devoción a la Inmaculada, Bernardita no se contaminó con la gloria humana. El día que el obispo de Lourdes, ante 50.000 peregrinos, colocó la estatua de la Virgen sobre la roca de Massabielle, Bernardita tuvo que permanecer en su celda, víctima de un ataque de asma. Y cuando el dolor físico se hacía más insoportable, suspiraba: “No, no busco alivio, sino sólo la fuerza y la paciencia”. Su breve existencia transcurrió en la humilde aceptación del sufrimiento físico como generosa respuesta a la invitación de la Inmaculada para pagar con la penitencia el rescate de tantas almas que viven prisioneras del mal.
Mientras junto a la gruta de las apariciones se estaba construyendo un grande santuario para acoger a los numerosos peregrinos y enfermos en busca de alivio, Bernardita pareció desaparecer en la sombra. Pasó seis años en el instituto de Lourdes, de las Hermanas de la Caridad de Nevers, y en el que después fue admitida como novicia. Su entrada se demoró debido a su delicada salud. En la profesión tomó el nombre de Sor María Bernarda. Durante los quince años de vida conventual no conoció sino el privilegio del sufrimiento. Las mismas superioras la trataban con indiferencia, por un designio providencial que les impide a las almas elegidas la comprensión y a menudo hasta la benevolencia de las almas mediocres. Al principio fue enfermera dentro del convento, después sacristana, hasta cuando la enfermedad la obligó a permanecer en la cama, durante nueve años, siempre entre la vida y la muerte.
A quien la animaba le contestaba con la radiante sonrisa de los momentos de felicidad cuando estaba a la presencia de la blanca Señora de Lourdes: “María es tan bella que quienes la ven querrían morir para volver a verla”. Bernardita, la humilde pastorcita que pudo contemplar con sus propios ojos a la Virgen Inmaculada, murió el 16 de abril de 1879.
Fue beatificada el año 1935 y el Papa Pío XI la elevó al honor de los altares el 8 de diciembre de 1933.
En Francia se la festeja el 18 de febrero
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domingo, 24 de mayo de 2009
50 millones de visitas por año en los santuarios de Francia
Fuente: P. Bertrand Gournay, rector del santuario Notre-Dame du Laus.
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