martes, 18 de abril de 2017

El Salvador: consagración a la Santísima Virgen según el método de San Luis María Grignon de Montfort

El pasado sábado 25 de marzo, fiesta de la Anunciación de la Virgen María,  se vivieron momentos de mucha emoción y gracia sobrenatural en los Heraldos del Evangelio de República de El Salvador, donde  un numeroso grupo de personas, incluidos jóvenes,  en una solemne Eucaristía, presidida por el P. Gonzalo Raymundo Esteban EP, se consagraron a Nuestro Señor Jesucristo como Esclavos de Amor por las manos de María, según el método de San Luis Maria Grignon de Monfort.

Después de un profundo y serio estudio del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, de San Luis, y de haber cumplido con las prescripciones de las oraciones y meditaciones durante los 33 días de preparación, realizaron la tan esperada consagración y con esto servir a Dios de una manera más perfecta, es decir, haciéndose todo dependientes de Aquella que es la Medianera de todas las Gracias, la Virgen Inmaculada.

Más información sobre el método de la Consagración  a la Santísima Virgen según el método de San Luis María Grignon de Montfort: http://es.arautos.org/view/ show/46257-algunos-elementos- de-la-consagracion-a-la- virgen-propuesta-por-san-luis- maria-grignion-de-montfort

La ermita de la Virgen de los Treinta y Tres, en la localidad de Ismael Cortinas

A 8 kilómetros de la localidad de Ismael Cortinas, más precisamente en la zona de Carolina Vieja (Departamento de Flores)  se ubica una ermita de la Virgen de los Treinta y Tres.

Esta ermita en honra a la Patrona de Uruguay, fue erigida gracias a la iniciativa del entonces párroco de la región el Padre Jorge Scalzotto, los gauchos de La Casilla y vecinos, y bendecida en 2008 por Monseñor Arturo Fajardo  obispo de San José.

La presencia de este oratorio en honra a la Madre de Dios, bajo la advocación de Virgen de los Treinta y Tres, es un eficaz instrumento para difundir la devoción mariana entre los lugareños  y fieles de otros lugares.

Además se desarrollan anualmente, peregrinaciones organizadas por la diócesis de San José de Mayo.

Esta ermita, como tantas otras esparcidas por todo el país –ya sea en honor a la Virgen o a diversos santos- es ejemplo, entre otros, de la piedad popular arraigada en los uruguayos.

A su vez, se puede verificar un discreto pero constante florecimiento de estos puntos de devoción, como también de una mayor afluencia a los mismos.

En este sentido, el papa San Juan Pablo II fue un gran impulsor de los santuarios y puntos de devoción popular, como potentes centros misioneros y de evangelización.

Con información y fotos de P. Federico Bragonzi, Delia Díaz y Yeffrei Rodríguez.

sábado, 8 de abril de 2017

"El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre"

Meditaciones para toda la Cuaresma

Sábado quinta semana de Cuaresma. Dios promete, pero Dios también pide. Y pide que por nuestra parte le seamos fieles en todo momento.

Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

La cercanía a la Semana Santa va haciendo que la Iglesia nos vaya presentando a Jesucristo en contraposición con sus enemigos. En el Evangelio de hoy se nos presenta la auténtica razón, la razón profunda que lleva a los enemigos de Cristo a buscar su muerte. Esta razón es que Cristo se presenta ante los judíos como el Enviado, el Hijo de Dios. Este conflicto permanente entre los dirigentes judíos y nuestro Señor, se convierte también para nosotros en una interrogación, para ver si somos o no capaces de corresponder a la llamada que Cristo hace a nuestra vida.

Cristo llega a nosotros, y llega exigiendo su verdad; queriendo mostrarnos la verdad y exigiéndonos que nos comportemos con Él como corresponde a la verdad. La verdad de Cristo es su dignidad, y nosotros tenemos que reflexionar si estamos aceptando o no esta dignidad de nuestro Señor. Tenemos que llegar a reflexionar si en nuestra vida estamos realizando, acogiendo, teniendo o no, esta verdad de nuestro Señor.

Cristo es el que nos muestra, por encima de todo, el camino de la verdad. Cristo es el que, por encima de todo, exige de los cristianos, de los que queremos seguirle, de los que hemos sido redimidos por su sangre, el camino de la verdad.

Nuestro comportamiento hacia Cristo tiene que respetar esa exigencia del Señor; no podemos tergiversar a Cristo. No podemos modificar a Cristo según nuestros criterios, según nuestros juicios. Tenemos necesariamente que aceptar a Cristo.

Pero, a la alternativa de aceptar a Cristo, se presenta otra alternativa -la que tomaron los judíos-: recoger piedras para arrojárselas. O aceptamos a Cristo, o ejecutamos a Cristo. O aceptamos a Cristo en nuestra vida tal y como Él es en la verdad, o estamos ejecutando a Cristo.

Esto podría ser para nosotros una especie de reticencia, de miedo de no abrirnos totalmente a nuestro Señor Jesucristo, porque sabemos que Él nos va a reclamar la verdad completa. Jesucristo no va a reclamar verdades a medias, ni entregas a medias, ni donaciones a medias, porque Jesucristo no nos va a reclamar amores a medias. Jesucristo nos va a reclamar el amor completo, que no es otra cosa sino el aceptar el camino concreto que el Señor ha trazado en nuestra vida. Cada uno tiene el suyo, pero cada uno no puede ser infiel al suyo.

Solamente el que es fiel a Cristo tiene en su posesión, tiene en su alma la garantía de la vida verdadera, porque tiene la garantía de la Verdad."El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre".

Nosotros constantemente deberíamos entrar en nuestro interior para revisar qué aspectos de mentira, o qué aspectos de muerte estamos dejando entrar en nuestro corazón a través de nuestro egoísmo, de nuestras reticencias, de nuestro cálculo; a través de nuestra entrega a medias a la vocación a la cual el Señor nos ha llamado.
Porque solamente cuando somos capaces de reconocer esto, estamos en la Verdad.

Debemos comenzar a caminar en un camino que nos saque de la mentira y de la falsedad en la que podemos estar viviendo. Una falsedad que puede ser incluso, a veces, el ropaje que nos reviste constantemente y, por lo tanto, nos hemos convencido de que esa falsedad es la verdad. Porque sólo cuando permitimos que Cristo toque el corazón, que Cristo llegue a nuestra alma y nos diga por dónde tenemos que ir, es cuando todas nuestras reticencias de tipo psicológico, todos nuestros miedos de tipo sentimental, todas nuestras debilidades y cálculos desaparecen.

Cuando dejamos que la Verdad, que es Cristo, toque el corazón, todas las debilidades exteriores —debilidades en las personas, debilidades en las situaciones, debilidades en las instituciones—, y que nosotros tomamos como excusas para no entregar nuestro corazón a Dios, caen por tierra.

Nos podemos acomodar muchas cosas, muchas situaciones, muchas personas; pero a Cristo no nos lo podemos acomodar. Cristo se nos da auténtico, o simplemente no se nos da. "Se ocultó y salió de entre ellos". En el momento que los judíos se dieron cuenta de que no podían acomodarse a Cristo, que tenían que ser ellos los que tenían que acomodarse al Señor, toman la decisión de matarlo.

A veces en el alma puede suceder algo semejante: tomamos la decisión de eliminar a Cristo, porque no nos convence el modo con el que Él nos está guiando. Y la pregunta que nace en nuestra alma es la misma que le hacen los judíos: "¿Quién pretendes ser?". Y Cristo siempre responde: "Yo soy el Hijo de Dios".

Sin embargo, Cristo podría regresarnos esa pregunta: ¿Y tú quién pretendes ser? ¿Quién pretendes ser, que no aceptas plenamente mi amor en tu corazón? ¿Quién pretendes ser, que calculas una y otra vez la entrega de tu corazón a tu vocación cristiana en tu familia, en la sociedad? ¿Por qué no terminar de entregarnos? ¿Por qué estar siempre con la piedra en la mano para que cuando el Señor no me convenza pueda tirársela?

Cristo, ante nuestro reclamo, siempre nos va a responder igual: con su entrega total, con su promesa total, con su fidelidad total.

Las ceremonias que la Iglesia nos va a ofrecer esta Semana Santa no pueden ser simplemente momentos de ir a Misa, momentos de rezar un poco más o momentos de dedicar un tiempo más grande a la oración. La Semana Santa es un encuentro con el misterio de un Cristo que se ofrece por nosotros para decirnos quien es. El encuentro, la presencia de Cristo que se me da totalmente en la cruz y que se muestra victorioso en la resurrección, tenemos que realizarla en nuestro interior. Tenemos que enfrentarnos cara a cara con Él.

Es muy serio y muy exigente el camino del Señor, pero no podemos ser reticentes ante este camino, no podemos ir con mediocridad en este camino. Siempre podremos escondernos, pero en nuestro corazón, si somos sinceros, si somos auténticos, siempre quedará la certeza de que ante Cristo, nos escondimos. Que no fuiste fiel ante la verdad de Cristo, que no fuiste fiel a tu compromiso de oración, que no fuiste fiel en tu compromiso de entrega en el apostolado, que no fuiste fiel, sobre todo, en ese corazón que se abre plenamente al Señor y que no deja nada sin darle a Él.

Cristo en la Eucaristía se nos vuelve a dar totalmente. Cada Eucaristía es el signo de la fidelidad de la promesa de Dios: "Yo estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo". Dios no se olvida de sus promesas. Y cuando vemos a un Dios que se entrega de esta manera, no nos queda otro camino sino que buscarlo sin descanso.

Buscarlo sin descanso a través de la oración y, sobre todo, a través de la voluntad, que una vez que ha optado por Dios nuestro Señor, así se le mueva la tierra, no se altera, no varía; así no entienda qué es lo que está pasando ni sepa por dónde le está llevando el Señor, no cambia.

Dios promete, pero Dios también pide. Y pide que por nuestra parte le seamos fieles en todo momento, nos mantengamos fieles a la palabra dada pase lo que pase. Romper esto es romper la verdad y la fidelidad de nuestra entrega a Cristo.

Que la Eucaristía abra en nuestro corazón una opción decidida por nuestro Señor. Una opción decidida por vivir el camino que Él nos pone delante, con una gran fidelidad, con un gran amor, con una gran gratitud ante un Dios que por mí se hace hombre; ante un Dios que tolera el que yo muchas veces haya podido tener una piedra en la mano y me haya permitido, incluso, intentar arrojársela. Y sobre todo, una gratitud profunda porque permitió que mi vida, una vez más, lo vuelva a encontrar, lo vuelva a amar, consciente de que el Señor nunca olvida sus promesas.

Preguntas o comentarios al autor P. Cipriano Sánchez LC

miércoles, 5 de abril de 2017

La importancia del afecto en el adorador

Redacción (Lunes, 04-03-2017, Gaudium Press) Enseñando a sus discípulos, Nuestro Señor utilizaba a veces términos sorprendentes y hasta duros, difíciles de entender. Es lo que vemos, por ejemplo, en el capítulo VI del Evangelio de San Juan, que nos relata la prédica que realizó en la sinagoga de Cafarnaúm. Después de haber multiplicado los panes y ante la euforia de sus seguidores por satisfacer el apetito corporal, les dijo un tanto inesperadamente: "En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes" (vers. 53)

Esta afirmación provocó una verdadera consternación entre oyentes que se decían: "¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?" (vers. 60). Más adelante, en el vers. 66 se lee: "A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle". Lo abandonan en el momento en que Jesús les revela la maravilla de la Eucaristía que instituiría para beneficio de ellos.

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Imaginemos la escena de tensión y de espanto en la sinagoga ante semejante piedra de tropiezo puesta en el camino, ¿comer la carne del Maestro y beber su sangre? ¡Esto es una locura!

"Jesús preguntó a los Doce "¿Quieren marcharse también ustedes?" Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios." (vers. 67-69).

Este episodio deja patente la importancia de la adhesión afectiva que se debe rendir al Señor.

Sabemos que San Pedro era una persona sensible, entusiasta, lleno de afecto por su Maestro. Lo manifestaba de muchas maneras, a veces al precio de parecer exaltado e irracional. Fue precisamente el afecto que le llevó a declarar "¿a quién iríamos?". 

Probablemente él tampoco entendió eso de comer la carne y beber la sangre, pero como amaba al Maestro y le demostraba su amor, no se marchó.

¿Y Qué es el afecto? Es la predisposición hacia alguien o algo con amor, con cariño. 

Cordialidad, a su vez, es otro término afín. Significa sincera inclinación del corazón.

Evidentemente, creer y amar son cosas bien diferentes, a tal punto que se puede acreditar en algo sin amarlo. Por ejemplo, admitimos que Saturno tiene cuatro anillos, pero estamos lejos de sentir un especial atractivo o ternura por eso... Ahora, cuando hay razones para tributar una adhesión completa a una persona o a una cosa, no adherir con la mente y el corazón -o adherir mezquinamente- es una falta que puede llegar a ser grave. Tratándose del Nuestro Señor, lo será con seguridad.

La respuesta que da San Pedro denota ese aprecio por la persona de Jesús, un gusto de estar junto a Él, que va más allá del crédito que se da a las enseñanzas que propone. Los que se volvieron atrás y dejaron de seguirle, precisamente carecían de afecto; eran parte del "montón", interesados o simples curiosos.

En otro párrafo del Evangelio de San Juan se pone de manifiesto la atracción que ejercía Jesús y que algunos de sus discípulos supieron honrar: "Maestro ¿dónde vives? Les respondió: «Venid y lo veréis» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día". (Jn. 1, 38-39). De eso se trata: de ir, de ver y de quedarse con Él. Esta forma de adhesión es muy distinta a la de estar de acuerdo o a la de no poner objeciones para estar en su compañía...

En el Calvario, en cambio, el afecto de los amigos del Señor se cohibió. Lo abandonaron porque la pasión del miedo anestesió los lazos de amistad entrañable que antes habían cultivado y experimentado, lazos que volverán a profesar después, al soplo de la gracia.
Pues bien, estas reflexiones relativas a la relación de los discípulos con Jesús durante su vida mortal, son aplicables al vínculo que un adorador establece con la Eucaristía, presencia real y misteriosa del mismo Jesús, ya glorificado.

No seremos buenos adoradores tan solo por el empeño en llenar un turno cumpliendo un compromiso asumido, o por tomar posturas corporales adecuadas como el estar de rodillas.

O, inclusive, haciendo un acto de fe racional en Su presencia real. Es necesario rendirse ante la Eucaristía con un amor ferviente y agradecido, con afecto filial, hasta diríamos con sentimientos de ternura, ante un Dios que se da sin medida y se hace mi confidente sin mérito alguno de mi parte. ¿Cómo ser insensible a un tal don? ¿No es que "amor con amor se paga"?

Ahora, resulta que el amor no se fabrica ni es fruto de un esfuerzo; tampoco se impone. Es una gracia que se recibe, se acoge y se cultiva... amando. Dios toma la iniciativa de amarnos y nos infunde el amor, haciéndonos capaces de amar apasionadamente, de ser afectuosos. No solo de serlo, también de parecerlo, porque el amor se demuestra, no se comporta con rudeza, es bondadoso.

El Santísimo Sacramento no es un principio abstracto o un mero símbolo. Es Dios que se humilla y se oculta tras la apariencia de pan para hacerse alimento y darnos Vida eterna ¡que beneficio infinito!

Con un tal benefactor, no basta ser educado, hay que ser agradecido y dar muestras de afecto que, por cierto, anidan en entrañas de carne, no de piedra.

¿Cómo adorar al Santísimo sin desear y procurar una comunión íntima con el Amado? Pues esa disposición, que va más allá de un mero sentimiento ¡parte de una entrañable convicción!, nace del corazón y no de los sesos...
Por el P. Rafael Ibarguren, EP

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Orfanato que acogió a Jacinta Marto, en Lisboa, se tornó monasterio

Lisboa - Portugal (Lunes, 03-04-2017, Gaudium Press) Las hermanas Clarisas Franciscanas del Monasterio del Inmaculado Corazón de María, en Lisboa, están muy contentas.

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Con mucha "alegría", ellas recibieron el anuncio de la futura canonización de Jacinta Marto, la vidente de Fátima que pasó allí sus últimos días de vida en 1920, cuando el lugar todavía era denominado "Orfanato de la Señora de los Milagros".

Noticia esperada hace bastante tiempo

La Hermana Rita, religiosa del monasterio, habló con la Agencia Ecclesia y enfatizó que en una casa que busca mantener vivo aún hoy el "testimonio" de esta niña portuguesa que la Iglesia Católica aclamará como santa, juntamente con su hermano Francisco, la noticia de la canonización ya era "esperada hace bastante tiempo".

La religiosa recordó que Jacinta pasó por aquí, y que, "tanto ella como Francisco son dos modelos para nosotros, de contemplación y de compasión" y destacó que son dos vidas marcadas por el contacto con "la luz que es Dios" y que pasarán a servir de ejemplo para todos los cristianos.

Ilustres huéspedes

La Iglesia reconoce que Jacinta, su hermano Francisco y su prima Lucía testimoniaron las apariciones de Nuestra Señora, en Fátima, en 1917.

Jacinta y su hermano murieron pocos años después de las apariciones. Ellos fueron víctimas de una fuerte gripe neumónica que asoló y causó muchas muertes en Portugal a partir de 1918. También esas muertes tan precoces confirmaban palabras de la Virgen que dijo que los llevaría pronto para el cielo.

Con la enfermedad avanzando y la salud en franca decadencia, la pequeña Jacinta Marto fue llevada a Lisboa al inicio de 1920, para ser internada en el Hospital Dona Estefanía. En ese hospital ella falleció el 20 de febrero.

En su ida a Lisboa, cuando pasó cerca de un mes en la capital, la pequeña vidente estuvo 12 días en el "Orfanato de la Señora de los Milagros", en la calle de la Estrella, nº 17, y que hoy fue transformado en una casa de religiosas de clausura: Monasterio del Inmaculado Corazón de María, de las Hermanas Clarisas.

Todo como Jacinta dejó

El cuarto usado por Jacinta conserva la configuración original y allá aún son conservados varios objetos personales de la vidente: un vestido, un rosario, una bolsa y algunas cartas recibidas por ella.

Allí se encuentran, en el mismo lugar, la cama en que dormía y la silla donde, según la pastorcita de Fátima, se sentaba Nuestra Señora cuando venía a conversar con ella.

"La comunidad religiosa siempre buscó que el espacio se mantuviese lo más simple y pobre posible, para que fuese un espacio que invitase a la oración y no apenas a una visita cultural", explicó la Hermana Rita.

Jesús escondido

Hoy en día, el Monasterio del Inmaculado Corazón de María es bastante buscado por personas y grupos "que piden para conocer, visitar y para rezar en los espacios" habitados por la Beata Jacinta, que, en varias ocasiones, se sentaba junto a un pórtico próximo del cuarto, que daba para la capilla anexa al orfanato, para rezar al "Jesús escondido".

A pesar de la presencia de Jacinta Marto en Lisboa ser todavía poco conocida, la Hermana Rita subraya que la búsqueda por visitas ha aumentado, sobre todo con base en el testimonio personal de cada uno que allí fue y rezó.

Crecimiento de visitas

Ha habido un visible aumento del número de personas que buscan el Monasterio para visitar los lugares donde Jacinta vivió sus últimos días. Y este crecimiento ha aumentado: "O porque las gracias fueron obtenidas, o porque aquí encontraron un tesoro y quieren con otros... Este acaba por ser el puente", destaca hermana Rita.

Con la aproximación de las celebraciones del Centenario de las Apariciones de Nuestra Señora en la Cova de la Iria, que tendrá lugar en los días 12 y 13 de mayo y con la canonización de Jacinta y Francisco Marto, será dado un gran impulso a un mensaje de Fátima que "continúa actual" en la sociedad.

El hecho del Papa participar de las conmemoraciones en Portugal, sin duda, va a "traer grandes frutos de renovación espiritual para la Iglesia Católica y para la sociedad". (JSG)

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Sevilla se une los festejos por el Centenario de las Apariciones de Fátima

Sevilla (Lunes, 03-04-2017, Gaudium Press) La celebración por los cien años de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, que se conmemoran este 2017, se vivirán especialmente en la Archidiócesis de Sevilla. Así lo anunció el Arzobispo local, Mons. Juan José Asenjo, en su más reciente carta pastoral en la que invita a los fieles de la jurisdicción a unirse a los homenajes para renovar el amor a la Virgen, tan presente en la diócesis.

En la misiva, el prelado señala que el objetivo de esta efeméride ha de ser, en primer lugar, "la renovación de nuestra devoción filial a la Santísima Virgen, que debe ocupar un lugar privilegiado en nuestro corazón y en nuestra vida cristiana".

Una devoción que marca la misma espiritualidad de Fátima que incluye -como dice Mons. Asenjo-, "reconocer que todos necesitamos convertirnos cada día, que sin el humus de la oración todo en nuestra vida será agitación estéril, que la mortificación y la penitencia pertenecen a la entraña del Evangelio, a la que pertenecen también la reparación por nuestros propios pecados y por el pecado del mundo".

Varias serán las celebraciones que tendrán lugar en la diócesis, las cuales estarán coordinadas por los Vicarios Episcopales, los sacerdotes Jesús Maya y Rafael Muñoz. Se contará con la imagen peregrina de Fátima de la parroquia el Sagrario que visitará las comunidades parroquiales, así como conventos e instituciones educativas.

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Del 6 al 8 de mayo será la peregrinación diocesana de Sevilla al Santuario de Fátima / Foto: Gaudium Press.
Asimismo, la Delegación diocesana de Liturgia está preparando los materiales pastorales y litúrgicos que se le entregará a las parroquias para las vigilias y celebraciones eucarísticas en honor a Nuestra Señora de Fátima.

Como parte de la conmemoración, los dos obispos de Sevilla, Mons. Asenjo, y el Auxiliar, Mons. Santiago Gómez Sierra, estarán presentes en Fátima durante la visita que realizará el Papa Francisco los días 12 y 13 de mayo; y del 6 al 8 de mayo será la peregrinación diocesana al santuario, donde los fieles sevillanos podrán ganar la Indulgencia Plenaria otorgada por el Papa con motivo de los 100 años de las apariciones.

Un momento importe será el gran acto diocesano en la Catedral el 3 de junio, coincidiendo con la Vigilia e Pentecostés. Éste evento ocurrirá en el altar del Jubileo con una preciosa procesión presidirá por Nuestra Señora.

"La imagen de la Virgen saldrá desde la parroquia (el Sagrario) por la puerta de san Miguel a la avenida de la Constitución, recorriendo la calle Alemanes para entrar en el templo por la puerta de Palos. En el trayecto cantaremos o rezaremos el Rosario y, como en Fátima, acompañaremos a la Virgen con velas. Después se celebrará la Eucaristía y habrá un buen número de confesores. Al final tendremos la consagración de la Archidiócesis al Inmaculado Corazón de María", comenta el Arzobispo.

Los días previos se orará el triduo en honor a la Virgen, que tendrá lugar en la Parroquia del Sagrario teniendo como eje central de reflexión los tres elementos centrales del Mensaje de Fátima: la oración, la penitencia y la conversión.

Mons. Asenjo recuerda en la carta que también es posible ganar la Indulgencia Plenaria en cualquier templo que tenga la imagen de Nuestra Señora de Fátima durante los días de los aniversarios de las apariciones, es decir el 13 de cada mes, a partir de mayo hasta octubre de 2017; participando en el templo de alguna celebración y cumpliendo las condiciones para obtenerla: confesión sacramental, comunión Eucarística y ofrecer la Misa por las intenciones del Santo Padre.

Dicha indulgencia la pueden ganar igualmente los ancianos o enfermos que oren con devoción ante una imagen de la Virgen de Fátima.

Con información de la Archidiócesis de Sevilla.

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El más famoso de los naufragios por P. Fernando Néstor Gioia Otero, EP

Habiendo transcurrido 105 años de la tragedia, el naufragio del Titanic pone en evidencia un peligroso estado de espíritu frecuente también en nuestros días: juzgar “insumergibles” las obras de los hombres.

​En la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912 hacía su viaje inaugural el mayor y más lujoso de los transatlánticos construidos hasta entonces. Con unos 270 metros de largo (eslora) y 30 de ancho (manga), llevaba a bordo a cerca de 2200 personas, entre pasajeros y tripulación. Sin embargo, nunca llegó a alcanzar su destino. El choque contra un enorme iceberg hizo que se hundiera en menos de tres horas. Se calcula que hubo más de 1500 muertos.

El naufragio del Titanic acabó siendo el más famoso de la Historia. Libros, filmes y canciones recordaron ese trágico acontecimiento, al mismo tiempo triste y lleno de enseñanzas. Museos y exposiciones presentan a los visitantes objetos recuperados después de 1985, cuando fue localizado a casi 4000 metros de profundidad. Un largometraje basado en su historia obtuvo uno de los mayores éxitos de taquilla de todos los tiempos.

Ya han transcurrido 105 años, pero la gran catástrofe no ha caído en el olvido, y el recuerdo de lo sucedido proporciona valiosas lecciones con respecto al estado de espíritu frecuente en nuestros días: juzgar “inhundible” lo que, más tarde, termina hundiéndose.

Rememoremos, con ese propósito, algunos aspectos de dicha tragedia.

¿Era realmente un barco insumergible?

Cuando el Titanic realizó su viaje inaugural, Europa vivía una época de despreocupación, placer y alegría. Al tratarse de tan prestigiosa embarcación, entre los pasajeros de primera clase se encontraban miembros de la nobleza, artistas de varios países y riquísimos empresarios. En los camarotes, salones y restaurantes, tenían a su disposición todo lo que podía haber de más suntuoso. El barco contaba también con salas de juego, baños turcos, gimnasio e incluso una pista de squash.

¿Habría sido dado al imponente transatlántico el blasfemo lema de Ni Dios lo hunde? La mayoría de los historiadores lo niega, no falta quien lo afirme, pero, como se verá más adelante, todo ocurrió como si fuera considerado de hecho insumergible.

El mismo día de la colisión con el iceberg estaba previsto llevar a cabo un simulacro de emergencia, pero fue cancelado, tal vez por el optimismo del capitán. El incendio de uno de los depósitos de carbón, que empezó antes de la salida de Southampton, no parece que preocupara excesivamente a los tripulantes, y los mensajes de alerta sobre el peligroso estado del mar que comenzaron a llegar a partir del día 12 no lograron influenciar en la navegación.

Ignorados todos los mensajes de alerta

En el atardecer del día 14 el cielo estaba sereno y el mar tranquilo. La orquesta tocaba en una atmósfera de fiesta y despreocupación. El más completo optimismo reinaba en el Café Parisino y en los demás ambientes del gigantesco buque.

Mientras tanto, el Californian, que navegaba en las proximidades del Titanic, telegrafiaba nuevas señales de alerta: “icebergs en el mar”. Nadie le dio importancia. Más tarde otro barco advertía: “bloques de hielo desplazándose”. El oficial de turno transmitió el mensaje al comandante, el cual se lo llevó al director de la empresa de navegación, que andaba paseando con dos damas por la cubierta, pero cuando recibió el aviso siguió su camino.

A la hora de la cena, los restaurantes estaban repletos. Entretanto llegaron tres mensajes más que avisaban de la proximidad de grandes icebergs. A las 22 h el capitán se retiró para iniciar el tranquilo sueño de quien considera imposible que su barco se pudiera hundir. Poco a poco los pasajeros se fueron recogiendo y las luces de salones y camarotes, apagándose. Mientras, los bloques de hielo se iban acercando.

A las 23:40 h el vigía de la cofa vio delante del barco al fatal iceberg e hizo sonar las alarmas. El oficial de turno dio las órdenes necesarias para evitar la colisión, pero... ya era demasiado tarde. El choque produjo un agujero de 90 metros en la parte derecha de la embarcación, por donde entraba agua en cantidades incontrolables. El Titanic se detuvo bruscamente. Mientras varios tripulantes percibían que la herida era mortal numerosos pasajeros, unos jugando, otros fumando, sintieron el golpe y vieron la inmensa masa de hielo, pero continuaron tranquilos.

¡El Titanic no puede hundirse!

Algunos pasajeros salieron de sus camarotes curiosos por saber qué estaba pasando, varios ya con los pies mojados. Aun así, no se estaban dando cuenta de que el barco se hundía. ¿Por qué? Sencillamente porque... el Titanic era inhundible. Después de todo, ¿cómo iba a sufrir un naufragio un barco de aquel porte, en una noche calma y hermosa como aquella? Esa era la mentalidad de los pasajeros, reflejo de la mentalidad de la época.1

Cuando la gravedad de los daños se hizo evidente, los telegrafistas empezaron a enviar llamadas de socorro, en tanto la tripulación preparaba los botes salvavidas. Los pasajeros no sabían cómo actuar en una emergencia de ese tipo. Se diría que esas barcas habían sido colocadas sólo a efectos decorativos...

Cuando el buque comenzó a inclinarse, algunos pasajeros entraron en pánico, otros seguían divirtiéndose. La orquesta se trasladó a la cubierta, donde los acordes de su música se mezclaban con los gritos de las órdenes de que la gente entrara en los botes de salvamento.

La mayoría de éstos se alejaba sin completar su capacidad. Uno que tenía espacio para sesenta y cinco personas sólo llevaba a veintiocho. A pesar de las evidencias en contrario, en la mente de muchos se mantenía fija una idea: el Titanic no puede hundirse.

Habían construido su casa sobre arena

A la 1:20 h del día 15, el pánico se había extendido. El agua continuaba subiendo, pero la orquesta no dejaba de tocar. Poco después de las 2 h los hombres empezaron a
lanzarse al mar, tomados por la desesperación. Veinte minutos más tarde, el mayor transatlántico del mundo desaparecía en el océano.

Algunos centenares de pasajeros y tripulantes perecieron sepultados en el interior del casco; otros fallecieron por hipotermia en las heladas aguas del Atlántico, a unos grados bajo cero. Únicamente setecientas personas, menos de la tercera parte de los que iban a bordo, lograron salvar su vida.

El optimismo y el espíritu laicista de la Belle Époque los había embaucado. La confianza de aquellas personas estaba depositada en la fuerza y la pericia de los técnicos. Sus oídos se habían cerrado a la virtud de la prudencia. Quisieron dejar a un lado a Aquel que mide el mar con el cuenco de sus manos y a palmos el cielo (cf. Is 40, 12). En suma, fueron insensatas, construyeron su casa sobre arena (cf. Mt 7, 26).

En el 105 aniversario del naufragio del Titanic, no seamos como aquella gente. Tengamos una actitud diametralmente opuesta, de vigilancia, humildad y prudencia. Oigamos la Palabra de Dios, procuremos ponerla en práctica y así, por muy fuertes que sean las lluvias y los vientos, nuestra casa no se derrumbará. Estará edificada sobre la roca (cf. Mt 7, 24-25).

1 El sitio historyonthenet.com posee un interesante artículo dedicado a mostrar que en 1912 el común de las personas creía realmente que el Titanic era inhundible. Y, según el The New York Times del 16 de abril de 1912, el vicepresidente de la White Star Line, Philip A. S. Franklin, participaba de esa creencia. Al día siguiente del naufragio, declaró: “Pensaba que era insumergible. Y me he basado en la opinión del mejor asesoramiento de expertos. No entiendo qué pasó”.

Meditacion Eucaristica - abril 2017 - Pe Rafael Ibarguren

Saña y descuidos anti eucarísticos

Por el P. Rafael Ibarguren EP - Consiliario de Honor de la FMOEI

Se multiplican por el mundo, y especialmente en países cristianos (o ex cristianos…), atentados contra la Eucaristía, especie de pecado gravísimo que lleva por nombre sacrilegio.

El sacrilegio es una profanación o injuria hecha contra una persona o un objeto sagrado. Un atentado contra el Santísimo Sacramento, que es lo más sagrado entre las cosas sagradas, se reviste de una inmensa gravedad.

Progresivamente, mientras se va perdiendo en la opinión pública la conciencia de lo sagrado, se hace cada vez más frecuente este tipo de pecado. Pero no se piense que la pérdida de la noción de pecado aminora la gravedad de la culpa. En el origen de esa desafección por las cosas sagradas está latente una irresponsabilidad culposa que constituye una apostasía en relación a las obligaciones propias del bautismo. Así es, aunque la afirmación parezca excesiva al relativismo en boga: se trata de una apostasía de los compromisos bautismales.

La Iglesia tiene un Código de Derecho Canónico, normas que regulan los derechos y las obligaciones de los fieles. También tiene sus Tribunales propios para juzgar y castigar los delitos contra la religión. Nada hay de más razonable, y más en los tiempos actuales, a la vista de la impiedad reinante.

Dice, por ejemplo, el canon n° 1367: “Quien arroja por tierra las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega incurre en excomunión latae sentetiae (automática) reservada a la Sede Apostólica”. La excomunión es una sentencia tremenda, la peor de las penas: es el desarraigo de la Iglesia Católica de quien cometió el delito, por autoexclusión o por expulsión; la desvinculación del reo del Cuerpo Místico de Cristo, del pueblo santo de Dios.

Pero esa excomunión decretada en el Código, no vale solo para quien arroja por tierra a las sagradas especies, sino también para quienes hacen de las hostias consagradas objeto de un acto externo, voluntario y grave de desprecio. De hecho, cualquier acción gravemente despreciativa al Santísimo Sacramento se debe considerar incluida en ese canon.

A los profanadores no les importará la excomunión, ya que ellos viven en total “paz” su ruptura con la Iglesia; su conciencia endurecida como una piedra, poco o nada les recrimina. Pero dejemos a los sacrílegos de lado y concentremos nuestra atención en los fieles que se conmocionan y se chocan al enterarse de las profanaciones que suceden que, queremos creer, serán la mayoría entre los bautizados…

En general, cada vez que se comete un sacrilegio violando tabernáculos, profanando hostias consagradas o robando vasos sagrados, se organiza un acto de desagravio en el lugar de los hechos: será una Misa de expiación, una procesión reparadora, una nota del Obispo condenando lo sucedido, etc. Indispensables iniciativas… que no suelen ser acompañadas con una sensibilización de la opinión que lleve a aumentar el fervor religioso de los fieles. Sucede que la tibieza espiritual de la comunidad, que bien pudo haber sido la causa próxima o remota del sacrilegio, se va reestableciendo paulatinamente de nuevo… a la espera de la próxima blasfemia.

Se diría que ni el valor intrínseco e infinito de la presencia real del Señor, ni el trauma causado por la afrenta dispensada al Sacramento, bastan para potenciar un cambio substancial de vida, una conversión.

Las personas chocadas por el sacrilegio deberían arrancar del cielo esa conversión. ¿Arrancar del cielo? Sí, más propiamente: arrebatar. Ha dicho Jesús: “El reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan” (Mt., 11, 12). Sin “violencia”, es decir, sin reparación, sin ayuno, sin oración, sin obras de misericordia, no se obtiene la conversión individual ni comunitaria.

Para propiciar esa conversión hay algo formidable que es una fuente de gracias segura: promover la adoración perpetua en parroquias y capillas. Pero… eso será fecundo, siempre que se actúe de acuerdo a las disposiciones establecidas en las respectivas diócesis y en la Iglesia universal. Porque no es raro que se den abusos en esas iniciativas, de sí tan loables, como, por ejemplo, dejar al Santísimo expuesto solo, o poner en el lugar de la exposición músicas inadecuadas. Sucede.

En ese sentido, la Conferencia Episcopal de El Salvador acaba de publicar una “Instrucción sobre el culto a la Sagrada Eucaristía fuera de la Misa” que merece ser conocida y aplicada en todas partes. Este es su texto, vale la pena leerla: file:///C:/Users/hp/Downloads/ culto_eucaristia_ fueradelamisa_elsalvador%20(3) .pdf

A la luz de las advertencias de los Obispos salvadoreños, podemos constatar que las ofensas al Santísimo Sacramento no proceden solamente de sacrílegos atentados perpetrados por enemigos de la Iglesia. También provienen de un culto indebido, sentimental, mundano ¡y a veces hasta motivado por el negocio!, totalmente ajeno de la verdadera substancia de los dones que el Espíritu Santo dispensa e infunde en las almas.

Otro “espíritu” merodea no lejos de los altares, de las custodias y de los sagrarios para hacer daño. Atentan, pues, contra la Eucaristía, la saña de los malos y también la tibieza de los buenos.

Adoremos al Señor con ánimo reparador y no relativicemos el tesoro de estar en su compañía comportándonos de una manera irreverente. Adorar al Santísimo equivale a entrar en la corte del Rey de reyes y beneficiarnos del trato personal que dispensa Dios a hijos íntimos, no a vasallos desconocidos ¡Qué privilegio!

Santa Cruz, Bolivia, 1 de abril de 2017

Localidad Maquinista F. Savio (Gran Buenos Aires, Argentina) recibe imagen de Nuestra Señora de Fátima

Conducida por los Heraldos del Evangelio, la imagen de Nuestra Señora de Fátima fue recibida calurosamente por la comunidad de la Parroquia y Colegio “Inmaculada Concepción”, en la localidad bonaerense de Maquinista F. Savio (su territorio está en los partidos de Pilar y Escobar, provincia de Buenos Aires), perteneciente a la diócesis de Zárate-Campana.

Esta visita, requiere especial significado, al enmarcarse en las vísperas del centenario de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima, Portugal. El mensaje de la Santísima Virgen dado en aquella oportunidad, se hace hoy más actual que nunca, ya que entre otros, hace hincapié en la oración y la conversión personal como modo de rectificar el desviado rumbo del mundo moderno.

Las actividades se iniciaron en la mañana con los más pequeños del colegio, continuando con los de secundaria, para seguir con la Eucaristía presidida por el Padre Matías. Por último el sacerdote bendijo y entregó en misión un oratorio peregrino de María Reina del Tercer Milenio que visitará permanentemente numerosos  hogares de esa localidad del norte del Gran Buenos Aires.

Texto y fotos: Facebook/HeraldosEnArgentina

martes, 4 de abril de 2017

Entonces, ¿Quién eres Tú?

Juan 8, 21-30, V Martes de Cuaresma.

Por: H. Javier Castellanos, L.C. | Fuente: missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Oigo en mi corazón: "Busquen mi rostro".

Yo busco tu rostro, Señor, no me escondas tu rostro.

Indícame, Señor, tu camino y guíame por el sendero llano. Amén (Salmo 27)

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden venir". Dijeron entonces los judíos: "¿Estará pensando en suicidarse y por eso nos dice: A donde yo voy, ustedes no pueden venir?". Pero Jesús añadió: "Ustedes son de aquí abajo y yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados".

Los judíos le preguntaron: "Entonces, ¿quién eres tú?". Jesús les respondió: "Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que yo he oído decir a él es lo que digo al mundo". Ellos no comprendieron que hablaba del Padre.

Jesús prosiguió: "Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no haga nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseñó, eso digo. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a él le agrada". Después de decir estas palabras, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Señor Jesús, ¿quién eres? Permíteme preguntártelo abiertamente. Mi alma desea saberlo, mi corazón tiene sed de Ti. ¿Quién eres? El discípulo conoce a su maestro y las ovejas conocen a su pastor; ¡Tú eres mi Maestro, Tú eres mi Pastor, Señor!

¿Quién eres, Señor, que generas reacciones tan contrarias? Unos te odian intensamente, otros te aman hasta la locura. ¿Quién eres, Señor, para mí? Yo quiero estar del lado de los que te aman, aquellos que te acompañan hasta la cruz e incluso dan la vida por Ti. Quiero conocerte porque te amo, porque quiero seguir tu ejemplo y poner en práctica tus palabras.

¿Quién eres, Señor, que mueres en una cruz? Parece un absurdo, morir del modo más humillante y doloroso… y sin embargo, ahí mismo, sobre la cruz, nos muestras quién eres. "Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy." ¿Quién eres, Señor? ¿No eres Tú el Pastor que da la vida por las ovejas? ¿Acaso no eres Tú el Maestro que nos enseña a amar al Padre también en las horas de dolor?

¿Quién eres, Señor, que nos invitas a amar hasta el extremo? ¡Tú eres, el Hijo de Dios, Tú tienes palabras de Vida Eterna! Esto, Señor Jesús, lo creo, pero aumenta mi fe.

A Dios-Amor se le anuncia amando: no a fuerza de convencer, nunca imponiendo la verdad, ni mucho menos aferrándose con rigidez a alguna obligación religiosa o moral. A Dios se le anuncia encontrando a las personas, teniendo en cuenta su historia y su camino. El Señor no es una idea, sino una persona viva: su mensaje llega a través del testimonio sencillo y veraz, con la escucha y la acogida, con la alegría que se difunde. No se anuncia bien a Jesús cuando se está triste; tampoco se transmite la belleza de Dios haciendo sólo bonitos sermones. Al Dios de la esperanza se le anuncia viviendo hoy el Evangelio de la caridad, sin miedo a dar testimonio de él incluso con nuevas formas de anuncio.
(Homilía de S.S. Francisco, 25 de septiembre de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Ofreceré hoy a Dios un acto de servicio a los demás en casa o en el trabajo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

sábado, 1 de abril de 2017

Sevilla celebrará en 2018 Año Jubilar de la Esperanza de Triana

Sevilla (Martes, 28-03-2017, Gaudium Press) Sevilla se prepara para grandes festejos durante el 2018. Así lo hizo saber el Arzobispo, Mons. Juan José Asenjo con el anuncio de la celebración de un Año Jubilar por el 6º Centenario de fundación de la Hermandad Esperanza de Triana, cuya imagen titular es la venerada Virgen Esperanza de Triana.

Según ha informado la Archidiócesis de Sevilla en nota de prensa, este año de gracia ha sido concedido por la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede por solicitud de Mons. Asenjo, quien atendió la petición del hermano mayor de la confraternidad de la Esperanza de Triana, Alfonso de Julios.

Una vez conocido el anuncio, la Hermandad manifestó "su profunda satisfacción y su gratitud al Señor Arzobispo por la concesión de este año de gracia".

Hermandad Sacramental Esperanza de Triana
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Junto a la preciosa imagen de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, la Virgen de la Esperanza de Triana es una de las imágenes que representan a la dolorosa con mayor devoción en Sevilla / Foto: Hermandad Sacramental Esperanza de Triana.
La Hermandad Sacramental Esperanza de Triana nació en 1418, siendo la más antigua de Triana, y una de las más antiguas de Sevilla. Se estableció en la Real Parroquia de Señora Santa Ana, muy ligada con el gremio de los ceramistas.

Es una asociación pública de fieles que tiene por finalidad dar culto público al Santísimo Sacramento del Altar, así como culto a sus imágenes titulares: Nuestra Señora de la Esperanza y el Santísimo Cristo de las Tres Caídas. Devociones que por siglos vienen siendo promovidas por la confraternidad.

En comunión con la Iglesia Católica, la Hermandad también busca suscitar entre sus hermanos el sentido penitencial de la vida cristiana, "animando a la participación de los mismos en la vida de la Iglesia Diocesana, a la vez que fomentar el compromiso cristiano de sus miembros y el conocimiento de nuestra Fe y de la Buena Noticia del Evangelio, así como estar a disposición del Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla, en las tareas de Evangelización", dice la asociación.

Nuestra Señora la Esperanza de Triana
Venerada en la Capilla de los Marineros, la imagen data del siglo XVII, desconociéndose su autor. Junto a la preciosa imagen de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, la Virgen de Triana es una de las imágenes que representan a la dolorosa con mayor devoción en Sevilla.

De 1.70 metros de altura, su rostro habla de la belleza de Nuestra Señora, prese a la tristeza de su expresión. Por años ha sido sometida a innumerables restauraciones, siendo una de las más importantes la que realizó el escultor español Antonio Castillo Lastrucci tras un incendio ocurrido en mayo de 1898 que calcinó por completo su rostro y una mano.

El 7 de abril de 1983, mediante bula pontificia de San Juan Pablo II, a la venerada imagen se le concede la coronación pontificia. Evento que ocurrió el 12 de septiembre de ese año por manos del Cardenal Carlos Amigo Vallejo, por entonces Arzobispo de Sevilla. Esta coronación es la primera ocurrida en la Archidiócesis de Sevilla mediante bula pontificia.

Con motivo del 25º aniversario de la coronación, la imagen de la Esperanza de Triana es reconocida como Devoción Universal.

Con información del a Archidiócesis de Sevilla y Hermandad Sacramental Esperanza de Triana.

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Francisco y Jacinta Marto: los Santos no mártires más jóvenes en llegar a los altares

Fátima (Lunes, 27-03-2017, Gaudium Press) Francisco y Jacinta Marto, los pequeños videntes de Fátima, Portugal, a quienes se aprobó su canonización por parte del Papa Francisco tras certificarse un milagro atribuido a su intercesión, serán "los santos no mártires más jóvenes de la Iglesia, y nacieron aquí, en esta diócesis", según celebró la Hna. Angela Coelho, postuladora de la causa.

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Santos Francisco y Jacinta Marto
Si bien ya se tiene certeza sobre la canonización de los pastorcitos, no se ha dado una confirmación sobre la fecha de la ceremonia. "Pienso que es normal que el Papa aproveche su ida a Fátima para presidir la canonización, es el lugar más adecuado", indicó el Card. José Saraiva, Prefecto emérito de la Congregación para las Causas de los Santos, según informó Alfa y Omega. Por su parte, el Obispo de Leiria-Fátima, Mons. Antonio Augusto dos Santos Marto indicó que esa posibilidad "sería la guinda del pastel. Todos los deseamos. Pero el Papa es el que decide".

Uno de los obstáculos que tuvo que superar el proceso era el debate sobre si su edad les permitía la madurez suficiente para vivir las virtudes de manera consciente. Después de diez años de culminar el proceso diocesano, la Santa Sede reconoció las virtudes heroicas de los infantes, poniendo fin a la controversia.

Las reacciones de los dos videntes a las revelaciones privadas de la Santísima Virgen revelaron un carisma distinto en cada uno: Francisco desarrolló una viva sensibilidad por los agravios al corazón de Dios que lo llevaban a una oración contemplativa y a pasar horas en Adoración Eucarística. Jacinta por su parte sufrió un gran impacto al contemplar el misterio de la condenación de los pecadores y tuvo una notable compasión por ellos, ofreciendo muchos sacrificios para alcanzar su conversión, siguiendo los consejos de la Santísima Virgen.

Ambos Santos fallecieron a causa de una epidemia de gripe que les causó una neumonía y les hizo padecer el final de su vida con penalidades y aislados de su familia. Francisco murió el 04 de abril de 1919, dos días después de comulgar por última vez. Jacinta falleció el 20 de febrero de 1920 después de una recaída de la enfermedad.

Con información de Alfa y Omega.

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