martes, 15 de octubre de 2013

La divinidad de Jesús comprobada por sus propias doctrinas

Redacción (Lunes, 14-10-2013, Gaudium Press) Habiendo llegado Nuestro Señor a los treinta años, dio inicio a su vida pública, en la cual se presentó como Enviado del Padre, Mesías prometido e Hijo de Dios. Todo eso Él lo probó magistralmente, con su doctrina y con los varios milagros que quedaron registrados en las páginas de los Evangelios.

En el Evangelio de San Marcos, después de pronunciar el gran Sermón de la Montaña -un verdadero ejemplo de la grandeza, sublimidad y novedad de la doctrina enseñada por Él-, encontramos un pequeño pasaje en el cual Nuestro Señor nos dice: "No juzguéis que vine a abolir la ley o los profetas. No vine para abolirlos, sino para llevarlos a la perfección". (5, 17). Ahora, solo puede llevar la ley y los profetas a la perfección quien es un Dios.

1.jpg.pngYa en el Evangelio de San Juan, Él mismo se proclama la "Luz del Mundo" (8, 12), "el Camino, la Verdad y la Vida" (14, 6). Y en otro pasaje dice que "Conmigo está el Padre que me envió" (8, 16). Como nos explica Bartmann:

"Indudablemente muchísimas veces dice Jesús haber sido mandado por el Padre, pero, por causa de su unidad con el Padre, viene y habla también en el propio nombre, invocando la propia dignidad y autoridad. Lo que dice, Él lo ve y siente en la divinidad. Su doctrina no se deriva de la fe recibida de alguien que está más alto, tampoco es recibida y descubierta con la reflexión; mas viene de Dios, por inmediata visión de su esencia. Él atrae la propia fuente interior. ‘Nosotros hablamos de lo que sabemos y testimoniamos lo que hemos visto' (Jn 3, 11). El profeta dice: Así habla el Señor; pero Cristo: ‘Yo os digo...' ‘Quien conoce y posee al Hijo conoce y posee al Padre'". (Jn 8, 19; 14, 9). (1962, p. 114)

En medio del barbarismo existente en aquellos pueblos antes de la venida de Nuestro Señor, a fin de mantener el orden en el pueblo electo, encontramos un pasaje, por el cual nos queda claro qué razas existían en aquella época: "Si un hombre hiere a su prójimo, así como hizo, así se le hará a él: fractura por fractura, ojo por ojo y diente por diente; le será hecho lo mismo que él hizo a su prójimo" (Lv 24, 19-20). O sea, el criminal sería punido de manera igual al daño causado a otro; la punición sería equivalente al error cometido. Entretanto, con el adviento de Nuestro Señor a la tierra, en medio a la maravillosa doctrina enseñada por Él, encontramos un pasaje bien diferente de éste:

"Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo, diente por diente. Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y podrás odiar a tu enemigo. Yo, sin embargo, os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, orad por los que os [maltratan y] persiguen. Si amáis solamente a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen así los propios publicanos? Si saludáis apenas a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen esto también los paganos? Por tanto, sed perfectos, así como vuestro Padre celeste es perfecto." (Mc 5, 38. 43-44. 46-48)

Realmente es bien diferente del pasaje del Levítico, pues ahora no sería más "ojo por ojo, diente por diente", sino la nueva ley que Nuestro Señor nos vino a enseñar: el amor al prójimo, y más aún, el amor a la perfección: "Sed perfectos, así como vuestro Padre celeste es perfecto". He ahí otra prueba de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo: quien había revelado los preceptos del Levítico a Moisés fue el propio Dios; y Nuestro Señor sobrepuso a la ley del Levítico - como vimos arriba, la ley de la perfección: solamente un Dios-Hijo puede cambiar las leyes proferidas a Moisés por Dios-Padre.

Todas las palabras salidas de los labios de Jesús eran impregnadas de una sabiduría y de una autoridad sobre-humanas: "¡Jamás hombre alguno habló como este hombre!" (Jn 7, 46). He ahí más una prueba de la divinidad de Nuestro Señor, pues como nos dice Salim "los judíos, que reservaban el apelativo de "rabbi" - maestro, a los escribas que transmitían una doctrina, no lo negaban también a Nuestro Señor Jesucristo. Más que eso, reconocieron en su enseñanza una autoridad incomparable: ‘porque él enseñaba como quien tenía autoridad, y no como los escribas y los fariseos."

Por tanto, Nuestro Señor enseñaba con una autoridad tal que los propios judíos lo reconocieron como rabbi, aun no siendo jurídicamente.

Entretanto, la mayor prueba de su magisterio como Dios hecho Hombre era la perfecta armonía de su doctrina con su vida. Así dice Bartmann:

"Jesús busca inserir su doctrina en la vida de los oyentes e incesantemente los exhorta a realizarla: ‘La luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus obras eran malas. Pero aquel que practica la verdad, viene hacia la luz. Se torna así claro que sus obras son hechas en Dios'. (Jn 3, 19. 21); ‘Si alguien quiere cumplir la voluntad de Dios, distinguirá si mi doctrina es de Dios o si hablo por mí mismo' (Jn 7, 17). 

Primero da el ejemplo de perfecta observancia de lo que Él enseña; por eso, invita a los seguidores a aprender, no solamente de sus palabras, sino también de su modo de actuar, de sus acciones: ‘Os di el ejemplo para que, como yo os hice, así hagáis también vosotros'" (Jn 13, 15). (1962, p. 117)

Así, concluimos que la doctrina predicada por los Apóstoles y por la Iglesia no es sino la doctrina enseñada por Nuestro Señor Jesucristo: verdad y santidad. Esa doctrina posee una armonía maravillosa, una belleza, una grandeza, una evidencia siempre crecientes a todos los que a ella se aproximan. Podemos, entonces comprobar que las doctrinas propias del cristianismo, los dogmas, los secretos de la naturaleza divina revelados a la humanidad, no son producidos por ninguna ciencia humana o concepción filosófica, sino tienen una fuente divina; que la pureza de su moral, la sublimidad de los misterios, la dignidad del sacerdocio, la majestad de su culto y de sus ceremonias se levantan tan alto, que si existe una religión verdadera sobre la tierra, esta solo puede ser la Católica, predicada por Jesús de Nazaret, el Verbo hecho carne que habitó entre nosotros. (Cf Jo 1, 14)

Por el P. Felipe Isaac Paschoal Rocha, EP

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
BARTMANN, Bernardo. Teologia Dogmática. São Paulo: Paulinas, 1962. v. 2.
Bíblia Sagrada. 94. ed. São Paulo: Ave-Maria, 1995.
SALIM, Emílio José, Pe. Sciencia e Religião. São Paulo: Escolas Profissionais Salesianas, 1934.
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Cardenal Filoni describe el ideal de los sacerdotes: Hombres de Dios, amantes de la oración

Seúl (Sábado, 12-10-2013, Gaudium Press) Una reflexión sobre el sacerdocio y la debida preparación para este ministerio fue el centro del mensaje del Card. Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a los seminaristas y formadores de Corea del Sur. El purpurado sostuvo un encuentro en el Seminario Mayor de Seúl el pasado 05 de octubre y expuso el ideal al cual debe apuntar el candidato al Orden Sacerdotal. "Que sea un hombre de Dios, un hombre de oración", afirmó.

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Cardenal Fernando Filoni. Foto: Michele Mariano
El Card. Filoni destacó el crecimiento de la Iglesia coreana y su respuesta "con más de 1.500 jóvenes, a las necesidades pastorales futuras". su saludo se extendió a la totalidad de los alumnos de los seminarios de Corea y sus educadores. "El tiempo que pasáis en el seminario es un tiempo de discernimiento, de orientación y preparación para el servicio de Dios y de la Iglesia", comentó el purpurado.

El Prefecto expresó que la misión de la formación de los próximos sacerdotes es una tarea crucial a la cual se debe enfocar suficiente esfuerzo: "Deseo subrayar que la responsabilidad recae en los obispos y los formadores, los cuales no pueden dar a esta tarea una pequeña parte de su tiempo o una atención parcial".

El ideal de sacerdote

El objetivo marcado por el Cardenal para los futuros presbíteros corresponde al perfil del  sacerdote necesario en la época actual: "Que sea un hombre de Dios, un hombre de oración, un amante de la Liturgia de las Horas y de la oración personal; un hombre de gran virtud y caridad", exhortó el Prefecto. Además de esta condición, los nuevos sacerdotes deben estar formados profundamente en la Palabra de Dios y la sabiduría divina, según explicó.

Esta vida espiritual debe hacer trascender las responsabilidades y trabajos temporales del sacerdocio, por lo cual el Cardenal Filoni instó a los aspirantes a no concebirse como "burócratas o administradores de las cuestiones religiosas como de una asociación piadosa u organización no gubernamental (ONG). También alertó contra el convertirse en "ideólogos de un mensaje evangélico de tipo socializante según una lectura adecuada a las ciencias políticas y sociales", o asumir el rol de un "psiquiatra inmanente y autorreferencial, carente de la trascendencia y de la misión, y menos aún un tipo elitista, o que está lejos de la realidad, en un contexto de pesimismo sin cuerpo, lejos de Dios y los hombres”.

El Prefecto, responsable de guiar las actividades misioneras de la Iglesia, agradeció a los Obispos, profesores y demás formadores por su labor en los Seminarios. "Quiero asegurarles, queridos seminaristas, que también nuestra Congregación les sigue con mucha atención. Ustedes representan la esperanza de la Iglesia en Corea, una Iglesia viva y muy admirada en el mundo católico, así como en esta región de Asia", concluyó.

Con información de Zenit.

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Instituto de Historia, Facultad de Ciencias Humanas

lunes, 14 de octubre de 2013

El valor de la confesión oral hoy

Redacción (Jueves, 10-10-2013, Gaudium Press) En cierta ocasión, hace algunos siglos atrás, un personaje renombrado, contrario a las prácticas de piedad propias de la Iglesia, conversando con el anciano párroco de su ciudad, se burlaba de la confesión diciendo: Padre, yo no me confieso por la simple razón que no cometo pecados. El sacerdote, acostumbrado a este argumento en los largos años que llevaba ejerciendo su ministerio le respondió: siento pena por usted señor, pues, es verdad que existen personas que no pecan, pero yo conozco sólo dos tipos: aquellos que todavía no llegaron al uso de la razón, y aquellos que la perdieron.

Frente a esta respuesta ingeniosa del anciano párroco, creemos no tener necesidad de tratar en este artículo de si es propio del ser humano pecar, pues es evidente que cada uno de nosotros ha experimentado en algún momento el remordimiento o peso de conciencia por no haber hecho lo que debía en alguna circunstancia de la vida. Equivocarse es algo propio a nuestra naturaleza caída. Al abrir los ojos a la luz de la razón, el hombre se enfrenta a la toma de decisiones, que al no ser siempre bien resueltas, hacen experimentar el peso del error, del pecado.

Ahora, cuando nuestro alto personaje decía al sacerdote que él no cometía pecados, pensamos que de alguna manera su objeción más profunda no era tanto acerca del pecado en sí, sino más bien a la necesidad de ser confesados a alguien para ser perdonados.

Lo que ahora queremos abordar es justamente este punto, muy cuestionado, no sólo en nuestra época, sino desde hace ya un par de siglos en que la sociedad ha exacerbado el individualismo y la libertad personal; ¿por qué debo contarle a un hombre tan pecador como yo las cosas de mi intimidad? ¿Acaso no puedo reconciliarme con Dios directamente, en lo íntimo de mi corazón?

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Un poco de historia

No siempre la confesión oral fue la parte central del sacramento de la Penitencia. La historia nos muestra ser este uno de los sacramentos que más ha variado en sus formas desde cuando fue instituido por Jesús en el Cenáculo, después de la resurrección (Jn 20, 21-23) hasta lo establecido hoy por los últimos documentos magisteriales.[1] Pero siempre este elemento ha estado presente - es lo que intentaremos demostrar aquí - por responder a una necesidad antropológica del hombre compuesto de cuerpo y alma.

En sus inicios la confesión era más bien una condición necesaria para la imposición de la penitencia, ya que de acuerdo a las faltas del pecador, era aplicada la penitencia previamente establecida en diversos ‘penitenciarios'.[2] Pero es a partir del siglo XIII, cuando la confesión sustituye propiamente las ‘obras de penitencia', donde esta expresión oral de los pecados pasa a ser el elemento esencial dentro del sacramento. Esto en el siglo XVI se confirma y potencia con el Concilio de Trento, cuando la confesión pasa a tener una mayor importancia dentro de la espiritualidad cristiana.[3]

La confesión oral como condición relativa

Podría cuestionarse como las personas, que por diversas razones no pueden expresarse oralmente ante un confesor pueden beneficiarse del sacramento. Debemos decir que esto ya ha sido respondido por diversos teólogos, quienes apoyándose en el magisterio, concluyen ser esta una concesión de la Iglesia "que no debe entenderse de modo absoluto y material, sino relativo y formal (modo humano), según las condiciones físicas y morales del sujeto."[4] Entretanto, no se trata de que cada individuo determine si está en condiciones o no de confesarse oralmente, sino que existen una serie de concesiones a quienes particularmente están impedidos (como es el caso de los sordomudos por citar uno de tantos otros ejemplos).[5]

En condiciones normales, la Iglesia es bien clara cuando afirma: "la confesión individual e integra y la absolución constituyen el único modo ordinario con el que un fiel consciente de que está en pecado grave se reconcilia con Dios y con la Iglesia."[6]

Esta obligación no la pone la Iglesia porque quiere entrometerse y dirigir la vida de sus seguidores, sino que como madre quiere responder a una necesidad vital del hombre.[7] ¿Cuál es esa necesidad? Es la que veremos a continuación.

La confesión oral y su implicancia antropológica

Como ya habíamos dicho anteriormente, la conciencia de pecado es propio a la naturaleza caída del hombre, pero de esa misma manera es propio también a él la necesidad del perdón. Así, "desde el punto de vista antropológico, la oferta del sacramento viene a satisfacer acabadamente esta íntima precariedad del hombre caído, frente a la potencia destructiva del pecado. Gracias a la Penitencia, el cristiano cuenta con un instrumento de perdón."[8]

El hombre, constituido de cuerpo y alma, necesita por su naturaleza liberarse de alguna manera material de aquello que lo atormenta en su interioridad. Esto es algo que se puede ver como una expresión en las más variadas costumbres culturales. Veamos por ejemplo como se daban estos ‘ritos de expiación' en los pueblos antiguos cuando se había generado un estado de enemistad entre la comunidad y la divinidad. Arocena nos comenta:

"A menudo, esa ruptura se percibía por la aparición de una calamidad o una catástrofe natural, como síntoma indicador de que la armonía entre los hombres y la divinidad se había trastocado. La presencia de esa adversidad significaba que se había incurrido en algún «pecado», es decir: que se había violado algún «tabú», a consecuencia de lo cual se habían desencadenado las fuerzas maléficas, de las que aquél protegía; o bien que se había violado alguna de las leyes o ceremonias a las que estaba ligada la vida de la tribu. En el primer caso, el mal, que era manifestación de la fuerza funesta ya no retenida por el tabú, debía ser purgado en el cuerpo del pecador. Los tres grandes elementos purificadores eran el agua, el fuego y la sangre. Los modos de conseguir esta purgación eran muy diversos: 
sangrías, abluciones, vómitos... En el segundo caso, el dios del clan era aplacado por la confesión del propio pecado, seguida de una ofrenda a los difuntos, que expiaba la ofensa. 

De ahí que, desde la perspectiva de la antropología cultural, la confesión era, ante todo, una actitud humana liberadora. Confesar el pecado quería decir separarse, sacar fuera de uno mismo aquello que causaba el mal que se padecía."[9]

En la Iglesia, esta actitud liberadora se completa agregando el bálsamo regenerador de los efectos de la preciosa sangre derramada por Jesús en el Calvario, que con la absolución proferida por los labios del sacerdote borra la culpa de la ofensa. Pero para esto, repetimos, en los casos normales es necesaria esa declaración oral e individual.

Tribunal de misericordia: carácter medicinal de la confesión

2.png"La confesión es un acto por el que se descubre la enfermedad oculta con la esperanza del perdón."[10] El Aquinate aquí nos muestra un aspecto de la confesión oral que junto con el aspecto judicial, pastoral y paternal del sacramento de la penitencia completa esta necesidad de confesarse: el carácter medicinal del sacramento.

El pecador cuando peca se asemeja al enfermo con su enfermedad. Para el sacerdote, ministro del perdón, al igual que el médico, le es imposible recetar la medicina adecuada si el paciente no revela los síntomas de su enfermedad. San Jerónimo decía que si el enfermo se avergüenza de descubrir la llaga al médico, difícilmente este lo podrá curar, pues ‘la medicina no cura lo que ignora'.

Así también se refiere el magisterio de la Iglesia a este aspecto del sacramento: "Tribunal de misericordia o lugar de curación espiritual; bajo ambos aspectos el Sacramento exige un conocimiento de lo íntimo del pecador para poder juzgarlo y absolver, para asistirlo y curarlo. Y precisamente por esto el Sacramento implica, por parte del penitente, la acusación sincera y completa de los pecados, que tiene por tanto una razón de ser inspirada no sólo por objetivos ascéticos (como el ejercicio de la humildad y de la mortificación), sino inherente a la naturaleza misma del Sacramento."[11]

Analizando esta realidad desde la perspectiva actual y corroborando la triste situación de la disminución de la frecuencia por parte de los cristianos al sacramento de la penitencia, es paradójico ver por otro lado, como las consultas de los sicólogos están llenas de pacientes a la búsqueda de ser escuchados... Lejos estamos de querer acabar con estas prácticas que en muchas ocasiones acompañan con el rigor profesional a problemas complejos y difíciles de resolver, pero debemos reconocer que ningún sicólogo, por capaz que sea, puede dar lo que el sacerdote da en la confesión. En la confesión "algunos casos pueden requerir psicólogo, pero ningún psicólogo podrá sustituir al confesor en el acto y el significado de la confesión sacramental. Ninguna terapia de gabinete (consulta) podrá suplantar a la terapia del sacramento, cuando se celebra con todas sus condiciones y verdad."[12]

Debemos, entretanto, evitar considerar la confesión como un mero acto terapéutico. A veces el confesor debe hacer de psicólogo, sin embargo el carácter medicinal del sacramento está configurado principalmente con la alta medicina que otorga la cura inmediata y total de la enfermedad a través de la absolución sacramental de los pecados.

Ahora, "si la necesidad de discernir y de aplicar la medicina adecuada, exige la confesión, esto no supone que se ha de atormentar a los fieles con un interrogatorio que les lleve, más que al aprecio, al desprecio de la penitencia."[13] El sacerdote hará bien en asumir este papel de ‘cura de almas' a la hora de tratar con el penitente que frecuentemente con no poco esfuerzo está intentando descubrir su enfermedad.

La confesión regular, para el progreso espiritual

Ya que estamos analizando la confesión oral en su carácter medicinal, no podemos dejar de mencionar algo sobre el beneficio que esta nos trae cuando es regular.

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De la misma manera que catalogaríamos de negligente aquel que sólo acude al médico cuando está en un estado avanzado de enfermedad, al borde de la muerte, así también podríamos pensar de aquellos que pretenden acercarse a la confesionario sólo cuando estén en una situación de pecado mortal, ya habiendo perdido la amistad con Dios.

"La cualidad terapéutica de la Penitencia recomienda también el recurso al sacramento para los pecados veniales, justificado por la experiencia multisecular de la Iglesia como cauce idóneo para intensificar la conversión permanente del cristiano (CCE 1458). El bautizado que confiesa sus faltas y pecados veniales de forma asidua recibe de modo personal y, desde el discernimiento del ministro, el aliento oportuno que purifica y enciende una vida cristiana que no ha conocido quiebra"[14]

El propio Voltaire reconoció el beneficio que traía a los cristianos la confesión auricular de manera regular, diciendo que el sólo hecho de saber la persona que tendrá que presentarse delante de otro para recibir el perdón de su pecado, se tornaba la propia idea de la confesión en un freno para los vicios, especialmente de los ocultos.[15]

Así, sabiendo que no es una obligación confesarse a no ser una vez al año, la Iglesia anima a los fieles a acercarse con solicitud al tribunal del perdón: "Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (Cf. Cc. de Trento: DS 1680; ?CIC 988,2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu."[16]

Situarse frente a la verdad

Para concluir, gustaríamos de recordar una frase de San Alberto Magno en su comentario a las epístolas del Pseudo Dionisio: "la verdad es la medicina para el alma".

Es fundamental considerar, más aún en los tiempos actuales, la importancia de situarnos frente a lo que realmente somos y reconocer nuestras miserias. Hoy en día es tan incentivado el vivir de apariencias, que las personas no tardan en caer en grandes depresiones cuando se dan cuenta que todo ese mundo de fantasías que deseaban sostener en torno de sí, cae como un castillo de naipes al experimentar su propia fragilidad y contingencia.

Si tuviésemos la costumbre de enfrentar con humildad (no olvidemos lo dicho por la Santa de Ávila que homologaba la humildad con la verdad) y verdadero arrepentimiento nuestras flaquezas, para luego confesarlas al sacerdote que en nombre de Dios nos perdona, ciertamente tendríamos otra estatura moral para enfrentar los momentos difíciles que a todos los católicos nos toca y nos seguirá tocando vivir.

Por Cristián Núñez Durán
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[1] En los últimos cincuenta años han sido cinco los documentos más importantes en donde la Iglesia se ha pronunciado sobre el sacramento de la Penitencia: el Ordo Poenitnetiae (1974), el Código de Derecho Canónica (1983), Reconciliatio et Poenitentiae (1984), el Catecismo de la Iglesia Católica (1992) y Misericordia Dei (2002).

[2] Como ejemplo veamos las penitencias que se encontraban en libro penitencias de Finiano citado en (Philippe Rouillar. Historia de la penitencia, desde los orígenes a nuestros días. Ed. Mensajero, Bilbao, 1992): "1. Si alguien peca de pensamiento y se arrepiente enseguida, se golpeará el pecho, pedirá perdón a Dios, hará una penitencia apropiada, y estará curado.2. si alguien discute con los clérigos y los ministros de Dios, ayunará durante una semana a pan y agua; pedirá perdón a Dios y a su prójimo, humilde y sinceramente, y así se reconciliará con Dios y con el otro. (...) 8. Si un clérigo pega a su hermano o al prójimo y ha derramado su sangre, el crimen es el mismo que si lo hubiera matado pero la penitencia es diferente: ayunará un año a pan y agua y no ejercerá su ministerio"
[3] Cfr. Dionisio Borobio. El sacramento de la Reconciliación Penitencial. Ed. Sígueme, Salamanca, 2006. 301-303

[4] Ibíd., 307

[5]Para ver otros ejemplos referidos a estas excepciones podemos ver las citas a Domingo Soto en: Dionisio Borobio. El sacramento de la Reconciliación Penitencial. 312,ss
[6]Juan Pablo II. Carta apostólica Misericordia Dei, 1.a.Disponible en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_20020502_misericordia-dei_sp.html [fecha de consulta: 27 de octubre de 2011]
[7] Claro que ha habido casos aislados de clérigos que aprovechándose de esta forma del sacramento han querido manipular las conciencias, pero no podemos generalizar esta situación y elevarla por encima de miles de personas que a lo largo de la historia multisecular de la Iglesia se han visto beneficiados por este medio de obtener el perdón de Dios.

[8] Félix M. Arocena, Scripta Theologica sep-dic2009, Vol. 41 Issue 3, p745-783. Disponible en http://web.ebscohost.com.ezproxy.puc.cl/ehost/detail?vid=4&hid=119&sid=51c795e6-b830-41b7-8477-27da4a279505%40sessionmgr111&bdata=JnNpdGU9ZWhvc3QtbGl2ZQ%3d%3d#db=a9h&AN=47684854° [fecha de consulta: 29 de octubre de 2011]
[9] Ibíd.
[10] Tomás de Aquino,SummaTheológicaSuppl., q. VII, a. 1 co
[11]Juan Pablo II. Exhortación apostólica Reconciliatio et Poenitentiae. 31, II. Disponible en
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia_sp.html[fecha de consulta: 27 de octubre de 2011]
[12]Dionisio Borobio. El sacramento de la Reconciliación Penitencial. 317
[13]Ibíd. 309
[14]Félix M. Arocena, ScriptaTheologica sep-dic2009, Vol. 41 Issue 3, p745-783. (en línea)
[15] Citado en Antonio Royo Marín.Teología Moral para seglares, V. II, BAC, Madrid (1994), 334
[16]Catecismo de la Iglesia Católica, 1458. Ed. San Pablo, Bogotá (2000), 500


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El 19 de octubre será la beatificación del "Mártir del Evangelio de la alegría"

Budapest (Jueves, 10-10-2013, Gaudium Press) El próximo 19 de octubre será beatificado en Budapest, Hungría, Esteban Sandor, salesiano coadjutor quien es conocido como el "Mártir del Evangelio de la alegría".

La ceremonia de beatificación ocurrirá en la mañana en la céntrica plaza frente a la Catedral de San Esteban de Budapest, evento que será presidido por el Primado de Hungría, Cardenal Péter Erdo. También estarán presentes el Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos y salesiano, Cardenal Angelo Amato, y el Rector Mayor de los Salesianos, Don Pascual Chávez Villanueva, además de miembros de la Familia Salesiana procedentes de diversos países de Europa.

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Esteban Sandor.
Tras la solemne celebración de la beatificación, en la tarde, tendrá lugar la fiesta de los jóvenes en homenaje al nuevo beato que viene organizando el Movimiento Juvenil Salesiano de Hungría, una conmemoración que se extenderá hasta el domingo 20 de octubre en la Parroquia de Szolnok, ciudad de origen Esteban Sandor, donde habrá una Santa Misa que presidirá el Rector Mayor.

Previo a la ceremonia de beatificación, el viernes 18 de octubre, también tendrá lugar el Congreso de Coadjutores en Europa, una ocasión en la que se presentará el perfil del próximo beato, quien fue modelo del laico salesiano, puesto que vivió su vocación en medio de los jóvenes, animando oratorios y grupos juveniles.

Esteban Sandor

Esteban Sandor nació en Szolnok el 26 de noviembre de 1914. Fue el primero de tres hermanos y creció bajo un hogar de profundos valores religiosos. Fue un devoto y buen joven católico, tanto así que todos los días acudía a Misa con los Franciscanos, donde conoció un día el Boletín Salesiano y se sintió atraído por la espiritualidad de Don Bosco.

En la ocasión habló con su director espiritual y le expresó su anhelo de entrar a la Congregación Salesiana, algo que logró en 1936 cuando fue aceptado en el Clarisseum, donde realizó durante dos años el aspirantado, luego comenzó el noviciado, que debió interrumpir porque tuvo que prestar el servicio militar.

Sandor hizo sus primeros votos el 8 de septiembre de 1940 y se dedicó a la formación técnica de los jóvenes, una labor que incrementó al finalizar la Segunda Guerra Mundial cuando se involucró en la reconstrucción moral y material dedicándose a enseñarles algún oficio.

Tiempo después, en julio de 1946 realizó su profesión perpetua como Hermano Salesiano y en 1948 obtuvo el título de Maestro de Imprenta, formando a los jóvenes en este arte.
Tras un periodo de persecución de los colegios católicos, Esteban tuvo que escapar y refugiarse en las Casas Salesianas, además de trabajar con un nombre falso en imprentas públicas. En julio de 1952, mientras trabajaba, fue arrestado y nunca se volvió a saber de él.

Su proceso camino al honor de los altares fue abierto el 24 de mayo de 2006 y su decreto de martirio ocurrió el pasado 27 de marzo de 2013.

Con información de ANS y Salesianos de Don Bosco.

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Seminarista colombiano será beatificado este domingo. Es uno de los 522 mártires del Siglo XX en España

Redacción (Jueves, 10-10-2013, Gaudium Press) "¿Has venido de tan lejos para hacerte cura?", fue la pregunta que un miliciano le hizo a Jesús Aníbal Gómez, seminarista colombiano, antes de asesinarlo. Ante lo cual el joven de 22 años respondió: "Sí, señor y a mucha honra". "Pues si eres cura, bajas con todos", ordenó el miliciano.

Estas fueron las últimas palabras conocidas pronunciadas por el misionero claretiano que el próximo 13 de octubre será beatificado en la ciudad española de Tarragona, junto con 521 mártires del Siglo XX en España. El joven es el único colombiano de los mártires que serán beatificados este domingo.

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Jesús Aníbal Gómez en agosto 24 de 1935, un día antes de emprender su viaje a España / Foto: Archivo inédito Blog.
Dejó su país para culminar sus estudios de Teología

Jesús Aníbal nació el 13 de junio de 1914 en Tarso, municipio del departamento colombiano de Antioquia. El joven dejó su país para culminar sus estudios de Teología en España, para luego ser ordenado sacerdote en la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón Inmaculado de la Bienaventurada Virgen María, pero sólo alcanzó a vivir en la nación europea por año, ya que la muerte lo encontró en el camino.
El joven misionero fue fusilado el 28 de julio de 1933 junto con sus 13 compañeros seminaristas en la estación Fernán Caballero cuando se dirigía en tren de Ciudad Real a Madrid pretendiendo huir de la persecución religiosa.

Como subraya el padre Vicente Pecharromán, postulador de la canonización de los mártires claretianos, quien fue citado por Religión en Libertad, "la figura de Jesús Aníbal se destaca porque es el único mártir hispanoamericano dentro de los 270 religiosos de nuestra comunidad que murieron en la persecución religiosa española de 1936".

El municipio de Tarso espera las reliquias del beato

Las reliquias del seminarista actualmente reposan en una capilla de la Parroquia San Antonio María Claret de la ciudad española de Sevilla, junto con los cuerpos mortales de los 13 compañeros de martirio.

Pero en Tarso, la ciudad natal del próximo nuevo beato, esperan tener pronto sus reliquias, razón por la cual desde hace algún tiempo la Diócesis de Jericó inició la gestión para repatriarlas.

Este traslado podrá tomar meses, quizás años, pero mientras ocurre, como destaca el sacerdote claretiano y colombiano Orlando Hoyos, "que el Beato Jesús Aníbal Gómez ¡interceda por nosotros!".

Con esta beatificación, el joven claretiano pasará a ser el noveno beato colombiano, junto con Mariano de Jesús Euse Hoyos, el ‘Padre Marianito', y siete mártires de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que también fueron víctimas de la persecución religiosa en España.

Con información de Religión en Libertad y jesusanibalgomez.blogspot.com.

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Sacerdotes de Uruguay se darán cita en Montevideo para Encuentro Nacional

Montevideo (Jueves, 10-10-2013, Gaudium Press) Los sacerdotes diocesanos de Uruguay se reunirán el próximo 5 de noviembre en Montevideo para participar del Encuentro Nacional del Clero Secular. El evento, que es una iniciativa que se realiza ya desde hace varios años, ocurrirá en la Parroquia de la Inmaculada Concepción del Rincón del Cerro de la ciudad uruguaya.

El encuentro es promovido por la Zona Pastoral 4 de Montevideo con el propósito de reunir en un solo lugar a los presbíteros del país, para que compartan experiencias y renueven su comunión sacerdotal.

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Foto: CEU.
Con motivo de este encuentro, los sacerdotes del clero secular de la Zona 4 de Montevideo han dirigido un mensaje invitando a sus hermanos presbíteros para que participen de este evento: "Tus colegas del clero secular (...) te estamos invitando para nuestro Encuentro Nacional el próximo martes 5 de noviembre (...)Nos sentimos herederos de la primitiva iniciativa de la cual surgieron estos encuentros hace una montón de años en Punta Yeguas, donde nos recibían con tanta fraternidad los curas que residían allí en aquel entonces".

Durante el encuentro los sacerdotes concelebrarán la Santa Misa, ocasión donde se festejarán los aniversarios de bodas sacerdotales, y compartirán vivencias a través de eventos deportivos y culturales.

Con información de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU).

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jueves, 3 de octubre de 2013

Por qué Octubre es el mes del Rosario

Redacción (Miércoles, 02-10-2013, Gaudium Press) En la antigüedad, romanos y griegos poseían la costumbre de coronar sus estatuas con rosas u otras flores, simbolizando el homenaje y reverencia que a ellas prestaban. Adoptando para sí esa costumbre, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio, vestían sus ropas más bellas y adornaban sus frentes con coronas de rosas, mostrando el enorme contento que poseían de ir al encuentro del Señor. A la noche los cristianos recogían las flores, y por cada rosa recitaban una oración o un salmo por las mártires.

De ahí nació la costumbre recomendada por la Iglesia de rezar el rosario, que consistía en recitar los 150 salmos de David, que eran considerados una oración extremamente agradable a Dios. Entretanto, no todos podían seguir esa recomendación: saber leer en aquella época era reservado apenas a los cultos y letrados. Para los que no podían hacerlo, la Iglesia permitió substituir los 150 salmos por 150 Ave-Marías. A este "rosario" se pasó a llamar "el salterio de la Virgen".

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Poco antes de finalizar el siglo XII, Domingo de Guzmán se afligía con la situación de decadencia de su época, la gravedad de los pecados y el crecimiento de la herejía de los cátaros. Un día, decidió ir a rezar en un bosque, y pidiendo fervorosamente que Dios interviniese en la situación de la Cristiandad, comenzó a flagelarse con dureza tan grande, que acabó por caer desmayado. Apenas había recobrado los sentidos, cuando la Virgen Santísima le apareció y le dijo que la mejor arma para combatir la herejía y conseguir la conversión de los herejes no era la flagelación, sino la recitación de su salterio.

Dirigiéndose inmediatamente a la Catedral de Toulouse, Santo Domingo de Guzmán mandó tocar las campanas y reunió al pueblo. Cuando iba comenzar a hablar, una violenta tempestad se desencadenó con rayos y truenos. Entretanto, verdadero susto tuvieron los presentes cuando vieron la imagen de la Madre de Dios levantar el brazo derecho y amenazarlos con mirada terrible. En ese momento, Santo Domingo comenzó a rezar el Rosario, y con él todo el pueblo reunido en la catedral. A medida que rezaban la tempestad se calmaba, hasta que cesó completamente.

En otra ocasión, Santo Domingo haría un sermón en Notre-Dame de París en la fiesta de San Juan Bautista. Había preparado primorosamente su homilía, pero antes de hacerlo rezó fervorosamente el Rosario, y ahí la Virgen Santísima se le apareció y le dijo: "¡Tu sermón está bueno, pero éste que te doy está mejor!", y le dio uno que trataba de la devoción a su Santo Rosario, y cuánto ella agradaba a Dios y a la Virgen.

Por mucho tiempo la población pasó a rezar con devoción el Rosario. Sin embargo, pasados unos 100 años de la muerte de ese gran santo, el Rosario comenzó a ser olvidado. En 1349 hubo una terrible epidemia en España que devastó al país, a la cual le dieron el título de "muerte negra". Fue en esa ocasión que Nuestra Señora tuvo la condescendencia de aparecer, juntamente con su Divino Hijo y Santo Domingo, a fray Alano de la Roche, entonces superior de los dominicos en la misma provincia donde nació la devoción al Santo Rosario. En esa aparición la Virgen María pedía que fray Alano hiciese revivir la devoción a su Salterio.

Sin demora el padre Alano, junto con los otros frailes dominicos, comenzó a trabajar en la difusión de esa poderosa devoción, que tanto agrada a la Santísima Virgen. Fue con él que el Rosario tomó la forma que tiene hasta hoy, dividido en decenas y contemplando los misterios de la vida de Jesús y María. A partir de entonces esa devoción se extendió por toda la Iglesia

¿Cuándo se instituyó la fiesta del Santo Rosario?

¡Mar de Lepanto! Una inmensa batalla entre católicos y turcos se desarrolla. El entrechoque de las embarcaciones recuerda la conflagración final, cuando la bóveda celestial se enrrollará cual pergamino. Era el día 7 de octubre de 1571. Si los católicos perdiesen la batalla la Cristiandad sería sumergida por las huestes de Mahoma. La religión católica habría desaparecido para siempre.

A leguas de distancia, en Roma, San Pío V imploraba el auxilio divino, por intercesión de la Madre de la Iglesia. Inspirado, el santo Papa pide al pueblo romano que rece el Rosario por la victoria de sus hermanos.

En determinado momento, mientras despachaba asuntos urgentes, pero con su atención toda colocada en el peligro que corría la Cristiandad, aquel venerable anciano interrumpe los trabajos bruscamente y se dirige a la ventana. Los circunstantes quedan perplejos, no comprenden la actitud. Reina el silencio por breve espacio de tiempo, roto por la afirmación aún más misteriosa del Pontífice: ¡vencemos en Lepanto!

Manda reunir a los fieles y preparar la conmemoración por la milagrosa victoria de Don Juan de Austria, comandante de la flota. Una solemne procesión tiene lugar en las calles de la Ciudad Eterna. Días más tarde, llegan los emisarios de la escuadra trayendo la noticia ya antes anunciada por los Ángeles. Poco después estaba instituida la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias en el día 7 de octubre.

Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre para fiesta de Nuestra Señora del Rosario, y determinó que fuese celebrada en el primer domingo de octubre (día en que se venció la batalla en Lepanto). Actualmente la fiesta es celebrada en el día 7 de octubre.

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Octubre, el Santo Rosario y la intervención de la Santísima Virgen en la historia de la humanidad

Redacción (Miércoles, 02-10-2013, Gaudium Press) La Iglesia Católica dedica especialmente el mes de octubre a la promoción del rezo del Santo Rosario y celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario el día 07 como conmemoración de uno de los grandes favores que la Santísima Virgen otorgó a la Iglesia en 1571. Pero la devota práctica de la repetición del saludo del Arcángel Gabriel a la Madre de Dios tiene mucha más historia. 

Cuando las cuentas del Rosario se deslicen entre sus dedos durante este mes (y ojalá frecuentemente), puede estar seguro de que los siglos de la historia de la Iglesia, pasados y venideros, se escriben entre esas avemarías.

Una breve historia del Santo Rosario

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La Madonna del Rosario, de Luca Giordano.
Los antecedentes del Santo Rosario se rastrean comúnmente a la recitación de los 150 Salmos del Rey David, una devota y antigua práctica que era accesible sólo a las personas instruidas, capaces de poseer y leer los textos. Muchos otros fieles conmutaban la oración por la repetición del saludo del Arcángel a la Santísima Virgen, a lo que se llamó el "Salterio de la Virgen". Esta humilde oración reveló con el tiempo una especialísima predilección de la Madre de Dios, quien procuró elevarla a la devoción mariana más recomendada por los Pontífices en la historia.

En el Siglo XII, cuando el "Salterio de la Virgen" no tenía aún su forma actual, Santo Domingo de Guzmán recibió una revelación de enorme importancia. Habiendo hecho enormes penitencias por la difícil conversión de los albigenses, la Santísima Virgen le aconsejó su salterio como un arma mucho más eficaz que el flagelo con el cual se disciplinaba. El Santo se dirigió a la Catedral de Tours y convocó a los fieles para predicarles, pero se desató una terrible tormenta que sólo amainó con el rezo del salterio. Con esta señal sobrenatural comenzó un intenso apostolado para promover la devoción.

La labor apostólica de Santo Domingo obtuvo gran éxito de manos de la Santísima Virgen a través de esta oración, y su práctica se mantuvo en auge durante un siglo, hasta que fue paulatinamente cayendo en el olvido.

En 1349, en medio de la tragedia de la epidemia de la "muerte negra", otro dominico, el P. Alan de la Roche vio una aparición de Nuestra Señora, quien le pidió personalmente restaurar la devoción del salterio. El religiosos, junto con los frailes de su comunidad comenzaron una nueva campaña de fomento de la práctica, esta vez dándole su forma actual con la autorización de la Iglesia.

¿Por qué octubre?

La Batalla de Lepanto, por Paolo Veronese.
A pesar de que los milagros obrados por la intercesión de la Santísima Virgen son incontables, uno en especial mereció la institución del Día de la Virgen del Rosario el día siete de octubre. En el año de 1571, la civilización cristiana sintió que su supervivencia dependería de una batalla. La poderosa fuerza naval del Imperio Otomano desafió a la llamada Liga Santa: una armada formada por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. El enfrentamiento tenía tal importancia que Miguel de Cervantes, quien luchó aquel día, no dudó en llamarla "la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros".

Durante la batalla, los católicos rezaron el Santo Rosario por solicitud del Papa San Pío V y, a pesar de las dificultades, las fuerzas cristianas consiguieron hacerse con la victoria. Por este motivo, se ordenó el toque de las campanas y una solemne procesión, adjudicando a la Santísima Virgen el triunfo e instituyendo la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias en la fecha de la confrontación: el 07 de octubre. El Papa Gregorio XIII cambió el nombre de la solemnidad al de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

El Santo Rosario en nuestros días

En el mensaje de Fátima, en 1917, la Santísima Virgen actualiza para nuestra época el llamado a la oración del Santo Rosario y promete una vez más su intervención en la historia de la humanidad, dando origen a una renovada devoción. El Beato Juan Pablo II dedicó una Carta Apostólica a esta oración, en la que "el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor". El propio Pontífice señaló que esta oración tuvo gran importancia en todos los momentos de su vida, de la que afirmó: "El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad".

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Nuestra Señora de Fátima insistió en sus apariciones sobre la importancia del rezo del Santo Rosario. 
"El Santo Rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia", afirmó por su parte en 2009 Benedicto XVI. "Al contrario, el rosario está experimentando una nueva primavera". Siguiendo la reflexión del Beato Juan Pablo II, el Pontífice también renovó su invitación en 2012: " invito a rezar el Rosario personalmente, en familia y en comunidad, colocándonos en la escuela de María, que nos conduce a Cristo, centro vivo de nuestra fe".

El Santo Padre Francisco ha recomendado en varias oportunidades el rezo del Santo Rosario, y fue célebre su pregunta a los fieles en agosto de 2013: "¿Ustedes rezan el Rosario todos los días? ... ¿Seguro?". El Papa motivó a los católicos a profundizar en la devoción a la Santísima Virgen a través de esta p?actica. También invitó a renovar la confianza de los creyentes, ya que Nuestra Señora " nos acompaña, lucha con nosotros, sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal".

Por estos motivos, y en unión a la riquísima tradición de amor a la Santísima Virgen, ninguna invitación puede ser mejor en este mes de octubre que honrar la piadosa costumbre de rezar devotamente el Santo Rosario. En el día de hoy, tal como en 1571 y en tantas otras oportunidades, la historia de los hombres y de la Iglesia de Cristo pende de la cadenilla y las cuentas de la más arraigada muestra de oración sincera a la Madre de Dios.

Gaudium Press / Miguel Farías.

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Restaurada la Iglesia de San Juan de Esmirna, en Turquía

Izmir - Turquía (Miércoles, 02-10-2013, Gaudium Press) Con la presencia del secretario de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) fue inaugurada, después de un período de restauración, la Iglesia de San Juan de Esmirna, hoy ciudad de Izmir, en Turquía. Mons. Mariano Crociata presidió la misa de apertura.

Señala el L'Osservatore Romano, que se trata de una de las más antiguas e importantes iglesias de culto católico, en la Turquía Asiática.

Recordó en su homilía, Mons. Crociata, que las "raíces de la comunidad local están enraizadas en la era de los apóstoles y de los Padres de la Iglesia. Mostró la proximidad de la iglesia italiana con el Arzobispo de Esmirna, Mons. Ruggero Franceschini y la pequeña comunidad cristiana, mártir y en la diáspora, que vive en Turquía.

El trabajo de restauración contó con la ayuda de la CEI y bienhechores italianos. En la celebración también marcó presencia el Arzobispo de Capua, Salvatore Visco y el obispo de Pozzuoli, Gennaro Pascarella.

El edificio fue construido entre 1862 y 1874. Para su edificación, hasta el propio sultán otomano Abdul Aziz contribuyó con donativos.

La iglesia quedó cerrada por casi 50 años, siendo, en ese período, utilizada por las fuerzas armadas de los EE.UU. (PH)
Con informaciones de Vatican Insider.


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"Adopta seminaristas misioneros": comienza campaña de la Iglesia en Polonia para ayudar a la evangelización

Niepokalanow (Martes, 01-10-2013, Gaudium Press) Inspirados en el testimonio de Santa Teresa de Lisieux, quien fue declarada Patrona de las Misiones por ofrecerse espiritualmente desde la clausua de su convento por el bien de los misioneros, los católicos de Polonia podrán apoyar la labor evangelizadora de la Iglesia a través de una campaña que da inicio justo en la fiesta de esta Santa francesa. "Adopta seminaristas misioneros" es la invitación que la Pontificia Sociedad San Pedro Apóstol propuso y que encontró apoyo en las Sociedades Misioneras Pontificias (PMS).

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La labor de los sacerdotes misionesros debe fomentar la formación de sacerdotes oriundos de los territorios evangelizados. Foto: KAI.
"Deseamos crear una familia de personas que se reúnan para ayudar alos futuros sacerdotes y personas consagradas en los países de misión", explicó el Padre Tomasz Atlas, Director Nacional de las PMS en Polonia, en declaraciones difundidas por la agencia Fides. "Uno no puede hablar de verdadero crecimiento en la Iglesia local o en la Iglesia universal sin la presencia de sacerdotes nativos", comentó.

La iniciativa fue lanzada durante una reunión en Niepokalanaw (la "Ciudad de la Inmaculada", fundada por San Maximiliano Kolbe), Polonia, cuando se conmemoraron los 125 años de fundación de la Pontificia Sociedad San Pedro Apóstol y el aniversario número 80 de la muerte de su fundadora, Jeanne Bigard, en el mes de septiembre.

Como representante de los territorios de misión asistió el Padre Simeone Stachera, Director Nacional de las PMS en Marruecos, quien explicó a los presentes las dificultades para la evangelización en el norte de África, donde persisten serias limitaciones a la libertad religiosa. La reunión culminó con una Eucaristía presidida por Mons. Jozef Michalik, Presidente de la Conferencia Episcopal de Polonia.

Con información de Agencia Fides.

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miércoles, 2 de octubre de 2013

Los cinco oficios que son propios de los Ángeles

Redacción (Martes, 01-10-2013, Gaudium Press) No es raro encontrar quien piense que los Santos Ángeles están siempre desocupados, y pasan la eternidad tocando lánguidas arpas, distraídos de todo cuanto les circundan... ¡Triste apreciación sobre estos espíritus abrazados de amor a Dios, y repletos de celo por su causa!

Según San Roberto Belarmino, podemos deducir de las Sagradas Escrituras cinco principales oficios que Dios confió a los Santos Ángeles:

El primer oficio

El primero de ellos, y el más importante de todos, es cantar continuamente alabanzas e himnos al Creador. Eso puede parecer confirmar la teoría que encima condenamos. Sin embargo, nosotros hombres, tantas veces llevados por la agitación y la correría de la vida moderna, no sabemos dar el debido valor a Dios, y por eso menospreciamos el culto que le debemos. Lejos de ser un acto de aquello que se acostumbra erróneamente llamar de "beaterio", el culto que los Ángeles prestan a su Creador es como una llamarada cuya más minúscula chispa sería suficiente para abrazar el universo. Nos es difícil comprender esa sublime realidad, pero imagina, querido lector, que fueses llamado a cantar un himno de alabanza al Papa. ¿Considerarías eso un acto de "beaterio", o una honra suprema? Así, comprendemos en cuánta estima Dios tiene esa función, a la cual destinó no a los menores, sino a los Ángeles más sublimes.

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Oye a Isaías: "Vi al Señor sentado sobre un alto y elevado trono, y las franjas de su vestido llenaban el Templo. Los Serafines estaban por encima del trono; cada uno de ellos tenía seis alas; con dos cubrían su rostro, y con dos cubrían los pies, y con dos volaban. Y clamaban uno para el otro, y decían: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos toda la tierra está llena de su gloria". (Is. 6, 1-3)

"Tú los ves velar el rostro y los pies, lo que es señal de gran respeto, como si no osasen fijar la mirada en el rostro de Dios, ni mostrarles los pies. Tú los ves volar continuamente mientras cantan lo que demuestra su gran amor a Dios y el deseo de aproximarse cada vez más a Él". [1]

Vemos que para agradar al "Señor de los ejércitos" son necesarias esas dos virtudes: el amor y la veneración. A través del cántico los Ángeles manifiestan su caridad; velando respetuosamente el rostro y los pies demuestran respeto, temor y veneración.
"De cuánta veneración Dios es digno, si los supremos Príncipes del Cielo, que siempre lo asisten y siempre ven su rostro, ni por la tan grande elevación de su grado, ni por tan larga convivencia con Él, osan jamás descuidar el temor y la veneración que les deben, mientras cantan sus alabanzas.

"¿Qué responderás tú, polvo y ceniza, cuando en el día del Juicio, fueres acusado de somnolencia, y de distracción en una acción tan divina, a la que no eras digno de ser llamado? Aprende por lo menos para el futuro, instruido por tan insigne ejemplo, a incitarte, a cantar a tu Dios los debidos himnos de alabanzas, con temor y tremor, con atención y vigilancia, con amor y deseo." [2]

El segundo oficio

El segundo consiste en presentar a Dios las oraciones de los hombres, y de interceder por ellos. Eso lo certifica claramente la Escritura: "Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas a los muertos, y dejabas tu cena, yo [San Gabriel] presenté tus oraciones al Señor". (Tob. 12,12) Y en el libro del Apocalipsis San Juan describe una visión en la cual un Ángel portaba un turíbulo de oro a la espera de incienso, que eran las oraciones de los Santos, a fin de ofrecerlo a Dios. (Cf Ap 8,3)

Que gran gesto de bondad haber Dios establecido tan poderosos intercesores. No satisfecho en enviar Profetas que nos exhortasen, y hasta incluso a su propio Hijo Unigénito para redimirnos, quiso además constituir a los Ángeles como vehículo para hacer llegar al Creador nuestras oraciones.

¿Cuál no debe ser nuestra confianza y abandono en las manos de esos guardianes? No apenas celosos en cumplir este oficio por ser voluntad de Dios, lo hacen por amor a nosotros que somos, en el orden de la gracia, sus hermanos y coherederos de la misma bienaventuranza, destinados a vivir juntos por toda eternidad.

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El tercer oficio

El tercero es el de anunciar a los hombres los asuntos más importantes de Dios, como lo es la redención y la salvación eterna. En efecto así habla el Apóstol en su Epístola a los Hebreos: "¿No son, por ventura, todos ellos (los Ángeles) espíritus administradores, enviados para servir a favor de aquellos que han de heredar la salvación?" (Hb 1,14)
Fue un Ángel que anunció a Zacarías el nacimiento del Precursor: "Yo soy Gabriel, aquel que está delante de Dios, y fui enviado para hablarte y anunciar esta Buena Nueva." (Lc 1,19) Y a la Virgen María anunció el mayor de todos los acontecimientos habidos en la historia de la humanidad: "Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; y el nombre de la Virgen era María. Le dijo el ángel: ‘María, no temas, pues encontraste gracia delante de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al cual pondrás el nombre de Jesús. Él será grande y se llamará Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su padre David, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin' " . (Lc 1,26-27,30-33)

Podríamos también citar muchos otros episodios: después de la resurrección del Señor, a las mujeres que estaban en el Sepulcro, (Mt 28, 2-5) y después de la Ascensión, a todos sus Discípulos. (At 1, 10-11).

"La razón por la que Dios -que está en todo lugar, y puede por sí mismo hablar fácilmente al corazón de los hombres- quiere todavía mandar Ángeles, es, a lo que parece, para que los hombres sepan que Dios tiene el cuidado de las cosas humanas, y que es para ellos que gobierna y dirige el universo.

"Además de eso, los hombres podrían juzgar fácilmente, a veces, que sus inspiraciones divinas no eran sino sus propios pensamientos, o fruto de su propia imaginación. Pero cuando ven, u oyen que Ángeles son mandados por Dios, y que aquello que esos Ángeles predicen ocurre puntualmente como habían dicho, no pueden dudar de que la Providencia de Dios gobierna las cosas humanas, y dirige y dispone particularmente aquellas que conciernen a la salvación eterna de los electos." [3]

El cuarto oficio

El cuarto oficio angélico es el de proteger a los hombres. Eso puede darse individualmente o en conjunto. Dios"confía a sus potentísimos siervos a la debilidad de los mortales, a fin de que cuiden de ellos como los preceptores de los niños, los tutores de sus pupilos, los abogados de sus partes, los pastores de sus ovejas, los médicos de los enfermos, los defensores de sus protegidos, o como los protectores de aquellos que son incapaces de defenderse si no se abrigan debajo de las alas de los poderosos." [4]

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Así lo testifica David cuando dice: "Mandó a sus Ángeles cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos." (Sl 99,11) El propio Cristo, siempre verdadero, lo certifica: "Mirad, no despreciéis alguno de estos pequeñitos, porque yo os digo que sus Ángeles en los Cielos ven siempre el rostro de mi Padre, que está en los Cielos". (Mt 18,10) San Juan, en el Apocalipsis, menciona al Ángel de la Iglesia de Éfeso, el Ángel de la Iglesia de Esmirna, y también los Ángeles de otras Iglesias. (Cf Ap 2, 1-8)

"De modo que en cada Nación hay dos Jefes: uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel; y en cada Iglesia dos son los Obispos: uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel; y en la Iglesia Católica Universal hay dos Sumos Pontífices, establecidos por Nuestro Señor Jesucristo, uno visible, hombre, y uno invisible, Ángel, el cual creemos ser el Arcángel San Miguel, venerado primero como protector por la Sinagoga de los Judíos, y venerado ahora por la Iglesia de los Cristianos, como su protector." [5]

¿Qué decir de la ingratitud de despreciar semejante auxilio? Tenemos un Ángel designado por Dios para custodiarnos ininterruptamente y hacemos poco caso?... ¿Cómo extraviarse de las sendas de la virtud teniendo a nuestro lado, y siempre a nuestra disposición, un tan admirable Consejero? ¿Cómo desanimar y desistir de recurrir al auxilio sobrenatural en nuestras contrariedades y fracasos, y, hasta incluso pecados y vicios, cuando tenemos alguien dispuesto a escucharnos y curar las heridas de nuestra alma? ¡Oh terrible juicio nos aguarda si no cambiamos nuestra conducta con nuestro celeste Guardián! No tendremos que cosa alegar delante del Juez, pues nos dio la más excelente protección, el Consejero más sabio y el Protector más perspicaz para guardarnos.

El quinto oficio

"Es de ser soldados, o jefes armados para tomar venganza de las naciones y reprender a los pueblos. (Sl 149, 7)

"Son esos Ángeles que quemaron con el fuego y el azufre las ciudades infames (Gn 19,24); que mataron a todos los primogénitos de Egipto (Ex 12, 29); que postraron muchos millares de Asirios con un solo golpe (IV Reis, 19,35); serán esos Ángeles que en el día final separarán a los hombres malos, de los justos, y los lanzarán en el fuego ardiente del infierno. (Mt 13, 41, 42)

"Amén, pues, los hombres piadosos sus conciudadanos los santos Ángeles; tiemblen los impíos delante del poder de los Ángeles, administradores de la cólera de Dios Omnipotente, de cuyas manos nadie podrá librarlos." [6]

________________________________________
[1]San Roberto Belarmino, Elevación de la mente a Dios por los grados de las cosas creadas. Noveno grado. Capítulo VI .
[2] Idem.
[3] Idem.
[4] Idem.
[5] Idem.
[6] Idem.


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