jueves, 1 de diciembre de 2011

Evangelio del día

2011-12-01 - Evangelio según San Mateo 7,21.24-27

Publicado 2011/12/01
Autor : Sagrada Biblia

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

Libro del profeta Isaías 26,1-6

Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá: "Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres."

Salmo 117

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres, mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes.

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor. Ésta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

Evangelio según San Mateo 7,21.24-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente."

sábado, 26 de noviembre de 2011

Alfonso Aguiló, "La bella y la bestia", Hacer Familia nº 211, 1.IX.11

Desde tiempo inmemorial, y en los más variados rincones del planeta, se han relatado muchas historias sencillas, de esas que tienen la misteriosa capacidad de transmitir enseñanzas que por mucho que varíen los tiempos siempre son universales.

La historia de la Bella y la Bestia, que se ha conocido mundialmente sobre todo gracias a la adaptación de Walt Disney, es una antigua leyenda que se ha difundido en muy diversas versiones. Es la historia de un príncipe que vive en un precioso castillo, con todas las riquezas que se pueda imaginar pero sin amor en su corazón. Es egoísta, autoritario y vanidoso. Una noche de invierno, una anciana harapienta llama a su puerta y le pide ayuda para no morir de frío. El príncipe se niega, y la anciana se convierte en una hechicera que desata el poder de su magia y lanza sobre él un hechizo que lo transforma en una bestia repugnante. Al irse, le explica la única forma de deshacer el conjuro: que antes de los 21 años aprenda a amar y llegue a ser amado por alguien; de lo contrario, su aspecto se quedará así para siempre.

El joven se encierra desesperado en su castillo, seguro de que nadie será capaz de amar a una bestia con semejante figura. Tiempo después, un viejo mercader que ha perdido su camino en la noche se detiene a pedir posada en el castillo encantado y la Bestia lo encierra en sus mazmorras. Unos días más tarde, la única hija del mercader, siguiendo la pista del caballo de su padre, llega al castillo e implora a la bestia que lo libere. La Bestia pone una condición: que se intercambie por su padre y quede encerrada en el castillo para siempre. Ella acepta.

Pasan los meses y la chica empieza a descubrir que tras aquel horrible aspecto hay otros valores. A su vez, él se va contagiando de la bondad de aquella joven que, con su carácter, le descubre un mundo que jamás había imaginado, ni siquiera cuando lo tenía todo, y se enamora de ella. Una tarde, a través de un espejo mágico, la chica ve con horror cómo las gentes de su pueblo han escuchado a su padre la historia del castillo encantado y piensan que ha perdido el juicio y van a encerrarlo en un manicomio. La Bestia, al ver el dolor de la muchacha, la deja marchar. Ella corre hacia el pueblo y explica lo sucedido. A pesar de sus ruegos, se organiza una expedición para acabar con la Bestia, que se deja prender sin resistencia, ya que sin su amada ya no desea vivir. Cuando ella llega y lo ve muerto en el suelo, rompe a llorar sobre su cadáver. Esas lágrimas deshacen el hechizo y aquel cuerpo inerte se transforma en el cuerpo del apuesto príncipe que antes había sido.

Se trata de una historia que, en sus diversas variantes, ha conmovido a millones de corazones a lo largo de los siglos, y que apunta hacia un principio innegable: la principal belleza está en el corazón, en aprender a querer a los demás y a darse a ellos sin esperar nada a cambio. Así es como se logra ser feliz, y también es, de modo habitual, como se logra que los demás nos quieran.

Muchas veces, por temor a sentirnos vulnerables, encerramos nuestros sentimientos en una coraza de despego y de arrogancia. Quizá apenas nos damos a los demás por miedo a que se aprovechen de nuestros buenos sentimientos, y por ese miedo perdemos grandes oportunidades de querer y ser queridos. O quizá consideramos inalcanzable cambiar nuestro carácter y nos encastillamos en nuestra individualidad, sin esforzarnos en encontrar una salida. O damos demasiada importancia al atractivo externo, pese a que sabemos bien que son cosas que apenas resisten la prueba del tiempo.

Muchas personas hacen grandes sacrificios por mejorar su aspecto externo, y eso es positivo en cuanto supone un esfuerzo por hacer más agradable la vida a los demás. Pero, por encima de la apariencia externa, hay que cuidarse de no ser engullido por la espiral de decepción que siempre produce el egoísmo, y que tantas veces tardamos demasiado en desenmascarar. La falta de amor agría el carácter y deja al descubierto nuestros peores defectos, que ya no se templan por el afecto desinteresado. En cambio, como describe esta historia, el sacrificio asociado al amor busca la felicidad del otro y proyecta a las personas hacia cotas mucho más elevadas de satisfacción personal.

La última estampa - cuentos para niños

Publicado 2011/11/26
Autor : Hna. Michelle Viccola, EP

Por un momento los niños pensaron regresar, pues la lluvia empezaba a apretar y el viento helado calaba hasta los huesos. Pero, ¿desistir faltando tan poco?

El grupo de monaguillos de la parroquia de Nuestra Señora del Amparo era muy numeroso y entusiasta. Todos los sábados tenían una reunión con el P. Romualdo que les contaba historias de la vida de los santos, milagros eucarísticos, así como intervenciones prodigiosas de la Virgen María en favor de sus hijos.

Mateo formaba parte de él. Había nacido en el seno de una familia muy unida y católica y desde pequeño había aprendido a rezar con fervor. Poco después de la Primera Comunión se convirtió en un dedicado monaguillo, ayudando siempre en las Misas con seriedad y compenetración.

En casa, solía escuchar a sus padres y a su abuela quejarse al ver cómo había tantos individuos en su ciudad alejados de la Iglesia por mera indolencia, sin que el párroco tuviera medios de evitarlo. Y pensaba: “De mayor quiero ser misionero. Iré a visitar a todas esas personas y les diré que no se pueden comportar de esa manera. ¡La Misa es tan bonita y vale tanto!”.

Conforme pasaba el tiempo ese deseo iba aumentando en su inocente corazón, produciéndole una enorme inquietud: tan sólo tenía nueve años y aún faltaba mucho para ser un hombre... ¿Por qué no empezar ya? Al manifestarle su anhelo al P. Romualdo, a éste se le ocurrió la idea de crear un grupo infantil de misioneros con los monaguillos. Los sábados irían de casa en casa llevando estampas, medallas y alguna ayuda a los más necesitados. Rezarían con todos los miembros de la familia y aprovecharían la ocasión para invitarlos a la Misa dominical.

Mateo no cabía en sí de contento. Los demás niños también se animaron y cada semana salían en grupos de tres o cuatro, cantando y llevando alegría a los hogares. Estos pequeños y valientes evangelizadores enseguida se hicieron conocidos y amados por todos en la ciudad.

Habían pasado varios meses sin que el entusiasmo de los chicos hubiera disminuido. Sin embargo, llegó el invierno con sus lloviznas, neblinas y bajas temperaturas.

Después de la comida del sábado, la cama caliente y acogedora preparada con cariño por las madres invitaba a un merecido reposo... El grupo de infantes misioneros iba reduciéndose paulatinamente.

Aquel sábado, especialmente gris, llovía y hacía frío y sólo Mateo y su amigo Santiago acudieron a la parroquia. El P. Romualdo admiró su valentía y su celo por las almas, pero los recibió con normalidad, como cualquier otro sábado.

Mateo se adelantó y dijo:

— Padre, si los demás no aparecen, no importa. Nosotros dos podemos formar una pareja sin problema. ¿Usted tiene estampas y medallas para repartir?

Y Santiago añadió:

— ¡Eso! No tenemos miedo de la lluvia ni del frío.

El sacerdote disfrazó su emoción y despidió a los niños con una bendición muy especial.

Los dos se fueron contentos, cantando y bien abrigados, sin desanimarse ante las puertas que no se abrían e incluso las ventanas que se cerraban estruendosamente, precedidas por voces malhumoradas que se quejaban del mal tiempo...

Al final de la tarde, tras recorrer bastantes casas, aún les quedaba una estampa, precisamente la de Nuestra Señora del Amparo. Por un momento pensaron regresar, pues la lluvia empezaba a apretar y el viento helado calaba hasta los huesos. Pero, ¿desistir faltando tan poco?

Entonces, Mateo le dijo a su amigo:

— Sólo nos queda una... ¿Quién sabe si la Virgen la ha reservado para alguien muy necesitado? Vamos a llamar a la puerta de esa casa tan triste.

Al entrar en el jardín, los niños tocaron las palmas y gritaron con fuerza, pero no apareció nadie...

Iban a darse ya la media vuelta cuando la puerta se entreabrió y un hombre de pelo cano y de fisonomía abatida les dijo titubeante:

— Buenas tardes... Una alegría iluminó la cara de los chiquillos:

— ¡Buenas tardes! Hemos venido a traerle una sonrisa de la Virgen María. ¡Tenga, es nuestra última estampa!

El pobre hombre abrió de par en par los ojos y no dijo nada. Cogió la estampa y enseguida enormes lagrimones rodaron por su rostro gastado por los años. Los niños procuraron consolarlo contándole algunos hermosos ejemplos de la bondad de María y le dijeron unas palabras de ánimo. Después regresaron a la parroquia con el corazón exultante.

Ese domingo muy temprano, mucho antes de la primera Misa, el P. Romualdo fue sorprendido por la visita de un hombre bien vestido que le pedía la confesión. El buen sacerdote le atendió con mucha bondad y le ayudó a reconciliarse con Dios, tras haber estado muchos años alejado de los sacramentos.

Era el que vivía en aquella casa lúgubre. Cuando llamaron a su puerta, se hallaba horriblemente trastornado por sus problemas. Estaba ante la inminencia de cometer una locura. No obstante, la insistencia del que llamaba le obligó a interrumpir sus nefastos pensamientos para ir a abrir la puerta.

Cuando lo hizo, se encontró con la fisonomía angelical de dos niños que, sonriendo, empezaron a hablarle de las misericordias y del amparo de la Virgen. Y se dio cuenta de que allí estaba la solución a sus dificultades.

Ahora bien, sabía que su actual situación era consecuencia de ciertas deshonestidades que había cometido hacía algunos años. Y, con certeza, no podía esperar la indispensable ayuda de María sin antes reconocer su culpa y procurar reconciliarse con Dios... Una buena confesión le daría la oportunidad de dejarlo todo atrás y comenzar una nueva vida.


El sábado siguiente, el P. Romualdo le contó a su grupo de pequeños evangelizadores lo que había ocurrido. Los niños se quedaron impresionados. E hicieron el propósito de no desistir nunca más de hacer apostolado, cualesquiera que fueran los obstáculos. Porque cuando uno menos lo espera, Dios nos llama para ser instrumentos de salvación de aquellos que están a nuestro alrededor.

Frase

Dios mío, no se lo que será el nuevo día que entre luces y sombras viviré, pero se que si tu vienes conmigo, no fallara mi fe.

Evangelio del día

2011-11-26 - Evangelio según San Lucas 21,34-36
Publicado 2011/11/26
Autor : Sagrada Biblia

Hasta que llegó el anciano para hacer justicia a los santos del Altísimo, y empezó el imperio de los santos.

Libro del profeta Daniel 7,15-27

Yo, Daniel, me sentía agitado por dentro, y me turbaban las visiones de mi fantasía. Me acerqué a uno de los que estaban allí en pie y le pedí que me explicase todo aquello. Él me contestó, explicándome el sentido de la visión: "Esas cuatro fieras gigantescas representan cuatro reinos que surgirán en el mundo. Pero los santos del Altísimo recibirán el reino y lo poseerán por los siglos de los siglos."

Yo quise saber lo que significaba la cuarta fiera, diversa de las demás; la fiera terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba y pateaba las sobras con las pezuñas; lo que significaban los diez cuernos de su cabeza, y el otro cuerno que le salía y eliminaba a otros tres, que tenía ojos y una boca que profería insolencias, y era más grande que los otros. Mientras yo seguía mirando, aquel cuerno luchó contra los santos y los derrotó. Hasta que llegó el anciano para hacer justicia a los santos del Altísimo, y empezó el imperio de los santos.

Después me dijo: "La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, diverso de todos los demás; devorará toda la tierra, la trillará y triturará. Sus diez cuernos son diez reyes que habrá en aquel reino; después vendrá otro, diverso de los precedentes, que destronará a tres reyes; blasfemará contra el Altísimo e intentará aniquilar a los santos y cambiar el calendario y la ley. Dejarán en su poder a los santos durante un año y otro año y otro año y medio.

Pero, cuando se siente el tribunal a juzgar, le quitará el poder, y será destruido y aniquilado totalmente. El poder real y el dominio sobre todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos.

Interleccional: Daniel 3,82-87

Hijos de los hombres, bendecid al Señor. Bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor. Siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor. Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Evangelio según San Lucas 21,34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre."

jueves, 24 de noviembre de 2011

Nuevo libro de Benedicto XVI narra vida de la Virgen para niños

Publicado 2011/11/22
Autor: Gaudium Press
Sección: Europa

Ciudad del Vaticano (Martes, 22-11-2011, Gaudium Press) Las librerías italianas están divulgando "María, la Madre de Jesús", el más reciente libro escrito por el Papa Benedicto XVI.

En un estilo propio, el libro tiene una característica especial: fue escrito para niños. En sus 48 páginas es bastante ilustrado con dibujos del artista italiano Franco Vignazia. La edición estuvo a cargo de la "Piccola Casa Editrice".
En el libro, mostrando todas las festividades litúrgicas que la Iglesia dedica a la Santa Madre de Dios, el Papa recorre las etapas de la vida de la Virgen María.

El cardenal arzobispo de Milán, Mons. Angelo Scola es el autor del prefacio. Él explica que de las varias representaciones de Nuestra Señora, el Pontífice se detiene en una, en particular, que pertenece a la iconografía de la tradición bizantina. Es la llamada "Virgen de la ternura", que retrata al Niño Jesús con su rostro pegado al rostro de su madre.

En el prefacio, publicado por el "L'Osservatore Romano", Mons. Scola adelanta que, al leer el libro del Papa, los niños podrán notar que la madre de Jesús, "concebida sin pecado" es, en realidad, como nosotros: "Vivió las mismas alegrías que nosotros, los mismos dolores, momentos felices y momentos difíciles, fatigas como las nuestras y el mismo entusiasmo, siempre confiando y colocándose en las manos de Dios". Y que, cuando llegan los momentos sombríos, María nos enseña a no desanimarnos delante de cosas "que no funcionan o van mal".

El cardenal invita a los niños a leer el libro del Papa y hace votos de que a través de esas páginas, descubran que vale la pena vivir y confiar en María. Él sugiere que los niños se arrodillen a los pies de la cama y recen todas las noches un Ave María. "Yo hago eso y me ayuda mucho", garantiza el cardenal.

Con informaciones de la Radio Vaticana.

Gaudium Press / João Sergio Guimaraes

2011-11-24 - Evangelio según San Lucas 21,20-28

2011-11-24 - Evangelio según San Lucas 21,20-28
Publicado 2011/11/24
Autor : Sagrada Biblia

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Libro del profeta Daniel 6,12-28

En aquellos días, unos hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios. Entonces fueron a decirle al rey: "Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe hacer oración, durante treinta días, a cualquier dios o cualquier hombre fuera de ti, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?" El rey contestó: "El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas." Ellos le replicaron: "Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni al decreto que has firmado, sino que tres veces al día hace oración a su Dios."

Al oírlo, el rey, todo sofocado, se puso a pensar la manera de salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol hizo lo imposible por librarlo. Pero aquellos hombres le urgían, diciéndole: "Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, un decreto o edicto real es válido e irrevocable." Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones. El rey dijo a Daniel: "¡Que te salve ese Dios a quien tú veneras tan fielmente!"

Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso, y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, para que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel. Luego el rey volvió a palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir. Madrugó y fue corriendo al foso de los leones. Se acercó al foso y gritó afligido: "¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones ese Dios a quien veneras tan fielmente?" Daniel le contestó: "¡Viva siempre el rey! Mi Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como tampoco he hecho nada contra ti."

El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso. Al sacarlo, no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios. Luego mandó el rey traer a los que habían calumniado a Daniel y arrojarlos al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado al suelo, y ya los leones los habían atrapado y despedazado.

Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra: "¡Paz y bienestar! Ordeno y mando que en mi imperio todos respeten y teman al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin. Él salva y libra, hace signos y prodigios en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones."

Interleccional: Daniel 3,68-74

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor. Témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor. Noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor. Rayos y nubes, bendecid al Señor. Bendiga la tierra al Señor.

Evangelio según San Lucas 21,20-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito.

¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación."

¿Por qué te deprimes?

Sheila Morataya-Fleishman

“La misión del pensamiento es clarificar y ordenar el mundo que aparece en las vivencias endotímicas”. - José Antonio Marina.

¿Cómo está tu cabeza? ¿Puedes identificar el motivo verdadero de tu melancolía? Si no es así, ¿podría ser que hay mucho desorden? Tal vez hay cosas que a la larga te impiden ver y vivir sabiendo que como mujer tienes una vocación que “es”, que te llama a desarrollarte en el mundo, en la sociedad como “mujer”. La sociedad en la que tú y yo vivimos tiene una necesidad enorme de mujeres emocionalmente sanas y fuertes, que se nieguen ferozmente a ceder a sentimientos de muerte, melancolía y tristeza pues ellos te impiden iluminar y nutrir aquello para lo cual estás llamada. Es preciso aprender a vivir no enfocada en tus necesidades de una manera desordenada (pues las tienes), sino desarrollando a los otros y nutriéndoles es como pasarás a colmar las tuyas propias.

Quizá te encuentres deprimida porque no tienes el trabajo que deseas, las cosas con las que sueñas o porque el hombre que ansías no llega y te pasas las horas y los días lamentándote por esto y sumergida en una profunda tristeza.

¿Te has puesto a pensar que siendo una mujer soltera como lo eres hasta hoy, se te está proporcionando la oportunidad de prepararte cada vez más y hacer cosas que nunca más podrás hacer cuando pases a ser una mujer casada?

Si éste es tu caso te animo a que sacudas las escamas de la tristeza y te revistas del vestido de la alegría. No hay nada más refrescante que ver a una mujer alegre. Pon en papel aquellas cosas que a partir de hoy mismo puedes empezar a hacer para olvidarte de todo lo que necesitas afectivamente. Entre ellas:

– Tomar cursos de desarrollo personal.
– Registrarte en clases de tenis o golf.
– Pertenecer a un grupo en la Iglesia.
– Hacer una visita a los asilos de ancianos una vez a la semana.
– Plantar un jardín.
– Irte al cine a ver una película sintiéndote feliz de estar contigo a solas.

Puede que tu caso sea diferente y ya eres una mujer casada y con hijos. Todo estaría bien para ti si él fuera más atento, si tuviera detalles especiales y no se pasara las horas trabajando. Muchas veces, se trata de tomar decisiones maduras, cargadas de inteligencia creativa y poner en marcha un plan de acción para fortalecer el matrimonio y salir de la depresión.


¿Qué puedes hacer?

– Decidirte vivir en el mundo estrecho de la tristeza abandonándote a una vida rutinaria y gris o lanzarte desde dentro a nutrir tu matrimonio poniendo tú misma los detalles, las comas y los acentos. Se requerirá mucha conciencia de tu parte de que lo haces porque a ti te da la gana y no porque simple y sencillamente no te queda otra salida. Cuando como mujer casada tomas decisiones para mejorar tu matrimonio lo importante es que lo hagas porque hay amor que vale la pena salvar, porque sabes que así te autotrasciendes y creces y no porque te dejas llevar por un mito o la pura resignación.

– Si ves que se acerca un nuevo aniversario y él no da señales de tener planes, comienza tú a planear lo que puedes hacer para que éste sea un aniversario especial. ¿Tal vez tú lo invitas a comer y le das un par de regalos? O ¿prefieres seguir esperando a que él lo olvide este año? Tú decides quejarte, entristecerte o amar.

– Reflexiona acerca de tu propia actitud interior para estar feliz o triste. Si tu caso es una depresión normal (es decir no hay necesidad de medicamentos especiales o visitas al psicólogo) piensa si hay una raíz de egoísmo que te lleva a cerrarte y dar todo lo que puedes dar. Pedirle a una mujer que sea generosa en nuestros días muchas veces es visto como un sacrificio extraordinario o una proeza que sólo pueden hacer las mujeres que no tienen personalidad o seguridad en ellas mismas. Nada más falso que esto, pues como mujer tienes la capacidad nata en ti misma de hacerlo, de estar en el mundo para acoger la vida y poder darse como un flujo y reflujo entre el todo de la vida y el todo de tu propia donación, * lo importante es que te decidas a hacerlo y al hacerlo te sientas feliz.

– ¿Ya no te acaricia? Lánzate otra vez, olvídate de tu orgullo y bésalo tú, toma de nuevo su mano, derrite el hielo y al hacerlo siéntete orgullosa y feliz de poder experimentar lo que se siente cuando te decides a actuar como una verdadera mujer. Al principio tal vez podrás enfrentar un debate interior entre el dar y quitar, incluso podrás sentir una sensación de tristeza (el egoísmo quiere que pienses sólo en él), pero si lo estás enfocando con la visión que da la madurez y la conciencia de que la fundación del amor está anclada en la voluntad y las ganas de hacer que tu matrimonio funcione todo marchará sobre ruedas.


Depresión o amor

Amiga, te invito a que busques y encuentres lo que causa tu depresión y te impide salir al encuentro de los otros. Cuando como mujer no te nutres de los valores que vivifican la vida y te impulsan a dar, caes en el peligro de volverte egoísta y de llenar tu pensamiento de filosofías que no te llevan a tu propio bien y al bien de los otros. Como mujer en tu composición orgánica-genética posees la fuerza necesaria para obligarte a ti misma a interpretar y discernir el motivo de tu tristeza o depresión. La pregunta valiente: ¿por qué me siento o actúo así?

Probablemente te llevará a la conclusión de que tienes que llenar tu vida de algo más, de ese valor fundamental que te hace no cansarte nunca de dar y te obliga a vivir con tus ojos puestos en el cielo. Cuando el alma de mujer interioriza de verdad su vocación al amor entonces de verdad también puede nutrir y transformar.

sábado, 19 de noviembre de 2011

"Calma, deja que corra el tiempo" San Josemaria Escriva de Balaguer

Estás intranquilo. -Mira: pase lo que pase en tu vida interior o en el mundo que te rodea nunca olvides que la importancia de los sucesos o de las personas es muy relativa. -Calma: deja que corra el tiempo; y, después, viendo de lejos y sin pasión los acontecimientos y las gentes adquirirás la perspectiva, pondrás cada cosa en su lugar y con su verdadero tamaño. Si obras de este modo serás más justo y te ahorrarás muchas preocupaciones. (Camino, 702)

No os asustéis, ni temáis ningún daño, aunque las circunstancias en que trabajéis sean tremendas, peores que las de Daniel en la fosa con aquellos animales voraces. Las manos de Dios son igualmente poderosas y, si fuera necesario, harían maravillas. ¡Fieles! Con una fidelidad amorosa, consciente, alegre, a la doctrina de Cristo, persuadidos de que los años de ahora no son peores que los de otros siglos, y de que el Señor es el de siempre.

Conocí a un anciano sacerdote, que afirmaba –sonriente– de sí mismo: yo estoy siempre tranquilo, tranquilo. Y así hemos de encontrarnos siempre nosotros, metidos en el mundo, rodeados de leones hambrientos, pero sin perder la paz: tranquilos. Con amor, con fe, con esperanza, sin olvidar jamás que, si conviene, el Señor multiplicará los milagros. (Amigos de Dios, 105)

Educar la sensibilidad: afán de aprender

Como ha escrito José Antonio Marina, nunca podemos estar seguros de lo que otra persona ve. Aunque sigamos con atención su mirada, no podemos adivinar el paisaje que está viendo. Ambos podemos estar viendo aparentemente lo mismo, pero ignoramos el nivel donde está instalada la percepción del otro.

Un paisaje no es el mismo, por ejemplo, para la mirada de un pintor que para la de una persona que va de caza. Cada uno recibe percepciones distintas. No es sólo que vean las mismas cosas y luego las interpreten de modo diferente, sino que la percepción de cada uno es filtrada por el valor y el significado que aquello tiene para él.

Un ejemplo claro es el lenguaje escrito: nos cuesta mucho mirar un texto sin leerlo; si entendemos esa lengua, no vemos unos extraños garabatos, sino que la mirada inteligente se resiste a detenerse en esos signos, y va más allá: no sólo ve, sino que lee, recibe inevitablemente una percepción elaborada, y su atención se desplaza según el significado de lo que va leyendo.

Los hombres, en la vida diaria, sometemos la realidad a un interrogatorio continuo, y de la sagacidad de nuestras preguntas dependerá el interés de sus respuestas y nuestra posibilidad de enriquecernos con ellas.

Al hombre con afán de aprender le sucede lo mismo que al niño, que cada vez es más exigente a la hora de aceptar una respuesta. El niño repite una y otra vez las mismas preguntas: ¿qué es esto?, ¿por qué esto es así?, ¿qué hace?, ¿por qué hace eso?, pero no siempre le valen las mismas respuestas. Según unos estudios publicados por Branderburg y Boyd en Estados Unidos, los niños entre cuatro y ocho años formulan en un diálogo normal un promedio de 33 preguntas por hora (sin duda un gran estímulo para la paciencia familiar). Al principio, la pregunta ¿qué es esto? queda contestada con el nombre de la cosa; más adelante, sin embargo, habrá que añadir otras explicaciones, porque el niño espera más, necesita más; y volverá quizá a hacer las mismas preguntas, pero entonces el interrogante que ha de ser satisfecho será más profundo.

El hombre, a través de su observación, su reflexión y sus preguntas, aprende desde muy niño a mirar y a entender el mundo que le rodea. Desde los primeros momentos de la vida hay un claro interés por aprender, por preguntar, por apropiarse del mundo de los otros.

Uno de los más eficaces empeños educativos ha de ser enseñar a preguntar.

La insensibilidad, la incapacidad de relacionarse con lo que es complejo o profundo, es una de las más amargas fuentes de infelicidad, porque niega a las personas acceder a su propia singularidad, porque dilapida toda una fortuna de posibilidades que se nos presentan de continuo a cada uno. Las personas insensibles afirman quizá que todo eso les da igual, que están bien como están, pero cuando un día despierten y vean lo que han perdido, se lamentarán con verdadero pesar.

Sería una pena que el transcurso de los años acabara por marchitar ese natural y espontáneo deseo infantil de aprender. Un deseo que nos aleja del peligro de volvernos conformistas e insensibles, que nos impulsa a profundizar en las cosas, a mejorar nuestra sensibilidad, nuestra capacidad de discernimiento, a descubrir esa parábola que late bajo cada situación y cada eventualidad, cuando se contemplan con atención.

A lo mejor pensamos que, por la razón que sea, esa capacidad ya poco puede crecer en nosotros, pero probablemente no sea así. Podemos aprender a discernir mejor. Podemos enriquecernos aún mucho con las aportaciones de los demás. Podemos –y debemos– ganar en sensibilidad.

El ser humano no sólo sabe lo que sabe, sino que también sabe que ignora muchas otras cosas.

Como apuntó Jerome Bruner, si no hay constatación de la ignorancia, no habrá tampoco esfuerzo por aprender ni por enseñar.

Quien no tenga ese afán de indagar, detectar y subsanar la ignorancia propia y ajena, difícilmente podrá educar bien.

La capacidad de aprender está hecha de muchas preguntas y de algunas respuestas; de una continua búsqueda nunca totalmente satisfecha; de un sano sentido crítico; de una sana y activa receptividad hacia la gente que nos merece autoridad moral. Por eso, como tantas veces se ha dicho, lo importante es enseñar a aprender. Formar cabezas que no sean simples almacenes de conocimientos, sino personas capaces de pensar por sí mismas, capaces de buscar y encontrar la información relevante y fiable que necesitan, y capaces luego de tomar decisiones.

Una buena educación debe potenciar la capacidad de preguntar y de preguntarse.

Una sana inquietud sin la cual difícilmente se llega a saber sobre las cosas, aunque se puedan repetir de carrerilla.

Es una cuestión ardua y difícil. Una prueba de que las cosas deben mejorar aún bastante es que en la educación primaria e infantil los profesores se ven agobiados por lo mucho que preguntan los niños, mientras que en la universidad se quejan de que los alumnos apenas preguntan en clase. ¿Qué ocurre en esos años que separan la escuela de las facultades para que se les pasen las ganas de preguntar?


Alfonso Aguiló
http://www.interrogantes.net/

Evangelio del día

2011-11-19 - Evangelio según San Lucas 20,27-40
Publicado 2011/11/19
Autor : Sagrada Biblia

Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán.

Primer libro de los Macabeos 6,1-13

En aquellos días, el rey Antíoco recorría las provincias del norte, cuando se enteró de que en Persia había una ciudad llamada Elimaida, famosa por su riqueza en plata y oro, con un templo lleno de tesoros: escudos dorados, lorigas y armas dejadas allí por Alejandro, el de Filipo, rey de Macedonia, que había sido el primer rey de Grecia. Antíoco fue allá e intentó apoderarse de la ciudad y saquearla; pero no pudo, porque los de la ciudad, dándose cuenta de lo que pretendía, salieron a atacarle. Antíoco tuvo que huir, y emprendió el viaje de vuelta a Babilonia, apesadumbrado.

Entonces llegó a Persia un mensajero, con la noticia de que la expedición militar contra Judá había fracasado: Lisias, que había ido como caudillo de un ejército poderoso, había huido ante el enemigo; los judíos, sintiéndose fuertes con las armas y pertrechos, y el enorme botín de los campamentos saqueados, habían derribado el arca sacrílega construida sobre el altar de Jerusalén, habían levantado en torno al santuario una muralla alta como la de antes, y lo mismo en Betsur, ciudad que pertenecía al rey. Al oír este informe, el rey se asustó y se impresionó de tal forma que cayó en cama con una gran depresión, porque no le habían salido las cosas como quería.

Allí pasó muchos días, cada vez más deprimido. Pensó que se moría, llamó a todos sus grandes y les dijo: "El sueño ha huido de mis ojos; me siento abrumado de pena y me digo: "¡A qué tribulación he llegado, en qué violento oleaje estoy metido, yo, feliz y querido cuando era poderoso!" Pero ahora me viene a la memoria el daño que hice en Jerusalén, robando el ajuar de plata y oro que había allí, y enviando gente que exterminase a los habitantes de Judá, sin motivo. Reconozco que por eso me han venido estas desgracias. Ya veis, muero de tristeza en tierra extranjera."

Salmo 9

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, proclamando todas tus maravillas; me alegro y exulto contigo y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.

Porque mis enemigos retrocedieron, cayeron y perecieron ante tu rostro. Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío y borraste para siempre su apellido.

Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron, su pie quedó prendido en la red que escondieron. Él no olvida jamás al pobre, ni la esperanza del humilde perecerá.

Evangelio según San Lucas 20,27-40

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos.

Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella."

Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob".

No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos." Intervinieron unos escribas: "Bien dicho, Maestro." Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Frase

Tu gracia Señor inspire nuestras obras, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo brote de ti, como de su fuente.