A petición del Sr. Nuncio Apostólico en el Salvador, Mons. Luigi Pezzutto, los Heraldos del Evangelio tuvimos el honor de realizar un concierto de villancicos para todo el cuerpo diplomático acreditado en país.
Entre los ilustres invitados, se encontraban distinguidas autoridades eclesiásticas como Mons. Jose Luis Escobar Alas, Arzobispo de San Salvador, Mons. Fernando Sáenz Lacalle, Obispo emérito de San Salvador, Mons. José Elias Rauda Gutiérrez, Obispo de San Vicente y Mons. Jesús Delgado quien con sus inspiradas poesías intercalando las diferentes músicas, amenizó la elegante velada.
En esta ocasión, el nutrido grupo de niñas del coro del sector femenino de los Heraldos, también tuvo participación en el evento, interpretando un variado y bien elaborado repertorio natalino.
Después del mensaje navideño, proferido por el Señor Nuncio, fue servido un coctel para todos los embajadores e invitados.
martes, 14 de diciembre de 2010
Concierto Navideño en la Nunciatura Apostólica
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Nuestra Señora del "Grand Retour"
Publicado 2010/12/13
Autor: Gaudium Press
Sección: Espiritualidad
Redacción (Lunes, 13-10-2010, Gaudium Press) En 1943, padecía el mundo las horribles consecuencias de la guerra mundial. En la Francia invadida y humillada, millares de familias sufrían la angustia de tener un pariente muerto, prisionero o desaparecido. Cabizbajos, los franceses veían las tropas extranjeras marchar gloriosas por sus ciudades semidestruidas por los bombardeos enemigos. Aflicción y amargura imperaban en los espíritus.
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lunes, 13 de diciembre de 2010
Minuto con María - La Grandeza de María
Dios siempre está dispuesto a colmar a sus hijos de bienes y a saciar todas nuestras aspiraciones.
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Santo del día
Santa Lucía
Publicado 2010/12/13
Autor : Catholic.net
Mártir, 13 de diciembre
Con el descubrimiento, hecho en 1894, de la inscripción sepulcral sobre el “loculus” o sepulcro de la santa en las catacumbas de Siracusa, desaparecieron todas las dudas sobre la historicidad de la joven mártir Lucía, cuya fama y devoción se deben en gran parte a su legendaria Pasión, posterior al siglo V. La inscripción se remonta a comienzos del siglo V, cien años después del glorioso testimonio que dio de Cristo la mártir de Siracusa.
Epígrafes, inscripciones y el mismo antiguo recuerdo litúrgico (se debe probablemente al Papa Gregorio Magno la introducción del nombre de Santa Lucía en el Canon de la Misa) demuestran la devoción desde antiguo, que se difundió muy pronto no sólo en Occidente, sino también en Oriente.
Lucía pertenecía a una rica familia de Siracusa. La madre, Eutiquia, cuando quedó viuda, quería hacer casar a la hija con un joven paisano. Lucía, que había hecho voto de virginidad por amor a Cristo, obtuvo que se aplazara la boda, entre otras cosas porque la madre se enfermó gravemente. Devota de Santa Águeda, la mártir de Catania, que había vivido medio siglo antes, quiso llevar a la madre enferma a la tumba de la santa. De esta peregrinación la madre regresó completamente curada y por eso le permitió a la hija que siguiera el camino que deseaba, permitiéndole dar a los pobres de la ciudad su rica dote.
El novio rechazado se vengó acusando a Lucía ante el procónsul Pascasio por ser ella cristiana. Amenazada de ser llevada a un prostíbulo para que saliera contaminada, Lucía le dio una sabia respuesta al procónsul: “El cuerpo queda contaminado solamente si el alma es consciente”.
El procónsul quiso pasar de las amenazas a los hechos, pero el cuerpo de Lucía se puso tan pesado que más de diez hombres no lograron moverla ni un palmo. Un golpe de espada hirió a Lucía, pero aun con la garganta cortada la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes para con Dios a los de las criaturas, hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra Amén.
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Evangelio del día
Publicado 2010/12/13
Autor : Sagrada Biblia
En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: "¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?"
Libro de los Números 24,2-7.15-17ª
En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: "Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel! Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella."
Y entonó sus versos: "Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel."
Salmo 24
Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.
El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes.
Evangelio según San Mateo 21,23-27
En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: "¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?" Jesús les replicó: "Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venia, del cielo o de los hombres?" Ellos se pusieron a deliberar: "Si decimos "del cielo", nos dirá: "¿Por qué no le habéis creído?" Si le decimos "de los hombres", tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta." Y respondieron a Jesús: "No sabemos." Él, por su parte, les dijo: "Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto."
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Medalla milagrosa
La Medalla Milagrosa fue acuñada y se difundió con una sorprendente rapidez por el mundo entero, y en todas partes fue un instrumento de misericordia, arma terrible contra el demonio, remedio para muchos males, medio simple y prodigioso de conversión y de santificación.
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sábado, 11 de diciembre de 2010
¿Qué es el Magisterio de la Iglesia?
Redacción (Lunes, 05-12-2011, Gaudium Press) Sentado en una barca se encontraba el Divino Maestro enseñando a la multitud que, a las márgenes del lago, escuchaba la serena y encantadora tonalidad de la voz de Dios. Allí enseñaba Él por medio de muchas parábolas, entre ellas la del sembrador. "Dijo Él: Un sembrador salió a sembrar. Y, sembrando, parte de la semilla cayó a lo largo del camino; los pájaros vinieron y la comieron. Otra parte cayó en suelo pedregoso, donde no había mucha tierra, y nació en seguida, porque la tierra era poco profunda. Luego, sin embargo, cuando el sol nació, se quemó, por falta de raíces. Otras semillas cayeron entre las espinas: las espinas crecieron y las sofocaron. Otras, en fin, cayeron en tierra buena: dieron frutos, el ciento por uno, sesenta por uno, treinta por uno" (Mt 13, 4-8). ¿Qué simboliza esta semilla? La Palabra de Dios (cf. Mt 13, 19), sea ella contenida en la Sagrada Escritura o en la Sagrada Tradición.
Entretanto, ¿será que Dios dejaría su Palabra Eterna e Inmutable, a merced del Maligno - como alude esta parábola - o la abandonaría en un suelo pedregoso o entre las espinas (cf. Mt 13,19-22), quedando así expuesta a las innúmeras intemperies que los siglos producen?
Fue justamente para preservar de los innúmeros males que pudiesen sobrevenir, que preparó una tierra buena y fértil la cual, acogiendo la semilla sana, rindiese frutos "cien por uno, sesenta por uno, treinta por uno" (Mt 13,23). Este suelo fecundo se llama Magisterio de la Iglesia, al ser oído y comprendido, enseña a los demás la doctrina infalible. Su altísima misión es: proteger a su Pueblo de los desvíos y las relajaciones, y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica [1]. El Magisterio es un instrumento que nos garantiza estar de acuerdo con la doctrina de los Apóstoles, enseñada a ellos por el propio Divino Maestro. Por tanto, la obligación del Magisterio está en cuidar que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad. Así, "para ejecutar este servicio, Cristo dotó a los pastores del carisma de infalibilidad en materia de fe y de costumbres" [2].
Si no fuese el Magisterio...
Sin el Magisterio el grande y bello edificio de la doctrina verdadera estaría sujeto a la infiltración de la heterodoxia [3] y así, podría mezclarse con el error, un antro de confusión, caos y horror. La propia Iglesia, fuente de la luz y la unión fraterna, sería un abismo de desorden y desunión. Y, como consecuencia, dejaría de caminar rumbo al cumplimiento del deseo de Dios: que todos sean un solo corazón y una sola alma (cf. 1Pd 3,8).
Imaginemos, por ejemplo, una gran ciudad donde vivan millones de personas. Podemos decir que casi todos los habitantes poseen un reloj. Por tanto, en esa ciudad existen millones de relojes. Son innúmeros, pero no serviría de nada si no hubiese un reloj puesto por Dios, llamado sol, por el cual los hombres pudiesen saber la hora precisa. Los relojes particulares entran en desacuerdo, uno adelanta, otro atrasa. Por causa de la soberbia humana, la persona no querrá reconocer que su reloj está equivocado, y que el otro está correcto. De ese modo sucedería que, por falta del reloj infalible, según el cual todos los otros se deben regular, nadie tendría la hora correcta. Esta imagen ilustra algo de la mente humana: cada hombre piensa a su manera. Argumentan, discuten, y acaban no convenciéndose enteramente. O hay alguien capaz de determinar con acierto: "¡esto es tal cosa!", o nadie acaba conociendo la verdad.
Cuando en la Edad Media, la ciencia había progresado lo bastante para que se pudiesen fabricar relojes mecánicos, estos comenzaron a ser colocados en las torres de los templos católicos. Por eso, se decía con mucha poesía que la Iglesia indicaba la hora correcta del pensamiento humano. Para Ella, todos se dirigen corrigiendo sus "relojes" individuales, quiere decir, sus mentes. En materias tan esenciales para nosotros, como Fe y moral, era necesario que hubiese alguien con la misión de enseñar y que no cayera en equivocación al interpretar la Revelación. Ese es el "reloj" que regula la humanidad: el Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana [4]. Si el mundo lo abandona, se va dejando invadir por el desatino y por toda suerte de extravíos. Por eso, es preciso que creamos firmemente en aquellas definiciones que el Magisterio de la Iglesia declara como siendo reveladas por Dios y como enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo [5].
"Quot caput tot setentia"
El Papa León XIII en pocas palabras comenta la necesidad de que exista ese principio ordenador de todo: "Si la doctrina celestial de Jesucristo, aunque en gran parte esté consignada en libros inspirados por Dios, hubiese sido entregada a los pensamientos de los hombres no podría por sí misma unir a los espíritus" [6].
Esta enseñanza del Papa, nos hace recordar aquel viejo proverbio tan común a nuestros oíos: "Quot caput tot setentia" (cada cabeza una sentencia). Ese adagio nos da la oportunidad de explicar el motivo por el cual a lo largo de los tiempos fueron surgiendo varias sectas con la intención de dar una sentencia correcta -o mejor, de acuerdo con sus intereses- a los diversos pasajes de la Sagrada Escritura que podrían parecer un poco oscuros o difíciles de ser interpretados. Cada una de esas ideas inusitadas e inauditas impregnadas de la libre interpretación puede ser comparada a una cabeza con sentencias distintas de las demás. Sin embargo, ocurre que Nuestro Señor es la única Cabeza de un único Cuerpo, y fue a este único Cuerpo que Él entregó el ‘múnus' de enseñar.
Iglesia, columna y sustentáculo de la verdad (Cf. 1 Tm 3,15)
Por esa razón, el más augusto y valioso de los tesoros, el patrimonio sagrado de la fe, también llamado de "depositum fidei", contenido en la Sagrada Tradición y en la Sagrada Escritura, fue confiado por los apóstoles a la totalidad de la Iglesia [7]. "Pero para que el Evangelio siempre se conservase inalterado y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores a los Obispos, entregándoles su propio encargo de Magisterio" [8]. La Iglesia, por tanto, tiene la asistencia del Espíritu Santo, para guardar santamente, explorar más profundamente, anunciar y exponer con fidelidad toda la verdad revelada [9]. El Magisterio es el eco de la voz del Divino Maestro que continuamente habla a los hombres y que se hace oír a través de la Iglesia. Y por eso, Nuestro Señor la fundó y la conservó: para transmitirle la continuación de la misma misión que Él recibió de Dios Padre [10].
Fue a los Doce Apóstoles que el Divino Maestro dijo: "Id, pues, y enseñad a todas las naciones; bautizadlas en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñadlas a observar todo lo que os prescribí" (Mt 28, 19,20). Y también: "Quien os oye, a mí oye; y quien os rechaza, a mí rechaza; y quien me rechaza, rechaza a aquel que me envió" (Lc 10,16).
Entretanto, no era solamente a las naciones de la época de los Apóstoles, que Nuestro Señor se refería al dar el mandato de predicar el Evangelio. Pues Él: "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1Tm 2,4). Esa Su voluntad salvífica no admite ninguna excepción ni incluso limitación por parte del tiempo, y por eso prometió: "estaré con vosotros hasta el final de los tiempos" (Mt 28,20).
Acerca de eso, escribe San Jerónimo: "Quien promete estar con sus discípulos hasta la consumación de los siglos, muestra con eso que sus discípulos vivirán siempre, y que Él mismo no cesará de estar con los creyentes" [11]. Pero, agrega la Encíclica Satis Cognitum: "¿cómo habría de suceder esto únicamente con los apóstoles, cuya condición de hombres les sujetaban a la ley suprema de la muerte? La Providencia divina había, pues, determinado que el Magisterio instituido por Jesucristo no estaría restringido a los límites de la vida de los apóstoles, sino que duraría siempre" [12].
Camino más seguro
Dios depositó en nuestros corazones un anhelo y una sed por la verdad, que aunque ya comienza a saciarse aquí en la Tierra, solo obtendrá su plena satisfacción en la Visión Beatífica, donde veremos cara a cara a Aquel que es la propia Verdad (Cf. Jn 14,6). Entretanto, aquí en este valle de lágrimas no siempre encontramos esa verdad, y debido al pecado original fácilmente caemos en el error. Así, a fin de que sin grandes dificultades pudiésemos alcanzarla, Dios nos envió a Su Hijo para dar testimonio de ella (Cf. Jn 18, 37) y después fundó "la Iglesia de Dios vivo, columna y sustentáculo de la verdad" (1Tm 3,15), para que Ella, ejerciendo su autoridad en nombre de Nuestro Señor, nos presentase la interpretación auténtica de la palabra de Dios escrita o transmitida [13].
El Magisterio es, por tanto, el camino más seguro para - juntamente con la Sagrada Escritura y la Tradición - subir a los tesoros inestimables de Dios, del cual somos hijos y herederos.
Por Lucas Alves Gramiscelli
[1] Cf. CATECISMO DA IGREJA CATÓLICA, n. 890.
[2] Idem.
[3] Heterodoxo: aquello que no es ortodoxo, esto es, que no está de acuerdo con la doctrina verdadera.
[4] CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. n. 19. Out. 1999. Os três pilares da piedade "pliniana". p. 23.
[5] Cf. CATECISMO DA IGREJA CATÓLICA, n. 891.
[6] León XIII, Carta Encíclica Satis Cognitum, n. 12. ASS 28 (1895-96) p. 711 ss.
[7] Cf. CATECISMO DA IGREJA CATÓLICA, n. 84.
[8] Concílio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, n. 7. In AAS 58 (1966) p. 820.
[9] Cf. CIC, Can. 747 § 1.
[10] Cf. León XIII, Carta Encíclica Satis Cognitum, n. 7.
[11] San Jerónimo, In Matth. IV, 28, 20. Cf. Leão XIII, Carta Encíclica Satis Cognitum, n. 15. ASS 28 (1895-96) 711 ss.
[12] León XIII, Carta Encíclica Satis Cognitum, n. 15. ASS 28 (1895-96) 711 ss.
[13] Cf. Concílio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, n. 10. In AAS 58 (1966) p. 822.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Radio María inaugura estudios centrales en Montevideo
El domingo 12 de diciembre, fiesta de la Virgen de Guadalupe, Radio María Uruguay inaugurará sus estudios centrales en la ciudad de Montevideo.
A las 17 hs se celebrará la Santa Misa en la Parroquia del Sagrado Corazón (ex seminario) ubicada en la calle Soriano 1472. Posteriormente se ofrecerá un brindis en el Salón de Actos para luego visitar las instalaciones de la sede de la Radio.
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El Arzobispo de Montevideo celebrará Misas de Navidad en cárceles
Durante el Adviento, el Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno, celebrará la Eucaristía en la Cárcel Central y el CONCAR.
El Pastor acudirá a la Cárcel Central el 16 de diciembre, a las 10:30hs para celebrar junto a las personas allí recluidas la Eucaristía de Navidad. El 20, presidirá la Eucaristía de Navidad, a las 10 hs, en el CONCAR.
Por otra parte. el miércoles 8, fiesta de la Inmaculada Concepción, el Arzobispo presidió el rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario bajo la imagen pendiente en lo alto del edificio de las Hnas. Vicentinas, frente a las aguas del Río de la Plata, en Rambla República de Francia y Misiones. La celebración culminó con la bendición de las aguas por parte de Mons. Cotugno y el envío misionero.
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Amor Materno
Altos Montes era un pequeño pueblo cuyos habitantes eran tranquilos, amigables, y donde todos se conocían y se consideraban como una gran familia.
Allí vivía Sebastián, el hijo de doña Nair, la costurera más famosa de la región, quien prestaba sus servicios a ricos y pobres, siendo un modelo de mujer honrada y trabajadora.
Enviudó muy pronto, pero, sin dejarse abatir por las dificultades, consiguió criar los cinco hijos que la Providencia le concediera.
Sebastián, el mayor de ellos, pronto empezó a ayudar a su madre en el sustento de la familia, trabajando como agricultor. Pero el joven tenía un gran defecto: era impulsivo y colérico.
Este fue el motivo de la gran tragedia que se abatió sobre él.
Una tarde, al final de la jornada, mientras limpiaba las azadas y las hoces para guardarlas en el almacén, tuvo una discusión con un compañero.
En un impulso violento, sin pensar, descargó un duro golpe con la azada a su amigo, dejándolo herido, casi de muerte. Cuando se dió cuenta de lo que acababa de hacer, huyó lleno de miedo, arrepentido de su acto salvaje.
Socorrido rápidamente, el joven herido escapó con vida, pero... quedó inválido. El golpe le había afectado la columna. Como personas pacíficas que nunca habían visto ese grado de violencia, todos los vecinos se levantaron contra Sebastián. Así, fue arrestado y exiliado a un país lejano.
Allí, el joven desterrado buscaba un empleo, pero siempre era recibido con recelo, y no conseguía nada.
Contrito, rezaba a la Santísima Virgen, consoladora de los afligidos, como le había enseñado su madre, pero sus oraciones le daban la impresión de caer en el vacío: parecía que la Divina Providencia hacía oídos sordos a sus súplicas, debido al horrible crimen que cometiera.
El tiempo pasaba y, sin medios para sobrevivir, quedó trasformado en un harapiento, de aspecto aterrador.
Esto sólo hacía que la gente se apartase cada vez más de él. No tuvo otra opción que pedir limosna para no morir de hambre. Iba de pueblo en pueblo pidiendo alimentos, ropa usada, un lugar donde pasar la noche.
Después de muchos años con esta vida, llegó a una gran ciudad, donde divisó, en la plaza principal, la imponente Catedral. No se atrevió a entrar.
Se sentó a la puerta y se puso a pedir limosna a todos los que pasaban.
¡Cuántos recuerdos de su casa, de su familia! ¿Qué les habría sucedido a todos ellos? ¿Se habrían casado sus hermanos? ¿Viviría su madre?
Las limosnas ahí eran más abundantes, y Sebastián pudo mejorar su apariencia. Consiguió un empleo de jardinero, gracias a la protección de doña Adelaida, la esposa del alca
lde.
Muy agradecido, comenzó a acompañarla a Misa todos los días. La señora lo presentó al párroco, que lo recibió con gran afecto. Sebastián hizo una buena confesión, pues su temperamento colérico ya se había amansado con la desgracia.
En la fiesta del Buen Pastor, el padre predicó sobre la gran misericordia de Nuestro Señor recordando varias de sus parábolas, entre ellas, la del “hijo pródigo”, para así demostrar el amor de Dios por los pecadores y su deseo de perdonarlos.
Sebastián se sintió conmovido hasta llorar. Pensó: “Nuestro Señor, como un padre, ya me ha perdonado.
Sin embargo, ¿tendré todavía una madre que me espere y me reciba a mi vuelta?”
Decidió regresar a la casa materna.
El sacerdote lo bendijo y doña Adelaida le ofreció los medios necesarios para emprender el viaje.
Al llegar a su pueblo natal, Sebastián no creía lo que estaba viendo. El pequeño lugarejo había crecido. Muchas casas no las reconocía. Pero la campana de la parroquia siempre le sería familiar. ¡Era su tierra, su casa!
Caminando por las calles, se encontró con algunos compañeros de la infancia. Trató de saludarlos, pero lo esquivaban. Vió a algunos niños que jugaban en la pequeña plaza del colegio, antaño tan frecuentada por él, pero ellos se alejaban, acordándose de la recomendación materna de no hablar con extraños.
Más tarde, en el colmado, vio un viejo agricultor, era su antiguo patrón.
Le extendió la mano, pero éste, desconfiado, se desvió y siguió su camino.
¡Todos lo rechazaban!
Al observar la terraza de una hermosa casa, reconoció en ella a su hermano Fernando y le gritó alegremente:
— ¡Fernando, soy tu hermano, Sebastián!
Pero éste, no lo reconoció, se dio la vuelta y entró en la casa.
Abatido y humillado, el pobre hombre no entendía lo que estaba sucediendo. ¿Sería que su rostro cansado, sus cabellos encanecidos y su apariencia sufrida le hacían irreconocible?
¿O que la memoria de su delito era tal que nadie quería volver a verlo?
Por último, llegó a la casa de su infancia, donde su anciana madre estaba sentada en el umbral de la puerta haciendo croché, y acompañada por un viejo perro ya sin vitalidad.
Parecía estar esperando una visita, pues su mirada se perdía en el camino.
“Ella seguro que me reconocerá... Pero, ¿no tendrá la misma reacción de todos los demás?” —Pensó.
Temiendo una nueva y suprema decepción, se acercó lentamente. Si ella también lo rechazaba, sería el final: todas las esperanzas de regeneración desaparecerían, todas las palabras del sacerdote sobre la misericordia le parecerían vanas. Pero una pizca de confianza le hizo aproximarse más. Al verlo, se levantó con los brazos abiertos y exclamó:
— ¡Oh mi Dios! ¿Eres tú, Sebastian? ¡Mi hijo, has vuelto!
Abrazándolo tiernamente, entre lágrimas, la madre lo llevó al interior de la casa y desde ese momento le ayudó a empezar una nueva vida, rehabilitándolo delante de sus hermanos y de aquellos que todavía lo consideraban un criminal.
* * *
Si las madres de esta tierra reciben con tanta ternura y amor a un hijo que regresa a casa, ¿cómo procederá esa Madre, modelo de cariño, llamada María, con los hijos que a Ella recurren? ¡En sus brazos maternos siempre encontraremos refugio, consuelo y fortaleza para entrar a la casa del Padre!
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Minuto con María - Esposa del Espíritu Santo
¿Cómo habrá sido la relación Mística entre la Santísima Virgen con el Espíritu Santo?
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Evangelio del día
2010-12-10 - Evangelio según San Mateo 11,16-19
Publicado 2010/12/10
Autor : Sagrada Biblia
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.
Libro del Profeta Isaías 48,17-19
Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: "Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí."
Salmo 1
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.
No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.
Evangelio según San Mateo 11,16-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publícanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios."
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