San Mauricio
Publicado 2010/09/22
Autor : Catholic.net
Mártir, Septiembre 22
Martirologio Romano: En Agauno (hoy Saint Maurice d´Agaune), en la región de Valais, en el país de los helvecios, santos mártires Mauricio, Exuperio, Cándido, que siendo soldados, al decir de san Euquerio de Lyon, fueron sacrificados por su fe en Cristo, en tiempo del emperador Maximiano, juntamente con sus compañeros de la misma legión Tebea y el veterano Víctor, ilustrando así a la Iglesia con su gloriosa pasión (c. 302).
Etimología: Mauricio = oscuro, sombrío, de Mauritania. Viene de la lengua latina.
San Mauricio (llamado también Maurice, Moritz o Mauritius). Era el comandante de la Legión Tebana y murió martirizado a principios del siglo III.
La Legión Tebana, integrada sólo por cristianos procedentes de Egipto, recibió órdenes de partir hacia Galia para auxiliar al emperador Maximiano. Aunque combatieron valientemente, rehusaron obedecer la orden imperial de perseguir a los cristianos, por lo que fueron diezmados. Al negarse por segunda vez, todos los integrantes de la Legión Tebana fueron ejecutados. El lugar en que supuestamente tuvieron lugar estos hechos, conocido como Agaunum, es ahora la sede de la abadía de Saint Maurice, en el cantón suizo de Valais.
Esta es la versión más antigua de la historia del martirio de la Legión Tebana, de acuerdo con la carta que Eucherius, arzobispo de Lyon (c. 434 – 450) dirigió al también obispo Salvius. En otras versiones varía la causa del martirio, y los legionarios son ejecutados por negarse a hacer sacrificios a los dioses romanos.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Santo del día
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Evangelio del día
2010-09-22 - Evangelio según San Lucas 9, 1-6
Publicado 2010/09/22
Autor : Sagrada Biblia
Ellos de pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.
Libro de los Proverbios 30, 5-9
La palabra de Dios es acendrada, él es escudo para los que se refugian en él. No añadas nada a sus palabras, porque te replicará y quedarás por mentiroso.
Dos cosas te he pedido; no me las niegues antes de morir: aleja de mí falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: "¿Quién es el Señor?"; no sea que, necesitando, robe y blasfeme el nombre de mi Dios.
Salmo 118
Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo. Aparto mi pie de toda senda mala, para guardar tu palabra. Considero tus decretos, y odio el camino de la mentira. Detesto y aborrezco la mentira, y amo tu voluntad.
Evangelio según San Lucas 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: "No llevéis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa".
Ellos de pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.
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"La vida no puede ser separada de la fe ni en la esfera pública", dijo el Papa en la vigilia en el Hyde Park
Publicado 2010/09/20Autor : Gaudium Press
En la víspera de la beatificación del cardenal Newman, el Pontífice participó de una vigilia, con lecturas y adoración eucarística, realizada en el Hyde Park de Londres, en presencia de un gran número de jóvenes
Londres (Lunes, 20-09-2010, Gaudium Press) El sábado, el Papa Benedicto XVI participó de una vigilia en el Hyde Park de Londres en preparación para la beatificación del cardenal John Henry Newman. Una gran multitud, de la cual formaban parte centenas de jóvenes, acompañó el momento entreverado de lecturas y adoración eucarística.
"El drama de la vida de Newman nos invita a analizar nuestras propias vidas, para verlas contra el vasto horizonte del plan de Dios, y para crecer en comunión con la Iglesia de todos los tiempos y lugar", dijo el Papa en la ocasión. Para Benedicto XVI, en tiempos marcados por el relativismo intelectual y moral, los cristianos son llamados al testimonio de la verdad revelada por su fe.
"El Card. John Henry Newman es un ejemplo de celo para la renovación de la vida eclesial en fidelidad a la tradición apostólica", continuó. El Papa confesó que la figura del purpurado tuvo una influencia "importante" en su vida y pensamiento. "La poderosa experiencia de conversión de Newman fue religiosa e intelectual. Y esta dimensión permaneció el tema de su lucha. Él se opuso a la creciente tendencia de ver la religión como un asunto puramente privado y subjetivo, una cuestión de opinión personal".
El Papa hizo el recuento entonces tres lecciones dejadas por el Cardenal Newman: búsqueda de la verdad, la necesidad del testimonio y coherencia entre la fe y nuestras vidas. "En nuestros días -observó-, cuando un relativismo intelectual y moral amenaza solapar las bases de nuestra sociedad, Newman nos recuerda que fuimos creados para conocer la verdad, para encontrar en esta verdad nuestra libertad final y el colmar de nuestras más profundas aspiraciones humanas", que es Cristo.
Otro aspecto del patrimonio espiritual de Newman de acuerdo con el Papa es la necesidad de basar nuestras vidas en la oración, para tornarnos una "luz gentil" para el mundo.
Benedicto XVI mencionó también la pasión por la verdad, la honestidad intelectual y el costo de la conversión genuina, diciendo que estas exigen un testimonio en la vida cotidiana que no es apenas resultado de la elocuencia humana o de argumentos. "La verdad no puede ser mantenida para nosotros mismos; ella implora para ser oída". Otro aspecto es que no puede haber "ninguna separación entre lo que creemos y el modo cómo vivimos nuestras vidas" y el fino realismo cristiano de Newman enseña que "la fe y la vida, inevitablemente, se cruzan", afirmó.

Para el Papa, Cardenal Newman fue un gran representante de la función profética de los laicos cristianos. A los educadores de su tiempo, él recordó que la verdad no es ni acto puramente intelectual ni educación formal, sino que es expresada por las "vidas vividas en la integridad, fidelidad y santidad", explicó Benedicto XVI, que habló además sobre la "profunda crisis de fe", que marca el cristianismo moderno.
A los fieles, el Santo Padre apeló para que construyan sus vidas en el Evangelio, porque "cada uno de nosotros es llamado a cambiar el mundo, a trabajar para una cultura de vida, una cultura forjada por amor y en el respeto por la dignidad de cada persona humana".
A los jóvenes presentes, el Santo Padre invitó a seguir la propia vocación, para comprender su servicio "definitivo" en la familia, el sacerdocio o la vida consagrada. Benedicto XVI recordó que hay necesidad de familias basadas en el amor y la belleza, así como necesidad de profesores dedicados, consagrados que se dediquen fielmente a la castidad, pobreza y obediencia y de sacerdotes buenos y santos. Al final, el Papa invitó a todos los jóvenes para la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, el año que viene.
Benedicto XVI llegó al Hyde Park en el papamóvil, saludando a la multitud por las calles. Él permaneció sereno y feliz al final del tercer día de la intensa visita de cuatro días al Reino Unido y participó de toda la vigilia.
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lunes, 20 de septiembre de 2010
Santos del Siglo XXI
Dando secuencia al viaje al Reino Unido, el Sumo Pontífice se encontró en la mañana de este viernes con estudiantes de Londres, a los cuales invitó a que sean los santos del Siglo XXI. Les dijo que esta invitación es para que no acepten opciones de “segunda mano” y para que encuentren la verdadera felicidad.
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El día más feliz de mi vida
Quiero participar con mi testimonio:
Yo no podía tener hijos y con mi esposo sentíamos una gran decepción, pero Dios que todo lo puede hizo que mi vientre floreciera, cuando estaba en la dulce espera, le pedía mucho a la Virgen para que fuera ella la que me acompañara en el momento del parto, me gustaba imaginarla dentro de la sala de partos con su manto azul y su sonrisa llena de paz, tanto así que el día en que llegó el momento del parto un 23 de mayo, alguien en la sala de partos me trató con tanta amabilidad y cariño, me dio ánimos en el dolor, me dijo que ese era el momento más lindo de mi vida y de verdad a pesar del dolor de dar a luz fue el momento más lindo de mi vida y la persona que me dijo esas palabras no fue la Virgen María pero tengo la firme convicción que fue mi madrecita linda de Fátima la que inspiró a aquella mujer para que me tratara tan bien; sé que la Virgen me ayudó, porque sentí su presencia revestida de inmensa ternura y de amor maternal, nunca olvidaré ese momento en que Ella tomó mi mano.
Cielo Ortega
Cali - Colombia
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Frase del día
Cuando venga el sufrimiento, el desprecio..., la Cruz, has de considerar: ¿qué es esto para lo que yo merezco?
Evangelio del día
Publicado 2010/09/20
Autor : Sagrada Biblia
El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.
Libro de los Proverbios 3, 27-34
Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: "Anda, vete; mañana te lo daré." No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los hombres rectos; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del honrado; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes; otorga honores a los sensatos y reserva baldón para los necios.
Salmo 14
El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.
Evangelio según San Lucas 8, 16-18
En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: "Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener".
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domingo, 19 de septiembre de 2010
Don Beppi y la "Virgen fea"
Sí, yo también me sentí muy contrariada cuando me enteré del título con que se invocaba a la pobre imagen: ¡Virgen Fea!
Parecía más un escarnio salido de una boca impía que un nombre familiar dado por devotos. Pero es mejor contar toda la historia, sin omitir nada importante, antes que surjan juicios precipitados.
Todo empezó hace más de 40 años…
Cuando el Padre Beppi fue enviado por su obispo a cierta aldea perdida en las montañas, partió determinado a hacer todo lo necesario para la salvación de su nuevo rebaño.
La tarea era ardua, pero el incansable sacerdote se zambulló en ella con su característico celo.
Primero, venció la natural desconfianza de las duras cabezas provincianas.
Después, regularizó la situación de los que habían dejado de recibir los sacramentos, hizo las paces con quienes estaban peleados con el altar, trajo a los saltarines (y volubles) pequeñuelos al catecismo, en fin, atrajo hacia el Buen Pastor a todas las ovejas que pudo, confiando a la oración lo que los brazos no podían alcanzar.
Pero no fue todo. El párroco tenía puesto un ojo en las almas y otro en la casa de Dios. Con el paso de las semanas fue percatándose de todo lo que funcionaba mal y debía ser arreglado o cambiado en la vieja iglesia.
Tejas rotas, vidrieras quebradas, pintura descascarada, el suelo viejo, los bancos sueltos… ¡cuántas cosas! Pero en el primer lugar de la lista había apuntado una medida más urgente: retirar de la iglesia la famosa imagen. La había encontrado el mismo día de su llegada, justo encima del altar principal, y nunca olvidó la impresión recibida. Sí, había oído antes su nombre y lo había desconcertado: ¡Virgen Fea!… Pero sólo cuando la vio pudo comprobar que su fama se quedaba corta al lado de la realidad.
Ay Señor, ¡qué fea!
Era una estatua de algún material semejante al barro cocido, de gran tamaño –más de un metro y medio de altura– y muy pesada. Lo tenía todo desproporcionado, y sus facciones no podían ser más desagradables.
Poseía dos ojos grandes y vidriosos, y la boca era sólo un surco que cortaba bruscamente un rostro artificial muy redondo. ¿Cómo pudo alguien imaginarse así a la Madre de Dios?
Después de observarla mucho, el contrariado párroco concluyó que el artista no la había moldeado así por ignorancia, sino que había empleado su talento en crear una figura intencionalmente grotesca. Esto sólo sirvió para aumentar su disgusto, y decidió sacarla cuanto antes de la iglesia.
Sin embargo, chocó otra vez con las cabezas duras de los montañeses.
El primero con quien habló del asunto reaccionó de forma enérgica:
–¿¡Cómo!? ¿Sacar de la iglesia a la Virgen Fea ? ¡De ninguna manera! Es una imagen antigua, mire, aquí en la base está la fecha, ¡es casi medieval!
–Bueno… como es tan antigua, será mejor transferirla a un museo– propuso el párroco.
Su argumento sólo agravó más la situación. Don Beppi descubrió con estupor que la imagen era querida por sus parroquianos.
–Ya estaba aquí cuando fui bautizado– dijo un bigotudo integrante del coro parroquial.
–¡Me casé delante de ella…!– alegó una anciana mujer.
Y por fin, una de las veteranas del rezo del rosario asestó el golpe de gracia:
–Esta es la imagen que sale todos los años en procesión. No hay otra y punto.
Descontento, el Padre Beppi intentó rodear el problema. Planeó adquirir una imagen bonita y ubicarla en el altar principal, desplazando a la Virgen Fea hacia un rincón secundario o, mejor todavía, escondiéndola en la sacristía.
Pero cuando los contribuyentes de la parroquia intuyeron su intención, todos los bolsillos amigos, siempre generosos, se cerraron de inmediato.
Aturdido, el párroco se preguntaba cómo una imagen tan fea podía gustarle tanto a esa gente.
Pasaron algunos años. El poblado creció un poco.
El celoso párroco enfervorizaba a su rebaño y al mismo tiempo restauraba la iglesia puesta a su cuidado. Golpeando en todas las puertas, recaudó fondos como pudo, y ahora el pueblo veía con orgullo el hermoso templo que resplandecía en la colina: tejado nuevo, vidrieras relucientes, un artístico altar de mármol y una alta torre desde donde la gran campana de bronce anunciaba las misas. Pero nuestro buen cura no estaba contento.
Mientras más aumentaba la belleza de la iglesia, más resaltaba la fealdad de la imagen sobre el altar.
El Padre Beppi sabía que la región había sufrido innumerables guerras e invasiones en los siglos anteriores.
Muchas casas habían sido saqueadas o incendiadas, y no faltaron manos sacrílegas que profanaran las iglesias.
Cálices y otros objetos preciosos del altar habían sido robados; la propia iglesia a su cargo había sido víctima de aquellos saqueos. Y él, en una malévolo pensamiento, se preguntaba por qué los ladrones no se habían llevado también la Virgen Fea. ¡Le habrían dado una buena mano! Pero claro, como era tan fea, nadie la codició jamás. Si ni los ladrones la querían, ¿cómo se libraría de ella?
* * *
Cada cierto tiempo, Don Beppi visitaba la ciudad en donde estaba el seminario en que había estudiado.
Ahí vivía aún el viejo sacerdote que lo había formado. Ya casi centenario y prácticamente ciego, el virtuoso anciano tenía fama de santidad, y por esto lo buscaban otros sacerdotes –y hasta obispos, según se sabía– que iban allá a confesarse y pedir orientación para resolver intrincados problemas relativos al pastoreo de almas.
El Padre Beppi le expuso con lujo de detalles el asunto de la Virgen Fea y, por fin, le preguntó:
–¿Cómo me puedo deshacer de ella?
–¿De verdad es tan fea?
–¡Sí, mucho!
–¿Pero el pueblo le reza?
Don Beppi titubeó:
–Sí… sí… mucha gente reza frente a ella.
–Entonces –dijo el viejo sacerdote–, si el pueblo le tiene devoción a pesar de ser tan fea, algo debe tener esa imagen. No podemos tomar decisiones basándonos sólo en lo que ven nuestros ojos. Ante todo, rece y pida al Espíritu Santo que lo ilumine. Y no olvide usted, hijo mío, esta verdad: muchas veces el Espíritu Santo habla por boca de los más simples…
Don Beppi partió de regreso a su parroquia impresionado con las palabras de su antiguo maestro. Sí, pensaba, ¡debía tener una mirada más sobrenatural! Sin embargo, apenas entró en su iglesia, la visión de la imagen derrumbó su buen propósito. En los días de viaje había podido olvidar un tanto la triste figura, pero al reencontrarse con ella, se asustó de nuevo.
Pero se quedó estático frente a ella, mirándola unos quince minutos.
Después salió con paso rápido y firme. Acababa de tener una buena idea. No se la dijo a nadie, pero su decisión estaba tomada.
Por fin llegó el mes de agosto, y con él la gran procesión de la Patrona, que recorría las principales calles del pueblo en medio del jolgorio acostumbrado: banda de música, cofradías y hermandades. Hasta el alcalde anunció su presencia.
Una tarde, reunido con los organizadores, Don Beppi comunicó:
–Este año alargaremos la procesión hasta las casas nuevas, al norte de la ciudad.
–¡Pero aumenta mucho el recorrido!– exclamó don Manuel, un barbudo comerciante.
Como jefe de los cargadores del pesadísimo paso, se asustó con la idea de caminar unos cuantos kilómetros con la espalda cada vez más doblada bajo el sol abrasador del verano.
–Don Manuel –respondió el párroco–, si bien es cierto que el trayecto será más largo, me parece muy importante que la imagen de la Virgen extienda su bendición sobre el nuevo caserío. Mire, hablé con Mantovanni y nos va a prestar su camión. Subiremos el anda en él y haremos el camino de modo digno, sin romper la columna de nadie.
Se discutió un poco más el asunto, pero al final todos concordaron de buen grado. Lo cierto es que don Manuel se sintió muy aliviado al enterarse del camión, que lo libraba del sacrificio de cargar el tremendo peso.
Y así fue. Días antes de la procesión trajeron el camión hasta el depósito trasero de la casa parroquial. Era uno de aquellos viejos y toscos vehículos anteriores a la guerra, de neumáticos duros y mecánica arcaica.
Pero a fin de cuentas, adornado con flores y guirnaldas, e, incluso, se veía bonito. Lo único que desentonaba, claro está, era la imagen; cuando salió el sol no hubo adorno que pudiera ocultar su fealdad. Los cofrades miraban de reojo al párroco, que no se inmutó.
–¡Qué bueno! ¡Al fin se acostumbró con la Virgen Fea !
* * *
La procesión empezó. Todo iba como de costumbre y la gente del pueblo lucía feliz, cantando y rezando. A cierta altura, tal como se había previsto, el viejo camión giró hacia el barrio nuevo. Faltaba pavimento en esa zona, y los caminos de tierra estaban tan descuidados y llenos de zanjas que mucha gente dudó en avanzar. El camión, a tropezones con las piedras, se sacudía como un caballo salvaje, y el desdichado Mantovanni maldecía desde el volante el momento en que había accedido a realizar el viaje.
Los habitantes de las casas nuevas se regocijaron con el gesto que el párroco les dedicaba, y saludaban alegremente con sus pañuelos desde las calles y las ventanas. No obstante, el público de la procesión temía por la imagen, que avanzaba dando tumbos por el accidentado camino. La aprensión llegó a tanto que, poco a poco, fue abriéndose un amplio espacio vacío en torno al paso motorizado. Pero Don Beppi seguía tan tranquilo como siempre. El armazón de madera había quedado sólidamente sujeto a la carrocería del camión y no daba señales de romperse. Pero… ¿cómo podría aguantar la antiquísima imagen el fuerte y continuo zarandeo?
La gente seguía la recitación del rosario alternada con canciones. El pueblo miraba con alivio hacia las ya cercanas calles pavimentadas. Faltaban las dos últimas manzanas, pero eran las peores de todas. Los fieles rezaban más fuerte, los músicos tocaban con más energía, Mantovanni trataba a toda costa de llevar su viejo vehículo por el lugar menos malo posible y Don Beppi seguía callado.
Sin embargo, la Virgen Fea no pudo superar ese fatídico trecho.
Cuando faltaban poco más de cien metros para alcanzar las calles del barrio antiguo, el camión derrapó y cayó en una zanja profunda. La violenta caída fue como una patada de caballo sobre la antigua imagen: se hizo añicos, levantando una nube de polvo.
La multitud gritó a una sola voz.
Pero no era solamente por la destrucción de la Virgen Fea : destruida la gruesa cáscara de arcilla, apareció una rutilante imagen de plata, con un rostro tan bello e inocente como el de algunas famosas obras de arte medievales.
Don Beppi y los fieles, atónitos, comprendieron al instante el motivo de la existencia de la deforme pieza de “escultura” que acababa de desmoronarse: en un pasado remoto, alguien recubrió a toda prisa la admirable imagen de plata con una masa de arcilla y yeso como protección contra los bárbaros y ladrones. Para eso había sido “esculpida” la Virgen Fea , cuyo mérito durante siglos fue defender contra la saña de los malhechores a la preciosa imagen de plata, la Virgen Bella .
Llevada en triunfo hasta la iglesia, la Virgen Bella fue entronizada solemnemente entre cantos y exclamaciones de la entusiasmada multitud.
* * *
Contemplando la magnífica imagen sobre el altar, Don Beppi meditaba: “¿Cuántas otras maravillas habrá puesto Dios en la Santa Iglesia, ocultas a ojos de los hombres para salir a la luz en cierto momento, con esplendor?”
Pero de noche, antes de irse a dormir, repasó los acontecimientos del día. Lo cierto es que él había planeado todo aquello: las calles abruptas, el camión viejo de neumáticos duros y resortes defectuosos. Todo, para destruir la imagen. Y un escrúpulo surgió en su mente: ¿habría hecho bien actuando así? ¿No habría cometido una falta destruyendo deliberadamente una imagen de la Virgen a la que el pueblo tenía devoción, por más fea que pudiera ser?
Al día siguiente, llegó temprano a la iglesia y tuvo la satisfacción de ver un gran número de fieles rezando frente a la imagen recién descubierta.
Había también dos novedades: muchas flores y una multitud de niños inocentes elevando sus oraciones infantiles a la Madre de Dios.
Esto ahuyentó los escrúpulos. A fin de cuentas, pensó Don Beppi, todo era obra de la Virgen Bella , que a través de su párroco había elegido ese momento para reaparecer ante sus hijos y el mundo.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Frustrado, desganado ¿Por qué? (LEGION DE MARÍA)
La estructura normal del ser humano está dotada de un elemento sui géneris que es el ("e") espíritu que como salido de Dios tiende a Él y por eso el ser humano tiene anhelo de Infinito.
Es como un pozo sin fondo que infinitos finitos no lo "llenan" ni lo plenifican.
Lamentablemente lo finito (lo limitado) como salud, dinero, placer, diversión, fama... se "viste" con ropajes llamativos que engañan al Yo y cometemos el error de creer que éstos van a plenificarnos, van a hacernos "felices" .
Con tal desilusión corremos afanosamente tras ellos, los cuales nos "seducen", nos "drogan" por lo que nos apresuramos a alcanzarlos a como dé lugar.
Resultado: invertida la escala de valores, nos quedamos:
* defraudados
* desgastados
* cansados
* molestos con nosotros mismos
* desilusionados
* frustrados
Posiblemente con varios lustros de nuestra vida incinerados y las cenizas de nuestras lágrimas que cubren más de una loza.
Pero allí nuestro: Dios, Amigo, Padre, Pastor, Maestro. . .
Él estuvo siempre allí, RESPETUOSO, "sombrero en mano", Él estuvo esperando porque el Amor no desespera (1 Co. 13, 7) No es necesario hacer un inventario del estado calamitoso de nuestro planeta y su población.
"No estuvimos atentos a sus Leyes... "
a sus anhelos divinos, a sus avisos cautelosos...
Sobran las palabras ante la Palabra.
Sin embargo, en el colmo de nuestra osadía nos levantamos contra Él para culparlo de todos los males, desde el más
simple hasta el ignominioso e indescriptible.
Pero Él, es Padre, Él espera, Él confía en Ud. (y en mí) Él sabe qué ha escondido en el corazón de sus hijos.
Poderoso y sabio es el Señor y sobre todo es Amor, Amor en esencia por eso nos regaló lo mejor: la LIBERTAD y ante ella vale lo que nos recuerda sabiamente San Agustín:
Dios te creo sin ti
No te puede salvar sin ti.
Sumérgete en tu interior y adora al Señor que te respeta porque te ama.
Si estás atento a Él, tendrás la grandiosa experiencia de su Amor incondicional que te fascinará, te seducirá, porque el AMOR es difusivo, empezarás una aventura nueva impulsado por el Amor.
Cuando el ser humano se siente amado, los resortes interiores se dinamizan y la capacidad amatoria limpia y veraz se desarrolla, se deja amar, se deja sanar, se armoniza y fortalece.
Muere el hombre viejo y nace el hijo con nobleza divina, capaz de ir por la vereda de Cristo, revestido de Él.
¿Qué hacer para experimentar ese amor divino?
Es indispensable poner en ACTIVIDAD esa parte espiritual que por no ser usada puede estar "ANQUILOSADA", "ESCLEROTIZADA"
Se hace imprescindible una GIMNASIA ESPIRITUAL.
Providencialmente el Señor está suscitando movimientos laicos que tienen ese carisma recibido de Él.
No se quede indiferente ante esta situación anómala de su espíritu y participe concientemente de Talleres de Oración, Módulos de Terapia, y otros grupos que Ud. puede informarse en su Parroquia.
La capacidad de comunicarse con Él y con los hermanos es una de las más sensacionales funciones de su Yo.
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Un regalo para el Niño Jesús
Era el mes de diciembre. Los tejados de las casas estaban cubiertos por un manto blanquísimo que brillaba con la tenue luz del sol de invierno, como si jugara al escondite con las nubes. De noche, las bolitas coloridas de los árboles navideños, el denso humo de las chimeneas y el aroma de los panes de miel creaban un ambiente de ensueño. Una atmósfera jubilosa se apoderaba de los corazones y los niños se dedicaban a confeccionar, con sus propias manos, los regalos que le darían al Niño Jesús en la iglesia parroquial, después de la Misa del Gallo.
Rudolf era el hijo mayor de una numerosa familia. Ayudaba a su madre en el cultivo de legumbres y era muy mañoso con las cosas del campo.
En aquel momento se encontraba serruchando, con decisión y energía, un gran tronco de madera que había cogido en el bosque.
Poco a poco iban llegando sus hermanos para echarle una mano. Entre todos decidieron obsequiarle al divino Infante con una nueva cunita, pues la del Pesebre de la parroquia era tosca y ya estaba muy desgastada. Serraron, lijaron, clavaron puntas, pulieron y la adornaron con pajas y ramas de pino.
El mueblecillo quedó listo y muy lindo, elaborado con mucho amor.
Horas más tarde llegó su madre, doña Gertrudis. Tras la muerte de su marido se había vuelto una mujer amargada. Pero lo peor había sido la súbita pérdida de la Fe. Como la familia era pobre, con cuatro niños aún pequeños, para mantenerlos tenía que trabajar de lavandera y limpiadora en otras casas. Y en vez de pedir el auxilio del Cielo, confiando en el Buen Dios, que a nadie desampara, se rebelaba ante su situación. Cuando vio la cunita y adivinó su destino, se llenó de cólera y la tiró a la hoguera diciendo:
— Ya os he dicho que este año no habrá Navidad. ¿Qué vamos a celebrar?
Si el Niño Jesús existiese nos estaría ayudando... Además, no tenemos dinero para la leña y estos trozos de madera nos han venido muy bien, porque hace frío y necesitamos alimentar el fuego.
Con cara de pocos amigos se fue a la cocina para preparar la comida.
Los niños se echaron a llorar.
Franz decía bajito, entre sollozos:
— Rudolf, quiere decir que... ¿no podremos ofrecerle ningún presente al Niño Jesús?
— ¡Ánimo! Ya se nos ocurrirá alguna cosa...
Helga, la benjamina replicó:
— Le podemos hacer una bonita ropita.
Se pusieron a buscar algunos retales en la caja de costura de su madre, pero no encontraron tejido suficiente y, además, no tenían manos hábiles para confeccionar nada...
Anette tuvo la idea de preparar galletas y panes de miel, pero la falta de ingredientes y de dotes culinarios les quitó la alegría. A Ralf se le ocurrió componer una música. Cogió su flautita y empezó a tocar, pero la desafinación fue estrepitosa...
Atraída por la algazara, doña Gertrudis se dirigió al salón y les dijo:
— ¡Queréis dejar de alborotar!
Que van a venir los vecinos para ver qué es lo que está pasando.
Helga con voz trémula le respondió:
— Pero mamá, ¡nuestra familia será la única que no va a celebrar la Navidad…!
— ¡Eso me importa poco! Si ese Jesús del que habláis fuese de verdad Dios, ya habría mejorado nuestra mísera condición.
Todos se quedaron muy tristes y acongojados. Cuando se fue su madre, Franz les dijo a sus hermanos:
— Vamos a rezar y pedirle a la Santísima Virgen que nos ayude a conseguir un regalo para su divino Hijo.
— Y para ablandar el duro corazón de mamá…, añadió Anette.
Se arrodillaron todos y se pusieron a rezar con mucha devoción y piedad.
Días después Rudolf fue a una aldea vecina para vender los productos de su huerta. Cuando acabó el trabajo, una mujer que había observado su responsabilidad y empeño le dio una hermosa rosa de su invernadero, para complacerle.
La fisonomía del muchacho se iluminó. ¡Ahí estaba el regalo para el Niño Jesús! Una flor tan bella como ésa, en pleno invierno, era una rareza. Regresó apresuradamente a su casa para mostrarles a sus hermanos que Nuestra Señora había escuchado sus oraciones.
Tomaron la precaución de esconder muy bien la flor en una cajita para que su madre no la destruyera.
Cuando llegó la Nochebuena, doña Gertrudis decretó que todos tenían que irse a la cama antes de las diez. Los demás hogares de la aldea, incluso los más humildes, estaban engalanados, alegres y repletos de manjares. Los campesinos se pusieron sus mejores ropas para participar en la Misa del Gallo.
Únicamente la casa de doña Gertrudis permanecía triste y apagada...
Sin embargo, cerca de la media noche, los niños se vistieron a escondidas y salieron por la ventana para ir a la iglesia. Con mucho cuidado llevaban la caja que contenía el precioso obsequio.
Cuando llegaron al templo, la abrieron para darle una miradita y... ¡horrible sorpresa! La rosa se había marchitado completamente. ¿Y ahora qué? Sin saber cómo solucionarlo, decidieron entregarla así mismo, seguros de que el Niño Jesús conocía la intención de sus corazones.
Después de la Misa, al son del Noche de Paz , los niños se dirigían en fila hasta el Pesebre llevando sus regalos: vestiditos de terciopelo, incienso, perfumes, todo tipo de mazapanes y chocolates, cestas de frutos secos adornadas con primor... También los hijos de doña Gertrudis se acercaron y cuando Rudolf abrió la cajita… ¡oh prodigio! No sólo había una, sino cinco bellísimas rosas de colores variados, agrupadas en un bonito ramo con una delicada cinta de seda.
En ese mismo instante entraba en la iglesia su madre. Al sentirse rodeada por un ambiente cargado de bendiciones y contemplar la Fe inocente de los niños, la pobre señora irrumpió en llanto. Con lágrimas en los ojos, se arrodilló ante el Pesebre , le pidió perdón a Dios por sus faltas y delante de todos le ofreció al Divino Infante su corazón contrito y humillado.
El pueblo amaba a esta mujer tan sufrida, a pesar de todos sus malhumores y sus rudezas. Se condolía por la desdichada vida que llevaba y tenía pena de los sufrimientos de sus hijos. Por eso, al verla milagrosamente arrepentida, la iglesia entera estalló en un maravilloso cántico de acción de gracias.
A partir de esa noche, todo comenzó a mejorar en aquella familia. Rudolf encontró un excelente empleo, cerca de casa. Ralf, Franz, Anette y Helga crecían dando alegrías a la buena Gertrudis, quien se convirtió en una extremosa madre y solícita vecina, además de una de las más piadosas feligresas de la aldea.
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Santo del día
San Roberto Belarmino
Publicado 2010/09/17
Autor : Catholic.net
Cardenal y Doctor de la Iglesia, Septiembre 17
Martirologio Romano: San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia, miembro de la Compañía de Jesús, que intervino de modo preclaro, con modos sutiles y peculiares, en las disputas teológicas de su tiempo. Fue cardenal, y durante algún tiempo también obispo entregado al ministerio pastoral de la diócesis de Capua, en Italia, desempeñando finalmente en la Curia romana múltiples actividades en defensa doctrinal de la fe (1621).
Etimología: Roberto = el que brilla por su buena fama. (Ro: buena fama. Bert: brillar).
Belarmino = guerrero bien armado. (Bel: guerrero. Armin: armado).
Este santo ha sido uno de los más valientes defensores de la Iglesia Católica contra los errores de los protestantes. Sus libros son tan sabios y llenos de argumentos convencedores, que uno de los más famosos jefes protestantes exclamó al leer uno de ellos: "Con escritores como éste, estamos perdidos. No hay cómo responderle".
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