En el Evangelio de hoy meditamos un largo texto sobre la expulsión de un demonio que se llamaba Legión y que oprimía y maltrataba a una persona. Hoy, hay mucha gente que se sirve de estos textos del evangelio sobre la expulsión de los demonios, para dar miedo a la gente. ¡Es una lástima! Marcos hace lo contrario. Como veremos, Marcos asocia la acción del poder del mal a cuatro cosas: a) al cementerio, o lugar de los muertos. ¡La muerte que mata la vida! b) Al puerco, que era considerado un animal impuro. ¡La impureza que separa de Dios! c) al mar, que era visto como símbolo del caos de antes de la creación. El caos que destruye la naturaleza. d) A la palabra Legión, nombre de los ejércitos del imperio romano. El imperio que oprime y explora a la gente. Y ahora Jesús vence el poder del mal en estos cuatro puntos. La victoria de Jesús tiene un enorme alcance para las comunidades de los años setenta, época en la que Marcos escribe su evangelio. ¡Las comunidades vivían perseguidas por las legiones romanas, cuya ideología manipulaba las creencias populares relativas a los demonios para dar miedo a la gente y conseguir la sumisión! Los versos iniciales describen la situación de la gente antes de la llegada de Jesús. Marcos describe el comportamiento del endemoniado, y asocia el poder del mal al cementerio y a la muerte. Es un poder sin rumbo, amenazador, descontrolado y destructor, que da miedo a todos. Priva a la persona de conciencia, de autocontrol y de autonomía. Alertada la gente por los porqueros que se ocupaban de los puercos, la gente del lugar acudió y vio al hombre libre del poder del mal “en su sano juicio”. ¡Pero entraron en los puercos! Por esto piden a Jesús que se aleje. Para ellos, los puercos son más importantes que el ser humano que acababa de recobrar su sano juicio. Lo mismo ocurre hoy. El hombre liberado quiere “seguir a Jesús”, pero Jesús le dice: “Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.” Esta frase de Jesús, Marcos la dirige a las comunidades y a todos nosotros. Para la mayoría de nosotros “seguir a Jesús” significa: “¡Ve a tu casa y anuncia a los tuyos lo que el Señor te hizo!” El hombre curado quiere seguir a Jesús. Pero tiene que quedarse en casa y contar a todo el mundo lo que Jesús le hizo. ¿Cuentas a los demás lo que el Señor hizo y hace por ti?
Comentarios realizados por: José Valiente Lendrino (Viceconsiliario Nacional de Cursillos en España)
domingo, 31 de enero de 2010
Comentario del Evangelio
jueves, 28 de enero de 2010
Vaticano divulga nuevo Anuario Estadístico de la Iglesia
Publicado 2010/04/27
Autor: Gaudium Press
Sección: Europa
Ciudad del Vaticano (Martes, 27-04-2010, Gaudium Press) De 2000 a 2008, el número de católicos bautizados creció en todo el mundo, así como el de obispos, diáconos y, en menor número, de sacerdotes. Disminución, aunque pequeña, solo en la cantidad de religiosos y religiosas profesos. Estos y otros datos constan del más reciente compendio de datos sobre la presencia de la Iglesia Católica en el mundo, el "Annuarium Statisticum Ecclesiae" (Anuario Estadístico de la Iglesia), publicado hoy por la Sala de Prensa de la Santa Sede. Los datos son referentes al año 2008.
De acuerdo con el Anuario, los bautizados católicos en el mundo están en aumento, de 1.045 millones en 2000 para 1.166 millones en 2008 - un crecimiento de 11,54%. Según el Vaticano, esto representa "una substancial estabilidad" para la Iglesia Católica, ya que en el mismo período el porcentaje de crecimiento de la población en el planeta fue de 10,77%.
El número de nuevos fieles aumentó en todo el mundo con una dinámica diferente en cada continente. En Europa, hubo casi estabilidad en relación al 2000 (aumento de 1,17%) - pero debido al crecimiento más amplio en otros continentes, la representación de los europeos en el total de católicos en el mundo pasó de 26,81% a 24,31%. Hubo aumento considerable, a su vez, en el número de bautizados católicos en África (33,02% de 2008 sobre 2000); seguido por Asia (15,61%), Oceanía (11,39%) y América (10,93%). En todos los continentes aumentó el número de fieles por padre.
De la misma forma el número de sacerdotes - promedio entre diocesanos y religiosos - en el período 2000-2008 presentó un crecimiento positivo, de forma más pujante en África y Asia (respectivamente 31,09% y 23,77%). De todos los continentes, solo Oceanía presentó porcentaje negativo en este sentido en los últimos años (-4%). Analizados separadamente, entretanto, hubo crecimiento en el total de sacerdotes diocesanos, que subieron de 265.781 a 272.431, pero disminución de los religiosos, que pasaron de 139.397 a 135.000.
Se nota también una relativa falta de vocaciones en las congregaciones femeninas en Europa, América y Oceanía. En total, las religiosas profesas pasaron de 801.185 en 2000 a 739.068 en 2008, lo que significa una reducción de 7,75%. Pero se observó un aumento en África y Asia, de 21,20% y 16,40, respectivamente.
En lo que dice respecto al número de estudiantes de Filosofía y Teología, también hubo crecimiento: de 110 mil a 117 mil, igualmente con notable vitalidad en los continentes africano y asiático.
El Anuario Estadístico de la Iglesia es fruto del estudio del dicasterio vaticano, el Departamento Central de Estadística de la Iglesia, responsable por el suministro de los datos estadísticos sobre la acción de la Iglesia Católica en todo el mundo. El Departamento Estadístico vaticano, presidido por Mons. Vittorio Formenti, se encuentra en el propio Palacio Apostólico en el Vaticano.
Etiquetas: heraldos del evangelio, uruguay
A María ¡Quiero ser santa!
Autor : Sierva de Dios Madre Clelia Merloni
Oh María, al ser esposa de tu Jesús, soy hija tuya, por eso guárdame porque quiero ser santa.
Sé que deberé amar la humildad, el olvido, la caridad, buscar siempre en todas las cosas el último sitio, para someter y aniquilar mi orgullo. Pero no me importa, estoy decidida: quiero ser santa.
Deberé amar el desprecio, nunca disculparme, nunca desanimarme, aunque no importa nada mientras consiga ser santa.
Deberé renegarme continuamente, vencerme en mil ocasiones, una más penosa que otra… pero no importa: quiero plenamente ser santa.
Deberé practicar una caridad extrema para con el prójimo: amarlo, soportarlo y no lamentarme nunca si fuera injusto conmigo. A pesar de todo, quiero ser santa. También sé que siempre deberé actuar con espíritu de fe, de penitencia; deberé realizar todas mis acciones bajo la mirada de Dios que me observa; deberé mortificarme con frecuencia y resistir a todas mis naturales inclinaciones. Aún así, quiero ser santa. Deberé cortar continuamente con las repugnancias de la naturaleza, con la atracción de los placeres; deberé amar el silencio, el recogimiento, el retiro, el trabajo, sin cansarme, ni desanimarme. A pesar de eso, quiero ser santa.
Deberé esforzarme en la capilla para ser fervorosa en la oración, cuidar de no distraerme, dar buen ejemplo con mi comportamiento, recogimiento y aunque me cueste mucho quiero hacerlo para ser santa.
En los dolores, en las enfermedades, en el hastío, en las acusaciones injustas, en las contrariedades cotidianas, no deberé lamentarme, ni murmurar. Quiero ser santa.
El demonio me atormentará con disgusto, con tedio, con tentaciones.
Sin embargo, nada me importa, porque quiero ser santa cueste lo que cueste.
¿Cómo podré llegar a ser santa? Haciendo lo mejor que pueda las labores que me impongan cada día. Muchos santos, que ya están en el Paraíso, no hicieron más de lo que yo hago aquí: oración, meditación, exactitud en los actos comunes, sumisión con espíritu de fe a cualquier sacrificio permitido por Dios todos los días…
Cualquier acto que haga, lo quiero hacer como si Dios estuviese presente, me mirase y sonriese ante mis esfuerzos. Quiero hacerlo como si mi Ángel de la Guarda me ayudara, que para eso tiene una misión especial y tan sólo espera que se lo pida.
Quiero realizar todas las acciones como si no tuviese nada más que hacer aparte de aquello que me es pedido por la obediencia, en aquel momento, y no las dejaré mientras no las termine con toda la perfección que me sea posible.
Quiero hacer cada una de ellas como si después debiese ofrecerlas en homenaje a Dios y la Virgen Santísima. Sin duda que Dios espera ser alabado con esta acción.
Dios ha unido una gracia particular a esta acción. Él reconocerá que le amo si, a pesar del aburrimiento, continúo para acabar mi tarea.
Dios manda que se escriban cada uno de mis actos bien hechos, y más tarde éstos conformarán mi corona en el Cielo. Dios borra muchos de mis pecados pasados, si me esfuerzo, para ayudarle, en hacer bien tal acción.
Dios recibe de mí, su pobre hija, una gloria que compensa las blasfemias de los malos y la rebelión de las almas que no quieren someterse a su divina voluntad.
¡Oh, Dios mío, sí que quiero hacer siempre bien todas las acciones!
Comentario del Evangelio
Es precioso ver como Jesús busca en la vida y en los acontecimientos elementos e imágenes que puedan ayudar a la multitud a percibir y experimentar la presencia del Reino.
En el evangelio de hoy Jesús, de nuevo, cuenta dos pequeñas historias que acontecen todos los días en la vida de todos nosotros: “La historia de la semilla que crece por si sola” y “La historia del grano de mostaza que crece y se vuelve grande”. El agricultor que planta conoce el proceso: semilla, hilito verde, hoja, espiga, trigo. No usa la hoz antes de tiempo. Sabe esperar. Pero no sabe como la tierra, la lluvia, el sol y la semilla tienen esta fuerza de hacer crecer una planta desde la nada hasta la fruta.
Así es el Reino de Dio. Sigue un proceso, tiene etapas e plazos, crece. Va aconteciendo. Produce fruto en un tiempo determinado. Pero nadie sabe explicar su fuerza misteriosa. Nadie es dueño. ¡Solo Dios! La semilla de mostaza es pequeña, pero crece y, al final, los pajaritos hacen el nido entre sus ramas. Así es el Reino. Comienza bien pequeño, crece y alarga sus ramos para que los pajarillos hagan sus nidos. El Reino empezó con Jesús y unos pocos discípulos. Jesús fue perseguido y calumniado, preso y crucificado. Pero creció y sus ramas se fueron extendiendo.
La parábola deja una pregunta en el aire, pregunta que tendrá una respuesta más adelante en el evangelio: ¿Quiénes son los pajarillos? El texto sugiere que se trata de los paganos que podrán entrar en la comunidad y participar en el Reino. Jesús no explica las parábolas. Cuenta las historias y provoca en nosotros la imaginación y la reflexión del hallazgo. ¿Qué he descubierto en estas dos parábolas? El que la vida se vuelva transparente es el objetivo de las parábolas. A lo largo de los años, ¿se ha vuelto más transparente mi vida o ha ocurrido lo contrario?
Comentarios realizados por: José Valiente Lendrino (Viceconsiliario Nacional de Cursillos en España)
Santo del día
San Luis María Grignion de Montfort
Publicado 2010/04/28
Autor : Catholic.net
El santo de la verdadera devoción Mariana. Abril 28
La Divina Providencia preparó a este gran santo y lo dio al mundo al final del S. XVII hasta apenas comenzado el XVIII.
Nacido en 1673 en Francia, recibe su educación en uno de los Colegios de la Compañía de Jesús y en 1700 se ordena sacerdote.
Morirá en 1716, habiendo realizado en tan corta carrera cantidad de misiones populares, echado los cimientos de dos congregaciones religiosas (que no llegó a ver en vida), restaurado templos de la Virgen ruinosos o abandonados y, sobre todo, arrancando las almas de las garras del jansenismo para devolverlas al amor ardiente de Dios, mediante la contemplación tierna de Jesús Crucificado y la verdadera devoción a María Santísima.
El jansenismo apartaba a las almas de la intimidad con Dios, de la relación sencilla y confiada característica del espíritu de filiación que es fruto del Espíritu Santo y la presencia de María en la vida del cristiano, acentuando en forma desmedida la Majestad y Santidad Infinita de Dios y nuestra indignidad.
De ahí la obsesión por interminables preparaciones, exámenes de conciencia más que escrupulosos, vueltas y revueltas sobre sí mismo, como si uno tuviera que lograr cierto grado de perfección previa para recibir los Sacramentos... ¡que son los que, en realidad, nos curan y nos perfeccionan..!
La gracia sería (dentro de este esquema), más bien un premio al propio esfuerzo, tal como Jesús nos lo ilustra en la parábola del fariseo y el publicano, que muchos no comprenden todavía...
Y aún nosotros mismos, cada vez que tememos acercarnos al sacramento de la Confesión ‘’porque tengo demasiadas culpas...’’. ¿Y para qué está el Sacramento? Precisamente porque tenemos demasiadas culpas, necesitamos confesarnos con frecuencia y comulgar, porque sólo Jesucristo nos lava de nuestras culpas y nos fortalece para que las recaídas se vayan extinguiendo, poco a poco.
Luis María Grignion de Montfort reacciona con santa violencia ante el estrago que semejante postura causaba dentro de la Iglesia en ese momento, y ante la difusión de una falsa sabiduría en el ambiente intelectual cristiano, que desdibuja la radicalidad del Evangelio y huye del Camino de la Cruz.
Tanto en sus misiones populares como en sus escritos, planta firmemente a Cristo Crucificado (cumbre de la verdadera sabiduría, la sabiduría Divina), y la devoción a María como medio insustituible y necesario para que Cristo se forme realmente en cada alma bautizada.
El desarrollo de estas ideas lo realiza en su primera obra: ‘’El Amor de la Sabiduría Eterna’’ (1703-1704). El capítulo XVII de este libro es ya un anticipo de lo que explicará largamente acerca del papel de María Santísima en nuestra santificación, en el célebre ‘’Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen’’ (1712, aprox.). Valiosísimos consejos de orden práctico para vivir la dependencia total de María nos son dados en su otra obra: ‘’El Secreto de María’’, como resumen y complemento del ‘’Tratado...’’.
El Hijo de Dios, 2da. Persona de la Santísima Trinidad (o también ‘’Verbo’’, o ‘’Sabiduría Eterna’’), ha querido salvarnos y glorificar al Padre haciéndose hombre y muriendo en la Cruz. Y todo esto lo realizó Por María, Con María, En María y Para María, porque a Ella se entregó primero y para Ella en primer lugar derramó su Sangre Preciosa. No ha querido venir a nosotros directamente, sino a través de María.
Y así lo sigue haciendo, porque ha hecho de su Madre verdadera Madre nuestra, ‘’Mater Gratiae’’, Madre de la Gracia en nuestras almas. El Espíritu Santo realiza cada día el milagro de formar a Cristo en el bautizado en unión con María, tal como lo hizo desde el principio.
martes, 26 de enero de 2010
PENSAMIENTOS DE MADRE TERESA : LA ORACIÓN
La oración ensancha el corazón, hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios. Sin Él, no podemos nada. Orar a Cristo es amarlo y amarlo significa cumplir sus palabras. La oración significa para mí la posibilidad de unirme a Cristo las 24 horas del día para vivir con Él, en Él y para Él.
Si oramos, creemos. Si creemos, amaremos. Si amamos, serviremos. Es imposible comprometerse en un apostolado directo, si no es desde una auténtica oración. Debemos tratar de ser uno con el Padre. Nuestra actividad no será verdaderamente apostólica si no le permitimos obrar en nosotros, a través de nosotros, gracias a su poder, a sus planes y a su amor. Para que la oración sea realmente fructuosa, ha de brotar del corazón y debe ser capaz de tocar el corazón de Dios.
Yo estoy perfectamente convencida de que cuantas veces decimos Padre nuestro, Dios mira sus manos, que nos han plasmado... "Te he esculpido en la palma de mi mano"... mira Sus manos y nos ve en ellas. ¡Qué maravillosos son la ternura y el amor de Dios omnipotente! Orad sencillamente, como los niños, movidos por un fuerte deseo de amar mucho y de convertir en objeto de propio amor a aquellos que no son amados. Debemos ser conscientes de nuestra unión y de convertir con Cristo, así como El tenía clara conciencia de su unión con el Padre. La plegaria perfecta no consiste en una palabrería, sino en el fervor del deseo que eleva los corazones hasta Jesús.
Nuestras acciones sólo pueden producir frutos, cuando son expresión verdadera de una plegaria sincera. Frecuentemente nuestra oración no produce efecto por no haber fijado nuestra mente y nuestro corazón en Jesús, por medio de quien únicamente nuestra oración puede ir directamente a Dios. "Yo lo miro y El me mira" constituye la perfecta oración. Nunca debiéramos ceder a la costumbre de aplazar nuestra oración, sino hacerla con la comunidad. El fracaso o la perdida de la vocación proviene también de la desidia en la oración.
La oración ensancha el corazón delicado hasta el punto de estar en condiciones de acoger el don del propio Dios. Dios se compadece de la debilidad pero no quiere el desánimo. "En El vivimos, nos movemos y existimos". No basta orar generosamente, hemos de orar con fervor y devoción. El conocimiento que comunicamos debe ser el de Jesús crucificado y, como dice san Agustín: "Antes de dejar de hablar a la boca, el apóstol ha de elevar su propia alma sedienta a Dios para luego poder entregar cuanto ha bebido, vertiendo en los demás aquello de lo cual estamos colmados", o como nos enseña santo Tomás: "Aquellos que son llamados a la labor de una vida activa, cometen una grave equivocación si piensan que su compromiso les dispensa de la vida contemplativa. Tal obligación se añade a aquélla y no la hace menos indispensable".
La oración que brota de nuestra mente y de nuestro corazón y que recitamos sin necesidad de leer en ningún libro se llama oración mental. Sólo por medio de la oración mental y la lectura espiritual, podemos cultivar el don de la oración. La oración mental es una gran aliada de la pureza de alma. Los mejores medios para alcanzar un franco progreso espiritual son la oración y la lectura espiritual.
Si a ustedes les resulta difícil orar, rueguen insistentemente: "¡Jesús ven a mi corazón, ora dentro de mí y conmigo, hazme aprender de Ti cómo orar". La Misa es el alimento espiritual que me sustenta y sin el cual no podría vivir un solo día o una sola hora de mi vida. La cosa más importante no es lo que decimos nosotros, sino lo que Dios nos dice a nosotros. Jesús está siempre allí, esperándonos. En el silencio nosotros escuchamos su voz. Debemos amar la oración. La oración dilata el corazón hasta el punto de hacerlo capaz de contener el don que Dios nos hace de Sí mismo.
LA ORACIÓN Y EL SILENCIO El silencio es lo más importante para orar. Las almas de oración son almas de profundo silencio. Y lo necesitamos para poder ponernos verdaderamente en presencia de Dios y escuchar lo que nos quiere decir. Este silencio debe ser tanto exterior como interior, dejando de lado nuestras preocupaciones. Debemos acostumbrarnos al silencio del corazón, de los ojos y de la lengua. El silencio de la lengua nos ayuda a hablarle a Dios. El de los ojos, a ver a Dios. Y el silencio del corazón, como el de la Virgen, a conservar todo en nuestro corazón. Dios es amigo del silencio, que nos da una visión nueva de las cosas. No es esencial lo que nosotros decimos, sino lo que Dios nos dice y dice a través de nosotros. El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.
Movimiento de los focolares
Trento, 1944
En un refugio antiaéreo, abrimos el Evangelio en una
página cualquiera; se trata del Testamento de Jesús:
"Que todos sean uno, Padre, como yo en Ti".
Aquellas palabras parecían iluminarse.
Aquel "todos" habría sido nuestro horizonte.
Aquel proyecto de unidad, la razón de nuestra vida.
Chiara Lubich
A partir del primer núcleo de Trento...
Es en el marco de odio y de violencia del segundo conflicto mundial que se enciende la chispa inspiradora: el "descubrimiento fulgurante" del Único que "ninguna bomba
puede destruir": Dios. Dios, experimentado como Amor, cambia radicalmente la vida de Chiara Lubich, quien tenía entonces poco más de veinte años. Una experiencia que enseguida es comunicada y compartida por sus primeras compañeras.
A los refugios antiaéreos llevan sólo el Evangelio. Allí encuentran el "cómo" responder al Amor. En aquel período Chiara misma escribe: "Cada día vivimos nuevos descubrimientos: el Evangelio se convierte en nuestro único libro, única luz de vida".
En el mandamiento del amor recíproco descubren la ley para recomponer la fraternidad de la sociedad disgregada. "Ponemos todo en común: cosas, casas, ayuda, dinero. La vida es otra".
Con maravilla, aquel primer grupo experimenta la fuerza, la luz, el valor, el amor que dona la presencia de Jesús por Él prometida cuando dos o tres se reúnen en Su nombre (Mt. 18-20). Una luz que ilumina la última oración de Jesús al Padre: "Que todos sean uno". Este proyecto de Dios sobre la familia humana se convierte en el programa de sus vidas: "La unidad entre nosotras se vuelve como un trampolín que nos impulsa hacia donde no hay unidad para suscitarla".
Los efectos: "Cada día crecen a nuestro alrededor personas de todas las edades y condiciones sociales. Se apagan odios y rencores. Muchas familias se recomponen". Nace la certeza de que en el Evangelio está la solución de cada problema, individual o social.
...un Movimiento
Muy pronto aquel primer grupo se convierte en un Movimiento que suscita una renovación espiritual y social. En más de 60 años de vida ha alcanzado una difusión mundial (182 países), con dos millones y medio de adherentes y una irradiación de algunos millones, difícilmente cuantificable.
• Un pequeño pueblo - Por la variedad de su composición, con los años, el Movimiento asume las dimensiones de un pequeño pueblo, como lo definió Juan Pablo II: abraza no sólo a católicos, sino también a cristianos de varias Iglesias y comunidades eclesiales, y hebreos. Poco a poco forman parte de él seguidores de las grandes religiones, y personas sin una referencia religiosa. La adhesión al Movimiento tiene lugar sin sincretismos, en la plena fidelidad a la propia identidad. Es común el compromiso de vivir, aun en distintos modos, el amor y la unidad, que están inscritos en el DNA de cada hombre.
• Por qué la denominación Movimiento de los Focolares - Desde un inicio, el Movimiento fue denominado "de los Focolares" por la gente de Trento, por "el fuego" del amor evangélico que anima a Chiara Lubich y a sus primeras compañeras.
• Fundadora - Chiara Lubich - ella misma subraya que el Movimiento "no ha sido diseñado por una mente humana, sino que es el fruto de un carisma que viene de lo Alto. Nosotros tratamos de seguir, a través de las circunstancias, la voluntad de Dios día tras día".
• Las aprobaciones - El obispo de Trento, Mons. Carlo de Ferrari, da la primera aprobación, a nivel de Iglesia local, en 1947. "Aquí está la mano de Dios". Seguirán las aprobaciones pontificias: la primera en 1962; la más reciente, por su desarrollo ulterior, en 1990.
• Un Movimiento eclesial - Los Focolares se injertan en el actual fenómeno de florecimiento de Movimientos Eclesiales originados por un "carisma preciso donado a la persona del fundador" (Juan Pablo II) es decir por "un don del Espíritu" que incesantemente suscita "la novedad del cristianismo" (card. Ratzinger). Juan Pablo II reconocerá en el carisma de Chiara Lubich, un "radicalismo del amor" y en el Movimiento los lineamientos de la Iglesia del Concilio, abierta a los varios diálogos (19.8.1984).
Espiritualidad de la unidad
"Mientras creíamos vivir simplemente el Evangelio -escribe todavía Chiara Lubich- inadvertidamente el Espíritu iba subrayando algunas Palabras que debían llegar a ser los principios operantes de una nueva corriente espiritual: la espiritualidad de la unidad".
Es a partir de esta espiritualidad, que se convierte en el estilo de vida de personas de todas las edades, categorías, vocaciones y culturas, que se desarrolla el Movimiento. En su corazón están los 'focolares', pequeñas comunidades masculinas o femeninas, compuestas por laicos, vírgenes y casados, totalmente donados a Dios según su estado, comprometidos en primer lugar en mantener viva la presencia del Resucitado, por Él prometida cuando "dos o tres se reúnen en Su nombre".
Finalidad
En el actual cambio histórico, compartiendo con la humanidad la difícil gestación de una nueva civilización globalizada, interdependiente, multicultural y multirreligiosa, el Movimiento se ha comprometido, junto a muchas otras fuerzas que se mueven en esa dirección, a componer en unidad la familia humana, enriquecida por la diversidad.
Instrumentos de unidad
Principalmente los "focolares", reunidos por "zonas", que convergen en un único "Centro Internacional". Poco a poco, del único árbol, nacen numerosas ramificaciones entre las cuales movimientos de vasto alcance, que lanzan semillas de renovación en distintos ámbitos de la sociedad y de la Iglesia abriendo espacios de fraternidad y de unidad.
Cuando el amor vence la razón
Redacción (Martes, 24-01-2012, Gaudium Press) Cuando Nuestro Señor vino al mundo, nos trajo un mandamiento nuevo: "Como yo os he amado, así también vosotros debéis amaros unos a otros" (Jn 13, 34). Este amor llevado a las últimas consecuencias nos propició la Redención. Y un relacionamiento humano reglado y bien conducido debe seguir el ejemplo del Divino Maestro. El verdadero amor al prójimo es aquel que se nutre del otro por amor a Dios y que tiene al Creador como centro, visando la santidad de aquellos que se aman. Ya enseñaba San Agustín que solo existen dos amores: o se ama a sí mismo hasta el olvido de Dios, o se ama a Dios hasta el olvido de sí mismo.
Así fue Santa Escolástica, alma inocente y llena de amor a Dios, de quien poco se conoce, pero que, abriéndose a su gracia, adquirió excepcional fuerza de alma y logró llegar a la honra de los altares. Su historia está íntimamente ligada a la de aquel que por designios de la Providencia nació con ella para la vida, el gran San Benito, su hermano gemelo y padre del monacato occidental, a quien amó con todo su corazón.
Nacieron Escolástica y Benito en Nursia, Umbría, región de Italia situada al pie de los montes Apeninos, en el año 480. Como su hermano, tuvo ella una educación primorosa. Con sus padres, muy católicos y temerosos de Dios, constituían una de las familias más distinguidas de aquellas montañas. Modelo de doncella cristiana, Escolástica era piadosa, virtuosa, cultivaba la oración y era enemiga del espíritu del mundo y de las vanidades.
Siempre caminó en unísono con su hermano Benito, unidos ya antes de nacer y hermanos gemelos también de alma.
Con la muerte de los padres, Escolástica vivía más recogida en el retiro de su casa. Cuando se enteró que su hermano dejara el desierto de Subiaco y fundara el célebre monasterio de Montecasino, decidió ella profesar la misma perfección evangélica, distribuyendo todos sus haberes a los pobres y partiendo con una criada en busca del hermano.
Encontrándolo, le explicó sus intenciones de pasar el resto de la vida en una soledad como la de él y le suplicó que fuese su padre espiritual, prescribiéndole las reglas que debería seguir para el perfeccionamiento de su alma. San Bento, ya conociendo la vocación de la hermana, la aceptó y mandó construir para ella y la criada una pieza no muy lejos del monasterio, dándole básicamente la misma regla de sus monjes.
La fama de santidad de esta nueva eremita fue creciendo y, poco a poco, se juntaron a ella muchas otras jóvenes que se sentían llamadas a la vida monástica, colocándose todas bajo su dirección juntamente con la de San Benito, formando así una nueva Orden femenina, más tarde conocida como las Benedictinas, que llegó a tener 14.000 conventos esparcidos por todo el Occidente.
Cada año, algunos días antes de la Cuaresma, se encontraban Benito y Escolástica a medio camino entre los dos conventos, en una casita que allí había para este fin. Pasaban el día en coloquios espirituales, para después volver a verse al año siguiente. Uno de los capítulos del libro "Diálogos", de San Gregorio Magno, ayudó a salvar del olvido el nombre de esta gran santa que tiene lugar de predilección entre las vírgenes consagradas. El gran Papa santo narra con simplicidad el último encuentro de San Benito y Santa Escolástica, donde la inocencia y el amor vencieron la propia razón.
Era el primer jueves de la Cuaresma de 547. San Benito fue para estar con su hermana en la casita de costumbre. Pasaron todo el día hablando de Dios. A atardecer, se levantó San Benito decidido a regresar a su monasterio, para volver recién el próximo año.
Presintiendo que su muerte vendría luego, Santa Escolástica pidió al hermano que pasasen allí la noche y no interrumpiesen tan bendecido convivio. A lo que el hermano respondió:
- ¿Qué dices? ¿No sabes que no puedo pasar la noche fuera de la clausura del convento?
Escolástica nada dijo. Solo bajó la cabeza y, en la inocencia de su corazón, pidió a Dios que le concediese la gracia de estar un poco más con su hermano y padre espiritual, a quien tanto amaba.
En el mismo instante el cielo se nubló. Rayos y truenos llenaron el firmamento de luz y estruendos. La lluvia comenzó a caer torrencialmente. Era imposible subir el Montecasino en aquellas condiciones.
Escolástica apenas preguntó a su hermano
- ¿Entonces, no vas a salir? San Benito, percibiendo lo que había pasado, le preguntó:
- ¿Qué hiciste, hermana mía? Dios te perdone por eso...
- Yo te pedí y no quisiste atenderme. Pedí a Dios y Él me oyó - respondió la cándida virgen.
Pasaron aquella noche en santa convivencia, pudiendo el santo fundador regresar a su monasterio solo al otro día por la mañana. De hecho, se confirmó el presentimiento de Escolástica. Entregó su alma al Creador tres días después de este bello hecho. San Benito vio, desde la ventana de su pieza, el alma de Escolástica subir al cielo bajo la forma de una blanca paloma, símbolo de la inocencia que ella siempre tuvo. Llevó el cuerpo a su monasterio y ahí lo enterró en la tumba que había preparado para sí mismo. Algunos meses más tarde también falleció San Benito. Quedaron así unidos en la muerte aquellos dos hermanos que en la vida terrenal se habían unido por la vocación.
Comentando este hecho de la vida de los dos grandes santos, San Gregorio dice que el procedimiento de Santa Escolástica fue correcto, y Dios quiso mostrar la fuerza del alma de una inocente, que colocó el amor a Él por encima hasta de la propia razón o regla.
Según San Juan, "Dios es amor" (I Jn 4, 7) y no es de admirar que Santa Escolástica haya sido más poderosa que su hermano, en la fuerza de su oración llena de amor. "Pudo más quien amó más", enseña San Gregorio. Aquí el amor venció a la razón, en esta singular contienda.
Pidamos a Santa Escolástica la gracia de la restauración de nuestra inocencia bautismal, para que crezca el amor a Dios en nuestra alma y podamos tener su fuerza espiritual para decir con toda propiedad las palabras de San Pablo: "Todo puedo en aquel que me fortalece" (Fl 4, 13).
Por la Hna. Juliane Campos EP
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Schoenstatt
¿Qué es?
Un Movimiento Apostólico.
¿Cuando nació?
Nació de una "alianza de amor" el 18 de octubre de 1918 del joven padre alemán Joseph Kentenich y sus estudiantes "con María y con Dios Uno y Trino" en una capilla-santuario dedicada a Maria Mater Admirabilis.
La Capilla es meta de peregrinaciones marianas para millones de personas y el movimiento ha levantado otras 180 capillas idénticas en todo el mundo. El movimiento hoy tiene 20 ramas (hombres, mujeres, familias, jóvenes, sacerdotes, laicos consagrados, etc...)
¿Cuantas personas participan en el Movimiento?
Cuenta con unos 96.000 miembros, de los cuales 4.400 pertenecen a los Institutos y 2.000 a las Federaciones, y está presente en 42 países. Unas 10.000 personas al día van en peregrinación a uno de los Santuarios del Movimiento esparcidos por el mundo. Cuenta con escuelas, residencias, hospitales e instituciones caritativas.
El fundador
El fundador de la Familia de Schoenstatt es el Siervo de Dios José Kentenich, que nació el 18 de noviembre de 1885 en Alemania, en un enclave cercano a Colonia.
Fue ordenado sacerdote el 8 de julio de 1910. Durante los primeros años de su labor pastoral fue poniendo los fundamentos de la Familia de Schoenstatt y formando las comunidades sacerdotales y laicales que la componen. A partir de 1926 fue fundando los diferentes Institutos Seculares de Schoenstatt.
Su anhelo era anunciar la grandeza de la Madre de Dios y formar nuevos hombres y comunidades en los que resplandeciera la presencia y la imagen de María,
Fue detenido por la Gestapo en septiembre de 1941 y enviado al campo de concentración de Dachau donde permaneció hasta abril de 1945.
Sufrió ejemplarmente cuando, a partir de 1949, su Obra sufrió lo que en la literatura espiritual se denomina "la contradicción de los buenos"; en su caso, por parte de la Jerarquía de la Iglesia. Durante esa dolorosa prueba, obedeció de forma heroica, residiendo a partir de entonces en Milwaukee (EE.UU) y sosteniendo su Obra con su oración, su profunda humildad y su obediencia rendida a la Iglesia.
Cuando regresó a Schoenstatt en 1965, ya anciano, dedicó todas sus energías al impulso apostólico de su Obra por todo el mundo. Falleció inesperadamente, después de celebrar la Santa Misa, el 15 de septiembre de 1968. Las palabras que eligió como epitafio -Dilexit Ecclesiam (amó a la Iglesia)- son el mejor resumen de su egregia personalidad y de su vida.
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SAN FRANCISCO DE SALES: MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN
Stress... palabra-talismán que justifica muchos de los males de nuestro tiempo. ¿No duerme bien? Tiene stress. ¿En su trabajo permanece nervioso o intranquilo? Ud. Está stressado. ¿Problemas familiares? Por supuesto, la culpa es también del stress. Incluso, el mal genio, como es popularmente conocido el temperamento colérico, encuentra su justificación en el stress . Si bien es cierto que la vida agitada e insegura de hoy realmente provoca stress, éste no puede ser el escudo detrás del cual se esconde quien no quiere combatir sus defectos temperamentales.
Veamos el ejemplo de un hombre de fuerte temperamento, el cual, con el auxilio de la gracia, supo dominarse hasta el punto de llegar a ser conocido y venerado por todos como el santo de la dulzura y de la amabilidad: San Francisco de Sales.
La infancia de un niño inocente
Primogénito del Barón de Boisy, nació Francisco en 1567 en el castillo de Sales, en Saboya, que era en aquel tiempo un país independiente que abarcaba territorios hoy pertenecientes a Francia, Italia y Suiza. Su madre, Doña Francisca de Boisy, señora de alta virtud, supo infundirle desde la más tierna infancia el amor a Jesús y a María. Quizás también haya recibido por influencia de ella una de las virtudes que más lo caracterizaron: nunca perder la calma, nunca inquietarse, tener siempre el alma en las manos.
Fue Doña Francisca quien le enseñó el catecismo y colmó su joven mente con los ejemplos de los santos. Esto hizo nacer en el alma del pequeño Francisco el deseo de santidad y el celo por las cosas de Dios.
Siempre fue muy activo y lleno de vitalidad. Un hecho pintoresco de su infancia denota su carácter a la vez combativo e irascible. Había él oído hablar de los calvinistas, quienes en su época dominaron Suiza y buena parte de Francia. Un día, supo que uno de esos herejes estaba de visita en el castillo de sus padres. Como no podía entrar en la sala para protestar, cogió un palo y, lleno de indignación, entró en el gallinero y lanzándose contra las gallinas a golpes gritaba: “¡Afuera los herejes, no queremos herejes!”. Las pobres gallinas huían cacareando ante su inesperado atacante. Solo pudieron salvarlas los criados, quienes consiguieron sacar al niño a tiempo.
Francisco llegará a tener un genio tan dulce y bondadoso que hizo a San Vicente de Paúl exclamar: “Oh Dios mío, si Francisco de Sales es tan amable, ¿Cómo seréis Vos? ”
Las batallas de la juventud
Siendo aún joven, nació en él un gran deseo de consagrarse enteramente a Dios. Entretanto, su padre tenía otros planes. Fue enviado a París a estudiar en el colegio de los jesuitas, donde conoció al buen Padre Déage, que fue su director espiritual. Más tarde se trasladó a Padua a fin de estudiar Derecho Civil, como quería su padre, y Derecho Canónico, como deseaba el ardor religioso de su corazón. También practicaba esgrima, equitación y frecuentaba bailes.
Vivir en gracia de Dios en aquellos ambientes no era nada fácil, pero Francisco supo huir de las ocasiones peligrosas y de toda amistad que pudiese ofender a Dios. En la Universidad, algunos estudiantes perversos, queriendo humillarlo por no soportar su piedad, lo atacaron. Francisco que era experto en el arte de la esgrima,sacó su espada y los derrotó a todos. Viéndolos desarmados e impotentes, se retiró diciéndoles: “Y agradezcan a Dios en quien creo, pues es por eso que no les hago mal”.
Cuando, debido a su temperamento, la “sangre se le subía a la cabeza” ante humillaciones y burlas, él se contenía de tal manera que muchos pensaban que nunca se encolerizaba. El demonio, al ver que era imposible vencerlo con las tentaciones comunes, lo atacó violentamente en un punto muy sensible y difícil: la terrible tentación de la desesperación de salvación.
Tenía veinte años cuando eso ocurrió
Conociera la doctrina de Calvino sobre la predestinación, y no conseguía sacar de su cabeza la idea fija de que se iba a condenar. Perdió el apetito y el sueño. Decía siempre a Nuestro Señor que, si por su infinita justicia lo condenase al infierno, le concediese la gracia de continuar amándolo en ese lugar de tormento. Esa corta oración le devolvía por momentos la paz de alma, pero la tentación siempre volvía. El remedio definitivo vino cuando, entrando en una iglesia en París y arrodillándose delante de una imagen de la Santísima Virgen, rezó la conocidísima oración de San Bernardo: “Acordaos, o piadosísima Virgen María..." Al terminar, los pensamientos de tristeza y desesperación lo abandonaron para siempre y tuvo la seguridad de que “Dios no envió su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que por su medio se salve” (Jn 3, 17).
La vida religiosa y la conquista de los calvinistas
De regreso a la casa paterna, a los 24 años, renunció a un matrimonio brillante y a un puesto en el Senado del Reino. En contra de la voluntad de su padre, asumió el cargo de Deán de la Catedral de Chambery – por influencia de su tío, Luis de Sales, canónigo de la Catedral de Ginebra, que obtuvo tal nombramiento del Papa – y poco tiempo después fue hecho sacerdote.
Predicó en Annecy y en otras ciudades. Aunque dotado de gran cultura, sus pláticas eran simples, atrayendo irresistiblemente a todos los que le oían.
Pero su dura batalla comenzó cuando se ofreció para reconquistar Chablais, en la costa sur del lago de Ginebra. Esta región estaba totalmente dominada por los calvinistas, cuyo ejército no dejaba a los habitantes católicos vivir en paz . El 14 de septiembre de 1594, día de la exaltación de la Santa Cruz, con la autorización del obispo Claudio de Granier, partió Francisco de Sales a pie para la gran misión. Pruebas no le faltaron. Muchas veces tuvo que dormir a la intemperie. En una ocasión se refugió en lo alto de un árbol durante toda la noche para escapar al riesgo de ser devorado por los lobos. A la mañana siguiente, fue salvado por un matrimonio de campesinos calvinistas que adquirieron una gran simpatía por él.
Posteriormente esos campesinos se convirtieron, dando inicio a la gran transformación religiosa de la región. Cada noche, San Francisco y sus compañeros católicos pasaban de casa en casa, dejando bajo la puerta folletos escritos a mano, en los que eran refutados los falsos argumentos de la herejía calvinista. Ese hecho le valió el título de patrono de los escritores y periodistas católicos. Esos escritos fueron posteriormente reunidos y publicados bajo el nombre de Controversias.
Pocos años más tarde, después de duras luchas y persecuciones, Chablais se convirtió totalmente, y el Padre Francisco fue nombrado obispo coadjutor de Ginebra. Para recibir la consagración episcopal, se dirigió a Roma, donde el propio Papa Clemente VIII lo interrogó sobre 35 puntos difíciles de Teología, en presencia del Colegio Cardenalicio. “¡Ninguno de los que aprobamos mereció nuestra aprobación de una manera tan completa!” – exclamó el Papa al descender de su trono para abrazarlo.
Obispo príncipe de Ginebra
Con la muerte de Mons. Garnier, San Francisco de Sales asumió el cargo vacante. La generosidad y la caridad, la humildad y la clemencia del santo eran inagotables. En su trabajo con las almas fue siempre bondadoso, sin caer en la debilidad; sabía ser firme cuando era necesario.
Fundó la Orden de la Visitación con su dirigida espiritual, Santa Juana de Chantal, en 1604. Entre las obras escritas por él, se destacan el Tratado del Amor de Dios, que le valió el título de Doctor de la Iglesia, e Introducción a la vida devota – Filotea, nacida de las notas enviadas a su prima, Señora de Chamoisy.
La medida de amar a Dios
“La medida de amar a Dios consiste en amarlo sin medida.” Esta enseñanza de San Francisco de Sales tal vez pueda resumir toda su existencia, pues él no fue sino un ejemplo vivo de todo lo que enseñaba. Aún en vida, ya existían personas devotas que guardaban como reliquias objetos usados por él.
Víctima de una parálisis, perdió la palabra y algo de su lucidez, pero las recuperó en breve tiempo. Entretanto, los esfuerzos médicos hechos para salvarlo no tuvieron efecto. En su lecho repetía: “Puse toda mi esperanza en el Señor; Él escuchó mi súplica y me sacó del foso de la miseria y del pantano de la iniquidad".
Falleció a los 56 años de edad, en la fiesta de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre de 1622. Su hígado, debido al constante esfuerzo para controlar sus ímpetus de cólera, se había transformado en piedra. Su cuerpo fue encontrado incorrupto 10 años después de su fallecimiento.
Él supo vivir por entero el consejo de Nuestro Señor en el Evangelio: “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis el reposo para vuestras almas (Mt 11, 29).
San Juan Bosco de tal modo lo admiró que lo escogió como patrono de su congregación. Y Santa Juana de Chantal decía de él: “Era una imagen viva del Hijo de Dios, porque verdaderamente el orden y la economía de esa santa alma eran completamente sobrenaturales y divinas".
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