domingo, 20 de octubre de 2013

La Maravilloterapia

Bogotá (Viernes, 18-10-2013, Gaudium Press) "Maravillo-terapia" es sin duda un término que hará carrera, porque expresa una muy importante realidad, aquella de la restauración humana fruto de la contemplación de las maravillas.

Primero digamos con la Real Academia que maravilla es un suceso o cosa fuera de lo común que suscita la admiración. La maravillo-terapia es pues, siguiendo la doctrina de Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, la medicina de lo maravilloso. 1 Mons. Clá define a su vez la maravilla como "lo mejor de la realidad".

Reproduce Mons. João Clá la constatación de las modernas psicofisiología y psicofarmacología, de que todo estado psíquico-temperamental tiene un correlato fisiológico: "Si alguien, en medio de una caminata por el campo, se depara con un toro furioso, una serie de reacciones se producen en cadena en su organismo: la glándula suprarrenal inyecta inmediatamente adrenalina en la sangre, el corazón se acelera, los bronquios se dilatan y la respiración también se acelera. Y las piernas se tornan más fuertes... La sensación de miedo provoca reacciones fisiológicas en el cuerpo en un estado correspondiente al del alma".

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Notre Dame de París -Foto: Gustavo Kralj / Gaudium Press

En este sentido, también "existe el estado físico provocado por lo maravilloso, que produce enorme bienestar, da disposición para el esfuerzo y para la entrega al bien. La salud es beneficiada, pues una serie de ‘desregulaciones' orgánicas se ponen en orden: se adquiere buena disposición, aumenta el apetito, se duerme bien; se atraviesan mejor los estados de aflicción, de angustia".

Es claro que no es la sola aparición de lo maravilloso, sino la existencia de un alma sedienta y contemplativa de este maravilloso la que se beneficia de la maravillo-terapia. Esto lo decimos porque hay lamentablemente muchas personas que se hacen cada vez más insensibles a lo sublime. Y por el contrario hay otras que son capaces de descubrir lo maravilloso incluso en lo ‘simple', en lo ‘cotidiano', como por ejemplo un chorro de agua, un sencillo pajarillo. Entonces lo primero es tener esa claridad en el espíritu, de que hay que ser un cazador perceptivo de las maravillas para beneficiarnos de este efectivo ‘tratamiento'.

Tratamiento que puede ser realizado en la admiración de "bosques, campiñas, montañas, [con] las variaciones del cielo diurno y nocturno, las auroras y los ocasos. Y el mar, majestuoso, dominante"; en fin, con la creación entera. O también con "las obras humanas, las ‘nietas de Dios', según la expresión de Dante", sean ellas las catedrales, o los bellos castillos, o los vitrales, o con toda aquella obra verdaderamente bella que atraiga nuestra atención.

Es el camino que señala Juan Pablo II en Fides et Ratio cuando llega a decir que "razonando sobre la naturaleza, se puede llegar hasta el Creador: ‘de la grandeza y hermosura de las criaturas, se llega, por analogía, a contemplar a su Autor' (Sb 13, 5). Se reconoce así un primer paso de la Revelación divina, constituido por el maravilloso ‘libro de la naturaleza', con cuya lectura, mediante los instrumentos propios de la razón humana, se puede llegar al conocimiento del Creador". 2

Es que la maravillo-terapia no es otra cosa sino una forma específica de irnos acercando a Dios, fuente de toda felicidad, principio de toda verdadera curación o restauración, Perfección de todas las perfecciones, Maravilla de todas las maravillas.

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Foto: Gaudium Press
"El mar, majestuoso, dominante...", dice Mons. João Clá. ¡Cómo el mar es maravilloso! Por ejemplo el mar de Cartagena de Indias de la foto adjunta, que no tiene la exuberancia variopinta de muchos ocasos, pero donde está presente la majestad, la serenidad, la calidez, el agrado suave y tierno de Dios.

Mas es el mar, son las montañas, las praderas, todo el Universo sublime, a la espera de servir de instrumento de la admiración que cura, de la contemplación de la maravilla que sana, a la espera del encuentro con la Gran Maravilla, Ella ya demasiadamente grande.
Por Saúl Castiblanco
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1. Clá Dias, Joao. A Fidelidade ao Primeiro Olhar - Um périplo, da apreensão do Ser até a contemplação do Absoluto. Todas las citas son tomadas de este documento, salvo especificación en contrario.

2. Juan Pablo II. CARTA ENCÍCLICA FIDES ET RATIO - A LOS OBISPOS DE LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE LAS RELACIONES ENTRE FE Y RAZÓN. n. 19

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El color rojo, ¿sigue siendo rojo cuando nadie lo mira?

Redacción (Viernes, 18-10-2013, Gaudium Press) Michel Pastoreau en su obra: Una historia simbólica de la Edad Media (Pastoreau 2004 385 ctd Beorlegui 2011) [1], formula una pregunta similar: ¿una prenda de vestir roja sigue siendo roja cuando nadie la mira? y se responde diciendo, que ningún teólogo ni hombre de ciencia hubiese propuesto este problema antes del siglo XVII (Id. 149). Más aún, en la Edad Media esta pregunta sería anacrónica porque "el color no se define como un fenómeno perceptivo sino como una sustancia, es decir, como una verdadera envoltura material que reviste a los cuerpos, ya sea como una fracción de luz (Id. 147)[2]".

El autor prosigue afirmando que para los pensadores de la Edad Media, en su mayoría hombres de Iglesia, el color no representaba un horizonte sensible, sino un problema filosófico - teológico: En los primeros siglos del cristianismo, son muchos los Padres que hablan del tema y, luego de ellos, lo hace la mayoría de los teólogos medievales. Mucho antes que los pintores, los tintoreros, o los heraldos de armas, son ellos los primeros ´especialistas´ del color. En sus plumas, este aparece con frecuencia, ya sea bajo la forma de metáfora, ya sea bajo la forma de atributo, ya sea, sobretodo, porque plantea un problema de fondo, vinculado con la física y la metafísica de la luz y, por ende, con la relación que el hombre de aquí abajo establece con lo divino. Para la teología medieval, en efecto la luz es la única parte del mundo sensible que es a su vez visible e inmaterial. Es visibilidad de lo inefable y, como tal, emanación de Dios (Pastoreau 2004 147).

La proporción, la integridad, y la claridad

1.pngEn la plenitud de la Edad Media, Santo Tomás de Aquino habla - retomando ideas difundidas antes que él por otros autores - que para que exista la belleza es necesario tres cosas: la proporción, la integridad, y la claridad o luminosidad. El estudio de la claritas o la "estética de la claritas" como la llama Umberto Eco, se deriva del hecho de que en numerosas civilizaciones identificaban a Dios como luz: "el Baal semítico, el Ra egipcio, el Ahudra iranio son todos ellos personificaciones del sol o la benéfica acción de la luz", que conducen a la "concepción de Bien como Sol" [3]. Santo Tomás de Aquino argumenta que la manifestación y la cognocibilidad de aquello que es perfecto se denominan claridad. El término "claridad" tiene que ver con "luz". (Super Sent., lib. 2, d. 13, a. 2co).


En el Escrito sobre las Sentencias, el Doctor Angélico, caracteriza la luz como una cualidad visible y por ende limitada a las cosas sensibles, sin embargo, dice que este término también se puede aplicar -por analogía- a las cosas no sensibles, esto es, las espirituales: "se llama luz en lo espiritual a aquello que se tiene para la manifestación intelectiva, así como se tiene la luz corporal para la manifestación sensitiva. No obstante, la manifestación se encuentra más verdaderamente en lo espiritual" (Cfr. Super Sent., lib. 2, d. 13, a. 2co).
Por otra parte Santo Tomás, refiriéndose a lo dicho por San Agustín, dice que la luz está más en las cosas espirituales que corporales, no por la noción propia de la luz sino según la noción de "manifestación". La "luz" expresa lo que en algún cuerpo es claro en acto e ilumina otros cuerpos como el sol y "claridad" lo que es recibido en el cuerpo -transparente o translucido- iluminado (Cfr. Super Sent., Lib. 2, d. 13, a. 3), como el aire, el agua, ciertas piedras y el vidrio. La diferencia entre la luz y la claridad es la misma que existe entre el calor y lo calentado por algo que está ardiendo; entre algo que es causa y el efecto. En conclusión podemos afirmar, junto con el Aquinate que: Dios es luz y las criaturas son "iluminados", gracias a esa "Luz" que viene de Dios.

El color: ¿Es Luz o Materia?

Con respecto al color, Michel Pastoreau formula una pregunta a propósito del color: ¿es luz o materia? El autor sostiene que para la Iglesia, lo que está en juego es importante. Si el color es una fracción de luz, participa ontológicamente de lo divino, puesto que Dios es luz. 

La ampliación del color sobre la tierra, significa el disminuir de las tinieblas, significa extender la luz y, por lo tanto, extender a Dios. La búsqueda del color y la búsqueda de la luz son indisociables (Pastoreau 2004 148). Por otra parte, continúa Pastoreau, si el color no es luz, entonces es materia y por lo tanto un envoltorio innecesario creado por el hombre que en último análisis entorpece la visión de Dios. Afirma, además que este problema constituyó una discusión, no sólo en el orden teológico, sino que también a nivel de la cultura y la vida cotidiana medieval (Id. 148). El autor argumenta que este dilema se remonta a los tiempos antiguos. En efecto, la Biblia casi no habla de los colores. También afirma que, algunos autores se refieren al color como algo que oculta otra cosa (celare), y por lo tanto disimula y engaña (Pastoreau 2004 149).

Esta opinión, recuerda Pastoreau, no fue compartida por los Padres de la Iglesia, por el contario, ellos glorificaron el color: "Los colores se llaman así porque nacen del calor (calore) del fuego o bien del sol" (De Sevilla ctd en Pastoreau 2004 150). También refiere que las primeras reacciones con vistas a restringir la presencia del color se originan a fines del siglo XI y comienzos del siglo XII, en especial con San Bernardo de Claraval (Cfr. Duby ctd en Pastoreau 2004 150), que en función de un ascetismo monacal no toleraba nada que tuviese color (Cfr. Pastoreau 2004 151-153), y en materia de imágenes la única que aceptaba era la del crucifijo (Id. 151). Sin embargo, comenta Pastoreau, casi a la par emerge la figura de Suger de Saint -Denis que al igual que los grandes Abades de Cluny piensa que "nada es demasiado bello para el servicio de Dios" (Id. 153) y que poniendo en práctica lo anterior convierte su abadía de Saint -Denis en un templo del color (Cfr. Bruyne 121).

Para el hombre medieval todo tenía un significado

A su vez, Umberto Eco, continua afirmando que el hombre de la Edad Media "cree firmemente que todas las cosas del universo tienen un significado sobrenatural, y que el mundo es como un libro escrito en las manos de Dios". Eco continúa diciendo que para el medieval todos los animales tienen un significado moral o místico, al igual que las piedras y todas las hierbas. El autor argumenta, siguiendo lo anterior, que a los colores también se les llegó a atribuir significados, ya fueran positivos o negativos, no en tanto los estudiosos ofrezcan opiniones, muchas veces, contradictorias respecto al significado de cada color. Eco afirma que lo anterior obedece a dos razones: la primera, dado el simbolismo medieval, una cosa puede tener dos significados (de ahí que el León simbolice, ora a Jesucristo, ora al demonio). La segunda, una vez que la Edad Media se prolongó por espacio de casi diez siglos, período muy largo donde ocurrieron cambios en los gustos y hasta la interpretación del significado de cada color (Ibid.). Por ejemplo, prosigue el autor, en los primeros siglos el color verde y azul eran considerados de poco valor, probablemente dice, debido a que no se conseguían tonalidades azules vivas y brillantes. A partir del siglo XII, el azul se convertirá en el color apreciado por su valor místico, predominando en los rosetones y vidrieras de las grandes catedrales, contribuyendo a filtrar la luz de forma "celestial" (Id. 123).

Por el Padre Pablo Beorlegui, EP.
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[1] El presente artículo es un extracto adaptado de la tesis doctoral "Los Dos Angélicos" (Cfr. Beorlegui 2011)
[2] Recién a partir del año 1780 algunos filósofos comenzaron a definir el color como una sensación, la sensación de una elemento coloreado por una luz que lo ilumina, recibida por el ojo y transmitida al cerebro; esa definición terminó por prevalecer sobre las demás en nuestra época contemporánea.
[3] Dionisio Areopagita en sus obras La jerarquía celeste y De los Nombres Divinos, representa a Dios como "Luz", "fuego", "fuente luminosa", Las mismas imágenes se encuentran en Juan Escoto Eriugena.

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Papa recibe reliquias de los pastorcitos de Fátima

Fátima (Viernes, 18-10-2013, Gaudium Press) La postuladora de la causa de canonización de Francisco y Jacinta Marto, dos de los pastorcitos que presenciaron la aparición de Nuestra Señora de Fátima, la Hermana Ângela Coelho, ofreció al Papa Francisco un estuche con las reliquias de los beatos de Fátima y un fragmento de la encina donde Nuestra Señora apareció, en la Cova de la Iria.

1.jpgLa religiosa afirmó haber dicho al Santo Padre durante su encuentro con él que en Portugal, los pastorcitos Francisco y Jacinta "son modelo de amor" e "inspiradores de nuestra oración, de la ofrenda de nuestros sacrificios y de nuestra vida por el Papa".

"Él (el Papa Francisco) besó cariñosamente las reliquias y dijo: 'sí, recen por mí'", recordó la Hermana Ângela Coelho, que estuvo presente en el Vaticano en este último fin de semana, para acompañar el paso de la Imagen oficial de Nuestra Señora de Fátima.

El director del Museo del Santuario de Fátima y responsable por la sección de Arte y Patrimonio de la institución, Marco Daniel, en la ocasión, asumió el papel de "guardián" de la Imagen venerada en la Capillita de las Apariciones. Él confesó que "cada momento fue repleto de emoción".

El responsable además destacó la recepción hecha por el Arzobispo Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y dicasterio responsable por la organización de la Jornada Mariana de Roma, en el Año de la Fe.
Además de eso, los miembros de la delegación del Santuario de Fátima se encontraron con el Papa Emérito Benedicto XVI, que acogió la imagen de Nuestra Señora de Fátima antes de esta seguir en procesión hasta la Plaza de San Pedro.

Marco Daniel dijo haber quedado impresionado con la relación que todos los Papas establecen con la Imagen de Fátima, "señal bien evidente de su representatividad para la devoción mariana en la Iglesia".

Para la Hermana Ângela Coelho, el paso de la Imagen de la Virgen Santísima en Roma fue un "momento histórico para la Iglesia y para el mundo" y dijo que "el amor que las personas sienten y manifiestan" fue lo que más la impresionó. (LMI)
Con informaciones de la Agencia Ecclesia.

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jueves, 17 de octubre de 2013

Visita de la Imagen de la Virgen a Roma reaviva importancia del mensaje de Fátima

Fátima (Miércoles, 16-10-2013, Gaudium Press) De acuerdo con el Obispo de la Diócesis de Leiria-Fátima, Mons. António Marto, "el viaje al Vaticano de la Imagen venerada en la Capillita de las Apariciones [de Fátima] reforzó la ligación del Papado al mensaje de Fátima y la dimensión mundial del Santuario".

1.jpgSegún Mons. Marto, "la elección fue un homenaje y un motivo de alegría y de honra, por el hecho de que Nuestra Señora de Fátima es un ícono representativo para todo el mundo cristiano".

El Obispo reveló que fue una sorpresa cuando recibió la llamada, a mediados de enero de 2013, en nombre del entonces Papa Benedicto XVI. En la ocasión, el Pontífice le pidió que la Imagen venerada en la Cova de la Iria fuese llevada a Roma para participar de la Jornada Mariana del Año de la Fe.

"Al Santo Padre, nunca se dice no", reveló Mons. António Marto. "Desde el punto de vista de la Fe, la unión y la comunión se expresan aún estando aquí y la Imagen allá", agregó.

Después de la elección del nuevo Papa, en marzo de este año, Mons. Marto recibió una carta que confirmaba el deseo del Papa Francisco de consagrar el mundo al Corazón Inmaculado de María, "en este momento de oscuridad y de amenazas de guerras".

"La devoción mariana del Papa fue revelada en el primer día del Pontificado, cuando Francisco fue a la Basílica de Santa María Mayor a confiar su ministerio a Nuestra Señora; o cuando visitó el Santuario de Aparecida", explicó.

El prelado además destacó cuando el Santo Padre también se refirió a Fátima en la primera vez en que recitó la oración dominical del Ángelus.

Sobre una posible visita del Pontífice al Santuario de Fátima, el Obispo dijo que "la invitación oficial de la Conferencia Episcopal Portuguesa ya fue enviada, y que la respuesta, en la mejor de las hipótesis, llegará un año antes de la fecha marcada". (LMI)
Con informaciones de la Agencia Ecclesia.

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miércoles, 16 de octubre de 2013

La Virgen del Rosario

Redacción (Martes 15-10-2013, Gaudium Press) Por especial designio de la infinita misericordia de Dios, María Santísima reveló al gran Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Dominicos, un medio fácil y seguro de salvación: el santo Rosario.

Siempre que los hombres lo utilizan todo florece en la Iglesia: en la tierra empieza a reinar la paz, las familias viven en concordia y los corazones se encienden de amor a Dios y al prójimo. Cuando lo olvidan las desgracias se multiplican, se implanta la discordia en los hogares, el caos se establece en el mundo...

El Avemaría, base del Nuevo Testamento

Santo Domingo vivió en una época de grandes tribulaciones para la Iglesia.
La terrible herejía de los albigenses se había esparcido por el sur de Francia y amenazaba a toda Europa. La profunda corrupción moral que de ella provenía atentaba contra los fundamentos de la propia sociedad temporal.

Por medio de ardorosas predicaciones, Santo Domingo intentó durante años traer de vuelta al seno de la Iglesia a aquellos infelices que se habían desviado de la verdad. Pero sus elocuentes e inflamadas palabras no lograban llegar a esos corazones empedernidos y entregados a los vicios.

El Santo intensificó sus oraciones...

Aumentó sus penitencias... Fundó un instituto religioso para acoger a los convertidos... Poco y nada le valieron sus esfuerzos. Las conversiones eran pocas y de efímera duración.
¿Qué hacer? Un día, decidido a arrancarle a Dios las gracias superabundantes para mover esas almas a la conversión, Fray Domingo se internó en un bosque cercano a Toulouse y se entregó a la oración y la penitencia, dispuesto a no salir de ahí sin obtener del Cielo una respuesta favorable.

Luego de tres días y tres noches de incesantes súplicas, cuando las fuerzas físicas ya casi lo abandonaban, se le apareció la Virgen María diciendo con inefable suavidad: - Mi querido Domingo, ¿sabes de qué medio se sirvió la Santísima Trinidad para reformar el mundo? - Señora, lo sabes mejor que yo, porque después de tu Hijo Jesucristo, fuiste tú misma el principal instrumento de nuestra salvación.

- Yo te digo, entonces, que el instrumento más importante fue la Salutación Angélica, el Avemaría, que es el fundamento del Nuevo Testamento. Y por lo tanto, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi Rosario.

Rayos y truenos para reforzar la predicación

Con ánimo renovado, el ferviente fundador de los Dominicos se dirigió de inmediato a la Catedral de Toulouse, para hacer una prédica. No bien cruzó el umbral del templo, las campanas empezaron a repicar por obra de los ángeles, para reunir a los habitantes de la ciudad.

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Por el especial designio de la infinita misericordia de
Dios, María Santísima reveló al gran Santo Domingo
de Guzmán, fundador de la Orden de los Dominicos,
un medio fácil y seguro para nuestra salvación:
el santo Rosario

Tan luego comenzó a hablar, nubes espesas cubrieron el cielo y se desató una terrible tempestad, con truenos y relámpagos, agravada por un pavoroso temblor de tierra.

El temor de los asistentes aumentó cuando una imagen de la Virgen, situada en un vistoso lugar, levantó los brazos tres veces para pedir la venganza de Dios contra ellos, si no se convertían e imploraban su protección.

El santo Predicador rogó la misericordia de Dios y la tempestad cesó, permitiéndole hablar con toda calma sobre las maravillas del Rosario.

Los habitantes de Toulouse se arrepintieron de sus pecados, abandonaron el error y comenzaron a rezarlo. En consecuencia, grande fue el cambio en las costumbres de esa ciudad.

A partir de entonces, Santo Domingo se dedicó a predicar esta devoción, invitando a sus oyentes a rezarlo con fervor todos los días. Así, obtuvo que la misericordia de la Santísima Virgen cubriera las almas y las transformara profundamente.

María fue así la verdadera vencedora de los errores de los albigenses.

Un sermón escrito por la Santísima Virgen

El Beato Alano describe una aparición de Santo Domingo, de la cual relata el siguiente episodio: Él se encontraba rezando el Rosario en la Catedral de Notre Dame de París, preparándose para hacer un sermón sobre San Juan Evangelista. Entonces se le apareció la Santísima Virgen y le entregó un pergamino, diciéndole: "Domingo, por bueno que sea el sermón que decidiste predicar, aquí traigo otro mejor".

Muy contento leyó el pergamino, agradeció de todo corazón a María y se dirigió al púlpito para comenzar la prédica. Tenía frente a sí a los profesores y alumnos de la Universidad de París, además de un gran número de personas de importancia.

Sobre el Apóstol San Juan afirmó únicamente que había merecido ser elegido como guardián de la Reina del Cielo. Enseguida añadió: "Señores y maestros ilustres, están ustedes acostumbrados a escuchar sermones elegantes y sabios, pero no quiero yo dirigirles las doctas palabras de la sabiduría humana, sino mostrarles el Espíritu de Dios y su virtud".
Y entonces Santo Domingo se puso a explicar el Avemaría, tal como le había enseñado la Virgen, conmoviendo profundamente aquel auditorio de hombres cultos.

El Beato Alano de la Roche

Las mismas gracias concedidas por Dios a través de la recitación del Rosario se encargaron de propagarlo por todas partes, haciendo más querida esta devoción para los fieles cristianos. Mientras fue practicada, la piedad florecía en las Órdenes religiosas y en el mundo católico.

3.jpgPero cien años después de haber sido divulgada por Santo Domingo, casi había caído ya en el olvido. Como consecuencia, se multiplicaron los males sobre la Cristiandad: la peste negra devastó Europa, diezmando un tercio de la población, surgieron nuevas herejías, la Guerra de los Cien Años esparció desórdenes por todos lados, y el Gran Cisma de Occidente dividió a la Iglesia por un largo período.

Para contener el mal y, sobre todo, preparar a la Iglesia para enfrentar los embates futuros, suscitó Dios al Beato Alano de la Roche O.P., con la misión de restaurar el antiguo fervor por el Rosario.

Un día en que celebraba Misa, en 1460, le preguntó Nuestro Señor: "¿Por qué me crucificas de nuevo? Y no sólo me crucificas por tus culpas, sino también porque sabes cuán necesario es predicar el Rosario y así desviar a muchas almas del pecado. Si no lo haces, eres el culpable de las faltas que cometan".

A partir de entonces, el Beato Alano se volvió un infatigable difusor de esta devoción, con la que convirtió a un gran número de almas.

Factor decisivo de grandes victorias

Sobre todo cuando llegaron momentos de grandes peligros y pruebas para la Iglesia, el Rosario tuvo un papel decisivo, propició la perseverancia de los católicos en la fe y levantó una barrera contra el mal.

Al ver a Europa amenazada por los ejércitos del imperio otomano, que avanzaban por mar y tierra, devastando todo y persiguiendo a los cristianos, el Papa San Pío V mandó rezar el Rosario en toda la Cristiandad, implorando la protección de la Santísima Virgen. Al mismo tiempo, con el auxilio de España y de Venecia, reunió una escuadra en el Mar Mediterráneo para defender a los países católicos.

El 7 de octubre de 1571, la flota católica encontró a la poderosa escuadra otomana en el golfo de Lepanto. Y a pesar de la superioridad numérica del adversario, los cristianos salieron triunfantes, apartando definitivamente el riesgo de una invasión. Antes de trabar el combate, todos los soldados y marineros católicos rezaron el Rosario con gran devoción.
La victoria, que parecía casi imposible, se debió a la protección de la Virgen Santísima, que según el testimonio de los propios musulmanes, se apareció durante la batalla infundiéndoles un gran terror.

Para conmemorar la victoria del Príncipe Eugenio de Saboya sobre el ejército otomano, debida también a la eficacia del Rosario, el Papa Clemente XI ordenó que la fiesta de Nuestra Señora del Rosario se celebrara universalmente.

San Luis Grignion de Montfort

4.jpgLa Iglesia aún sería sacudida por grandes tempestades. 

Queriendo fortalecer a sus hijos y prepararlos para soportar las grandes pruebas futuras, Dios suscitó un alma de fuego con la misión de volver a encender la llama de la devoción al Rosario, que una vez más había caído en el olvido. San Luis Grignion de Montfort, el gran doctor de la devoción a la Madre de Dios, ejerció su misión profética un siglo antes de la Revolución Francesa. Las regiones que dieron oídos a su predicación fueron las que mejor resistieron los errores de su época y conservaron íntegra la fe.

Fátima, 1917: "Soy la Señora del Rosario"

Ya en el siglo XX, cuando la Primera Guerra Mundial estaba en pleno auge, la Santísima Virgen vino en persona para recordar a los hombres que la solución a sus males estaba al alcance de sus manos, en las cuentas del Rosario: "Recen el Rosario todos los días para alcanzar la paz y el fin de la guerra" , les repitió maternalmente a los tres pastorcitos en Fátima. En la última aparición, octubre de 1917, la Virgen María dijo quién era: "Soy la Señora del Rosario" . Y para corroborar la autenticidad de las apariciones y la importancia del Rosario, obró un milagro de grandeza nunca vista, presenciado por la multitud de 70.000 personas que estaban en el lugar: al mediodía, el sol giró en el cielo pareciendo precipitarse sobre la tierra, retomando después su posición habitual en el firmamento.

Milagros de tamaña magnitud los encontramos sólo en el Antiguo Testamento. Pero ni siquiera así el mundo prestó oídos a la Madre de Dios. Y nunca se abatieron sobre la Tierra tantas desgracias, nunca hubo tantas guerras, nunca la descomposición moral llegó tan bajo.

No obstante, el medio de obtener la paz para el mundo, para las familias, para los corazones, sigue al alcance de nuestras manos en las cuentas benditas del Rosario, que María Santísima llevaba pendiente de su brazo cuando se apareció en Fátima.

Se salvó porque llevaba el Rosario a la cintura

No es posible expresar cuánto estima la Virgen al Rosario por encima de todas las otras devociones, y cuán generosa es para recompensar a los que trabajan por difundirlo.
5.jpgSan Luis de Montfort cuenta el caso de Alfonso XI, Rey de León, al que la Virgen protegió particularmente, por el simple hecho de llevar ostensivamente el Rosario a la cintura, como forma de incentivar esta devoción entre sus cortesanos.

Algún tiempo después el rey estaba a las puertas de la muerte, acometido por una grave enfermedad. Fue transportado en espíritu al tribunal de Dios, donde los demonios lo acusaron de todos sus crímenes. Y cuando iba a ser condenado a las penas eternas, se presentó en su defensa la Santísima Virgen frente a Jesús.

En uno de los platillos de la balanza fueron puestos los pecados del Rey. En el otro, Ella colocó el gran Rosario que él llevaba en su honor, junto a los rosarios que, gracias a su ejemplo, habían rezado otras personas. Y juntos pesaban más que todas las faltas que había cometido.

Después, María mirando con misericordia al Rey, le dijo: "Conseguí de mi Hijo, como recompensa al pequeño servicio que me hiciste llevando el Rosario a la cintura, que tu vida se prolongue unos años más. Empléalos bien y haz penitencia".

Volviendo en sí, el rey exclamó: "¡Oh, Bendito Rosario de la Santísima Virgen, gracias al cual me vi libre de la condenación eterna!" Y recobrando la salud, lo rezó todos los días hasta el fin de su vida.

La Palabra del Papa, portavoz de Jesús

"El Rosario nos transporta místicamente al lado de María (...) para que Ella nos eduque y nos moldee hasta que Cristo esté plenamente formado en nosotros" - enseña el Papa Juan Pablo II. Y añade: "Nunca como en el Rosario, el camino de Cristo y el de María se muestran tan profundamente unidos. María sólo vive en Cristo y en función de Cristo".

Recordemos sus inspiradas palabras en la Carta Apostólica "Rosarium Virginis Mariæ": "¡El Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación.

A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. "Hago mías con gusto las palabras conmovedoras del Beato Bartolomé Longo, apóstol del Rosario, con las que termina la célebre Súplica a la Reina del Santo Rosario:

"Oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos une con Dios, vínculo de amor que nos une a los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás! " Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía. Para ti el último beso de la vida que se apaga. Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los tristes. Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo Amén."

¡No deje nunca de rezarlo!

Acatando fielmente esa exhortación del Papa, nunca deje de rezar el Rosario con el pretexto de tener muchas distracciones involuntarias, o falta de interés por rezarlo, o mucho cansancio, o falta de tiempo, o cualquier otro motivo. Para rezarlo bien no es necesario tener consolaciones ni lograr una aplicación continua de la imaginación, o un simple gusto. Bastan la fe pura y la buena intención.

¡Mire cuántos beneficios nos proporciona la recitación del Rosario!
• Nos eleva al conocimiento perfecto de Jesucristo.

• Purifica nuestras almas del pecado.

• Nos lleva a la victoria sobre todos nuestros enemigos.

• Nos facilita la práctica de las virtudes.

• Nos inflama el amor de Jesucristo.

• Nos enriquece de gracias y méritos.

• Nos proporciona los medios para pagar todas nuestras deudas con Dios y con los hombres.

A todo lo cual agrega San Luis de Montfort: "Aunque te encuentres al borde del abismo o con un pie en el infierno, aunque estés endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano te convertirás y te salvarás con tal que reces devotamente todos los días el santo Rosario, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de tus pecados".

(Revista Heraldos del Evangelio, Oct/2004, n. 15, p. 34 a 38)

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Revista oficial del Santuario de Fátima celebra la reciente Consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de María

Fátima (Martes, 15-10-2013, Gaudium Press) Como "un hecho de extraordinaria importancia que pone de relieve la importancia del mensaje de Fátima" calificó el Rector del Santuario mariano portugués la Consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de María ante la imagen venerada en la Capilla de las Apariciones en Fátima, Portugal. La publicación oficial del Santuario destacó además en su editorial la Consagración realizada en 1984 por el Beato Juan Pablo II y el ofrecimiento de la bala que se extrajo de su cuerpo tras el atentado que casi pone fin a su vida y que falló según el Pontífice por la intercesión de la Santísima Virgen.

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Nuestra Señora de Fátima, en su Santuario en Portugal. Foto: Nivaldo Bueno / Gaudium Press.
"Esta es la tercera vez que la imagen está presente en Roma, siempre a petición del Santo Padre", comentó el P. Carlos Cabecinhas, Rector del Santuario y autor del editorial, quien destacó la celebración en honor de la Madre de Dios como uno de los grandes eventos del año. "La Jornada Mariana, ya cerca del final del Año de la Fe, destaca el lugar especial de María en nuestra experiencia cristiana. María es el modelo del creyente, el ejemplo que se nos propone en la vivencia de la fe".

El sacerdote recordó que la Santísima Virgen sostiene maternalmente la fe de sus hijos, defensa que desde los primeros siglos fue reconocida por los cristianos y que fue destacada por el Papa Pablo VI con su frase "no se puede ser cristiano si no se es mariano".

Nuestra Señora de Fátima, destacado ejemplo de devoción mariana

"La elección de la imagen de Nuestra Señora de Fátima que se venera en la Capilla de las Apariciones para asistir a este evento es muy significativo", expresó el Rector en la publicación oficial del Santuario: "fue pensado para que estuviera presente en Roma una imagen de la Virgen representativa de la devoción mariana en el mundo católico". Este fue el sentido expresado por Mons. Rino Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización y organizador de los eventos centrales del Año de la Fe, en su carta al Santuario (ver noticia anterior).

A pesar de que la solicitud de la Santa Sede coincidía con la fiesta en el Santuario y que la imagen más venerada estaría fuera del mismo durante su fiesta por primera vez, las autoridades eclesiásticas aceptaron con entusiasmo. "La respuesta sólo podía ser positiva", destacó el P. Cabecinhas. "La figura del Santo Padre es de particular importancia en el mensaje de Fátima y la oración por él y por sus intenciones es la práctica diaria en el Santuario".

Según el editorial, la presencia de la imagen en Roma constituye un símbolo de comunión con la Santa Sede y un nuevo respaldo del Pontífice a Fátima y su mensaje. Finalmente, el Rector del Santuario afirmó que este lazo de unión tuvo una demostración adicional en "la presencia en Fátima, en la misma fecha, el Cardenal Secretario de Estado del Vaticano, el Card. Tarcisio Bertone, como Presidente de la gran peregrinación de octubre". Los peregrinos, en Roma y en Fátima estuvieron "especialmente unidos en la misma oración, la contemplación de María como modelo de fe y recurriendo a su ayuda e intercesión en la vivencia creyente".

Con información de Santuario de Fátima.

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Representantes de la Pastoral Juvenil Latinoamericana se dieron cita en Uruguay

Montevideo (Martes, 15-10-2013, Gaudium Press) Delegados de la región Cono Sur de la Pastoral Juvenil Latinoamericano se encontraron en Montevideo desde el pasado 11 al 13 de octubre para reflexionar sobre la realidad de los jóvenes en la Iglesia de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, países que conforman esta sección de la pastoral juvenil de América Latina.

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De acuerdo con una comunicación emitida por la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU), durante el encuentro se habló sobre los frutos de la pasada Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), celebrada en Río de Janeiro en julio, y se plantearon las expectativas para la próxima cita mundial que ocurrirá en Cracovia, Polonia, en 2016.

Asimismo, los delegados escogieron el logotipo ganador de concurso de la imagen que identificará la Pastoral del Cono Sur, y que venía promoviendo desde hace algunos meses esta sección. Este logo será próximamente dado a conocer.

Durante el encuentro también han tenido lugar varias charlas, la primera de ellas ocurrió el pasado sábado 12 donde se hizo referencia de la participación de los países de la Pastoral del Cono Sur en la JMJ de Brasil, así como del mensaje del Papa Francisco para la ocasión.

Este mismo día se reflexionó igualmente sobre el horizonte común de la región y las actividades que desarrollará la Pastoral Juvenil en cada uno de los países.

Ya para el domingo 13, los participantes del encuentro asistieron a la celebración eucarística que presidió Mons. Arturo fajardo, Obispo de San José; y se encontraron para reflexionar sobre un Proyecto de Construcción de la memoria histórica de la Pastoral.

El evento, que se realizó por octava vez, tuvo lugar en la Casa de la Inspectoría Salesiana situada en la capital uruguaya.

Con información de la CEU.

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martes, 15 de octubre de 2013

La divinidad de Jesús comprobada por sus propias doctrinas

Redacción (Lunes, 14-10-2013, Gaudium Press) Habiendo llegado Nuestro Señor a los treinta años, dio inicio a su vida pública, en la cual se presentó como Enviado del Padre, Mesías prometido e Hijo de Dios. Todo eso Él lo probó magistralmente, con su doctrina y con los varios milagros que quedaron registrados en las páginas de los Evangelios.

En el Evangelio de San Marcos, después de pronunciar el gran Sermón de la Montaña -un verdadero ejemplo de la grandeza, sublimidad y novedad de la doctrina enseñada por Él-, encontramos un pequeño pasaje en el cual Nuestro Señor nos dice: "No juzguéis que vine a abolir la ley o los profetas. No vine para abolirlos, sino para llevarlos a la perfección". (5, 17). Ahora, solo puede llevar la ley y los profetas a la perfección quien es un Dios.

1.jpg.pngYa en el Evangelio de San Juan, Él mismo se proclama la "Luz del Mundo" (8, 12), "el Camino, la Verdad y la Vida" (14, 6). Y en otro pasaje dice que "Conmigo está el Padre que me envió" (8, 16). Como nos explica Bartmann:

"Indudablemente muchísimas veces dice Jesús haber sido mandado por el Padre, pero, por causa de su unidad con el Padre, viene y habla también en el propio nombre, invocando la propia dignidad y autoridad. Lo que dice, Él lo ve y siente en la divinidad. Su doctrina no se deriva de la fe recibida de alguien que está más alto, tampoco es recibida y descubierta con la reflexión; mas viene de Dios, por inmediata visión de su esencia. Él atrae la propia fuente interior. ‘Nosotros hablamos de lo que sabemos y testimoniamos lo que hemos visto' (Jn 3, 11). El profeta dice: Así habla el Señor; pero Cristo: ‘Yo os digo...' ‘Quien conoce y posee al Hijo conoce y posee al Padre'". (Jn 8, 19; 14, 9). (1962, p. 114)

En medio del barbarismo existente en aquellos pueblos antes de la venida de Nuestro Señor, a fin de mantener el orden en el pueblo electo, encontramos un pasaje, por el cual nos queda claro qué razas existían en aquella época: "Si un hombre hiere a su prójimo, así como hizo, así se le hará a él: fractura por fractura, ojo por ojo y diente por diente; le será hecho lo mismo que él hizo a su prójimo" (Lv 24, 19-20). O sea, el criminal sería punido de manera igual al daño causado a otro; la punición sería equivalente al error cometido. Entretanto, con el adviento de Nuestro Señor a la tierra, en medio a la maravillosa doctrina enseñada por Él, encontramos un pasaje bien diferente de éste:

"Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo, diente por diente. Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y podrás odiar a tu enemigo. Yo, sin embargo, os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, orad por los que os [maltratan y] persiguen. Si amáis solamente a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen así los propios publicanos? Si saludáis apenas a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen esto también los paganos? Por tanto, sed perfectos, así como vuestro Padre celeste es perfecto." (Mc 5, 38. 43-44. 46-48)

Realmente es bien diferente del pasaje del Levítico, pues ahora no sería más "ojo por ojo, diente por diente", sino la nueva ley que Nuestro Señor nos vino a enseñar: el amor al prójimo, y más aún, el amor a la perfección: "Sed perfectos, así como vuestro Padre celeste es perfecto". He ahí otra prueba de la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo: quien había revelado los preceptos del Levítico a Moisés fue el propio Dios; y Nuestro Señor sobrepuso a la ley del Levítico - como vimos arriba, la ley de la perfección: solamente un Dios-Hijo puede cambiar las leyes proferidas a Moisés por Dios-Padre.

Todas las palabras salidas de los labios de Jesús eran impregnadas de una sabiduría y de una autoridad sobre-humanas: "¡Jamás hombre alguno habló como este hombre!" (Jn 7, 46). He ahí más una prueba de la divinidad de Nuestro Señor, pues como nos dice Salim "los judíos, que reservaban el apelativo de "rabbi" - maestro, a los escribas que transmitían una doctrina, no lo negaban también a Nuestro Señor Jesucristo. Más que eso, reconocieron en su enseñanza una autoridad incomparable: ‘porque él enseñaba como quien tenía autoridad, y no como los escribas y los fariseos."

Por tanto, Nuestro Señor enseñaba con una autoridad tal que los propios judíos lo reconocieron como rabbi, aun no siendo jurídicamente.

Entretanto, la mayor prueba de su magisterio como Dios hecho Hombre era la perfecta armonía de su doctrina con su vida. Así dice Bartmann:

"Jesús busca inserir su doctrina en la vida de los oyentes e incesantemente los exhorta a realizarla: ‘La luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus obras eran malas. Pero aquel que practica la verdad, viene hacia la luz. Se torna así claro que sus obras son hechas en Dios'. (Jn 3, 19. 21); ‘Si alguien quiere cumplir la voluntad de Dios, distinguirá si mi doctrina es de Dios o si hablo por mí mismo' (Jn 7, 17). 

Primero da el ejemplo de perfecta observancia de lo que Él enseña; por eso, invita a los seguidores a aprender, no solamente de sus palabras, sino también de su modo de actuar, de sus acciones: ‘Os di el ejemplo para que, como yo os hice, así hagáis también vosotros'" (Jn 13, 15). (1962, p. 117)

Así, concluimos que la doctrina predicada por los Apóstoles y por la Iglesia no es sino la doctrina enseñada por Nuestro Señor Jesucristo: verdad y santidad. Esa doctrina posee una armonía maravillosa, una belleza, una grandeza, una evidencia siempre crecientes a todos los que a ella se aproximan. Podemos, entonces comprobar que las doctrinas propias del cristianismo, los dogmas, los secretos de la naturaleza divina revelados a la humanidad, no son producidos por ninguna ciencia humana o concepción filosófica, sino tienen una fuente divina; que la pureza de su moral, la sublimidad de los misterios, la dignidad del sacerdocio, la majestad de su culto y de sus ceremonias se levantan tan alto, que si existe una religión verdadera sobre la tierra, esta solo puede ser la Católica, predicada por Jesús de Nazaret, el Verbo hecho carne que habitó entre nosotros. (Cf Jo 1, 14)

Por el P. Felipe Isaac Paschoal Rocha, EP

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
BARTMANN, Bernardo. Teologia Dogmática. São Paulo: Paulinas, 1962. v. 2.
Bíblia Sagrada. 94. ed. São Paulo: Ave-Maria, 1995.
SALIM, Emílio José, Pe. Sciencia e Religião. São Paulo: Escolas Profissionais Salesianas, 1934.
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Cardenal Filoni describe el ideal de los sacerdotes: Hombres de Dios, amantes de la oración

Seúl (Sábado, 12-10-2013, Gaudium Press) Una reflexión sobre el sacerdocio y la debida preparación para este ministerio fue el centro del mensaje del Card. Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a los seminaristas y formadores de Corea del Sur. El purpurado sostuvo un encuentro en el Seminario Mayor de Seúl el pasado 05 de octubre y expuso el ideal al cual debe apuntar el candidato al Orden Sacerdotal. "Que sea un hombre de Dios, un hombre de oración", afirmó.

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Cardenal Fernando Filoni. Foto: Michele Mariano
El Card. Filoni destacó el crecimiento de la Iglesia coreana y su respuesta "con más de 1.500 jóvenes, a las necesidades pastorales futuras". su saludo se extendió a la totalidad de los alumnos de los seminarios de Corea y sus educadores. "El tiempo que pasáis en el seminario es un tiempo de discernimiento, de orientación y preparación para el servicio de Dios y de la Iglesia", comentó el purpurado.

El Prefecto expresó que la misión de la formación de los próximos sacerdotes es una tarea crucial a la cual se debe enfocar suficiente esfuerzo: "Deseo subrayar que la responsabilidad recae en los obispos y los formadores, los cuales no pueden dar a esta tarea una pequeña parte de su tiempo o una atención parcial".

El ideal de sacerdote

El objetivo marcado por el Cardenal para los futuros presbíteros corresponde al perfil del  sacerdote necesario en la época actual: "Que sea un hombre de Dios, un hombre de oración, un amante de la Liturgia de las Horas y de la oración personal; un hombre de gran virtud y caridad", exhortó el Prefecto. Además de esta condición, los nuevos sacerdotes deben estar formados profundamente en la Palabra de Dios y la sabiduría divina, según explicó.

Esta vida espiritual debe hacer trascender las responsabilidades y trabajos temporales del sacerdocio, por lo cual el Cardenal Filoni instó a los aspirantes a no concebirse como "burócratas o administradores de las cuestiones religiosas como de una asociación piadosa u organización no gubernamental (ONG). También alertó contra el convertirse en "ideólogos de un mensaje evangélico de tipo socializante según una lectura adecuada a las ciencias políticas y sociales", o asumir el rol de un "psiquiatra inmanente y autorreferencial, carente de la trascendencia y de la misión, y menos aún un tipo elitista, o que está lejos de la realidad, en un contexto de pesimismo sin cuerpo, lejos de Dios y los hombres”.

El Prefecto, responsable de guiar las actividades misioneras de la Iglesia, agradeció a los Obispos, profesores y demás formadores por su labor en los Seminarios. "Quiero asegurarles, queridos seminaristas, que también nuestra Congregación les sigue con mucha atención. Ustedes representan la esperanza de la Iglesia en Corea, una Iglesia viva y muy admirada en el mundo católico, así como en esta región de Asia", concluyó.

Con información de Zenit.

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Instituto de Historia, Facultad de Ciencias Humanas

lunes, 14 de octubre de 2013

El valor de la confesión oral hoy

Redacción (Jueves, 10-10-2013, Gaudium Press) En cierta ocasión, hace algunos siglos atrás, un personaje renombrado, contrario a las prácticas de piedad propias de la Iglesia, conversando con el anciano párroco de su ciudad, se burlaba de la confesión diciendo: Padre, yo no me confieso por la simple razón que no cometo pecados. El sacerdote, acostumbrado a este argumento en los largos años que llevaba ejerciendo su ministerio le respondió: siento pena por usted señor, pues, es verdad que existen personas que no pecan, pero yo conozco sólo dos tipos: aquellos que todavía no llegaron al uso de la razón, y aquellos que la perdieron.

Frente a esta respuesta ingeniosa del anciano párroco, creemos no tener necesidad de tratar en este artículo de si es propio del ser humano pecar, pues es evidente que cada uno de nosotros ha experimentado en algún momento el remordimiento o peso de conciencia por no haber hecho lo que debía en alguna circunstancia de la vida. Equivocarse es algo propio a nuestra naturaleza caída. Al abrir los ojos a la luz de la razón, el hombre se enfrenta a la toma de decisiones, que al no ser siempre bien resueltas, hacen experimentar el peso del error, del pecado.

Ahora, cuando nuestro alto personaje decía al sacerdote que él no cometía pecados, pensamos que de alguna manera su objeción más profunda no era tanto acerca del pecado en sí, sino más bien a la necesidad de ser confesados a alguien para ser perdonados.

Lo que ahora queremos abordar es justamente este punto, muy cuestionado, no sólo en nuestra época, sino desde hace ya un par de siglos en que la sociedad ha exacerbado el individualismo y la libertad personal; ¿por qué debo contarle a un hombre tan pecador como yo las cosas de mi intimidad? ¿Acaso no puedo reconciliarme con Dios directamente, en lo íntimo de mi corazón?

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Un poco de historia

No siempre la confesión oral fue la parte central del sacramento de la Penitencia. La historia nos muestra ser este uno de los sacramentos que más ha variado en sus formas desde cuando fue instituido por Jesús en el Cenáculo, después de la resurrección (Jn 20, 21-23) hasta lo establecido hoy por los últimos documentos magisteriales.[1] Pero siempre este elemento ha estado presente - es lo que intentaremos demostrar aquí - por responder a una necesidad antropológica del hombre compuesto de cuerpo y alma.

En sus inicios la confesión era más bien una condición necesaria para la imposición de la penitencia, ya que de acuerdo a las faltas del pecador, era aplicada la penitencia previamente establecida en diversos ‘penitenciarios'.[2] Pero es a partir del siglo XIII, cuando la confesión sustituye propiamente las ‘obras de penitencia', donde esta expresión oral de los pecados pasa a ser el elemento esencial dentro del sacramento. Esto en el siglo XVI se confirma y potencia con el Concilio de Trento, cuando la confesión pasa a tener una mayor importancia dentro de la espiritualidad cristiana.[3]

La confesión oral como condición relativa

Podría cuestionarse como las personas, que por diversas razones no pueden expresarse oralmente ante un confesor pueden beneficiarse del sacramento. Debemos decir que esto ya ha sido respondido por diversos teólogos, quienes apoyándose en el magisterio, concluyen ser esta una concesión de la Iglesia "que no debe entenderse de modo absoluto y material, sino relativo y formal (modo humano), según las condiciones físicas y morales del sujeto."[4] Entretanto, no se trata de que cada individuo determine si está en condiciones o no de confesarse oralmente, sino que existen una serie de concesiones a quienes particularmente están impedidos (como es el caso de los sordomudos por citar uno de tantos otros ejemplos).[5]

En condiciones normales, la Iglesia es bien clara cuando afirma: "la confesión individual e integra y la absolución constituyen el único modo ordinario con el que un fiel consciente de que está en pecado grave se reconcilia con Dios y con la Iglesia."[6]

Esta obligación no la pone la Iglesia porque quiere entrometerse y dirigir la vida de sus seguidores, sino que como madre quiere responder a una necesidad vital del hombre.[7] ¿Cuál es esa necesidad? Es la que veremos a continuación.

La confesión oral y su implicancia antropológica

Como ya habíamos dicho anteriormente, la conciencia de pecado es propio a la naturaleza caída del hombre, pero de esa misma manera es propio también a él la necesidad del perdón. Así, "desde el punto de vista antropológico, la oferta del sacramento viene a satisfacer acabadamente esta íntima precariedad del hombre caído, frente a la potencia destructiva del pecado. Gracias a la Penitencia, el cristiano cuenta con un instrumento de perdón."[8]

El hombre, constituido de cuerpo y alma, necesita por su naturaleza liberarse de alguna manera material de aquello que lo atormenta en su interioridad. Esto es algo que se puede ver como una expresión en las más variadas costumbres culturales. Veamos por ejemplo como se daban estos ‘ritos de expiación' en los pueblos antiguos cuando se había generado un estado de enemistad entre la comunidad y la divinidad. Arocena nos comenta:

"A menudo, esa ruptura se percibía por la aparición de una calamidad o una catástrofe natural, como síntoma indicador de que la armonía entre los hombres y la divinidad se había trastocado. La presencia de esa adversidad significaba que se había incurrido en algún «pecado», es decir: que se había violado algún «tabú», a consecuencia de lo cual se habían desencadenado las fuerzas maléficas, de las que aquél protegía; o bien que se había violado alguna de las leyes o ceremonias a las que estaba ligada la vida de la tribu. En el primer caso, el mal, que era manifestación de la fuerza funesta ya no retenida por el tabú, debía ser purgado en el cuerpo del pecador. Los tres grandes elementos purificadores eran el agua, el fuego y la sangre. Los modos de conseguir esta purgación eran muy diversos: 
sangrías, abluciones, vómitos... En el segundo caso, el dios del clan era aplacado por la confesión del propio pecado, seguida de una ofrenda a los difuntos, que expiaba la ofensa. 

De ahí que, desde la perspectiva de la antropología cultural, la confesión era, ante todo, una actitud humana liberadora. Confesar el pecado quería decir separarse, sacar fuera de uno mismo aquello que causaba el mal que se padecía."[9]

En la Iglesia, esta actitud liberadora se completa agregando el bálsamo regenerador de los efectos de la preciosa sangre derramada por Jesús en el Calvario, que con la absolución proferida por los labios del sacerdote borra la culpa de la ofensa. Pero para esto, repetimos, en los casos normales es necesaria esa declaración oral e individual.

Tribunal de misericordia: carácter medicinal de la confesión

2.png"La confesión es un acto por el que se descubre la enfermedad oculta con la esperanza del perdón."[10] El Aquinate aquí nos muestra un aspecto de la confesión oral que junto con el aspecto judicial, pastoral y paternal del sacramento de la penitencia completa esta necesidad de confesarse: el carácter medicinal del sacramento.

El pecador cuando peca se asemeja al enfermo con su enfermedad. Para el sacerdote, ministro del perdón, al igual que el médico, le es imposible recetar la medicina adecuada si el paciente no revela los síntomas de su enfermedad. San Jerónimo decía que si el enfermo se avergüenza de descubrir la llaga al médico, difícilmente este lo podrá curar, pues ‘la medicina no cura lo que ignora'.

Así también se refiere el magisterio de la Iglesia a este aspecto del sacramento: "Tribunal de misericordia o lugar de curación espiritual; bajo ambos aspectos el Sacramento exige un conocimiento de lo íntimo del pecador para poder juzgarlo y absolver, para asistirlo y curarlo. Y precisamente por esto el Sacramento implica, por parte del penitente, la acusación sincera y completa de los pecados, que tiene por tanto una razón de ser inspirada no sólo por objetivos ascéticos (como el ejercicio de la humildad y de la mortificación), sino inherente a la naturaleza misma del Sacramento."[11]

Analizando esta realidad desde la perspectiva actual y corroborando la triste situación de la disminución de la frecuencia por parte de los cristianos al sacramento de la penitencia, es paradójico ver por otro lado, como las consultas de los sicólogos están llenas de pacientes a la búsqueda de ser escuchados... Lejos estamos de querer acabar con estas prácticas que en muchas ocasiones acompañan con el rigor profesional a problemas complejos y difíciles de resolver, pero debemos reconocer que ningún sicólogo, por capaz que sea, puede dar lo que el sacerdote da en la confesión. En la confesión "algunos casos pueden requerir psicólogo, pero ningún psicólogo podrá sustituir al confesor en el acto y el significado de la confesión sacramental. Ninguna terapia de gabinete (consulta) podrá suplantar a la terapia del sacramento, cuando se celebra con todas sus condiciones y verdad."[12]

Debemos, entretanto, evitar considerar la confesión como un mero acto terapéutico. A veces el confesor debe hacer de psicólogo, sin embargo el carácter medicinal del sacramento está configurado principalmente con la alta medicina que otorga la cura inmediata y total de la enfermedad a través de la absolución sacramental de los pecados.

Ahora, "si la necesidad de discernir y de aplicar la medicina adecuada, exige la confesión, esto no supone que se ha de atormentar a los fieles con un interrogatorio que les lleve, más que al aprecio, al desprecio de la penitencia."[13] El sacerdote hará bien en asumir este papel de ‘cura de almas' a la hora de tratar con el penitente que frecuentemente con no poco esfuerzo está intentando descubrir su enfermedad.

La confesión regular, para el progreso espiritual

Ya que estamos analizando la confesión oral en su carácter medicinal, no podemos dejar de mencionar algo sobre el beneficio que esta nos trae cuando es regular.

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De la misma manera que catalogaríamos de negligente aquel que sólo acude al médico cuando está en un estado avanzado de enfermedad, al borde de la muerte, así también podríamos pensar de aquellos que pretenden acercarse a la confesionario sólo cuando estén en una situación de pecado mortal, ya habiendo perdido la amistad con Dios.

"La cualidad terapéutica de la Penitencia recomienda también el recurso al sacramento para los pecados veniales, justificado por la experiencia multisecular de la Iglesia como cauce idóneo para intensificar la conversión permanente del cristiano (CCE 1458). El bautizado que confiesa sus faltas y pecados veniales de forma asidua recibe de modo personal y, desde el discernimiento del ministro, el aliento oportuno que purifica y enciende una vida cristiana que no ha conocido quiebra"[14]

El propio Voltaire reconoció el beneficio que traía a los cristianos la confesión auricular de manera regular, diciendo que el sólo hecho de saber la persona que tendrá que presentarse delante de otro para recibir el perdón de su pecado, se tornaba la propia idea de la confesión en un freno para los vicios, especialmente de los ocultos.[15]

Así, sabiendo que no es una obligación confesarse a no ser una vez al año, la Iglesia anima a los fieles a acercarse con solicitud al tribunal del perdón: "Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (Cf. Cc. de Trento: DS 1680; ?CIC 988,2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu."[16]

Situarse frente a la verdad

Para concluir, gustaríamos de recordar una frase de San Alberto Magno en su comentario a las epístolas del Pseudo Dionisio: "la verdad es la medicina para el alma".

Es fundamental considerar, más aún en los tiempos actuales, la importancia de situarnos frente a lo que realmente somos y reconocer nuestras miserias. Hoy en día es tan incentivado el vivir de apariencias, que las personas no tardan en caer en grandes depresiones cuando se dan cuenta que todo ese mundo de fantasías que deseaban sostener en torno de sí, cae como un castillo de naipes al experimentar su propia fragilidad y contingencia.

Si tuviésemos la costumbre de enfrentar con humildad (no olvidemos lo dicho por la Santa de Ávila que homologaba la humildad con la verdad) y verdadero arrepentimiento nuestras flaquezas, para luego confesarlas al sacerdote que en nombre de Dios nos perdona, ciertamente tendríamos otra estatura moral para enfrentar los momentos difíciles que a todos los católicos nos toca y nos seguirá tocando vivir.

Por Cristián Núñez Durán
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[1] En los últimos cincuenta años han sido cinco los documentos más importantes en donde la Iglesia se ha pronunciado sobre el sacramento de la Penitencia: el Ordo Poenitnetiae (1974), el Código de Derecho Canónica (1983), Reconciliatio et Poenitentiae (1984), el Catecismo de la Iglesia Católica (1992) y Misericordia Dei (2002).

[2] Como ejemplo veamos las penitencias que se encontraban en libro penitencias de Finiano citado en (Philippe Rouillar. Historia de la penitencia, desde los orígenes a nuestros días. Ed. Mensajero, Bilbao, 1992): "1. Si alguien peca de pensamiento y se arrepiente enseguida, se golpeará el pecho, pedirá perdón a Dios, hará una penitencia apropiada, y estará curado.2. si alguien discute con los clérigos y los ministros de Dios, ayunará durante una semana a pan y agua; pedirá perdón a Dios y a su prójimo, humilde y sinceramente, y así se reconciliará con Dios y con el otro. (...) 8. Si un clérigo pega a su hermano o al prójimo y ha derramado su sangre, el crimen es el mismo que si lo hubiera matado pero la penitencia es diferente: ayunará un año a pan y agua y no ejercerá su ministerio"
[3] Cfr. Dionisio Borobio. El sacramento de la Reconciliación Penitencial. Ed. Sígueme, Salamanca, 2006. 301-303

[4] Ibíd., 307

[5]Para ver otros ejemplos referidos a estas excepciones podemos ver las citas a Domingo Soto en: Dionisio Borobio. El sacramento de la Reconciliación Penitencial. 312,ss
[6]Juan Pablo II. Carta apostólica Misericordia Dei, 1.a.Disponible en http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_20020502_misericordia-dei_sp.html [fecha de consulta: 27 de octubre de 2011]
[7] Claro que ha habido casos aislados de clérigos que aprovechándose de esta forma del sacramento han querido manipular las conciencias, pero no podemos generalizar esta situación y elevarla por encima de miles de personas que a lo largo de la historia multisecular de la Iglesia se han visto beneficiados por este medio de obtener el perdón de Dios.

[8] Félix M. Arocena, Scripta Theologica sep-dic2009, Vol. 41 Issue 3, p745-783. Disponible en http://web.ebscohost.com.ezproxy.puc.cl/ehost/detail?vid=4&hid=119&sid=51c795e6-b830-41b7-8477-27da4a279505%40sessionmgr111&bdata=JnNpdGU9ZWhvc3QtbGl2ZQ%3d%3d#db=a9h&AN=47684854° [fecha de consulta: 29 de octubre de 2011]
[9] Ibíd.
[10] Tomás de Aquino,SummaTheológicaSuppl., q. VII, a. 1 co
[11]Juan Pablo II. Exhortación apostólica Reconciliatio et Poenitentiae. 31, II. Disponible en
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia_sp.html[fecha de consulta: 27 de octubre de 2011]
[12]Dionisio Borobio. El sacramento de la Reconciliación Penitencial. 317
[13]Ibíd. 309
[14]Félix M. Arocena, ScriptaTheologica sep-dic2009, Vol. 41 Issue 3, p745-783. (en línea)
[15] Citado en Antonio Royo Marín.Teología Moral para seglares, V. II, BAC, Madrid (1994), 334
[16]Catecismo de la Iglesia Católica, 1458. Ed. San Pablo, Bogotá (2000), 500


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El 19 de octubre será la beatificación del "Mártir del Evangelio de la alegría"

Budapest (Jueves, 10-10-2013, Gaudium Press) El próximo 19 de octubre será beatificado en Budapest, Hungría, Esteban Sandor, salesiano coadjutor quien es conocido como el "Mártir del Evangelio de la alegría".

La ceremonia de beatificación ocurrirá en la mañana en la céntrica plaza frente a la Catedral de San Esteban de Budapest, evento que será presidido por el Primado de Hungría, Cardenal Péter Erdo. También estarán presentes el Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos y salesiano, Cardenal Angelo Amato, y el Rector Mayor de los Salesianos, Don Pascual Chávez Villanueva, además de miembros de la Familia Salesiana procedentes de diversos países de Europa.

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Esteban Sandor.
Tras la solemne celebración de la beatificación, en la tarde, tendrá lugar la fiesta de los jóvenes en homenaje al nuevo beato que viene organizando el Movimiento Juvenil Salesiano de Hungría, una conmemoración que se extenderá hasta el domingo 20 de octubre en la Parroquia de Szolnok, ciudad de origen Esteban Sandor, donde habrá una Santa Misa que presidirá el Rector Mayor.

Previo a la ceremonia de beatificación, el viernes 18 de octubre, también tendrá lugar el Congreso de Coadjutores en Europa, una ocasión en la que se presentará el perfil del próximo beato, quien fue modelo del laico salesiano, puesto que vivió su vocación en medio de los jóvenes, animando oratorios y grupos juveniles.

Esteban Sandor

Esteban Sandor nació en Szolnok el 26 de noviembre de 1914. Fue el primero de tres hermanos y creció bajo un hogar de profundos valores religiosos. Fue un devoto y buen joven católico, tanto así que todos los días acudía a Misa con los Franciscanos, donde conoció un día el Boletín Salesiano y se sintió atraído por la espiritualidad de Don Bosco.

En la ocasión habló con su director espiritual y le expresó su anhelo de entrar a la Congregación Salesiana, algo que logró en 1936 cuando fue aceptado en el Clarisseum, donde realizó durante dos años el aspirantado, luego comenzó el noviciado, que debió interrumpir porque tuvo que prestar el servicio militar.

Sandor hizo sus primeros votos el 8 de septiembre de 1940 y se dedicó a la formación técnica de los jóvenes, una labor que incrementó al finalizar la Segunda Guerra Mundial cuando se involucró en la reconstrucción moral y material dedicándose a enseñarles algún oficio.

Tiempo después, en julio de 1946 realizó su profesión perpetua como Hermano Salesiano y en 1948 obtuvo el título de Maestro de Imprenta, formando a los jóvenes en este arte.
Tras un periodo de persecución de los colegios católicos, Esteban tuvo que escapar y refugiarse en las Casas Salesianas, además de trabajar con un nombre falso en imprentas públicas. En julio de 1952, mientras trabajaba, fue arrestado y nunca se volvió a saber de él.

Su proceso camino al honor de los altares fue abierto el 24 de mayo de 2006 y su decreto de martirio ocurrió el pasado 27 de marzo de 2013.

Con información de ANS y Salesianos de Don Bosco.

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