martes, 13 de agosto de 2013

Dos franciscanos de Estados Unidos peregrinaron "por el camino largo" a la JMJ Río2013: Sin dinero, teléfonos ni alojamiento

Río de Janeiro (Lunes, 12-08-2013, Gaudium Press) La Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, Brasil, atrajo millones de peregrinos de todo el mundo. 

Algunos de ellos viajaron por "el camino largo": sin tiquetes de avión, dinero u hospedaje. De ellos, sólo unas pocas historias salen a la luz pública, como el caso del joven argentino Facundo Tolaba (ver noticia anterior), quien recorrió casi tres mil kilómetros de esta forma por no tener dinero para realizar el viaje en avión. A la exclusiva lista de peregrinos audaces se suma ahora la del Padre Michael Sheehan y el Hermano James Wartman, quienes viajaron más de 16 mil kilómetros sin dinero propio, teléfonos u hospedaje desde Boston, Estados Unidos, a Río de Janeiro, en Brasil.

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El Padre Michael Sheehan (derecha) y el Hermano James Wartman (izquierda), durante su estadía en Río de Janeiro. Foto: CNRegister.
Los dos religiosos pertenecen a la Orden de Franciscanos de la Observacia Primitiva, comunidad que vive bajo el auspicio de la Arquidiócesis de Boston. "Yo quería hacer una verdadera peregrinación, por mi propia fe, para mantenerla viva y ferviente", relató a National Catholic Register el Hno. James, de 46 años de edad. "Vi en esto una gran oportunidad". Al obtener el permiso de los superiores, partieron con apenas un kit para celebrar la Eucaristía y un Misal, dos cámaras fotográficas desechables donadas por los estudiantes del Colegio San Patricio en Boston y sus pasaportes. No tenían dinero, teléfonos móviles ni tarjetas de crédito.

Una peregrinación al estilo franciscano

Siguiendo las reglas de su congregación, los peregrinos viajaban en los vehículos de quienes les ofrecían transporte o aceptaban dinero para los tiquetes de bus con prudencia y no guardaban excedentes. En una ocasión rechazaron un viaje en un bus de turismo por la ciudad de Cuzco, Perú, porque los atractivos turísticos podrían distraerlos del verdadero sentido espiritual de su viaje. Pasaron las noches en parroquias, seminarios, casas de familia, buses en recorridos nocturnos, algunos hoteles y hostales que les donaron la estancia e incluso en la cabina de un camión. Por la ayuda de la Divina Providencia, no tuvieron que pasar ninguna noche a la intemperie en todo su recorrido, aunque estaban dispuestos a ello de haber sido necesario.

Para mantener el espíritu religioso, los peregrinos destinaban un día a la semana a la oración e intentaban contactar semanalmente a su superior para reportar su estado y ubicación. De igual manera notificaban periódicamente a sus familias, para que pudieran estar seguros de su bienestar. A su paso por las ciudades, visitaban los templos y lugares de peregrinación como las tumbas de Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres en Perú o el Santuario de Nuestra Señora de las Lajas en el sur de Colombia.

Un viaje lleno de aventuras y confianza en Dios

En algunos países como Nicaragua, visitas previas de miembros de la Orden facilitaban la comprensión de los pobladores sobre la regla de vida de los Franciscanos de la Primitiva Observancia. En otros, los religiosos encontraron algunas dificultades por las inusuales características de su viaje, como sucedió en Panamá. Las autoridades de inmigración "querían ver dinero, una dirección a dónde nos dirigíamos, un tiquete de salida: nada de esto teníamos", recordó el Hno. James. "Fueron los que más se resistieron a dejarnos entrar".

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Detalle de la foto del grupo de peregrinos de Boston con el Cardenal Sean O'Malley, Arzobispo. El P. Sheehan se encuentra en el extremo superior.
Otra frontera memorable fue la de ingreso a Colombia, separada de Panamá por una espesa selva sin carretera, lo cual obligó los religiosos a buscar una embarcación que los llevara por el mar. "Fue muy extraño estar en un pequeño bote de fibra de vidrio con cinco personas durante ocho horas", comentó el P. Sheehan. En Bolivia, indicaciones imprecisas sobre la mejor ruta hacia Brasil hicieron especialmente difícil la travesía.

Caminar y evangelizar

Durante casi un mes, su viaje por Latinoamérica les ofreció muchas oportunidades de evangelizar.

 En Honduras, un predicador protestante subió a un bus y habló durante quince minutos para finalizar criticando la devoción de los católicos a la Santísima Virgen. Entonces el Padre Sheehan se dirigió a él para explicarle el sentido de la devoción, pero fue rechazado por el hombre, quien prefirió bajarse del vehículo. Entonces el sacerdote comenzó a hablar con los pasajeros para aclarar las confusiones y el episodio les permitió compartir durante una hora la belleza de la doctrina de la fe. "Sus oídos estaban abiertos; ellos tenían hambre de lo que estábamos diciendo", comentó el Hno. James. "Yo sólo pensaba: "Esto no hubiera sucedido en los Estados Unidos"".

En Bolivia, los religiosos fueron llevados por un conductor de bus a ver "algo cultural", que resultó ser un sitio en el cual se realizaban sacrificios paganos de animales. Los pobladores, recordó el P Sheehan, "sacrifican animales, se reúnen en torno al fuego y se emborrachan, y arrojan alcohol al fuego". En este ambiente, el sacerdote sintió un celo misionero: "Me sentí comos San Pablo en Atenas, cuando entró en el Panteón y vio todos esos ídolos, y quiso hablar con la gente acerca de la idolatría y el Dios verdadero".

El P. Sheehan aconsejó entonces al conductor, quien no era cristiano pero que tampoco practicó el ritual indígena, que se alejara de ese ambiente y buscara el sacramento del Bautismo. Como los demás hombres en el lugar estaban ebrios, el sacerdote tuvo que desistir de la idea de predicarles, por lo cual se enfocó en el conductor. "Fue una de esas veces en el viaje en las que definitivamente nos sentimos más misioneros que peregrinos, pero era verdaderamente necesario".

Llegada y retorno

Los peregrinos llegaron finalmente a Río de Janeiro el 18 de julio y se dirigieron a la Catedral de San Sebastián, donde un sacerdote les ofreció alojamiento en su parroquia, fuera del centro de la ciudad, donde estuvieron dos días. Luego, queriendo estar más cerca de los eventos centrales del encuentro pidieron nuevamente alojamiento en la Catderal, donde les ofrecieron un espacio, aunque debían quedarse en el suelo. Los religiosos iban a aceptar la oferta, pero una mujer que escuchó la conversación les dio las llaves de un apartamento que poseía junto a la playa de Copacabana. El lugar quedaba a tan sólo dos cuadras del Altar mayor donde se celebraron las Eucaristías de la JMJ.

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Detalle de la foto del grupo de peregrinos de Boston con el Cardenal Sean O'Malley, Arzobispo. El Hno. James se ubicó en el extremo izquierdo.
Esta historia está llena de aventuras y testimonios cotidianos de la ayuda de Dios apenas corresponde a la mitad del viaje. 

Obligados bajo obediencia a estar de regreso en su monasterio en la víspera de San Francisco de Asís, el 03 de octubre, los religiosos realizan en este momento el viaje de retorno con los mismos recursos de su primer recorrido: La fe y a confianza absoluta en la providencia divina.

Además, llevan un compromiso adicional: "En aquellas dos horas de oración (el tiempo que según la regla dedican diariamente a la oración mental) ahora empleo mucho tiempo recordando a todos aquellos que nos ayudaron en nuestro camino, orando por ellos", comentó el Hno. James. "Hice muchas promesas de hacerlo durante el recorrido". Los religiosos no aconsejan a todas las personas realizar este tipo de viajes, ya que es "un llamado único que Dios hace a las personas". En su lugar, aconsejaron hacer por ejemplo una peregrinación de un día a un Santuario de la Santísima Virgen, ofreciendo además algún sacrificio, o realizar una peregrinación corta de algunos días o una o dos semanas a lo sumo.

Los religiosos partieron de regreso hacia Estados Unidos el pasado 31 de julio y proyectaban realizar la travesía a través del Río Amazonas, según les han aconsejado en Brasil. A su paso por México esperan detenerse en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, donde encomendarán a las personas que conocieron en la Jornada Mundial de la Juventud.
Con información de National Catholic Register.

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G. K. Chesterton: el escritor inglés convertido al catolicismo que podría llegar a los altares

Worcester, Estados Unidos (Sábado, 10-08-2013, Gaudium Press) Uno de los escritores católicos contemporáneos más influyentes en lengua inglesa podría comenzar muy pronto su camino hacia los altares. El Obispo de Northampton, Inglaterra, Mons. Peter Doyle, manifestó estar buscando "el sacerdote indicado" para comenzar la investigación sobre la posible práctica heroica de las virtudes cristianas de Gilbert Keith Chesterton, un robusto periodista y escritor que fue admitido en la Iglesia Católica en 1922 y quien dedicó sus habilidades a defender la identidad y la doctrina católicas.

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Gilbert Keith Chesterton, de quien se haría una investigación para determinar si vivió las virtudes cristianas en grado heroico.
El anuncio fue hecho por Dale Ahlquist, Presidente de la American Chesterton Society, una organización dedicada a difundir el pensamiento del escritor. 

Ahlquist, habiendo recibido autorización del prelado, comentó que Mons. Doyle "tiene simpatía por nuestros deseos y está buscando un sacerdote indicado para comenzar una investigación sobre la potencial apertura de una causa para Chesterton".

Prolífico escritor y defensor de la fe

G. K. Chesterton escribió numerosas y variadas obras sobre la doctrina católica, al igual que trabajos de ficción en los cuales se retratan de forma creativa variados aspectos de la cultura e identidad católicas. El tono combativo pero respetuoso de su argumentación y el ingenio de sus afirmaciones le han merecido ser uno de los escritores más citados en la cultura católica de lengua inglesa.

La fama de santidad, requisito indispensable para comenzar una causa de beatificación o canonización, ha sido una de las particularidades en el caso del escritor británico. En los últimos años, la difusión de las obras de Chesterton a nivel global dio fuerza a un clamor generalizado en varios círculos católicos sobre la posibilidad de investigar el testimonio de vida de Chesterton con miras a una eventual causa de beatificación. De esta forma, su fama de santidad es más internacional que local, situación que ha sido comparada a la del Beato Cardenal John Henry Newman, también convertido a la Iglesia Católica desde el anglicanismo.

Según los promotores de la apertura de la causa, Chesterton fue inspiración, a través de sus escritos y su ejemplo de vida, de toda una generación de católicos, entre quienes se cuentan Mons. Fulton Sheen, declarado Venerable por Su Santidad Benedicto XVI, Dorothy Day, periodista convertida desde el ateísmo y cuya causa de beatificación fue abierta por el Cardenal Timothy Dolan, Arzobispo de Nueva York, entre otros.

Diversas organizaciones locales para promover las obras del escritor han extendido la influencia a las nuevas generaciones de varias regiones del mundo. Uno de estos grupos comentó la posibilidad de abrir una causa de beatificación al entonces Arzobispo de Buenos Aires y hoy Papa Francisco, quien manifestó su entusiasmo por la iniciativa. Este apoyo fue "una de las razones que motivó especialmente" al Obispo de Northampton a evaluar la posibilidad de la apertura formal de la causa, según Ahlquist.

El presidente de la Chesterton Society destacó la elocuente defensa de la fe, la familia, la santidad de la vida y la justicia, así como la alegría cristiana, ingenio y humildad presentes en los escritos de Chesterton y valoró el impacto que seguirán teniendo en la actualidad. Chesterton sería en opinión de Ahlquist "un santo para nuestro tiempo y podría atraer a muchas personas a la Iglesia Católica". La investigación que ha comenzado sería el primer paso para establecerlo.

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Encíclica "Veritatis Splendor", la centinela que advirtió

Ciudad del Vaticano (Lunes, 12-08-2013, Gaudium Press) El 6 de agosto de 1993, con un texto fuerte que afirmaba que las verdades absolutas son para todos y que, por tanto, se hacen actuales en un contexto cultural que frecuentemente evidencia lo contrario, el Papa Juan Pablo II definía y respondía cuestiones sobre el relativismo moral  y la relación entre libertad humana y ley divina, el valor de la consciencia delante de Dios.

Hace veinte años atrás el Papa lanzaba la Encíclica ‘Veritatis Splendor'.

Hablando con Radio Vaticano el teólogo, Padre Nicola Bux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dijo que después de veinte años de lanzada, la Encíclica ‘Veritatis Splendor', ella constituye una piedra fundamental en el campo de la teología moral católica.
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El Padre Bux dijo que las palabras ‘Veritatis Splendor' están ligadas a la Transfiguración, queriendo subrayar que la verdad no es un concepto abstracto, sino una persona, una persona que resplandece: Jesucristo.

El teólogo de la Congregación de la Doctrina de la Fe, afirmó que la Encíclica, en cierto sentido, marcó el paso de un "moralismo" para una "moralidad", pues, según él, el moralismo es algo que se apoya en nuestro esfuerzo, la moralidad, al contrario, es el resultado de un "ir a la fuente".

Y es preciso decir que la moralidad cristiana tiene su fuente en los Sacramentos. Son los Sacramentos los que cambian al hombre, no su esfuerzo de cambiar.

La Encíclica trajo, como uno de los temas principales, la respuesta al relativismo moral: una lucha en sentido amplio llevada adelante en los últimos años, en particular por Benedicto XVI.

Hoy, entretanto, hay a nivel socio-cultural una sordez persistente sobre ese asunto.

Y el Padre Bux afirmó sobre eso que hoy existe incluso una sordez todavía mayor, porque ciertamente la Encíclica fue profética, como también fue la ‘Humanae Vitae' de Pablo VI, porque proféticamente tiene el significado de "que vio", "que advirtió".

Así, afirma el Padre Nicola Bux, una vez más el Papado se revela como la "centinela" de la cual habla San Gregorio Magno: aquella que advierte sobre lo que está para ocurrir en el futuro.

Hoy vivimos lo que se define como un gravísimo desastre antropológico que, con el pasar del tiempo, muestra cada vez más que sus efectos deletéreos se amplían.
Con información de Radio Vaticano.

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lunes, 12 de agosto de 2013

La vida que vivió la Santísima Virgen también debemos vivirla nosotros: Obispo filipino

Manila (Viernes, 09-08-2013, Gaudium Press) Mons. Bernardino Cortez, Obispo Auxiliar de Manila, Filipinas, invitó a los laicos a aplicar en su vida el profundo significado de la Consagración de Filipinas al Inmaculado Corazón de María realizada el pasado 08 de junio. En una conferencia impartida el primer sábado de agosto, el prelado explicó que los devotos de la Santísima Virgen deben seguirla en su camino de santidad. "El desafío es vivir como Ella vivió e ir a donde Ella ha ido", comentó, fijando la meta del cristiano en la perfecta unión con Dios en la eternidad.

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Mons. Bernardino Cortez invitó a los fieles a aplicar en su vida los frutos de la Consagración de Filipinas como "Pueblo amante de María". Foto: CBCP News.
Monseñor Cortez expuso que el llamado de los fieles es la imitación de las actitudes de la Santísima Virgen María. "Ella es nuestro modelo, no sólo en el exterior, sino a través de la vida interior que Ella vivió", afirmó. "¿Qué es lo que tiene la vida de María que la hizo escuchar la palabra de Dios y actuar sobre ella?", preguntó el Obispo. "¿Cuál es su disposición interior y la actitud que la movió a la caridad y el espíritu de servicio?¿Que la llevó a ser la primera y más perfecta discípula de Cristo?".

Escucha y oración

Para retratar las actitudes de Nuestra Señora, el prelado recordó la Carta Apostólica Marialis Cultus, de Su Santidad Pablo VI. De ella extractó cuatro expresiones que iluminan a los laicos en su imitación de la Santísima Virgen: Virgo audiens (Virgen que escucha), Virgo orans (Virgen que ora), Virgo parens (Virgen madre), and virgo offerens (Virgen que ofrece). Mons. Cortez ahondó a continuación sobre estas disposiciones de la Madre de Dios.

Sobre la capacidad de escucha de María, el Obispo destacó su silencio, "Hay muchos ruidos en torno nuestro. De hecho no sólo alrededor sino dentro de nosotros", comentó. "Para escucha, uno debe estar en silencio, ya que de esta forma somos capaces de oírnos a nosotros mismos, a otros, e incluso la voz de Dios y de nuestra conciencia" explicó Mons. Cortez, quien fue más allá. "La verdadera escucha, como lo muestra el ejemplo de nuestra Santísima Madre, no es sólo oír con nuestro oído y nuestra mente. Es algo que debe hacerse con el corazón".

De la escucha de la Virgen María, el prelado pasó a su capacidad de orar, y explicó que los seres humanos debemos ser conscientes de nuestra propia limitación y necesidad de Dios. "Somos individuos dependientes. Nuestra vida no está en nuestras propias manos, por lo cual debemos ser humildes", agregó. "Si escuchamos la voz de Dios, nos movemos a doblar nuestras rodillas en adoración y acción de gracias", explicó el Obispo.

Maternidad y ofrecimiento

La maternidad de la Santísima Virgen que se extendió espiritualmente a todos los hijos de Dios es también una cualidad que debe ser imitada por sus fieles. Según predicó Mons. Cortez, Ella nunca deja de expresar su amor y solicitud por cada uno de sus hijos, y esto puede alcanzarse en la propia vida espiritualmente. "A través de la oración, nos hacemos padres de otros. Nos hacemos padres no en el sentido físico sino a través de otros aspectos como el espiritual", explicó.

Precisamente por su elevada maternidad, el ofrecimiento de su propio Hijo al Padre significó el sacrificio más grande que una persona podría realizar. "Su ofrecimiento de Jesús, su Hijo, al Padre no es fácil porque conlleva sacrificio, incluso contradicción", explicó. "Pero sigue siendo verdad que la Santísima Madre no tiene otro deseo que guiarnos y ofrecernos a Jesús".

La Santísima Virgen se ofrece Ella misma por entero a sus hijos, desinteresadamente. "La Santísima Virgen María está compartiendo con nosotros sus virtudes, humildad, esperanza y amor", comentó el Obispo auxiliar. "Como somos sus hijos, todas esas cosas son también nuestras", concluyó Mons. Cortez. "Vayamos y ofrezcámoslas a Jesús".

Con información de CBCP News.

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viernes, 9 de agosto de 2013

El papel de la liturgia en la santificación de las almas

Redacción (Jueves, 08-08-2013, Gaudium Press) La liturgia torna posible ejercer una acción más profunda en las almas, no solo llevándolas a participar más activamente en los sagrados misterios, pero también abriendo para ellas, a través de la belleza de los rituales, la ‘via pulchritudinis' (vía de la belleza), por excelencia.

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Mons. João Scognamiglio Clá Dias
Además de la belleza que le es propia, la liturgia realiza por su simbolismo y esencia, y del modo más esplendoroso posible, la sacralización de las realidades temporales, en que se deben empeñar todos los fieles. 

En la Celebración Eucarística, es el Cielo que se une a la Tierra, lo espiritual al temporal. Es Cristo, al mismo tiempo el arquetipo del género humano y el Hijo de Dios, que se ofrece al Padre para interceder por sus hermanos.

Es propio a la naturaleza humana tender a imitar aquello que admira, y en eso consiste la mejor forma de aprendizaje. No se podrá negar que una liturgia celebrada con la debida compenetración y manifestando toda la belleza que le es inherente ha de tener una acción benéfica sobre los fieles, moldeando a fondo su mentalidad y llevándolos a imitar en alguna medida el ritual presenciado.

Esa transposición del ceremonial no se cifra en una reproducción de gestos, sino en proyectar para la vida temporal el ambiente de sacralidad presenciado en los actos litúrgicos. El padre o la madre que asisten a una celebración esplendorosa, repetirán instintivamente en el día a día, en el "ritual" de la iglesia doméstica, el ceremonial de la Iglesia. Dar bendición a los hijos, por ejemplo, es una forma de hacer presente el espíritu católico en la realidad temporal de la familia.

(Extraído de: DIAS, João Scognamiglio Clá. Considerações sobre a gênese e o desenvolvimento do movimento dos Arautos do Evangelho e seu enquadramento jurídico, 2008. Tesis de Maestría en Derecho Canónico - Pontifício Instituto de Derecho Canónico de Río de Janeiro.)

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Santo Domingo de Guzmán: El santo que recibió de las manos de Nuestra Señora el Santo Rosario

Redacción (Jueves, 08-08-2013, Gaudium Press) Domingo nació en España, en Calaruega, cerca de Burgos y de la abadía de Silos, en 1170. Hijo de Félix de Guzmán y de Juana de Aza, mujer que se distinguió por una gran piedad.

1.jpgA Domingo, lo que lo hizo santo, fue la educación cristiana que recibió. Instruido primeramente en la piedad por la bienaventurada Juana, y después por su preceptor, se dio al estudio con dedicación, a la oración con entusiasmo, a las lecturas piadosas con cariño y a las obras de caridad con afán.

Por espíritu de penitencia se privaba de las diversiones permitidas a su edad. Así, mientras algunos jóvenes de la ciudad, en bandos ruidosos buscaban la diversión, él, recogido buscaba a Dios.

Estudiando en escuelas publicas, vigilaba con mayor atención su corazón y sus sentidos. Siempre ocupado con las cosas de Dios, hablaba poco, y cuando tenía que hacerlo, lo hacía con moderación. Solamente conversaba con personas virtuosas. Era, por tanto, prudente y dulce al mismo tiempo.

Los ejemplos de su madre le inspiraban una gran devoción a Nuestra Señora y un amor por los pobres fuera de lo común. Por los desprotegidos se privaba de todo lo que poseía. Se deshacía de dinero, de libros, de ropa, todo para ayudar a los desamparados. De esta manera, a los veinte años, ya despertaba en su ciudad natal, la caridad de sus condiscípulos y de todos los habitantes de la ciudad de Calaruega de 1190.

A todos sus hijos, Juana proporcionó una sólida educación cristiana, imprimiéndoles el sello de Dios, tan así fue, que sus tres hijos se tornaron religiosos: Domingo sería aquel decantado Domingo que atravesaría los siglos; el más viejo profesaría en la orden de San Tiago; y el benjamín en la orden de los Hermanos Predicadores, fundada por su hermano.

Cuando Juana de Aza todavía estaba en gestación, cierto día soñó que cargaba en el vientre un perro cuya boca se encendía y apretaba fuertemente entre los dientes una antorcha de fuego vivo, ese fuego que estaba destinado a abrasar al mundo.

¿Qué significaba este extraño sueño? Era un símbolo: en la Edad Media, el perro representaba a los predicadores.

También la madrina de Domingo tuvo una premonición sobre la posición futura de su ahijado: vio, cierto día, sobre la cabeza del niño una estrella, que daba la impresión "que un día el pequeño sería la luz de las naciones y que iba a aclarar a los que yacían en las tinieblas y en las sombras de la muerte".

Es la estrella que aparece en los cuadros del Angélico.

Educado primeramente por su madre, Domingo después quedó a los cuidados de un tío, que era arcipreste en las proximidades de Calaruega, a los catorce años fue enviado a Palencia. Allí estudió con dedicación, principalmente teología, distinguiéndose por su vivacidad, amor al trabajo y virtudes. La caridad, especialmente, sobresalía entre las cualidades que lo adornaban.

El rumor de aquel mérito no tardó en llegar a los oídos del obispo de Osma. Así, apenas conoció al joven Domingo, lo invitó sin vacilar a su capítulo.

Después del año 1194, terminando con éxito sus estudios, el joven predestinado de Calaruega fue a vivir a Osma, donde se tornó uno de los soportes de la reforma introducida por el obispo.

Por nueve años, el Padre de los predicadores llevó vida de claustro. De esta época de la vida de Santo Domingo poco se sabe, sólo que fue un modelo de piedad y regularidad para todos. Giordano de Sajonia, autor de "Libellus de pincipiis ord. Praed.", cuenta que el santo "vivía confinado al monasterio", donde salió junto a Diego de Acebes, obispo de Osma, para cumplir una misión muy importante: pedir para el hijo de Alfonso VIII de Castilla, la mano de una de las princesas de Marcas.

Todo sucedió de maravilla y ambos regresaron a España para informar del éxito. El rey, satisfecho, les incumbió de la tarea de traer a la princesa, de modo que emprendieron nuevamente su viaje. Lamentablemente, al llegar a su destino, constataron que la joven que se iba a desposar con el principie había fallecido repentinamente. En lugar de regresar a Castilla, el obispo Diego envío un mensajero al rey Alfonso VIII, para ponerlo al tanto de lo sucedido, y junto a Domingo, viajó a Roma.

Al pasar por Francia, Flandes, Renania e Inglaterra, Domingo quedó preocupado al constatar la extensión de las grandes herejías, los cátaros, valdenses y otras herejías procedentes del maniqueísmo oriental. Estos negaban muchos dogmas de la fe católica, incluso la Redención por la Cruz de Cristo y los Sacramentos.

En Roma, el objetivo del Obispo Diego de Acebes, era tratar con el Papa un tema que venía pensando hace bastante tiempo: dejar libre el obispado, pues quería dedicarse de tiempo completo a la evangelización de las tribus nómadas y de los idolatras de Cumaná, en la región de Don y del Volga, deseo que el buen obispo no vio satisfecho, pues en vista de las herejías que entonces devastaban la cristiandad, el Papa Inocencio III se negó a tratar el caso de Diego de Acebes, ya que en otros campos de acción eran importantes la dedicación y el celo del obispo y del compañero.

En Languedoc, por ejemplo, una nueva herejía estaba surgiendo y debía ser combatida: los albigenses.

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Apenas se establecía la religión cristiana, y en su seno surgían diversas herejías.

2.jpgLos primeros siglos de la Iglesia fueron los que produjeron mayor número de sectarios, a cuya cabeza se encontraba, casi siempre, obispos y arzobispos.

En aquellos tiempos aparecieron sucesivamente los gnósticos, que enseñaban que bastaba la fe sin las buenas obras, y cuyos adeptos se arrogaban un conocimiento sublime de la naturaleza y de los atributos divinos; los nicolaítas, que defendían que las mujeres debían ser comunes; los arrianos, que negaban la consubstancialidad, o sea, la igualdad de substancia del Hijo y del Padre en la Trinidad...(...)

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Del siglo XII al siglo XIII, vivía tranquila y pacíficamente entre el Garona y la orilla izquierda del Ródano, una población compuesta de hombres sencillos, sensatos y valientes, que la historia, más adelante, llamaría con el nombre de albigenses, hombres que, contaminados por predicaciones apasionadas que amenazaban a la Iglesia, se tornaron heréticos, rechazando la autoridad papal y no admitiendo la mayor parte de los sacramentos. Por el año 1200, estos herejes de Albi, se encontraba esparcidos por casi toda Europa, pero más y en mayor número y peligrosidad, a lo largo de curso inferior del Danubio, en el norte de Italia y el sur de Francia.

La doctrina filosófica de la secta era plagiada de un viejo principio pagano: la existencia de dos divinidades, uno bueno que creó las almas y otro malo que creó el mundo de los cuerpos. Y, enseñando que los hombres debían tener cuidado de todo aquello que fuera corporal, enseñaban a sus adeptos a rechazar el matrimonio, la vida en familia y todo aquello que juzgaban fuera en contra de la pura espiritualidad.

Por lo tanto, los más ardorosos, los más celosos, pasaban muchas veces a desear la muerte.
Tanto por la filosofía como por el modus vivendi, tales herejes, eran naturalmente enemigos de la Iglesia Católica.

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El Papa Lucio III, alarmado por la consistencia que tomaban los albigenses, los valdenses, restauradores del donatismo y otras herejías, reunió en 1184, un gran concilio en Verona, del cual participó espontáneamente, el emperador Federico I.

Aquél Concilio de Verona, tomó las medidas más severas contra los herejes: decretó que los condes, barones y otros señores feudales jurasen ayudar, de ser necesario a mano armada, para descubrir y castigar a los herejes, bajo la pena de ser excomulgados y de perder bienes y derechos.

A los demás, también bajo juramento, que prometieran denunciar al obispo o a los delegados y a todas las personas que se sospechase vivían en la herejía o formaran sociedades secretas.

La disciplina canónica, decretada por el concilio de Verona de aquel 1184, hace creer que el establecimiento de la Inquisición data de aquella época.

El advenimiento de Inocencio III al pontificado en 1198, marcó una era memorable de la historia de la Inquisición. Este Papa, al ver que la herejía de los albigenses triunfaba sobre las bulas pontificias, insatisfecho con la manera en que los obispos y delegados ejecutaban las medidas decretadas por el concilio de Verona, terminó optando por la adopción de comisarios que serían encargados de reparar el mal que los prelados no habían extirpado. Y si no se atrevió rápidamente a privarlo de la intervención en asuntos relativos a los herejes, encontró medios de hacer con que la autoridad episcopal se tornara casi nula.

En 1203, Inocencio III envió a Pedro de Catelneu y a Raúl, ambos monjes del Cister, a predicar contra los albigenses. Tales predicaciones tuvieron éxito. Así, le pareció al Papa que era el momento para introducir en la Iglesia inquisidores dependientes de los obispos, que tuviesen el derecho de perseguir a los herejes.

Diego de Acebes y Domingo de Guzmán, se volvieron famosos persiguiendo a los herejes con calurosas predicaciones.

3.jpgEn 1208, en Francia, bajo el reinado de Felipe II y bajo el Pontificado de Inocencio III, se dio el establecimiento definitivo de la Inquisición.

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Algunos meses antes de la muerte de Inocencio III, Santo Domingo, cuyo celo en actuar contra los herejes apreciaba mucho el Santo Padre, se presentó en la corte romana con el objetivo de pedir autorización para fundar una orden destinada a predicar contra las herejías.

El Papa acogió la idea con gran satisfacción, no pudiendo esconder su alegría que le nacía del alma.

Dada la autorización, Domingo, inmediatamente, puso manos a la obra: organizó el instituto e impuso la regla de San Agustín, porque el concilio Lateranense de 1214 prohibía nuevas reglas para órdenes religiosas.

Dice Joergensen, que habían surgido numerosas Ordenes en torno al año de 1200 y para poner fin a la confusión que esto derivaba, el concilio formalmente decretó, que en el futuro, ninguna orden nueva sería aprobada por la Iglesia y que el que quisiese fundar una nueva orden, o construir un nuevo convento, sería obligado a aceptar una de las antiguas reglas, ya aprobadas.

Y continúa, hablando de Santo Domingo:

Entre los primeros fundadores alcanzados por este decreto estaba Santo Domingo. Y, en una nota en su libro, dice Joergensen:

Este hecho bastaría para destruir la afirmación del escritor danés Bierfreund, según el cual Domingo, al contrario de Francisco, habría sido siempre el favorito del Papa y de la corte romana y siempre había obtenido los privilegios pedidos. Y continúa el texto:

Según Giordano de Sajonia, el Concilio de Letrán reconoció tanto a los frailes dominicos como a los frailes menores: pero ninguno de los dos pudo obtener la aprobación pontificia de su Regla. El propio Domingo, fue expresamente invitado a volver a casa, a deliberar con sus frailes sobre la elección de una regla entre las de las órdenes ya existentes.

Como es sabido, los dominicos escogieron la regla de San Agustín; y Honorio aprobó su elección, declarando, de modo bastante claro, que los dominicos eran "una orden de cánones según la Regla de San Agustín".

Muerto Inocencio III, Honorio III ascendió al trono imperecible de San Pedro.
Satisfecho con la conducta de Domingo y de sus compañeros, el nuevo pontífice autorizó la propagación de la orden en toda la Cristiandad, de modo que, en poco tiempo, España e Italia sentían sus efectos.

Los dominicos, por lo tanto, vinculados con la Inquisición, fueron apóstoles de la cruzada contra los albigenses, que el conde de Tolosa, señor feudal, protegía, conde que llegó al extremo de asesinar al delegado de la Santa Sede, Pedro de Castelnau.

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Uno de los medios más eficaces de Santo Domingo que empleó para obtener de Dios la conversión de los herejes, y al mismo tiempo instruir a los fieles, fue la practica y la institución del Santo Rosario, práctica que consiste en recitar quince Padrenuestros, y después de cada Padrenuestro, una decena de Avemarías, para honrar los quince principales misterios de la vida de Jesús y de su Santa Madre. El tercio es su tercera parte. Rezarlo bien es unir la oración del corazón con la oración vocal.

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Sixto V aprobó la antigua costumbre de recitar el Rosario. Gregorio XIII instituyó la fiesta del Rosario. Clemente VIII la introdujo en el Martirologio. Clemente XI la extendió a toda la Iglesia. Benedicto XIII la agregó en el Breviario Romano.

León XIII, en la Encíclica Diuturni temporis, de 1891, hablando sobre la fiesta del Rosario, dice:

Nosotros, en un testimonio perpetuo de aprecio por esta forma de piedad, además de haber decretado que dicha fiesta y su Oficio sean celebradas en toda la Iglesia, co-rito doble de segunda clase, también quisimos que el mes de octubre en su totalidad fue consagrado a esta devoción. En cualquier caso, disponemos que en las Letanías Lauretanas, sea agregada esta invocación: "Reina del Santísimo Rosario" como augurio de la victoria en la presente lucha".

El Papa León XIII, sobre el Rosario de Nuestra Señora dejó varias Encíclicas. En su Octobri Mense, entre otras cosas, sobre la excelencia del Rosario, origen y glorias, escribe:
Bueno, como quiera que, entre las diversas formas y maneras de honrar a la divina Madre, son de preferencia aquellas que por si mismas son juzgadas más excelentes y a ella más agradables, nos complace señalar de manera explícita y vivamente que recomendamos el santo Rosario.

A este modo de rezar doy, en el lenguaje común, el nombre de corona, porque ella también recuerda, en un feliz enredo, los grandes misterios de Jesús y de María: sus alegrías, sus dolores y sus triunfos.

4.jpgSi los fieles meditaran y contemplaran devotamente, en su debido orden, estos augustos misterios, les auguro un admirable auxilio y si quieren alimentar su fe y preservarse del contagio de los errores, ya sea para aumentar y fortalecer la fuerza de su espíritu. De hecho, por ese modo el pensamiento y la memoria de quien reza son, a la luz de la fe, atraídos con suavísimo ardor para esos misterios. Centrados e inmersos en ellos, nunca se cansaran de admirar la obra inenarrable de la Redención humana, llevada a cabo a precio tan alto y con una sucesión de tan grandes acontecimientos. Y, delante de estas pruebas de la divina caridad, el alma se inflamará de amor y de gratitud, consolidará y aumentará su esperanza, y ávidamente procurará la recompensa celestial, preparada por Cristo para aquellos que le hubieren unido por la imitación de sus ejemplos y por la participación de sus dolores.

Mientras tanto, con los labios se pronuncian las oraciones enseñadas por el propio Cristo, por el Arcángel Gabriel y por la Iglesia. Oraciones tan llenas de alabanzas y sanas aspiraciones no podrán ser repetidas sin producir siempre nuevos frutos de piedad.

Que, pues, la propia Reina del Cielo haya ligado a esta oración una gran eficacia, lo demuestra el hecho de haber sido instituída y propagada por el ínclito Santo domingo, por impulso e inspiración suya, en tiempos especialmente tristes para la causa católica, y bien diferentes de los nuestros, e instituída como un instrumento de guerra eficacísimo para combatir a los enemigos de la Fe.

En efecto, la secta herética de los albigenses, ya sea en forma velada, ya abiertamente, había invadido numerosas regiones, y cual sorprendente descendiente de los maniqueos, repetía sus monstruosos errores, y renovaba sus hostilidades, sus violencias y su odio profundo contra la Iglesia.

Contra esta turba tan perniciosa y arrogante, ya ahora poco o nada se podía contar con los auxilios humanos, cuanto del socorro manifiesto de Dios por medio del Rosario de María.

Así, gracias a la Virgen, gloriosa y debeladora de todas las herejías, las fuerzas de los impíos fueron abatidas y quebradas, y la fe de muchísimos quedó salva e intacta. Y se puede decir que semejantes hechos se verificaron en el seno de todos los pueblos. ¡Cuántos peligros conjurados! ¡Cuántos beneficios alcanzados! La historia antigua y moderna está ahí para demostrarlo con los más luminosos testimonios".

(Vida de los Santos, Padre Rohrbacher, Volumen XIV, p. 94 a 114)

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miércoles, 7 de agosto de 2013

La transfiguración de Jesús - La inmensa felicidad del Paraíso Celestial

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Redacción (Martes, 06-08-2013, Gaudium Press)

EVANGELIO:
Seis días después tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos; brilló su rostro como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, qué bien estamos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo toda mi complacencia; escuchadle». Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra, sobrecogidos de gran temor. Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo». Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos» (Mt 17, 1-9).La inmensa felicidad del Paraíso Celestial

San Pablo declara a los Corintios haber sido arrebatado al Cielo en cierto momento de su vida, y haber oído allá palabras imposibles de transmitir y menos todavía de explicar: "...fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede decir" (2 Cor 12, 4).

De hecho, para los místicos se vuelve difícil exteriorizar sus experiencias interiores, por lo cual podemos comprender que a san Pablo le faltaran términos de comparación para describir lo que había sucedido con él, ya que, según lo dicho antes por él mismo, "ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Cor 2, 9).

Esta maravilla nos espera al momento de ingresar a la vida eterna, y debió ser un motivo considerable para la perseverancia de san Pablo hasta el momento de su martirio, pese a que entonces sólo viera reflejos del Absoluto que hoy contempla cara a cara.

Consideremos en profundidad -hasta donde puede llegar nuestra inteligencia fortalecida por la fe- cuál será la esencia de nuestra felicidad cuando ingresemos en la visión beatífica.

Visión beatífica y conocimiento de Dios a través de las criaturas

2.jpgSegún Sto. Tomás de Aquino, todos los seres creados por Dios podrían haber sido superiores a excepción de tres: la humanidad de Cristo, por estar unida hipostáticamente a la persona del Hijo; la Virgen Santísima, por ser Madre de Dios; y la visión beatífica, por tratarse de la visión del propio Dios.1

San Pablo afirma que nuestro conocimiento en las circunstancias actuales es imperfecto, pero "cuando llegue el fin desaparecerá eso que es imperfecto" (1 Cor 13, 10). Y aclara todavía más esa idea valiéndose de esta comparación: "Cuando yo era niño hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser hombre dejé como inútiles las cosas de niño. Ahora vemos por un espejo y obscuramente, entonces veremos cara a cara" (1 Cor 13, 11-12).

Tan rico fue el universo teológico que san Pablo recibió del propio Cristo, que a veces en sus epístolas las tesis de sustancia preciosa se quedan entrelazadas a otros temas. En concreto, ésta es una de ellas. De hecho nuestro conocimiento es imperfecto puesto que, ya sea en el campo natural de la pura inteligencia, o en lo sobrenatural mediante la virtud de la fe, e incluso en el de la profecía, hay una nota común: la elaboración subsiguiente realizada en base a conceptos creados y con el esfuerzo de abstracción.

Por el contrario, al ver a Dios cara a cara, la fe redundará en visión y por ende se desvanecerá todo conocimiento abstracto.

"Ahora vemos por un espejo...", o sea, por medio de un instrumento: solamente conocemos a Dios porque "desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las criaturas" (Rom 1, 20). Gracias a este contacto directo con las criaturas podemos elaborar otros motivos y principios a través de la propia fe, utilizando conceptos creados. Por eso nuestro conocimiento es oscuro, y por lo mismo, imperfecto. Pero cuando lleguemos al fin tendremos un conocimiento inmediato, claro y total de Dios, si bien no podamos conocerlo totalmente.

La felicidad del ser inteligente: el ejercicio de sus facultades

Tal vez entendamos aún mejor esta cuestión si seguimos el pensamiento de Sto. Tomás de Aquino.2

Según el Doctor Angélico, el deseo de felicidad del ser inteligente lo mueve a buscar su propia perfección, ejercitando sus facultades más elevadas. Esto se verifica hasta en lo concerniente a los sentidos, y por eso comprobamos que el ojo se regocija al ver y el paladar, al saborear.

En consecuencia, la inactividad forzada de los mismos representa un tormento.

Ahora bien, la felicidad del ser inteligente también se verifica en el ejercicio de sus facultades. Dicho ser será tanto más feliz mientras más nobles sean dichas facultades y más hermoso y elevado el objeto sobre el cual se aplican. Sin duda que, naturalmente hablando, en el hombre no hay nada más excelente que su inteligencia y nada puede superar la suprema verdad que es el propio Dios.

Por tanto, en la inagotable y siempre renovada visión beatífica es donde el hombre encuentra la plenitud de la felicidad, extensiva a todos sus apetitos legítimos, como por ejemplo el deseo de gobernar: "y reinarán con él..." (Ap 20, 6); o la necesidad de bienes: "Todos los bienes me vinieron juntamente con ella, y en sus manos me trajo una riqueza incalculable"(Sap 7, 11).

"Pues por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable" (2 Cor 4, 17).

Amor: la búsqueda incesante de Dios

Dígase lo mismo sobre la voluntad, porque en el Cielo veremos claramente a Dios, cara a cara, como compendio de todo bien, tal como enseña Sto. Tomás: "La beatitud es un bien común perfecto, y no otra cosa significó Boecio al decir que es ‘un estado perfecto consistente en la suma de todos los bienes', que es lo mismo que decir que el bienaventurado se halla en estado de bienestar absoluto".3

3.jpgY en seguida aclara todavía más el concepto: "La beatitud perfecta [...] reúne en sí el conjunto de todos los bienes por la estrecha unión que implica con la fuente universal de todos ellos, y no porque tenga necesidad de determinados bienes particulares"4. Eso nos permite comprender por qué algunos santos experimentaron un carga mística de amor tan grande, que casi llegaron al desfallecimiento.

Quizás podamos hacernos una idea mejor de la inmensidad y plenitud de nuestra voluntad en el Cielo, si analizamos la razón del movimiento de nuestro amor hacia las criaturas en esta tierra. Sin darnos cuenta, por tanto, y casi siempre de manera implícita, cuando amamos, estamos buscando un reflejo de Dios existente en estos o aquellos objetos de nuestro amor 5. Teniendo esto delante de nuestra mirada, podemos preguntarnos: ¿cuál será nuestra felicidad en el Cielo al depararnos con el propio Dios cara a cara?

Gozo: posesión del bien deseado

De tal visión de Dios cara a cara y de tal amor recíproco entre él y yo redundará un gozo eterno e indescriptible, porque cuando me hago dueño de un objeto que siempre he deseado intensamente, logro ser feliz. En tanto no me pertenece, me consumo por obtenerlo; al recibirlo como propiedad definitiva, descanso y me regocijo en él. La felicidad consiste en esto. Cuanto mejor sea el objeto y mayor su duración, dará origen a una dicha proporcionalmente más intensa.

El ser humano, en la esencia de su espíritu, es específicamente inteligencia y amor. En el Cielo, el deseo de conocer se satisface de forma plena en la visión de la Verdad, la Bondad y la Belleza, es decir, del propio Dios. Y el ansia de amar y ser amado se aplaca por entero, porque no solamente amaremos a Dios, sino que tendremos la conciencia y la experiencia de todo el amor que él nos tiene, además de contemplar eternamente aspectos nuevos del Ser Absoluto e Infinito, añadiéndose la convivencia insuperable junto a Jesús en su santísima humanidad, la Virgen María, nuestra Madre, los ángeles y los santos.

¿Qué es el Cielo?

Esto es el Cielo, "el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha" 6; y ésta es la gloria que resplandece en el Tabor, en la transfiguración del Señor.

Los tres apóstoles vieron manifestarse ante ellos la claridad de su Alma y de su Cuerpo para animarlos, de cara a la gloria final, a recorrer el espinoso y dramático camino del calvario, y aceptar con fortaleza de alma el martirio futuro en el epílogo de sus vidas.

Analicemos con este trasfondo el Evangelio del Segundo Domingo de Cuaresma.

La Transfiguración del Señor


Seis días después tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los llevó aparte, a un monte alto.

San Lucas habla de ocho días. Será más fácil comprender que esta dis crepancia sólo es aparente, si tomamos en cuenta que un evangelista considera el día de la partida y el de la llegada, mientras que Mateo solamente se refiere a los intermedios, como explica san Jerónimo 7. El "después" toma como referencia la escena de la confesión y el primado de Pedro en Cesarea. Desde allí marchan hacia el monte Tabor, que dista aproximadamente 80 Km, situado en los confines de Galilea y de Samaria. El Divino Maestro se complacía con la altura de las montañas, en donde solía prodigar sus grandes misterios.

En este caso concreto eligió el Tabor para simbolizar quizás la necesidad de elevar nuestros corazones por encima de las cosas de este mundo, y así entregarnos más fácilmente a la meditación de las verdades eternas para sacarles todo su provecho, como dice san Remigio: "En esto nos enseña el Señor que es preciso, para todo el que desea contemplar a Dios, no estar encenagado en los bajos placeres, sino levantar su alma a las cosas celestiales mediante el amor de las cosas superiores; también a sus discípulos, les enseña que no deben buscar la gloria de su beatitud divina en las regiones bajas del mundo, sino en el reino de la bea titud celestial. Y son llevados separadamente, porque todos los santos están separados con toda su alma y por la dirección de la fe de toda mancha, y serán separados radicalmente en el tiempo venidero: o también porque muchos son los llamados y pocos los elegidos" 8.
Los comentarios se multiplican a propósito de la razón por la que Jesús eligió a esos tres apóstoles para gozar la convivencia gloriosa del Señor.

Salta a la vista un motivo claro e inmediato: éstos verían más de cerca las humillaciones sufridas por el Salvador. También era fundamental la existencia de algunos testigos de la gloria de Jesús para sostener a los apóstoles en sus tentaciones durante la prueba de la Pasión.

Apartarse de las criaturas es condición indispensable para entrar en contacto con Dios, y más todavía para verlo.

El fulgor esplendoroso del alma de Cristo


Y se transfiguró delante de ellos; brilló su rostro como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

¿En qué consistiría esa transfiguración? Es evidente que los apóstoles no vieron la divinidad del Verbo de Dios, inaccesible a los ojos corpóreos.

4.jpgApenas vislumbraron una chispa de los fulgores de la verdadera gloria de la humanidad sagrada de Jesús. Probablemente, no vieron nada más que el don de la claridad que gozan los cuerpos gloriosos.

Recordemos la preferencia del Salvador por la noche para rezar, razón por la cual este acontecimiento debió suceder después de ponerse el sol, en medio del silencio de la naturaleza, porque también así se manifiesta Dios cuando hacemos callar en nuestro interior el bullicio de las criaturas y buscamos las luces de lo alto, tras haber apagado las de aquí abajo.

"Su rostro era como el sol cuando brilla con toda su potencia" (Ap 1, 16), es decir, rayos de luz salían de su Faz Sagrada y se esparcían a buena distancia. Sin dejar de ser la misma fisonomía, pero ya sin poseer connotaciones terrenas, se volvió radiante de brillo y esplendor, con plena vitalidad y dulzura. Podemos imaginarnos su grandeza cuando venga a juzgar a vivos y muertos en el fin de los tiempos, toda vez que su rostro será muchísimo más brillante en esa ocasión.

Al arte humano, por más refinado que sea, le resulta difícil superar ciertas bellezas provenientes de las manos de Dios. Por encima de éstas existen las maravillas de la gracia, que sobrepasan todos los límites. Así debieron ser las vestimentas de Jesús durante su transfiguración, por cierto muy distintas de las que nosotros usamos en estos caminos que acaban en la muerte. Esta refulgencia de las ropas de Jesús era el pálido reflejo de la gloria de su Alma adorable, bienaventurada por la gracia de unión y por encontrarse en la visión beatífica desde el primer instante de su creación.

Cuánta ilusión despiertan a veces nuestros sastres, costureras y modistas, cuando logran un cierto éxito con sus habilidades y encubren defectos de un cuerpo concebido en el pecado y tiznado por él. En tales casos, la ropa acaba por rectificar las líneas torcidas de la naturaleza. Durante la Transfiguración todo fue diferente; la pulcritud del alma de Cristo revistió su naturaleza humana perfectísima.

Fue la gloria interior que se volvió explícita a la mirada de quien tuvo la felicidad de estar en el Tabor en aquel momento.

El poder sobre la muerte y la vida


En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.

Si la fe de los apóstoles necesitara una confirmación testimonial, ahí estaban los máximos representantes -uno de la Ley y el otro de los Profetas- adorando a Cristo Jesús. Íntimamente ligados al Mesías, cumplían de manera soberana las exigencias jurídicas para la autenticidad de un testimonio absoluto. Termina la ley, se cumplen las profecías. Que toda la creación se postre a los pies del Prometido de las naciones.
Estos dos grandes personajes aparecen en la Transfiguración del Señor, según asegura san Juan Crisóstomo, "para que supiesen que Él tenía poder sobre la muerte y sobre la vida; por esta razón presenta a Moisés que había muerto, y a Elías que aún vivía" 9.

Papel de las consolaciones en la vida


Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, qué bien estamos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Pedro será confirmado en gracia solamente en Pentecostés; hasta entonces, su locuacidad le confiere el mérito de la fe en la divinidad de Jesús (Cf. Mt 16, 16; Mc 8, 29; Lc 9, 20) o el demérito de la promesa temeraria de jamás romper su fidelidad (Cf. Mt 26, 33-35; Mc 14, 29; Lc 22, 33; Jn 13, 37) o la negación en la casa del Sumo Sacerdote (Cf. Mt 26, 69-74; Mc 14, 66-72; Lc 22, 55-60; Jn 18, 25-27). En el Tabor, imbuido de una alegría desmedida, quiere perpetuar la felicidad. Pedro no estaba todavía lo suficientemente instruido por el Espíritu Santo para saber que la Tierra no es el ambiente para la dicha permanente. No tenía noción de que las consolaciones son auxilios pasajeros que Dios concede para estimularnos en su servicio y para sufrir por él.

"Yo y el Padre somos uno"
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo toda mi complacencia; escuchadle».

En las Escrituras Sagradas aparece a veces una u otra nube para simbolizar la presencia de Dios y su teofanía. El Éxodo la menciona en varios pasajes como señal sensible de la manifestación divina: "la gloria del Señor se apareció en forma de nube" (Ex 16, 10); "y una vez entrado Moisés en la tienda, bajaba la columna de nube [...] Todo el pueblo veía la columna de nube detenida a la puerta de la Tienda" (Ex 33, 9-10); etc.

No cabe duda que la voz del Padre es la que proclama: "Este es mi Hijo". Y de hecho, analizando en profundidad, solamente Jesucristo reúne los requisitos del Hijo perfecto. Posee la misma sustancia del Padre de manera tan plenamente cabal que constituye una sola y misma cosa que éste: "Yo y el Padre somos uno" (Jn 10, 30) Por tanto, es igual al Padre: "Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn 14, 9).

En sus dos naturalezas, Cristo es la Palabra que manifiesta el Padre: es el "resplandor de su gloria e impronta de su sustancia"(Heb 1, 3) en calidad de Dios. Por otro lado, también lo hizo a través de su humanidad: "He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo" (Jn 17, 6).

Además, tuvo una obediencia insuperable: "No se haga mi voluntad, si no la tuya" (Lc 22, 42); "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado" (Jn 4, 34); "Se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Flp 2, 8). Siempre con total sumisión, imitándolo en todo: "El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo" (Jn 5, 19).
Si bien somos verdaderos hijos de Dios, como nos asegura el Salmista - "¡Vosotros, dioses sois, todos vosotros, hijos del Altísimo!" (Sal 81, 6)-, lo somos por misericordiosa adopción. El Hijo de Dios por naturaleza no es más que uno solo: "El Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos al que es Verdadero" (1 Jn 5, 20).

[...]amado, en quien tengo toda mi complacencia [...]

Cuando amamos algo, buscamos una bondad que preexiste en ese algo, como reflejo del mismo Dios. La eficiencia de nuestro amor no llega al grado de producir la bondad en los objetos que amamos. El amor de Dios, en cambio, según Sto. Tomás de Aquino, es tan rico que introduce la bondad en los seres que ama. Es la Bondad en esencia y la difundió entre todas sus criaturas.

Sin embargo, aquí afirma que el Padre colocó "toda" su complacencia en su Unigénito, tal como nos lo declara san Juan: "El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano" (Jn 3, 35). Por tanto, al colocar todo su amor en él, puso también toda su bondad.

[...] "escuchadle".

Ahí estaba el propio Moisés, que antaño había dicho al pueblo elegido: "El Señor tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis"(Dt 18, 15). A él, más tarde, se asociaría la voz de otro maestro: Elías.

Los maestros del Antiguo Testamento eran auténticos cuando pretendían anunciar al Mesías venidero o a su doctrina. Lo mismo debe decirse respecto de todos los que vinieron después de Cristo: serán verdaderos maestros en la medida que aprendan y transmitan la doctrina del Divino Maestro, tal como él mismo afirmó: "uno solo es vuestro Maestro" (Mt 23, 8). No enseña como un profesor común que persigue ilustrar a sus alumnos por medio del puro raciocinio; Jesús se basa en su conocimiento, por ser la Sabiduría infinita, y en su autoridad de Hijo de Dios, y por eso exige nuestra fe. Su vida nos proporcionó a cada paso los suficientes motivos para creer en él. Es un deber de nuestra parte creer en su palabra, imitar sus ejemplos, practicar su ley, etc.; en esto consiste la obediencia a la orden del Padre:"escuchadle".

La fragilidad humana frente a la gloria de Dios


Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra, sobrecogidos de gran temor.

La voz del Señor toca a fondo el corazón de los inocentes, tal como se dio con Pedro en la barca o con Tomás en el cenáculo: caen rostro en tierra.

Sobre los malos, su efecto es muy diferente: caen de espalda, tal como los soldados que fueron a arrestar a Jesús en el Huerto de los Olivos.

5.jpgSan Jerónimo procura explicar las razones de esta caída de los apóstoles: "Por tres causas cayeron aterrados de miedo: porque comprendieron su error; porque quedaron envueltos en la nube luminosa, y porque oyeron la voz de Dios cuando les hablaba. Y no pudiendo soportar la fragilidad humana tan grande gloria, se estremece con todo su cuerpo y toda su alma, y cae en tierra: porque el hombre que no conoce su medida, cuanto más quisiere elevarse hacia las cosas sublimes, más se desliza hacia las bajas" 10.

Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo».

Aparte de la omnipotencia de su presencia y de su voz, Jesús quiso tocarlos con su propia mano. Este hecho recuerda el trecho de Daniel: "Me tocó su mano y me levantó" (Dan 10, 10).

Así les quedó en evidencia que tal fuerza partía de Jesús y no de la naturaleza de ellos.

Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.

Desaparecen de sus ojos la Ley y los Profetas. Ahora entienden experimentalmente que Jesús es el esperado de las naciones.

Después de la contemplación es necesario dedicarse a la acción


Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».

Las alegrías se acaban incluso en las alturas del Tabor, como siempre sucede en esta tierra de exilio. Es necesario que bajen del monte todos aquellos que, además, están llamados a la vida activa. Después de haberse enriquecido con las gracias de Dios por medio de la contemplación, es preciso abrazar las penosas tareas de la predicación y de la caridad. Y no debían decir nada a nadie,"porque si se divulgaba en el pueblo la majestad del Señor, este mismo pueblo se opondría a los príncipes de los sacerdotes, e impediría la pasión, y de este modo sufriría retraso la redención del género humano" 11.

Conclusión

"Soy yo demasiado grande y mi destino demasiado noble para que me constituya en esclavo de mis sentidos" 12. A esa conclusión llegó Séneca por la mera elaboración filosófica, sin haber tenido la menor revelación acerca de nada análogo a la Transfiguración del Señor.

En el Tabor, Jesucristo va muchísimo más allá: con su divina pedagogía, nos hace conocer una parte de su gloria en los reflejos de la claridad propia a su cuerpo después de la resurrección. Pálido ejemplo de lo que veremos en el cielo, como fruto de los méritos de su Pasión, de los fulgores de su visión beatífica y de la unión hipostática. Como objetivo inmediato, quiso fortalecer a sus discípulos para que asumieran con heroísmo las tristes pruebas de su Pasión y Muerte, al margen de la manifestación de su divinidad. Pero no estaba ajeno a sus designios divinos el dejar consignado para la Historia cuáles son las verdaderas y reales alegrías reservadas a los justos post mortem.

En contrapartida, el demonio, el mundo y el pecado nos prometen alegrías con aires de absoluto. No obstante, su goce casi siempre es fugaz y seguido por una amarga frustración; además, al término de esta vida seremos arrojados en el fuego eterno como castigo, si acaso no existió de parte nuestra un arrepentimiento verdadero, propósito de enmienda y la obtención del perdón de Dios.

En el Tabor la voz del Padre proclama:"escuchadle". Esta recomendación se dirige sobre todo a nosotros, bautizados, puesto que somos hijos adoptivos de Dios, y por lo mismo, ya pasamos por una inmensa transformación cuando ascendimos al orden sobrenatural, dejando de ser exclusivamente puras criaturas. Sin embargo, cuando penetremos en el orden de la gloria se dará otra transformación, ya que seremos como él es ahora. Es para llegar allá que Cristo nos invita a acometer las asperezas de los primeros pasos en el camino de la virtud, para que a continuación la paz de alma nos sostenga, y finalmente seamos transfigurados en lo alto del Tabor eterno.

El Cielo, por sí solo, es una enorme manifestación de la bondad de Dios, un riquísimo tesoro de felicidad prometido por él y un poderoso estímulo para aceptar con amor las cruces durante nuestra existencia terrenal. Confiemos en esa promesa basándonos en las garantías de la Transfiguración del Señor y pidamos a la Madre de la Divina Gracia que bondadosamente nos preste auxilio con los recursos sobrenaturales, para llegar incólumes, decididos y seguros al buen puerto de la eternidad: el Cielo.

Por Mons. João Clá Dias, EP
(Revista Heraldos del Evangelio, Febrero/2008, n. 55, p. 10)
____
1) AQUINO, Sto. Tomás de - "Suma Teológica" I, q. 25, a. 6 ad 4.
2) Idem, "Suma contra los Gentiles" 1.1, c.100.
3) Idem, "Suma Teológica" I-II, q. 3, a. 2 ad 2.
4) Idem, ibidem, I-II q. 3, a. 3 ad 2.
5) Idem, ibidem, I q. 44 a. 4 ad 3.
6) CIC § 1024.
7) AQUINO, Sto. Tomás de - "Catena Aurea".
8) Idem, ibidem.
9) Idem, ibidem.
10) Idem, ibidem.
11) S. REMIGIO apud AQUINO, Sto. Tomás de - "Catena Aurea".
12) Seneca: Ep. 65.

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Crece la práctica de la "naprotecnología" como alternativa éticamente válida ante la 'fecundación asistida'

Roma (Martes, 06-07-2013, Gaudium Press) Nada más comprensible que el deseo de una pareja recientemente unida en matrimonio de tener un hijo fruto de un verdadero amor, ojalá el amor cristiano. Por ello, es claro que es digno de compasión aquel matrimonio en el que no se puede concebir una nueva vida.

Buscando satisfacer ese comprensible deseo, entretanto no son pocas las parejas (incluso cristianas) que acuden a ‘técnicas de reproducción asistida' éticamente censurables, como la Fecundación in Vitro, introduciendo así dentro del seno familiar la tragedia de la malignidad.

1.jpgLa "Instrucción Donum Vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la defensa de la dignidad de la procreación", de la Congregación para la Doctrina de la Fe (22 febrero 1987), recuerda al género humano -citando la Encíclica Humanae Vitae- que la fecundación del óvulo en una probeta (fecundación ‘in vitro') y la posterior trasferencia del embrión al útero femenino (incluso cuando las células semilla son de los propios esposos - Fecundación artificial homóloga) es objetable de acuerdo a la recta moral, pues quiebra "la inseparable conexión, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador. Efectivamente, el acto conyugal, por su íntima estructura, al asociar al esposo y a la esposa con un vínculo estrechísimo, los hace también idóneos para engendra una nueva vida, de acuerdo con las leyes inscritas en la naturaleza misma del varón y de la mujer". "La fecundación artificial homóloga -continúa la Instrucción-, intentando una procreación que no es fruto de la unión específicamente conyugal, realiza objetivamente una separación análoga entre los bienes y los significados del matrimonio (...) la procreación queda privada de su perfección propia, desde el punto de vista moral, cuando no es querida como el fruto del acto conyugal, es decir, del gesto específico de la unión de los esposos" (Instrucción Donum Vitae, nº4). A lo anterior, se suma el hecho de que con muchísima frecuencia, por no decir siempre, la práctica de la fecundación ‘in vitro' implica la destrucción de embriones humanos, es decir, de seres humanos, personas humanas. (cfr. Las Técnicas de reproducción artificial aspectos médicos in Manual de Bioética General - bajo la dirección de Aquilino Polaino-Lorente. Ed. RIALP. 4ª edición. Madrid. 2000. pp. 208-212)

Acerca de estos temas, reproducimos a continuación los principales apartes de la nota de Rodolfo Casadei, publicada en el cotidiano italiano Tempi el pasado 21 de julio, sobre la "naprotecnología" (Natural Procreative Technology), técnica ésta que "busca una explicación médica de porqué una pareja no consigue procrear" y, por tanto, "intenta eliminar el problema y ‘ajustar' el mecanismo natural, volviendo a darle su armonía". La naprotecnología ha sido calificada como teniendo un enfoque del problema de la esterilidad "científica y clínicamente más riguroso del que se practica en el ámbito de la fecundación asistida". La traducción de abajo es de autoría de Helena Faccia Serrano, de ReligionenLibertad:

¿Fecundación asistida? La «napro» es un método más eficaz, económico y «católicamente correcto»

Su índice de éxito es doble respecto al de la fecundación asistida por porcentaje de nacimientos de parejas que siguen los tratamientos, y cuesta once veces menos, pero es realizada por pocos médicos en todo el mundo, está boicoteada por los lobbys de la probeta y es ignorada por los sistemas sanitarios nacionales.

La naprotecnología nació en los Estados Unidos y llegó a Europa hace unos años, pero sigue enfrentándose al prejuicio que la considera un enfoque confesional a la medicina, condicionado por dogmas religiosos. Nada más lejos de la realidad. Es verdad que la práctica de la naprotecnología es rigurosamente conforme a la bioética católica; pero se ha demostrado que su enfoque del problema de la esterilidad es científica y clínicamente más riguroso del que se practica en el ámbito de la fecundación asistida. Y por esto al final es también más eficaz: lo confirman las estadísticas.

Diferencia entre una y otra

«La diferencia entre la naprotecnología y la fecundación in vitro consiste en el hecho de que en la primera la cuestión fundamental es el diagnóstico de las causas de infertilidad, se busca una explicación médica de porqué una pareja no consigue procrear y, por tanto, se intenta eliminar el problema y "ajustar" el mecanismo natural, volviendo a darle su armonía», explica Phill Boyle, el ginecólogo irlandés que imparte, en una clínica de Galway, los cursos de formación en naprotecnología para médicos de toda Europa.

«En el procedimiento in vitro, en cambio, el diagnóstico de las causas no tiene importancia, los médicos quieren sencillamente "burlar el obstáculo", llevando a cabo una fecundación artificial. En la naprotecnología, el tratamiento resuelve el problema de la pareja, que después puede tener otros hijos. Sin embargo, con el método in vitro, los cónyuges no se curan y siguen siendo una pareja estéril, y para tener más niños deberán siempre confiar en un laboratorio».

«La naprotecnología es la verdadera fecundación asistida», ironiza Raffaella Pingitore, la ginecóloga más experta en dicho método en el área de lengua italiana, y que realiza en la clínica Moncucco de Lugano (Suiza). «En el sentido que asistimos a la concepción desde el principio hasta el fin, es decir desde la fase de individuación de los marcadores de fecundidad en la mujer hasta las intervenciones farmacológicas y/o quirúrgicas necesarias para permitir que la pareja llegue de un modo natural a la concepción».

Conjunto de técnicas diagnósticas

El nombre deriva del inglés "natural procreation technology", tecnología de la procreación natural. Más que una tecnología es un conjunto de técnicas diagnósticas e intervenciones médicas que tienen como objetivo individuar la causa de la infertilidad y su puntual eliminación. Se empieza con las tablas del modelo Creighton, que describen el estado de los biomarcadores de la fecundidad (...). A partir de aquí ya es posible diagnosticar carencias hormonales, insuficiencias lúteas y otros problemas que se pueden tratar con la suministración de las hormonas que faltan. Si la infertilidad persiste, se continúa con el examen detallado del nivel de las hormonas en la sangre, la ecografía de la ovulación y la laparoscopia avanzada. Pueden ser necesarias, entonces, intervenciones de microcirugía de las trompas o de laparoscopia avanzada para extirpar las partes dañadas por la endometriosis. El resultado final es un porcentaje de nacidos vivos entre el 50 y el 60 por ciento del total de las parejas que realizan el tratamiento durante un máximo de dos años (pero la mayor parte concibe en el primer año), contra una media del 20-30 por ciento que recurre a los ciclos de fecundación in vitro (en general, seis ciclos).

La negligencia de los médicos

«Una de las cosas que más me escandaliza es la difundida negligencia en el diagnóstico de las causas de infertilidad», explica Raffaella Pingitore.

«Hoy, después de unos pocos análisis pragmáticos, se dirige a la mujer a los centros de fecundación asistida. Hemos llegado al punto que, hace unos años, la Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva declaró la insuficiencia lútea como inexistente, porque no podía ser diagnosticada "científicamente". Pero sí que podemos diagnosticarla implicando a la mujer (...).

«En los Estados Unidos, en Omaha, en el Estado de Nebraska, iban a visitar al doctor Thomas Hilgers, el verdadero creador de la naprotecnología, mujeres a las cuales se les había descartado la endometriosis tras una laparoscopia. Pero realizando una laparoscopia avanzada se descubría que en el 90 por ciento de los casos la endometriosis sí existía. A mí a menudo me ha sucedido lo mismo. Una laparoscopia avanzada debería ser una práctica estándar en los test de esterilidad, pero al tratarse de una intervención quirúrgica, la hostilidad hacia ella es grande».

Que el hecho de recurrir de manera indiscriminada a la fecundación asistida es paralelo a la negligencia diagnóstica se deduce también por el elevado número de pacientes que recurren con éxito a la naprotecnología después de ciclos fracasados de fecundación in vitro. El doctor Boyle afirma que en los últimos seis años, en el grupo de pacientes con edad inferior a los 37 años que ya habían intentado dos ciclos de fecundación asistida, el porcentaje de las que han concebido gracias al método de procreación natural ha sido del 40 por ciento. Raffaella Pingitore cuenta su experiencia personal: «La paciente tenía 36 años y deseaba un embarazo desde hacía ocho años; se le habían realizado en el pasado cinco ciclos de fecundación asistida sin éxito. Le hice registrar la tabla de los marcadores de fertilidad y observamos que tenía una fase satisfactoria de flujo fértil, pero unos niveles hormonales un poco bajos, lo que indicaba una ovulación un poco defectuosa. También tenía síntomas de endometriosis; le realicé una laparoscopia, encontré la endometriosis y coagulé los focos de endometriosis en el útero, ovarios y trompas. La sometí a una terapia para que estuviera en menopausia durante seis meses: de este modo se secaban bien todos los focos de endometriosis que tal vez aún quedaban. Tras esta terapia continué con un fármaco, el Antaxone, con dieta y con el apoyo de la fase lútea con pequeñas inyecciones de gonadotropina. Esto aumentó el nivel de hormonas y en el cuarto mes de tratamiento se había alcanzado un flujo muy bueno. En el decimoséptimo día después de la ovulación realizamos el test de embarazo, que resultó positivo».

Costes y beneficios

El escrúpulo del profesional éticamente motivado puede más que las técnicas artificiales. Lo demuestra la anécdota de la doctora Pingitore y lo demuestran las estadísticas del doctor Boyle. En Irlanda, en el arco de cuatro años, el ginecólogo curó a 1.072 parejas que deseaban un hijo desde hacía más de cinco años. La edad media de las mujeres era de 36 años, y casi un tercio de ellas ya había intentado tener un hijo con la fecundación in vitro. Tras seis meses de tratamiento naprotecnológico, la eficacia del método fue del 15,9 por ciento. Tras un año, del 35,5 por ciento; tras un año y medio, el 48,5 por ciento de las pacientes se había quedado embarazada. Si el tratamiento duraba dos años, casi el 65 por ciento de las pacientes se quedaba embarazada.

Sobre una base de pacientes mucho más pequeña, la doctora Pingitore, en el bienio 2009-2011, obtuvo una media de 47,3 por ciento de embarazos. En los Estados Unidos (país donde no están vigentes leyes que limitan el número de embriones fecundados que pueden ser transferidos al útero), los índices de la fecundación asistida tras seis ciclos son los siguientes: 30-35 por ciento para mujeres con edad inferior a los 35 años; 25 por ciento para mujeres entre los 35 y los 37 años; 15-20 por ciento para mujeres entre los 38 y los 40 años; 6-10 por ciento para mujeres con edad superior a los 40 años.

Después tenemos la cuestión, para nada secundaria, de los costes, si bien en Italia se discute poco sobre ella porque, aparte del copago, el gasto corre a cargo de la sanidad pública. En tiempos de austeridad y de efectos deletéreos de la deuda pública, sin embargo, debería también tener un valor en nuestro país la relación gasto/eficacia. Por tanto, resulta que si comparamos los costes de dos años de tratamiento naprotecnológico con los seis ciclos de fecundación asistida, la segunda cuesta once veces más que el primero. Un único ciclo de fecundación in vitro cuesta alrededor de 3.750 euros, más 1.000 euros de medicación, por lo que seis ciclos costarían 28.500 euros, a los cuales hay que añadir otros 800 para la congelación y el mantenimiento de los embriones y 1.200 para la transferencia de los mismos, por un total general de 30.500. En cambio, incluso alargando el tratamiento naprotecnológico a dos años, los costes son modestos: 300 euros para el curso de formación en los métodos naturales, 800 para las visitas médicas y 1.500 para los medicamentos, por un total de apenas 2.600 euros. Probablemente, los parlamentos y los ministros de Sanidad de los países europeos no son muy sensibles a los temas bioéticos, pero difícilmente podrán fingir sordera antes las peticiones de verificación de la relación costes/beneficios entre los dos métodos.

«La naprotecnología está destinada a difundirse, aunque sólo sea por un tema vinculado a los costes, en los cuales se calculan también los efectos colaterales de la práctica de la fecundación asistida: no nos olvidemos que los niños que nacen con esa técnica tiene más probabilidad de malformaciones y problemas de salud que los que nacen de manera natural», recuerda Raffaella Pingitore.

«Sin embargo, primero es necesario derrotar al lobby de la procreación asistida. Es un lobby supermillonario, que enriquece a centenares de personas y que no dejará fácilmente que se le ponga el bastón entre las ruedas». Rodolfo Casadei - Traducción al español de Helena Faccia Serrano
Gaudium Press / S. C.


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lunes, 5 de agosto de 2013

EL DÍA DE LA PATRONA DE COSTA RICA, EN LA TARDE, SE REALIZA EL Rosario de la Luz en Cartago, CIUDAD CERCANA A LA CAPITAL SAN JOSÉ.

El pasado 2 de agosto, los Heraldos del Evangelio participaron en el tradicional Rosario de la Luz, que se reza en honor a la Patrona de Costa Rica, Nuestra Señora de los Ángeles. 

La imagen salió en procesión por  las calles alrededor del santuario, precedida por el Obispo de Cartago Mons. José Francisco Ulloa y acompañada un numeroso grupo de seminaristas, los Heraldos del Evangelio, miembros de la fuerza pública y una multitud de devotos que se encontraba en la plaza junto al Santuario.

Al regresar la imagen de "La Negrita" a la Basílica fue recibida con entusiasmo por los fieles  y a continuación le ofrecieron un serenata con Mariachis.


Paciencia y Mansedumbre

Redacción (Viernes, 02-08-2013, Gaudium Press) Es natural que a menudo nos aconsejen a soportar pacientemente las dificultades que surgen en medio de nuestro caminar por esta vida, pero, ¿será que realmente sabemos en qué consiste esta virtud o cómo podemos practicarla? Es necesario y de suma importancia que sepamos en qué se fundamenta esa virtud, cómo podemos ponerla en práctica y por qué debemos practicarla.

Si consultamos el Evangelio, verificamos que Nuestro Señor Jesucristo, explícita o implícitamente, nos invita a la práctica de esta virtud para que alcancemos la perfección cristiana, diciendo a sus discípulos: "Tomad mi yugo sobre vosotros y recibid mi doctrina, porque yo soy manso y humilde de corazón y encontrareis el reposo para vuestras almas". (Mt 11, 29). Entonces, al analizar esta frase, surge la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos ser pacientes para asemejarnos a Dios?
El gran Santo Tomás de Aquino sabiamente afirma: "La paciencia es una virtud que se relaciona con la virtud de la fortaleza e impide al hombre distanciarse de la recta razón iluminada por la fe y sucumbir a las dificultades y tristezas".1 Por tanto, paciente es aquel que sabe conservar la calma ante las más duras pruebas y que, a pesar de los sufrimientos y tribulaciones, mantiene la alegría y la certeza de que no será abandonado por Dios. En suma, posee el dominio del alma delante cualquier tormento externo que se pueda experimentar.

La virtud de la paciencia tiene una relación estrecha y directa con la virtud de la fortaleza, pero no se debe confundirlas, porque "cabe a la fortaleza soportar no cualquier mal, sino aquellos que son los más duros, o sea, los peligros mortales. Al paso que la paciencia puede aturar males de cualquier especie". 2 Aunque sean distintas, pueden ser relacionadas, ya que, para ejercitar la paciencia, es necesario tener fortaleza de espíritu, "es más arduo para un soldado aguantar mucho tiempo bajo balas en una trinchera húmeda y fría que tomar parte en un ataque con todo el ardor de su temperamento". 3

Esta virtud es tan rica que puede ser relacionada con muchas otras virtudes, como por ejemplo la virtud de la caridad. El propio San Pablo, en una de sus cartas a los Corintios, asegura: "La caridad es paciente [...] todo cree, todo espera, todo soporta " (I Cor 13, 4.6).
Es justo que en ese "soportar todas las cosas con mansedumbre" se encuentre el secreto de la verdadera paciencia. Ejemplos de la práctica de esta virtud pueden ser vistos en las actitudes de los santos, que, sufriendo desde pequeños, comprenden hasta el fondo la vida, que la Salve Reina califica de "valle de lágrimas". Pero, a pesar de esos sufrimientos, no presentan señal ninguna de desánimo, acidez o amargura. Al contrario, por encima de todo, trasparecen de dulzura, gentileza y bondad. Ellos demuestran poseer el bienestar de la virtud, de la aceptación de un sufrimiento vivido en paz.

En cuanto a la mansedumbre, se puede decir que "debe acompañar a la paciencia, pero difiere de esta en la medida en que tiene como un efecto especial, no solo superar las adversidades de la vida, sino contener los movimientos desordenados de la ira". 4 No se debe, entretanto, confundir esta virtud con la blandura de temperamento, ya que cualquiera, no importa su temperamento, puede practicar esta virtud, porque "la placidez de temperamento es ejercida sin dificultad para con aquellos que son de nuestro agrado y con dureza para con los demás", mientras que, "la mansedumbre como virtud, evita esa amargura y dureza, en todas las circunstancias y con todas las personas". 5

Paciencia... pero no con el pecado

Actualmente, muchas personas interpretan mal el verdadero significado de la paciencia al pensar que paciente es aquel que soporta todas las injusticias, no expresando su rechazo al pecado o a las faltas que pueden ser cometidas. Eso es apenas una falsa concepción de lo que es esa virtud, porque "cuando es preciso usar la severidad, muchas veces necesaria, el paciente sabe hacerla acompañar de un amable aire de tranquilidad, como la clemencia mitiga el castigo recibido". 6

Por tanto, podemos concluir que, cuando entendemos la mansedumbre y paciencia de esta forma, podemos ponerla en práctica tanto en nuestras palabras como en nuestras actitudes, pero también hacerla reinar en nuestros corazones, con la certeza de que al practicarla recibiremos el premio que Nuestro Señor Jesucristo promete: "Bienaventurados los mansos, porque poseerán la tierra" (Mt 5, 5).

Por Griselda Maria Tavarez Castillo
1 SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. II-II, q.136, a.1.
2 SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. II-II, q.136, a. 4.
3 GARRIGOU-LAGRANGE, Réginald. Las tres edades de la vida interior. Madrid: Palabra, 2003, v.II, p. 650.
4 SANTO TOMÁS DE AQUINO. Suma Teológica. II-II, q.157, a.1 y 2.
5 GARRIGOU-LAGRANGE, Réginald. Las tres edades de la vida interior. Madrid: Palabra, 2003, v.II, p.652-653.
6 Ibid. p.653.


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