lunes, 27 de septiembre de 2010

Evangelio del día

2010-09-27 - Evangelio según San Lucas 9, 46-50

Publicado 2010/09/27
Autor : Sagrada Biblia

El Señor le dijo: "¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal."

Libro del profeta Job 1, 6-22

Un día, fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás.

El Señor le preguntó: "¿De dónde vienes?"

El respondió: "De dar vueltas por la tierra."

El Señor le dijo: "¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal."

Satanás le respondió: "¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara."

El Señor le dijo: "Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques."

Y Satanás se marchó.

Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: "Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo."

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: "Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo."

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: "Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo."

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: "Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo."

Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor." A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

Salmo 16

Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. Emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud. Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha.

Evangelio según San Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: "El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante".

Juan tomó la palabra y dijo: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir". Jesús les respondió: "No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro".

viernes, 24 de septiembre de 2010

Presentación del libro "El Estatuto Jurídico del cigoto ¿persona o cosa?"

El martes 28 de setiembre será presentado en la Sala Zelmar Michelini del Palacio Legislativo, el libro "El Estatuto Jurídico del cigoto ¿Persona o cosa?",de Santiago Altieri.

En la oportunidad disertarán el Dr. Carlos E. Delpiazzo, el Prof. Lincoln Maiztegui y la Dra. Alicia Fernández (Presidente de la Asociación Uruguaya de Pediatría)

La presentación será a las 18:30 hs ingresando a la antesala de la Cámara de Senadores por Avda. Gral. Flores.


Informes e inscripciones:

derecho@um.edu.uy

707 4461 int. 330

Presentación en la Feria del Libro de la Obra "Don Jacinto Vera - El misionero santo"

El libro "Don Jacinto Vera - El misionero santo" de la autora Laura Álvarez Goyoaga, será presentado en el marco de la Feria Internacional del Libro, el día 30 de setiembre, a las 12 horas, en el salón Dorado de la Intendencia Municipal.

Tal como lo muestra la Obra de Alvarez Goyoaga, Monseñor Jacinto Vera, fue el primer obispo de la República Oriental del Uruguay, modelo de virtudes, personificación de la caridad evangélica. Hombre tierno y misericordioso ante los dolores del prójimo, lleno de mansedumbre y paz. Persona de fe, humilde hasta el extremo. Sacerdote Santo. Pastor que defendió con razones y acciones al pueblo sencillo, católico.

Obispos uruguayos agradecieron ante Virgen de los Treinta y Tres en Roma

En la Iglesia de los Doce Apóstoles, en Roma, los nuevos Obispos Mons. Alberto Sanguinetti (Obispo de Canelones) y Mons. Milton Tróccoli (Obispo Auxiliar de Montevideo) dieron gracias ante la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres, Patrona de Uruguay.

Tras haber finalizado el curso para nuevos Obispos, los Pastores celebraron una Eucaristía de Acción de Gracias, acompañados por los religiosos salesianos, P. Alfonso Bauer y P. Tomás W. Tadeo.

En el año 1994, en ocasión de la Visita Ad Limina de la Conferencia Episcopal Uruguaya, fue llevada a la referida Iglesia una reproducción de la Imagen de la Virgen de los Treinta y Tres. Desde entonces, se reúnen a celebrar Misa, casi mensualmente, integrantes de la comunidad uruguaya residente en Roma.

Participó de la Eucaristía un grupo de uruguayos entre los que se destacaban el Embajador ante la Santa Sede, Dr. Mario Cayota, la Consejera Ma. Gabriela Chifflet y el Dr. Guzmán Carriquiri junto a su esposa.

Fuente: desde Roma, P. Tomás Tadeo sdb

El rosario cambió mi vida

Buenos días Caballeros de la Virgen.

Trabajo en una entidad financiera aquí en Pereira y siempre he vivido demasiado ocupada, situación esta que me llevo a interesarme poco por el rosario. Hace unos cuantos días una señora cliente del banco llego a realizar una transacción y cuando termine de atenderla me regalo el libro: el secreto admirable del santo rosario.

Empecé a leerlo al día siguiente y me pareció tan maravilloso que el corazón se me lleno de una alegría inmensa al darme cuenta de todas las bendiciones que recibimos cuando se reza el rosario con amor. Igualmente sentí una gran tristeza en mi vida al reconocer que tanto tiempo he perdido al no haber dedicado un solo ratico de oración a la Santísima Virgen como es el rosario, (solo por pereza).

En este momento me siento sumamente feliz porque llego a mi vida este regalo maravilloso como es sentir realmente las bondades del santo rosario y tratare en lo posible buscar la manera de que muchas personas se enamoren de esta maravillosa oración.

Les ruego de corazón, me incluyan en sus oraciones, pues soy tan pecadora como muchas personas en este mundo y necesitamos esa ayuda espiritual para limpiar nuestra alma de tanta maldad, alejar al enemigo de nuestras vidas y buscar que muchas otras almas de dios se salven pues todos somos sus hijos y el no quiere que ninguno se condene en el fuego eterno, sino que seamos por siempre felices en ese hermoso paraíso que nos espera siempre y cuando luchemos para ganárnoslo.

Que Dios y la Virgen María los bendigan todos los días de sus vidas y que no desfallezcan en sus oraciones. Ruego me contesten este correo para tener la certeza de que lo han leído y que me tendrán en cuenta en sus oraciones.

Mil gracias de corazón

Maria Consuelo López
Pereira

Dios nos puede dar un corazón nuevo

"Os daré un corazón nuevo y os infundiré un Espiritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi Espiritu y haré que caminéis según mis preceptos y que pongáis por obra mis mandamientos". (Ez. 36,26-27)

Padre Pío de Pietrelcina: el santo que se glorió en la Cruz del Señor

Publicado 2010/09/23
Autor : Gaudium Press

Originario de la ciudad de Pietrelcina, al sur de Italia, el Padre Pio vivió en plenitud su vocación de colaborar en la redención del hombre. Gracias a sus virtudes y a su espíritu de oración, gozó en vida de una notable fama de santidad

Bogotá (Jueves, 23-09-2010, Gaudium Press) "El padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la penitencia (...) El ministerio del confesonario, que constituye uno de los rasgos distintivos de su apostolado, atraía a multitudes innumerables de fieles al convento de San Giovanni Rotondo. Aunque aquel singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, estos, tomando conciencia de la gravedad del pecado y sinceramente arrepentidos, volvían casi siempre para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental"; estas fueron algunas de las palabras con las que el Papa Juan Pablo II resaltó la vida de santidad del Padre Pio de Pietrelcina -santo de que la iglesia conmemora hoy- en la homilía de la ceremonia de su canonización, celebrada en la Plaza de San Pedro el 16 de junio de 2002.

Nacido el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, ciudad de la provincia de Benevento al sur de Italia, fue bautizado con el nombre de Francisco justo al día siguiente de su nacimiento. Sus padres, Grazio Forgione y María Giuseppa De Nunzio, le inculcaron desde temprana edad el amor a Jesús, tanto así que a la edad de 12 años, recibió el Sacramento de la Confirmación y la Primera Comunión.

A sus 16 años, en 1903, el joven Francisco decidió ingresar al noviciado en la Orden de los Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde recibió el nombre de Fray Pío, vistiendo desde ese momento el hábito capuchino. A finales de ese mismo año emitió la profesión de los votos simples y en 1907, la profesión solemne. Su ordenación sacerdotal fue en Benevento el 10 de agosto de 1910. En 1916, luego de permanecer por 6 años con su familia por motivos de salud, el Padre Pío es enviado al Convento de San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su muerte y vivió en plenitud su vocación de colaborar en la redención del hombre.

"En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón de Dios"

Pío de Pietrelcina fue ante todo un hombre de fe dedicando gran parte de su jornada a la oración, no en vano el Santo italiano solía decir: "En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos. La oración es la llave que abre el corazón a Dios". Pero, la Eucaristía era parte primordial de su día y de su vida, convirtiendo a la celebración de la Santa Misa en el momento cumbre de su actividad apostólica.

San Pío, también es recordado como gran confesor y guía espiritual, ya que acogió, por más de 50 años, a centenares de personas que acudían a su confesonario en busca de consuelo y de un consejo. Igualmente, fue un hombre de una inmensa caridad, especialmente con los dolores y dificultades que padecían las familias pobres. Este compromiso con los más necesitados se vio reflejado con la fundación, en 1956, de la "Casa del Alivio al Sufrimiento".

Por su enfermedad, el Padre Pío comprendió que su camino era la Cruz, aceptándola con amor y valor. Por mucho tiempo el santo experimentó los sufrimientos del alma y del cuerpo, soportando con gran serenidad los dolores de sus llagas. Su fallecimiento ocurrió el 23 de septiembre de 1968, a la edad de 81 años.

Su fama de santidad en vida fue tal que no tardó en ser beatificado por Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999, y canonizado por el mismo Pontífice el 16 de junio de 2002.

Evangelio del día

2010-09-24 - Evangelio según San Lucas 9, 18-22

Publicado 2010/09/24
Autor : Sagrada Biblia


Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio.

Libro del Eclesiastés 3, 1-11

Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.

Salmo 143

Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio. Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?; ¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa.

Evangelio según San Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos contestaron: "Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas". El les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Pedro tomó la palabra y dijo: "El Mesías de Dios". El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar el tercer día".

miércoles, 22 de septiembre de 2010

“Tienes errores..., ¡y qué errores!”

No te asustes, ni te desanimes, al descubrir que tienes errores..., ¡y qué errores! –Lucha para arrancarlos. Y, mientras luches, convéncete de que es bueno que sientas todas esas debilidades, porque, si no, serías un soberbio: y la soberbia aparta de Dios (Forja, 181).

¡Jesús, si los que nos reunimos en tu Amor fuéramos perseverantes! ¡Si lográsemos traducir en obras esos anhelos que Tú mismo despiertas en nuestras almas! Preguntaos con mucha frecuencia: yo, ¿para qué estoy en la tierra? Y así procuraréis el perfecto acabamiento -lleno de caridad- de las tareas que emprendáis cada jornada y el cuidado de las cosas pequeñas. Nos fijaremos en el ejemplo de los santos: personas como nosotros, de carne y hueso, con flaquezas y debilidades, que supieron vencer y vencerse por amor de Dios; consideraremos su conducta y -como las abejas, que destilan de cada flor el néctar más precioso- aprovecharemos de sus luchas. Vosotros y yo aprenderemos también a descubrir tantas virtudes en los que nos rodean -nos dan lecciones de trabajo, de abnegación, de alegría...-, y no nos detendremos demasiado en sus defectos; sólo cuando resulte imprescindible, para ayudarles con la corrección fraterna. (Amigos de Dios, 20)

El monje y el escorpión

Hace mucho tiempo, cuando los EE.UU. todavía estaba siendo colonizado, se fundó un pequeño poblado cerca del mar. Su puerto, amplio y seguro, era muy frecuentado por los buques que iban y venían, trayendo pasajeros, mercancías y noticias de otras tierras. Este movimiento hizo prosperar al poblado.

Los comercios y tiendas se multiplicaron. Más tarde los residentes construyeron una Catedral, bella y grande, y junto a ella los monjes benedictinos levantaron un austero monasterio.

Allí se estableció Carlos, un inmigrante recién llegado del Viejo Continente con su familia, sus pocas pertenencias y, sobre todo, su esperanza de que en el Nuevo Mundo estaba el próspero futuro con el que soñaba.

No se engañó, pues su pequeño negocio creció ante los ojos de todos.

En un corto período de tiempo, se convirtió en un rico comerciante. Pero... el comercio no es sólo la prosperidad. El gran progreso de la ciudad hizo aumentar la competencia y cada nuevo año los negocios de Carlos iban disminuyendo y siendo menos rentables.

Mal aconsejado por falsos amigos, consultó a adivinos y brujas y usó todo tipo de amuletos, pero en vano, ya que estas prácticas supersticiosas sólo le trajeron nuevos fracasos. Por último, llegó a la situación de ruina total.

Su cómodo hogar y todos los demás bienes serían confiscados para pagar las deudas.

Una noche, derrumbándose en la desesperación, decidió decirle a su esposa, Dolores, todo lo que había hecho. Ésta, que hacía mucho tiempo que estaba preocupada por el extraño comportamiento de su esposo, se sorprendió al escuchar todos estos detalles. Pero supo dominarse y conversó pacientemente con él, recordándole que cuando con humildad reconocemos nuestros pecados, la Providencia nos perdona y se aprovecha de ellos para hacernos un mayor beneficio.



Al día siguiente, Dolores acompañó a su marido a la iglesia, donde se confesó, y se comprometieron a rezar juntos, todos los días, pidiéndole a Dios un medio para salir de tan triste situación.

Algún tiempo más tarde, Dolores, dijo:

— Hoy, mientras rezábamos, tuve una inspiración. Quién sabe, si vas al monasterio benedictino y los monjes nos ayudan de alguna manera...

Carlos consideró las palabras de su esposa como un signo que Dios respondería a su petición. Partió inmediatamente y caminó, bajo el sol canicular del mediodía, hasta el majestuoso monasterio, con la certeza de que allí encontraría auxilio.

Llamó a la puerta y poco después el monje portero abrió y le dio la bienvenida con gran amabilidad:

— ¡Gloria a Dios! ¿En qué puedo servirle?

Carlos le contó toda su historia y llorando cayó a sus pies. El monje le miró con benevolencia, lo tomó por el brazo lo levantó y le dijo:

— ¡No se desespere! Tenga siempre confianza en Dios y Su Santísima Madre. Ellos le ayudarán a econstruir su vida. Nuestro Señor dijo: “Si tienes la fe del tamaño de un grano de mostaza, diréis a este monte: ‘transpórtate de aquí a allí', y él irá; y nada os será imposible” . Y si Él cuida con tanto afecto los lirios del campo, ¿va a abandonar a uno de sus hijos?

Mientras el religioso procuraba consolar a Carlos, vio arrastrarse a un escorpión en las rocas, junto a la pared, fuera del monasterio. Sin mostrar ningún temor, cogió al venenoso animal y éste... instantáneamente se convirtió en un escorpión de oro cuajado de piedras preciosas. Una joya, ¡como nunca se había visto hasta entonces!

— ¡Tenga ánimo! Este don de Dios le ayudará a salir de sus dificultades —dijo, entregándole la valiosa pieza al comerciante que lo miraba estupefacto.

Carlos dio las gracias al benevolente monje y volvió a casa triunfante, donde le contó todo a Dolores y los dos dieron gracias a Dios por este milagro. Sus problemas estaban resueltos. Vendida la joya por un buen precio, pudieron saldar todas las deudas y reanudar la vida.

* * *

Pasaron varios años. En una brillante mañana de primavera, un distinguido caballero, bien vestido, tocó la campilla del monasterio benedictino, trayendo una caja en sus manos. Salió el portero y, como siempre hacía, saludó amablemente:

— ¡Gloria a Dios! ¿En qué puedo servirle?

— ¡Gloria a Dios! Mi buen hermano, soy Carlos, el comerciante. Estoy aquí para agradecer a Dios los favores recibidos a través de su reverencia.

Hace unos años, vine a este monasterio desesperado, pidiendo ayuda. Y he recibido no sólo los medios para reconstruir mi fortuna, sino algo mucho más valioso: ese día, me di cuenta de que la verdadera felicidad no está en el dinero, en los negocios o en este mundo que pasa, está en la entrega total en las manos de Dios y de Su Madre Santísima. Con esto, ¡mi vida ha cambiado!

Dicho esto, sacó de una caja un bello estuche de terciopelo, lo abrió y entregó al religioso un maravilloso escorpión de oro y piedras, más valioso incluso que aquél que el humilde monje le había dado años atrás, fruto de un milagro.

El monje contempló por unos momentos, con toda tranquilidad, el precioso objeto, y complacido por su belleza, le dijo a Carlos:

— Hijo, acuérdese de las palabras de Nuestro Señor: “De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma” Y más: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” .

En seguida, puso el escorpión de oro y diamantes en el mismo lugar donde, años antes, se arrastraba su predecesor. Éste al instante tomó vida y siguiendo su camino, desapareció en medio de las piedras.

Admirar, he ahí la solución para nuestros innumerables problemas

Publicado 2011/09/20
Autor: Gaudium Press
Sección: Espiritualidad

Redacción (Martes, 20-p09-2011, Gaudium Press)
Reproducimos a continuación el comentario de Mons. João Scognamiglio Clá Dias, E.P. al texto del Evangelio de San Lucas que narra el encuentro de Jesucristo con Zaqueo el
publicano recaudador de impuestos, del cuál él extrae sabias enseñanzas sobre la admiración:


"En aquel tiempo: Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.

Él quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: ‘Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa'. Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: ‘Se ha ido a alojar en casa de un pecador'. Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: ‘Señor, ahora mismo voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más'. Y Jesús le dijo: ‘Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham; porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido'" (Lc 19, 1-10).


I - El hombre tiene necesidad de admirar

El final del siglo XIX contempló con asombro el ingente esfuerzo de una niña norteamericana que dejaría huella en la Historia. Atacada por una grave enfermedad con sólo 18 meses de vida, Helen Adams Keller (1880-1968) perdió completamente la vista y la audición, quedando reducida a un triste aislamiento, sin posibilidad de conocer el mundo exterior a no ser mediante el tacto, el olfato y el paladar.

Esa trágica y silenciosa noche de su mente pudo haberse perpetuado toda su vida si no fuese por el providencial encuentro con una genial educadora, Ana Mansfield Sullivan, quien logró enseñarle el lenguaje de las manos, el alfabeto Braille y, por fin, a hablar con fluidez.

Después de inenarrables dificultades, Helen llegó a dominar el francés y el alemán con buena pronunciación. Estudió en la universidad, recorrió el mundo dando charlas y escribió libros.

Con los años desarrolló una labor casi increíble, impelida por el ansia de relacionarse con los demás, movimiento natural de todo ser humano, dotado de instinto de sociabilidad.

Ahora bien, así como por el heliotropismo las plantas crecen en busca de la luz, también las almas necesitan abrirse a la contemplación de las criaturas para, a partir de éstas, subir hasta el Creador. No fue diferente con Helen Keller, que acribillaba a su maestra con preguntas como éstas: ¿Qué es lo que hace que el sol sea caliente? ¿Dónde estaba yo antes de llegar a mi madre?

Los pajaritos y los pollitos salen del huevo, pero el huevo ¿de dónde viene? ¿Quién hizo a Dios? ¿Dónde está Dios? ¿Usted ya ha visto a Dios? 1

Estas preguntas demuestran hasta qué punto el alma anhela inexorablemente llegar hasta la Causa Primera de todo, a partir de las causas segundas.

Porque hay en nosotros una innata tendencia hacia Dios -que por analogía podríamos llamar "teotropismo"- la cual nos lleva a establecer correlaciones, trascendiendo del orden natural al sobrenatural.

En este sentido, enseña Santo Tomás: "cuando el hombre conoce un efecto y sabe que tiene una causa, naturalmente queda en él el deseo de saber también qué es la causa. Y éste es un deseo de admiración, que causa investigación". 2
Ahora, como todo lo que existe en el universo refleja en cierta medida al Creador, el movimiento ordenado del alma es dejarse atraer por los reflejos de verdad, belleza y bien, presentes en las criaturas.

Así, todos debemos procurar que nuestra alma se vuelva muy propensa a la admiración, de manera que al encontrarnos algo que es elevado, santo, noble o sencillamente recto, nos encantemos y remontemos hasta la Causa suprema.
Como es evidente, esa admiración cabe sobre todo en relación al Hombre Dios, a su Madre Santísima y a la Santa Iglesia.

II - Un publicano llamado Zaqueo

En aquel tiempo: Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.

Nuestro Señor se dirige a Jerusalén para sufrir la Pasión. Poco antes de llegar a Jericó ya se lo había anunciado a sus discípulos en tres ocasiones, pero "ellos no comprendieron nada de todo esto; les resultaba oscuro y no captaban el sentido de estas palabras" (Lc 18, 34). Al contrario, los seguidores de Jesús, incluidos los propios Apóstoles, juzgaban que iba de camino hacia la Ciudad Santa para realizar un gran milagro, gracias al cual Israel quedaría libre del yugo romano.

Ése era el clima de expectación y optimismo con el que el divino Maestro sería recibido en Jericó.

El odio de los judíos hacia los publicanos

Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.

Inteligentes, sagaces y dotados de un fuerte sentido de organización, los romanos determinaron que en Israel los cobradores de impuestos fueran funcionarios judíos. Al conocer mejor a sus coterráneos se encontraban en las condiciones idóneas de garantizar una recaudación mayor para las arcas del César, pese al casi inevitable desvío de recursos, porque quien se prestaba a ejercer esta función en aquellas circunstancias, no solía distinguirse por la rectitud de su alma.

Naturalmente, los judíos que aceptaban tal encargo eran considerados traidores y "cofautores de la dominación romana" 3, recibiendo el odio de toda la sociedad hebraica. El propio nombre del oficio -publicano- causaba repudio.

Ahora, precisamente el jefe de los cobradores de impuestos de la región, Zaqueo, hombre muy rico, será el protagonista de esta escena evangélica. Comandar el gremio más detestado por sus compatriotas equivalía a ser considerado ladrón entre los ladrones, es decir, jefe de los que hacían fortuna a costa de la explotación del pueblo. Podemos hacernos buena idea del desprecio que despertaba este hombre.

Semilla de salvación

Él quería ver quién era Jesús, (...)

No obstante, en este pasaje del Evangelio el recaudador mostrará un excelente fondo de alma.

Movido ciertamente por la gracia, Zaqueo se manifestaba deseoso de ver al divino Maestro e incluso, de ser posible, dirigirle la palabra.

Sin duda, sentiría la conciencia pesada, aunque al mismo tiempo en su interior brotaba una creciente admiración por Jesús. Como apunta San Cirilo, "germinaba en él una semilla salvadora". 4

"¿De dónde le venía un deseo tan vivo a alguien con esa profesión?", se pregunta el padre Duquesne. "¡Ah, su corazón debía agitarse con numerosos movimientos que ni él mismo lograba distinguir bien! A este deseo, que procedía de lo alto, no le era ajeno un principio de Fe, y no podía dejar de estar acompañado de estima, de respeto y de amor al Salvador". 5

La admiración lleva a vencer el respeto humano

...pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.

El Maestro entró en Jericó seguido por una multitud alborozada ante el estupendo milagro de la curación del ciego que pedía limosna a la vera del camino (cf. Lc 17, 36). 6 Según el padre Duquesne, las calles por donde habría de pasar Jesús apenas podían contener la aglomeración de quienes le estaban esperando. En balde Zaqueo intentaba encontrar una brecha entre el gentío para satisfacer sus ansias de ver al Señor.

No es frecuente que los evangelistas comenten las características físicas de una persona. Por ejemplo, ignoramos la altura de Pedro o si Juan tenía barba. Sin embargo, Lucas -que incluye en su relato observaciones efectuadas bajo el prisma médico- nos informa que ese publicano "era de baja estatura", dato fundamental para comprender lo que viene a continuación.

Los bajos son "no raras veces" muy ágiles y despiertos. Además, Zaqueo, a juzgar por la narración evangélica, parece ser todavía relativamente joven. Puesto a buscar un punto de observación favorable, corre más adelante y sube a un sicómoro (árbol de la familia de la higuera), indicando con esta actitud que su gran empeño por ver a Jesús no nacía de una simple curiosidad.

Zaqueo no era un hombre tosco. Tenía numerosos empleados a su servicio y estaba acostumbrado a hacer cálculos. Una persona con su proyección social necesitaba un motivo muy poderoso para trepar a un árbol "como un campesino cualquiera", según la acertada observación de William. 8 Y más aún para exponerse a la vista de un público abiertamente hostil.

El Evangelio no da pormenores acerca del tiempo que pasó esperando encima del árbol, pero se puede creer que fue bastante, ya que Nuestro Señor caminaba lentamente, rodeado por la multitud, deteniéndose a veces para atender a un enfermo, dar un consejo, responder alguna pregunta.

En este período la actitud de Zaqueo fue una verdadera demostración de pertinacia, confianza y combate al respeto humano. En efecto, ¡cuántas insolencias y burlas habrá debido soportar el jefe de los publicanos en lo alto del árbol! Y si lo hizo fue porque, según comenta el padre Duquesne, "en el fondo de su corazón alguna esperanza sostenía su valor, sin que él tuviera noción clara al respecto. Indudablemente quería ser notado por el Salvador, y quería que Él conociera todas las disposiciones de su alma". 9

La avidez de lucro y el apego al dinero suelen disminuir y aletargar la capacidad de admiración en las personas. Aquí, según parece, Zaqueo no se había dejado dominar completamente por la ambición, ya que, pese a ser un recaudador de impuestos y muy rico, dará pruebas de poseer un notable desprendimiento y espíritu admirativo. La atrevida actitud de trepar a un árbol la tomó, sin duda, movido por una gracia de entusiasmo por Nuestro Señor.

El padre Maldonado ofrece una interesante interpretación sobre el aspecto simbólico del gesto de Zaqueo, cuando comenta que "la turba de este mundo nos estorba reconocer al Señor; la hemos de dejar y poner bajo los pies para subir a mayor virtud y ver desde lo alto a Cristo". 10

El episodio presenta además otro hermoso significado, una lección para todos: cuando nos sintamos pequeños, debemos buscar a Jesús, sobre todo en el Santísimo Sacramento, expuesto en el ostensorio. Ese deseo de estar con Él bastará para moverlo a apiadarse de nosotros y a darnos lo que nuestras almas más necesiten.

Nuestro Señor clava su mirada en el publicano

Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto (...)".

Detengámonos un momento para imaginar la escena. Tal como cuando curó al ciego a la entrada de la ciudad, Jesús se detiene frente al árbol donde se encuentra Zaqueo y le dirige una mirada rebosante de bondad. El pueblo se aglomera curioso por ver lo que iba a suceder, tal vez esperando del Maestro una actitud de censura hacia el recaudador de impuestos. Sin embargo, en lugar de reprenderlo, Jesús lo llama afectuosamente por su nombre y le pide que baje.

Nuestro Señor no conocía todavía a ese publicano a través de su ciencia humana.

Pero aquí revela que no ignoraba de quién se trataba, ni las virtudes que despuntaban en su alma. San Cirilo comenta muy a propósito: "Cristo había visto aquello con sus ojos de Dios y al levantar la vista vio a la persona de Zaqueo también con los de carne. Y como era su objetivo que todos los hombres se salven, prolongó en este hombre su bondad". 11

"¡Cuál no sería su sorpresa al oír que le llamaba por su propio nombre! Y ¡qué grande alegría!", observa el padre Truyols. 12 Jesús le infundió aún más ánimo y confianza al decirle "baja pronto", pues, en la acertada opinión del padre Tuya, "en esta palabra hay un ansia espiritual de ganarle". 13

Es curioso notar que Zaqueo no le dice nada a Jesús. A juzgar por el relato evangélico, se limita a mirarle maravillado y con veneración, mientras oye dichoso sus palabras.

"Hoy tengo que alojarme en tu casa"

"...porque hoy tengo que alojarme en tu casa".


Como si no bastara sólo con eso, el divino Maestro toma la iniciativa de invitarse a alojarse en la residencia de Zaqueo, contrariando las costumbres. Pero San Ambrosio observa que Jesús "sabía que su hospitalidad obtendría una gran recompensa, aun cuando no había oído todavía la voz del que le había de convidar; pero ya conocía su deseo". 14 Enfrentando todas las murmuraciones que podría suscitar su presencia en casa de un publicano, Nuestro Señor anuncia su visita "de un modo regio y familiar a un tiempo". 15

El episodio confirma que nada atrae más las gracias de Dios que un espíritu lleno de admiración. Maldonado asegura: "No hay duda que llamó Cristo a Zaqueo porque veía la disposición de su ánimo y la diligencia que había puesto para lograr verlo al pasar". 16 Y San Agustín comenta: "El que juzgaba como un favor grande e inexplicable verlo cuando pasara, mereció hospedarlo en su propia casa.

Es derramada la gracia, obra la fe por la caridad, es recibido en la casa Cristo, que ya había entrado en el corazón". 17
Conviene detenernos en las palabras "en tu casa". Sin duda se refería el Señor a la residencia de Zaqueo, la cual requería ser puesta en orden para recibirlo. Para el jefe de los recaudadores de impuestos eso no era cosa difícil, ya que por su posición social debía recibir con frecuencia visitas importantes. No le faltarían criados ni recursos para ello.

Pero, desde el punto de vista sobrenatural, es como si Jesús se comunicara con Zaqueo de mirada a mirada, de corazón a corazón, diciéndole: "Hoy me hospedaré en tu alma". Por tanto, la "casa" significa también aquí el alma que debe estar preparada para recibir al Señor.

La admiración trae alegría

Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.

Ante la misericordiosa iniciativa del Redentor, Zaqueo se muestra dispuesto a obedecerle en todo. Lleno de entusiasmo, "hizo lo que le mandaba Cristo y del mismo modo que se lo había ordenado. Le acababa de decir que bajase aprisa, y aprisa bajó. Esto significa responder a la gracia: seguir al punto a aquel que llama, sin tardanzas ni excusas". 18

Más aún, este hombre recibe a Jesús "con alegría", pues al sentirse enteramente interpretado y comprendido por quien es su superior, su alma se llena de júbilo y se abre a la Fe.

Vemos así cómo la admiración es un excelente antídoto contra la mala tristeza que lleva al desánimo. Cuando, a semejanza de Zaqueo, nos sentimos atraídos por Jesús y buscamos ocasiones para encontrarlo -sea en el Sacramento de la Eucaristía, sea a través de los seres creados- Él nos recompensa viniendo a nuestra casa, es decir, entrando en nuestra convivencia y llenándonos de gracias, muchas veces sensibles.

Sorpresa e incomprensión de la opinión pública

Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador".

El gentío, lleno de odio contra aquel publicano, "manifestó su descontento, no pudiendo sustraerse a sus prejuicios, a pesar de que, poco ha, había dado gloria a Dios por la curación del ciego obrada por Jesús", 19 y empezó a murmurar contra Él.

Es importante destacar que San Lucas afirma que eran "todos" y no sólo algunos los que recriminaban a Jesús por hospedarse en casa de un "pecador". Esta palabra, subraya el padre Tuya, "tenía para ellos el sentido de un hombre inmerso en toda impureza ‘legal', que aquí también podría ser moral, por sus extorsiones en el cobro de las tasas". 20 Entrar en la residencia de un cobrador de impuestos significaba para los judíos de entonces mancillarse y atraer sobre sí la maldición de Dios.

Sin embargo, ese rechazo a la actitud de Jesús carecía totalmente de fundamento. ¿No había enseñado ya el divino Maestro, en disputa contra los fariseos, que "no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan" (Lc 5, 32)? Muy acertadamente concluye San Agustín: querer impedir la entrada de Jesús a casa del publicano equivalía "a censurar al médico por entrar en casa del enfermo". 21

Jesús, como observa el padre Truyols, hace caso omiso de esas murmuraciones. "Él era el Buen Pastor, que había venido al mundo en busca de la oveja perdida, y para encontrarla y volverla al redil aceptaba la invitación del publicano Levi y se dejaba tocar por la pecadora; y no ignoraba que la aparente delicadeza de conciencia de quienes le reprochaban tal proceder no era otra cosa que velo de refinado orgullo y de cruel egoísmo". 22

Sumisión y generosidad de Zaqueo

Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, ahora mismo voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, (...)".

Este versículo muestra cuánto había preparado el publicano la "casa" de su alma para recibir bien al Mesías. Al llegar a aquella residencia, Jesús debe haberse recostado al modo oriental en un diván, y sería inusual que el anfitrión no hiciera lo mismo.

Pues bien, Zaqueo se quedó de pie, en señal de sumisión, veneración y reconocimiento de la superioridad de su Huésped, en el que vislumbraba tal vez rasgos de divinidad.

A estas alturas él ya está queriendo cambiar de vida, convertirse, abandonar sus errores y pecados.

De hecho, todas las gracias recibidas habrían sido inútiles si no llevaran a esa conclusión.

"Jesús, el dulce y misericordioso Salvador de los pecadores, era inexorable en la lucha contra el pecado. A los que querían seguirle, a los que dispensaba favores o perdonaba delitos, les exigía el propósito de romper definitivamente con todo lo que dice pecado". 23

El hecho de que Zaqueo se dispusiera a dar la mitad de sus bienes a los pobres demuestra su sinceridad y su buena fe. No obstante, Fillion va más lejos, tomando ese gesto "como recuerdo de la honra que le había hecho Jesús, y en señal de que con fe inquebrantable lo tenía por el Mesías prometido". 24

"...y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más".

Con todo, la conversión del publicano no habría sido completa sin el deseo de reparar los males por él provocados. Pues el pecado de robo exige, además de pedir perdón a Dios, restituir los bienes adquiridos indebidamente.

Zaqueo, maravillado en la contemplación de la Justicia en sustancia que tenía ante sí, se declara dispuesto a cumplir esa obligación con largueza: "Si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más". Su generosa actitud revela verdadero dolor por el pecado y una rectitud de alma fruto de la conversión obtenida por la gracia.

Este pasaje del Evangelio nos proporciona un valioso principio para el apostolado: las auténticas conversiones se conquistan siempre despertando en las almas la admiración por Nuestro Señor Jesucristo.

A pesar de la falta de méritos, es justificado por Nuestro Señor

Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham; porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido".

Nuestro Señor usa también aquí la palabra "casa" en un sentido más profundo, refiriéndose, como vimos, al alma del anfitrión. Pues "fue en ese momento que la Fe de Zaqueo, su obediencia, su desinterés y su caridad hicieron de él un verdadero hijo de Abrahán". 25 Así, al afirmar "hoy ha llegado la salvación a esta casa", Jesús declara solemnemente que ese hombre está perdonado.

Antes de encontrarse con el Divino Maestro, Zaqueo era un pecador que corría en pos del lucro, a veces ilícito. Sin embargo, la gracia introdujo en su alma el deseo de ver a Aquel que "vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido", y el publicano correspondió.

Buscar a Nuestro Señor, subir al árbol, bajar rápido al ser llamado, recibir con alegría y atender con generosidad, eran todos síntomas de aceptación de las gracias recibidas. Para consumar la conversión, faltaba solamente que Zaqueo reconociera sus pecados, pidiera perdón y se manifestara dispuesto a reparar el mal. Fue lo que hizo en presencia del Señor.

III - La admiración transforma

A través de la admiración por los reflejos del Creador, a ejemplo de María, Madre de todas las admiraciones, nos identificaremos mejor con Jesús, modelo perfectísimo de todos los hombres.

En cierto sentido todos somos Zaqueos. Viviendo aquí en estado de prueba, Nuestro Señor puede pasar frente a nosotros y llamarnos en cualquier momento, sirviéndose de una lectura, una conversación, una predicación, o quizá por medio de una moción interior de la gracia.

¿Cómo responderíamos si Él nos dijera, como al publicano: "baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa"? "¿Sabremos imitar la generosidad de Zaqueo y, adelantándonos a la amonestación del Señor, responderle con espontánea prontitud: en adelante, quiero firmemente no pecar más?". 26

Todo dependerá de la admiración que hayamos tenido.

El camino de la conversión del publicano, narrado en este pasaje del Evangelio, comenzó con un mero sentimiento de curiosidad por aquel Hombre del cual tanto había oído hablar.

Pero, por acción de la gracia, enseguida se transformó en deseo de conocerlo, hablarle y estar con Él, dando inicio al proceso que habría de convertirlo en verdadero "hijo de Abrahán".

También nosotros debemos reaccionar como Zaqueo, huyendo de las multitudes y trepando al "árbol de la admiración" para contemplar mejor al divino Maestro. Porque quien esté impulsado por un genuino arrobamiento escucha la palabra del Señor, observa sus preceptos y encara todas las dificultades para seguirlo hasta el fin. Sería arduo evaluar qué tan profundas son las consecuencias de ese girar con admiración hacia lo superior, si no fuera porque Santo Tomás de Aquino nos lo enseñó: "Lo primero que entonces le ocurre pensar al hombre [que llega al uso de razón] es deliberar acerca de sí mismo.

Y si en efecto se ordenare a sí mismo al fin debido, conseguirá por la gracia la remisión del pecado original". 27 ¡O sea, se derraman sobre él los mismos efectos del Bautismo sacramental! 28

Tan atrevida afirmación del Doctor Angélico es analizada en profundidad por Garrigou-Lagrange, según el cual, si un niño no bautizado y educado entre los infieles, cuando llega al pleno uso de razón ama eficazmente "el bien honesto más que a sí mismo", estará justificado.

¿Por qué? Porque de ese modo ama eficazmente a Dios, autor de la naturaleza y Soberano Bien, confusamente conocido; amor eficaz que en el estado de caída no es posible a no ser por la gracia, que eleva y cura. 29

En efecto, en la admiración por el bien el hombre se hace semejante al objeto de su encanto; por el contrario, al cerrarse sobre sí mismo, creyendo que encuentra en ello la felicidad, queda con el alma henchida de amargura, tristeza y frustración, pues la desvía de su finalidad suprema que es Dios. "Nos hiciste, Señor, para Ti, e inquieto estará nuestro corazón hasta que repose en Ti",30 enseña el gran San Agustín.

A través de la admiración por los reflejos del Creador, a ejemplo de María, Madre de todas las admiraciones, nos identificaremos mejor con Jesús, modelo perfectísimo de todos los hombres.

Así, la salvación habrá entrado en nuestra casa, por la puerta de la admiración.

Por Mons. João Scognamiglio Clá Dias, E.P
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1 Cf. KELLER, Helen Adams - A história de minha vida. Río de Janeiro: José Olympio, 1940, pp. 248-249.
2 AQUINO, Sto. Tomás de - Suma Teológica I-II, q. 3, a. 8, resp. Ver también q. 32, a. 8, resp.: "La admiración es cierto deseo de saber, que en el hombre tiene lugar porque ve el efecto e ignora la causa, o bien porque la causa de tal efecto excede su conocimiento o su facultad."
3 TUYA, OP, Manuel de - Biblia comentada. Evangelios . Madrid: BAC, 1964, vol. 2, p. 889.
4 SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA - Comentario al Evangelio de Lucas, 19, 2, apud ODEN, Thomas C. y JUST Jr., Arthur A. - La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia - Nuevo Testamento, San Lucas. Madrid: Ciudad Nueva, 2000, vol. 3, p. 392.
5 DUQUESNE - L'Évangile medité . Lyon-Paris: Perisse Frères, 1849, p. 309.
6 Respetamos aquí el orden cronológico de la exposición de San Lucas, sin entrar en la discusión exegética sobre si la curación del ciego ocurrió a la entrada o a la salida de la ciudad.
7 DUQUESNE, op. cit., p. 309.
8 WILLIAM, Franz Michel - A vida de Jesus no país e no povo de Israel. Petrópolis: Vozes, s/f, p. 338.
9 DUQUESNE, op. cit., p. 311.
10 MALDONADO, SJ, Juan de - Comentarios a los Cuatro Evangelios - Evangelios de San Marcos y San Lucas . Madrid: BAC, 1951, vol.2, p. 752.
11 SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, op. cit., p. 392.
12 FERNÁNDEZ TRUYOLS, SJ, Andrés - Vida de Nuestro Señor Jesucristo . 2ª ed. Madrid: BAC, 1954, p. 490.
13 TUYA, OP, op. cit., p. 889.
14 SAN AMBROSIO, apud AQUINO, Sto. Tomás de - Catena Aurea
15 FILLION, Louis-Claude - Vida de Nuestro Señor Jesucristo. Madrid: RIALP, s/f, vol. 2, p. 457.
16 MALDONADO, SJ, op. cit., p. 753.
17 SAN AGUSTÍN. Sermo 174, c. IV: PL 38, 942.
18 MALDONADO, SJ, op. cit., p. 753.
19 GOMÁ Y TOMÁS, Isidro - El Evangelio explicado. Barcelona: Casulleras, 1930, vol. 3, p. 398.
20 TUYA, OP, op. cit., p. 889.
21 SAN AGUSTÍN. Sermo 174, c. V: PL 38, 943.
22 FERNÁNDEZ TRUYOLS, SJ, op. cit., p. 490.
23 KOCH, SJ, Anton y SANCHO, Antonio - Docete. Formación básica del predicador y del conferenciante. La gracia. Barcelona: Herder, 1953, vol.4, p. 303.
24 FILLION, op. cit., p. 457.
25 DUQUESNE, op. cit., p. 314.
26 KOCH, SJ, y SANCHO, op. cit., p. 304.
27 AQUINO, Sto. Tomás de, op. cit., q. 89, a. 6.
28 Ídem, III, q. 66, a. 11, ad 2 y q. 68, a. 2.
29 GARRIGOU-LAGRANGE, Réginald - El Sentido Común, la Filosofía del ser y las fórmulas dogmáticas . Buenos Aires: Desclée de Brouwer, 1944, pp. 338-339.
30 SAN AGUSTÍN - Confesiones, 1, 1.

Escrito por Marcela (Renovación carismática católica)

Ten cuidado con tus pensamientos que se volverán palabras
Ten cuidado con tus palabras que se volverán actos
Ten cuidado con tus actos que se volverán costumbres
Ten cuidado con tus costumbres que esas serán tu carácter


Cuida tu carácter que será tu destino, sera tu vida
Sabes por que? Porque la Vida es un jardín

Lo que sembramos en ella eso te devolverá, así que elige semillas buenas, riégalas y con seguridad tendrás las flores mas hermosas

Cada acto, palabra, sonrisa o mirada es una semilla

Procura entonces que caiga tu semilla en el surco abierto del corazón de los hombre y vigila su futuro.

Procura además que sea como el trigo que da Pan a los pueblos y no produce espinas y cizaña que dejan estériles las Almas.

Muchas veces sembramos en el dolor pero esa siembra traerá frutos de gozo

A menudo sembramos llorando pero ¿ Quien sabe si tu semilla no necesita del riego de tus lagrimas para que germine??

No tomes las tormentas como castigos

Piensa que los vientos fuertes harán que tus raíces se hagan mas profundas para que tu rosal resista mejor lo que habrá de venir Y cuando tus hojas caigan no te lamentes serán tu propio abono reverdecerás y tendrás flores nuevas

Cada acto, cada palabra, cada sonrisa, cada mirada es un semilla. Procura hacer siempre una “Siembra de Amor”

Somos el producto de lo que pensamos y sentimos, por lo tanto mucho de lo que nos sucede en nuestra vida cotidiana esta influenciado por nuestra propia fuerza interior.

El antídoto a lo malo esta en cada persona, en su forma de ser y en su forma de vivir, en la manera como canaliza las energías que están dentro de si mismo

Y sobre todo , en la forma como trasmitimos esas energías a las personas que están con nosotros, cerca nuestro.

Si afirmamos permanentemente y con Absoluta Fe cosas positivas, eso será lo que logremos ya para nuestra salud, para nuestro trabajo, para nuestra familia, amigos, para nuestro entorno y todo cuanto con un buen propósito queramos que Dios nos conceda

El poder de la Fe que pongamos en todo lo que pidamos será determinante a la hora de recibir sus Gracias y Bendiciones!!!!!